Hablemos de Planificación Urbana Vol. 1: el arte y sentido de planificar

JULIO 2026

Ciudades educadas, responsables y respetuosas: Hacia la dimensión humana de la habitabilidad urbana

Revista PLANEO N°66 | Hablemos de Planificación Urbana Vol. 1: el arte y sentido de planificar | Julio 2026


[Por: Luis Carlos Raciny Alemán. Magister en planeación urbana y regional. Especialista en sistemas de información geográfica. Especialista en evaluación socioeconómica de proyectos. Arquitecto – Docente catedrático Universidad del Sinú (Colombia)]

Imagen 1: Urbanismo táctico en espacio público de Bogotá
Fuente: ArchDaily

Junto al proceso evolutivo de los asentamientos humanos han surgido diferentes visiones teóricas que se han ocupado de señalar, desde varios ángulos, las múltiples realidades que experimentan las ciudades. En estos, factores económicos, sociales, ambientales, políticos y tecnológicos participan de manera activa en la configuración del territorio y en el desarrollo de la vida urbana. Esta complejidad ha permitido la construcción de tipologías conceptuales orientadas a mejorar la comprensión del fenómeno urbano y sus diferentes dinámicas que hacen de la urbe un lugar único, diverso, complejo y multidimensional. 

Según datos de ONU-Habitat (2024), más del 55% de la población mundial reside en áreas urbanas, una cifra que se proyecta alcanzará el 68% para el año 2050, lo que demanda la necesidad de crear y mantener condiciones de habitabilidad que eleven la calidad de vida de los habitantes convirtiéndose en uno de los mayores desafíos globales a los que se enfrenta el ser humano en este siglo. 

Ante semejante desafío, desde las diferentes disciplinas se han establecidos diversos tipos de ciudades: desde la ecología se demanda alcanzar ciudades sostenibles y resilientes; desde la sociología, urbes incluyentes y equitativas; desde la economía, entornos productivos; desde la tecnología, ciudades inteligentes e innovadoras; y desde la urbanística, espacios ordenados y funcionales; desde la geografía, territorios conectados y relacionados.  

Si bien estas visiones de ciudad plantean preguntas permanentes a los tomadores de decisiones, en procura de la consecución de un espacio construido cuyas condiciones físicas, espaciales, ambientales, ecológicas, tecnológicas, económicas y sociales, posibiliten la concreción de cierto tipo de ciudad apta para el sano desarrollo de la vida urbana, la calidad de sus respuestas suele sesgarse hacia la producción de soporte material. 

Sin embargo, por lo que señala Sennett (2019) diferenciando el espacio construido y de cómo vive en él la gente, se hace indispensable trabajar en la configuración de ciudades educadas, responsables y respetuosas como pilares estructurantes, dado que no es sostenible priorizar la construcción física de la ciudad sin fortalecer, de forma paralela, el tejido ético y cívico de la sociedad que la habita. 

Las dimensiones del capital cívico urbano 

Al hablar de ciudad educada, responsable y respetuosa se plantea la necesidad de consolidar una sociedad donde los individuos actúen como ciudadanos conocedores a plenitud de sus derechos, pero más aún, de sus responsabilidades colectivas. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 2023), los índices de confianza interpersonal en las urbes latinoamericanas han caído por debajo del 15%, lo que evidencia una erosión del tejido social que afecta directamente el cuidado de los bienes públicos. Por ello, se plantean dimensiones del capital cívico urbano: 

La primera, trata acerca de promover una sociedad consciente de su rol protagónico en las agendas globales (como los Objetivos de Desarrollo Sostenible). Esto supone regenerar el sentido de comunidad al interior de una población, que las métricas de cohesión social actuales describen como cada vez más individualizada y debilitada en sus conexiones emocionales compartidas. 

De igual forma, se hace necesario recomponer el concepto de la política. Quienes aspiran a liderar las entidades encargadas del desarrollo urbanístico deben demostrar la preeminencia de la ética en sus actuaciones de forma efectiva y no retórica, implementando una gobernanza relacional que entienda el territorio como una unidad compleja y multidimensional. 

Se habla además de la necesidad de que los planificadores y diseñadores reivindiquen los espacios públicos y las edificaciones como elementos articuladores del comportamiento social, capaces de animar a los ciudadanos a mantener una conducta cívica durante su movilidad cotidiana. 

Consideraciones estratégicas  

Para operativizar este cambio de paradigma a largo plazo y fomentar un ambiente urbano saludable, se requiere la comprensión y acatamiento de tres consideraciones básicas por parte de los gobernantes y de la sociedad en general: 

  • Gobiernos con capacidad de inventiva: Es imperativo implementar políticas públicas que apunten a la producción de bienestar. Esto implica, como argumenta Moreno (2025), ir más allá del tradicional derecho a la ciudad para avanzar hacia el «derecho a vivir bien en la ciudad», consolidando de forma definitiva su dimensión humana y la proximidad urbana. 
  • El ciudadano como agente co-creador: Quienes dirigen las ciudades deben romper con el viejo paradigma de considerar al habitante un mero espectador o consumidor de servicios urbanos. Tal como señala la arquitecta Elisa Tato (2016), es crucial transitar hacia el modelo del ciudadano como agente co-creador y promotor de valor de la calidad de vida urbana a través de sus propias prácticas. 
  • Compromiso colectivo e individual: La sociedad debe asumir un esfuerzo colectivo para transformar la cotidianidad en un conjunto de experiencias cívicas. 

Este último punto es crítico si consideramos que los modos de vida actuales se desarrollan en un contexto globalizado dominado por el urbanismo de plataformas y la mediación algorítmica de las interacciones espaciales. Este entorno digital y físico integrado introduce culturas y costumbres vertiginosas que inciden directamente en la forma de usar, ocupar y gobernar la ciudad, exigiendo de los ciudadanos nuevos hábitos comportamentales para evitar la obsolescencia de los lazos comunitarios. 

Conclusiones y Discusión 

En esencia, la construcción de la ciudad debe superar la visión tecnocrática y funcionalista que reduce el territorio a nodos destinados a fines económicos o habitacionales específicos. La sostenibilidad, la resiliencia y la inteligencia urbana no se logran únicamente mediante sensores o infraestructuras grises; se consolidan cuando una sociedad educada, responsable y respetuosa demuestra una mayor capacidad de adaptación y evolución ante las crisis contemporáneas. 

En este sentido, construir o recuperar el civismo y la ética pública es también como señala Moreno (2025) una batalla urbana decisiva, sin la cual ninguna transformación estructural será duradera ni creíble, La conducta social es, por definición, un hecho generador de valor para el desarrollo urbano a escala local, regional y global, que se refleja en:  

  • Una urbe cuya ciudadanía optimiza y cohabita los diferentes escenarios y elementos dispuestos para elevar la calidad de vida colectiva, tales como parques, plazas, áreas verdes, sistemas de transporte público, equipamientos y mobiliario urbano.  
  • Una ciudad donde el tejido social comprende y asume el cumplimiento fiscal, la preservación ambiental y la auditoría ciudadana activa hacia la gestión gubernamental. 
  • Una urbe cuya comunidad manifiesta su madurez en la valoración del derecho ajeno, el acatamiento de las normas de tránsito y el cumplimiento de las pautas de convivencia urbana. 

En definitiva, la habitabilidad o inhabitabilidad de las ciudades del siglo XXI dependerá, en última instancia, del comportamiento de sus ciudadanos y de la ética de sus gobernantes. 

Referencias bibliográficas 

Banco Interamericano de Desarrollo [BID]. (2023). Confianza: el ingrediente público para el desarrollo urbano. BID. 

Moreno, C. (2025). La revolución de la proximidad: del derecho a la ciudad al derecho a vivir bien. Editorial Alianza Urbanos. 

ONU-Habitat. (2024). Informe Mundial de las Ciudades 2024: Juventudes y desarrollo urbano. Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos. 

Sennett, R. (2019). Construir y habitar: Ética para la ciudad. Anagrama. 

Tato, E. (2016). Urbanismo colaborativo y la arquitectura de los comunes. Revista de Arquitectura y Urbanismo Cívico, 22(3), 45-58.