Planeo Digital

Número 66

Hablemos de Planificación Urbana Vol. 1: el arte y sentido de planificar

JULIO 2026

Entrevista a Clarisa Corral: «La participación también se aprende. Involucrarse en las decisiones sobre la ciudad es una capacidad que se desarrolla con la práctica»

Revista PLANEO N°66 | Hablemos de Planificación Urbana Vol. 1: el arte y sentido de planificar | Julio 2026


[Por: Andrea Bianca Chong. Urbanista. Magíster en Desarrollo Urbano y candidata a Doctora en Arquitectura y Estudios Urbanos, Pontificia Universidad Católica de Chile]

Entrevistada: Clarisa Corral

Clarisa Corral es Arquitecta de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Magíster en Desarrollo Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC). Se especializó en Educación y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés. 

 En más de 15 años de experiencia profesional, ha trabajado junto al sector público -en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA)-, al tercer sector -en la ONG Red de Innovación Local (RIL)-, y al ámbito académico – en docencia e investigación en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA) y en el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (PUC).

Lo que es planificar hoy

Andrea Bianca Chong: ¿Qué significa hoy planificar una ciudad? Desde tu experiencia, ¿qué es lo que hoy observas en Buenos Aires?

Clarisa Corral: Creo que hoy la planificación aparece muchas veces fragmentada y condicionada por la urgencia. Las ciudades enfrentan desafíos cada vez más complejos que exigen una mirada de largo plazo, mientras que la gestión pública muchas veces suele ocupar su tiempo y energía en las demandas inmediatas. Hoy en día, una ciudad bien planificada es la que logra que sus decisiones respondan a una visión con una dirección consistente a lo largo del tiempo. 

En Buenos Aires hay un alto nivel de análisis territorial y planificación que se encuentra con el desafío de la articulación e implementación dentro de visiones diferentes de ciudad. Planificar implica también crear y sostener procesos, coordinar y promover consensos entre actores, y construir capacidades institucionales que generen confianza para que las decisiones trasciendan los ciclos de gobierno.  

Andrea Bianca Chong: Las personas que no trabajan directamente en planificación urbana y territorial, ¿son realmente conscientes de estos procesos o se trata de una disciplina que permanece principalmente en el ámbito técnico-profesional?

Clarisa Corral: La mayoría de los ciudadanos no hablan de planificación urbana en sí, pero al convivir con sus consecuencias todos los días, demandan tanto mejoras edilicias, como proyectos de espacios públicos y control de los entornos urbanos. 

La planificación está presente cuando una plaza es accesible y segura, cuando un barrio tiene acceso a equipamientos de salud y educación, y cuando la vivienda está conectada con modos de transporte eficientes. Sin embargo, muchas veces los procesos de planificación que permiten lo anterior no están visibles y se desdibuja que hay un trabajo continuo de planificación urbana, con todas las capas que la componen.   

Uno de los desafíos actuales es involucrar a la ciudadanía en el proceso de planificación. No como especialistas técnicos urbanos, sino como conocedores de su entorno inmediato. Reconocer ese conocimiento permite comprender que muchas de las decisiones que afectan la vida diaria pueden discutirse colectivamente, tanto para identificar limitaciones como para descubrir nuevas oportunidades. 

Cuando la planificación deja de ser un documento técnico o una carta de intenciones, y se convierte en una conversación pública, aumenta sus posibilidades de ganar legitimidad, confianza y calidad. 

La participación también se aprende. Involucrarse en las decisiones sobre la ciudad es una capacidad que se desarrolla con la práctica. Cada instancia participativa bien diseñada ayuda a transformar la queja en propuesta, la demanda individual en construcción colectiva y la expectativa de una respuesta inmediata en un compromiso compartido con el futuro del territorio. En ese sentido, participar también es una forma de educación cívica: fortalece el sentido de pertenencia, la cohesión social y la apropiación de los proyectos urbanos. 

El valor de la experiencia de quienes viven la ciudad

Andrea Bianca Chong: Más allá de la imagen idílica de una comunidad activa y participativa en los asuntos de la ciudad y el territorio, ¿cuáles son las principales ventajas de incorporar instancias de participación en los procesos de planificación? ¿Qué nos dice la evidencia al respecto?

Clarisa Corral: Durante mucho tiempo se entendió la participación como un mecanismo para informar decisiones tomadas. Hoy sabemos que su mayor valor está en otro lugar: mejora la  confianza en las decisiones y da sostenibilidad a los proyectos urbanos. 

Los equipos técnicos cuentan con conocimientos fundamentales, y quienes viven en el territorio conocen dinámicas, conflictos, oportunidades y usos cotidianos que complementan los diagnósticos tradicionales. Esa información es indispensable para diseñar políticas más adecuadas. 

La evidencia muestra que los procesos participativos bien diseñados y ejecutados favorecen una mayor apropiación de los proyectos, reducen conflictos durante la implementación, fortalecen la confianza entre ciudadanía e instituciones y logran un mayor compromiso con su cuidado en el tiempo. En mi tesis “Participación e Innovación: el modelo de 4 fundaciones en la producción de espacios públicos en Santiago”, pude ver como la búsqueda de desafiar y mejorar estos procesos participativos influye en la percepción y apropiación de los proyectos. 

También hay un aspecto importante: participar no es simplemente abrir un espacio para quejarse y opinar. Requiere objetivos claros, metodologías adecuadas y adaptables, y la capacidad institucional de analizar y procesar los aportes para incorporar efectivamente las sugerencias de esos procesos. 

Una correcta inserción en los instrumentos e instancias de planificación

Andrea Bianca Chong: ¿Son los instrumentos de planificación territorial lo suficientemente abiertos como para incorporar la visión de ciudad de quienes la habitan? ¿Qué aspectos faltan por fortalecer o hacia dónde debiese evolucionar este modelo de planificación?

Clarisa Corral: Los instrumentos han evolucionado mucho y cada vez buscan incorporar más y mejores mecanismos de participación. Sin embargo, todavía existe una distancia entre las instancias participativas y la forma en que influyen en las decisiones. El desafío no es únicamente generar más espacios participativos, sino integrarlos de manera estructural dentro del proceso de planificación para que sean esperables y confiables. Eso implica trabajar desde etapas tempranas, transparentar cómo se usan los aportes recibidos y generar procesos continuos que no sean solo consultas puntuales o instancias informativas previas a la implementación. 

Un aspecto que todavía requiere fortalecerse es el desarrollo normativo de estos mecanismos. En Chile, la legislación y los instrumentos de planificación establecen con mayor precisión cuándo y cómo deben desarrollarse los procesos participativos. En Buenos Aires, suelen estar mencionados de forma general, lo que deja un mayor margen para su interpretación. Avanzar hacia marcos más claros no debería implicar rigidizar la participación, sino darle previsibilidad, calidad y mayor capacidad de incidencia. 

Otro aspecto que merece atención es el rol de las organizaciones de la sociedad civil como articuladoras entre el Estado, el sector privado y la ciudadanía. En mi investigación sobre procesos participativos en el ámbito urbano de Santiago de Chile observé cómo distintas fundaciones lograban sostener continuidades más allá de los cambios de gestión y facilitando acuerdos entre actores con intereses diversos.  

Además, la planificación necesita incorporar nuevas formas de colaboración apoyadas en tecnologías digitales, análisis de datos y metodologías deliberativas que permitan escuchar una mayor diversidad de voces. La representatividad tanto en cantidad, edad, género y perfil socioeconómico, continúa siendo un desafío.  

Hay que considerar que las visiones de ciudad pueden ser múltiples e incluso contrapuestas. El proceso participativo no necesariamente va a lograr que haya un consenso absoluto, pero si puede generar el espacio de expresión e intercambio para que el resultado sea mayormente compartido. El desafío de los responsables de la toma de decisiones públicas está en combinar conocimiento técnico, evidencia y experiencia ciudadana. 

Evidencia técnica más inteligencia colectiva

Andrea Bianca Chong: Si bien muchas decisiones públicas sobre la ciudad se toman a partir de datos cuantitativos, ¿qué dimensiones del territorio requieren una lectura más cualitativa que valore la experiencia de sus habitantes y el componente subjetivo como una fuente de información no solo legítima, sino también fundamental para comprender la ciudad?

Clarisa Corral: Los datos cuantitativos son indispensables para entender patrones territoriales, pero no alcanzan para comprender cómo se vive realmente una ciudad. Hay dimensiones como la percepción de seguridad, el sentido de pertenencia, la calidad del espacio público, las barreras cotidianas para la movilidad o las formas en que distintos grupos utilizan un mismo lugar que pueden conocerse mejor recorriendo el territorio y escuchando a quienes lo habitan. 

En planificación urbana solemos decir que dos barrios pueden presentar indicadores similares y, sin embargo, ofrecer experiencias completamente distintas para quienes viven ahí. Por eso creo que el futuro de la planificación pasa por combinar distintos tipos de evidencia. No se trata de reemplazar los datos por opiniones o viceversa, sino de reconocer que en el territorio también se produce información valiosa para la planificación. 

Planificar mejor significa integrar la evidencia técnica con la inteligencia colectiva de quienes hacen y viven la ciudad todos los días.