Urbanismo Tóxico

Octubre 2015

«¿Conflictos socioambientales desapercibidos? La falta de percepción de un territorio tóxico»

Existen territorios en los cuales coexiste un sacrificio ambiental y noción de un territorio tóxico, además de una comunidad e institución pasiva; la falta de percepción de conflictos socioambientales en Santiago y Ancud.
Revista Planeo Nº 24  Urbanismo Tóxico, Octubre 2015.
[Por Felipe Aníbal Gutiérrez Antinopai. Constructor Civil, Universidad Técnica Federico Santa María. Estudiante de Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Pontificia Universidad Católica de Chile]
Resumen: Existen territorios en los cuales coexiste un sacrificio ambiental y noción de un territorio tóxico, además de una comunidad e institución pasiva; la falta de percepción de conflictos socioambientales en Santiago y Ancud.
Territorios Tóxicos desapercibidos
Im1. Izq. Contaminación en Santiago de Chile_ Der. Conflicto de Agua en la Isla de Chiloé
Fuente: Reporteros Canal 13

En Chile, existen varias comunas que presentan conflictos socioambientales: Petorca, Los Vilos, Coyhaique, Santiago, Ancud y la lista sigue. Pero no todas tienen un conflicto explícito. Justamente, existen territorios en los cuales coexiste un sacrificio ambiental y noción de un territorio tóxico, además de una comunidad e institución pasiva. Uno de los casos ejemplificadores es Puchuncaví [1], cuyos habitantes e institución en conjunto con los de las comunas colindantes como Quintero y Ventanas, han preferido refugiarse en su cotidianeidad antes de generar una fuerza política que revierta la matriz energética de carácter térmico que se instaura desde hace más de medio siglo. En palabras de Sabatini (1994:16): “La razón es simple: no existe conciencia pública ni se genera fuerza política para resolverlos. Lo usual es que se prefiera y que se trabaje para que los problemas ambientales no den lugar a disputas explícitas”.

Al parecer, la rutina que se inserta en el territorio relativo a las actividades económicas, no deja espacio para percibir los efectos de un territorio tóxico. Pero ¿Siempre es así?

Sabiendo que es una pregunta bastante abierta y de gran discusión, se estima contribuir al análisis con dos simples casos: Ancud y Santiago. La primera, afectada por sequía y la segunda por contaminación ambiental. En ambos casos la institución ha tenido un rol permanente e inmóvil. Precisamente, la noción de parche bien le cae: en Ancud, distribución de agua en camiones aljibes, mejoramiento en los tratamientos de agua, aumento de tecnología en la captación; y en Santiago, restricción vehicular y constante mejoramiento en los instrumentos de medición. Los dos casos presentan conflictos ambientales y una comunidad e institución conforme a sus rutinas. Ninguna ha mejorado en su estado, pese a los años transcurridos. En otras palabras, no se ha contribuido a mejorar el nivel normativo que dé cuenta del desarrollo que se quiere adoptar.

El desequilibrio entre la rutina y la noción de ecología de la Institución y Ciudadanía

Desde la década del dos mil, en Ancud, existe una sequía desencadenada por diferentes motivos económicos, entre los que se destaca la inversión. Efectivamente, la deforestación en Ancud y la isla grande de Chiloé que se ha promocionado bajo el subsidio estatal propio del Decreto Ley 70, se acentúa con la forestación de Eucaliptus. Otros proyectos de inversión que potencian aún más la situación, son los parques eólicosJorge Valenzuela, director de la ONG Centros de Estudios y Conservación de Patrimonio Natural (CECPAN), explica “Hoy en día (2014) el parque eólico San Pedro, dinamitó toda la cordillera, donde el agua empezó a correr por todos lados, porque se rompió la turbera y hay cinco otros proyectos que se quieren instalar justos en los otro parches de turberas[2] que tienen Chiloé” (Muñoz, 2014).

El escenario pareciera agudizarse si tomamos a algunos ciudadanos que usufructúan directamente. Imágenes lamentables circulan en internet en un reportaje de televisión abierta[3], que si bien no ofrecen un panorama completo de la situación, demuestra el desinterés o incluso olvido hacia las funciones naturales, en este caso, ecosistemas endógenos que cuentan con beneficios palpables, como regulación de ciclo hidrológico y reservorios naturales de especies para aves, mamíferos y microorganismos vivos.

Por otra parte, Santiago en su expansión urbana, aumenta su taza de motorización particular, generando diferentes problemas desde congestión vehicular (aumento en los tiempos de traslado) y contaminación. En efecto, a fines del mes de Agosto del presente año sumaron 14 preemergencia y 37 alertas sanitarias, siendo el año más contaminado desde el año 2003 con material particulado fino (MP 2,5) (Valencia, 2015). Lamentablemente, para el futuro se prevé un aumento en el parque automotriz aproximadamente en un 100%, llegando cerca de 2,7 millones el año 2025 (Pino, 2014). Por lo que una eventual condición de ciudad tóxica se plantea tácitamente, más no explícitamente.

En la gran capital acontece lo que se podría explicar como un modelo de desarrollo explicado por la teoría de modernización de Rostow (1961) que enfatiza en un camino lineal, y en suma, una homogenización, dónde diferentes países atraviesan una sucesión de etapas, casi homogéneas, de desarrollo hasta converger en patrones culturales e institucionales que serían perfectamente homologables: llegando a la era del consumo que se traduce en el acceso por parte de la población a cualquier bien (Aguado, Echebarria, & Barutia, 2009). Igualmente, los patrones de consumo se diversifican a medida que el poder adquisitivo aumenta (Figueras & Morero, 2013), lo que da luces a que el parque automotriz es más bien un sentido de emulación en el modo de vivir por sobre la integridad y la convivencia con el territorio y sus habitantes. El automóvil pareciera haberse transformado en una necesidad ineludible, en contraste con lo que sucede con el transporte público y por la implementación del mismo que ha traído una serie de etapas inconformes según las demandas de la ciudadanía hasta el día de hoy.

Algunas reflexiones en torno a la percepción de un territorio tóxico

“Los impactos ambientales no se expresan en problemas o conflictos abiertos, de carácter público” (Sabatini, 1994:16). Tenemos dos casos y una misma respuesta: la pasividad en diferentes grupos etarios y diferentes estratos socioeconómicos, incluso culturalmente disímiles. Ancud, Santiago y el primer caso esbozado, Puchuncaví, navegan en un tránsito donde la rutina entre institución y ciudadanía continúa. En ellas, la retroalimentación pareciera abstenerse de fluir y alimentarse, independiente de la educación con que cuentan sus habitantes.

La pregunta entonces es ¿Cómo contar con un ecologismo que motive a visibilizar un territorio tóxico? Por ningún motivo sería pensar en que la ecología o conciencia ecológica fuese “una nueva moda de lujo y de tiempo de ocio” (Martínez Alier, 1994:13). Así, un estado tóxico se entendería sólo en circunstancias de movilizaciones específicas. Y obviamente, no es lo que se desearía. Cambiar los patrones de consumo en diferentes escalas sería de gran ayuda; así como también volcar la matriz productiva y económica en torno a patrimonios naturales, tales como los que se encuentran en la misma isla de Chiloé: Sistemas Ingeniosos del Patrimonio Agrícola Mundial, SIPAM de la FAO. El turismo sustentable y las energías renovables no convencionales a escala domiciliaria pueden ser de buena ayuda.

Pero para que estamos con cosas: todo quedaría en nada mientras la economía hegemonizante siga siendo la protagonista más que una ecología; mientras los economistas no entiendan que lo “ecológico” tiene la misa raíz etimológica que “economía”. Y por otra parte que los “ecologistas” no emulemos eslóganes convenciéndonos que existe sólo una forma de protestas, sin cambiar nuestros hábitos que incentivan a la contaminación o al deterioro del medio ambiente.

Después de todo el dinero seguirá sin discriminar entre salud, bienestar y territorio tóxico. Mientras que los más perjudicados a un territorio tóxico seguirán siendo los más vulnerables, siempre.

Notas:
[1] Ver Conflictos Ambientales, entre la Globalización y Sociedad Civil: Participación y conflictos ambientales: las chimeneas y los bailes «chinos» de Puchuncavi de Francisco Sabatini y Francisco Mena, 1997.
[2] Ecosistemas únicos de la isla donde reside el musgo llamado pompón, su principal componente.
[3] Ver Macarena Cano, 2015.
Bibliografía
Aguado, I., Echebarria, C., & Barutia, J. (2009). El desarrollo sostenible a lo largo de la historia del pensamiento económico. Revista de Economía Mundial(21), 87-110.
Cano, M. (28 de Enero de 2015). Reporteros: la preocupante sequía en la Isla grande de Chiloé. Recuperado el 05 de Septiembre de 2015, de http://www.t13.cl/videos/t13-central/nacional/reporteros-la-preocupante-sequia-en-la-isla-grande-de-chiloe
Figueras, A. J., & Morero, H. A. (2013). La Teoría del Consumo y de los Ciclos en Thorstein Veblen. Revista de Economía Institucional, XV(28), 159-182.
Muñoz, J. (Septiembre de 2014). Parques eólicos acrecentarían la grave crisis hídrica en la isla de Chiloé. Recuperado el 10 de Septiembre de 2015, de http://radio.uchile.cl/2014/09/07/parques-eolicos-acrecentarian-la-crisis-hidrica-de-la-isla-chiloe
Pino, P. (Junio de 2014). En 10 años habrá el doble de autos en Santiago: Gobierno crea «comité pro movilidad» para salir de los tacos. Santiago. Recuperado el 05 de Septiembre de 2015, de http://www.lasegunda.com/Noticias/Impreso/2014/06/939367/en-10-anos-habra-el-doble-de-autos-en-santiago-gobierno-crea-comite-pro-movilidad-para-salir-de-los-tacos
Romero, H. (28 de Agosto de 2015). Ecología política urbana de la contaminación atmosférica de Santiago. Ecología Urbana. Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política. Universidad Católica de Chile. San Joaquín, Santiago. Obtenido de https://www.youtube.com/watch?v=PM85N-lzmOA
Rostow, W. (1961). Las Etapas del Crecimiento Económico. México: Fondo de Cultura Económica.
Sabatini, F. (Diciembre de 1994). Espiral Histórico de Conflictos Medio Ambientales: El Caso de Chile. Ambiente y Desarrollo.
Valencia, M. (20 de Agosto de 2015). Con 53 episodios críticos, el invierno 2015 cierra como el más contaminado en 11 años en Santiago. El Mercurio, pág. Nacional C. Recuperado el 10 de Septiembre de 2015, de http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2015-08-20&dtB=20-08-2015%200:00:00&PaginaId=1&bodyid=3