Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025
[Por: Wenceslao Melgarejo Ramos. Licenciado en Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus líneas de investigación se centran en la vigilancia, las ciudades y las corporalidades]

Imagen 1: Tarjeta de Movilidad Integrada (2025)
Fuente: Gobierno de la Ciudad de México
Hace un bienio se vivió el fin de la era análoga en el transporte público de la Ciudad de México (CDMX). Fue el 20 de abril de 2024 cuando los denominados “torniquetes” recibieron por última vez boletos físicos de banda magnética dentro de sus instalaciones para dar paso a la digitalización mediante el uso de la tarjeta de la Movilidad Integrada (MI) —que había operado simultáneamente con los boletos desde 2012—, y la descarga de la aplicación móvil App CDMX, disponible a partir del 10 de diciembre de 2025.

Imagen 2: App CDMX” en funcionamiento (2026)
Fuente: Sistema de Transporte Colectivo Metro
La movilidad urbana sigue siendo un reto histórico para las naciones con mayor población; en las metrópolis latinoamericanas atender este derecho humano implica cambios drásticos. En la década de los noventa, la capital mexicana experimentó una fragmentación institucional al transitar de una administración de “derecha” a una de “izquierda”, esta acción trajo como consecuencia la falta de políticas públicas, proyectos de planeación y gestiones en materia de transporte. Asimismo, evidenció la infraestructura deficiente representada en viejas flotillas sin mantenimiento o renovación, así como en las concesiones a empresas privadas sin un modelo de negocio estructurado, que hasta hoy ocasionan periodos de espera y traslado largos, además de viajes inseguros y contaminantes.
Lo anterior muestra la inequidad en los sistemas de movilidad con la población de menos recursos, ya que los desplazamientos en vehículos particulares resultan más rápidos y eficientes en comparación con los recorridos en transporte público, especialmente para las personas provenientes de la periferia (Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México, 2024).
En este sentido, cabe preguntarse qué tipo de beneficios trae consigo esta política pública que busca no solo integrar en un esfuerzo la vasta gama de transportes que ofrece la capital del país (Metro, Metrobús, Tren Ligero, Trolebús, Cablebús, Unidades RTP, Ecobici, Tren Interurbano, Taxis y Autobuses), sino ampliar su alcance y accesibilidad con el uso de nuevas tecnologías como la Near Field Communication (NFC) para transformar la manera en que se experimenta y gobierna la movilidad.
En primer lugar, con el uso de la Tarjeta MI y la App CDMX, ya son perceptibles las reducciones en los tiempos de traslado y una mayor digitalización de los pagos; hoy en día, la población solamente necesita adquirir alguna de estas herramientas para viajar en los diferentes medios de transporte de la capital; se volvió opcional el presentarse físicamente en una taquilla para recargar el saldo de las tarjetas, porque las personas pueden realizarlo a través de sus dispositivos electrónicos sin importar si se encuentran en su hogar o cualquier otro espacio, con lo cual agilizan su admisión, transbordo —en caso de requerir— y salida (Consejo de Evaluación de la Ciudad de México, 2024).

Imagen 3: Terminal poniente “Observatorio” de la línea 1 del Metro (2026)
Fuente: Sistema de Transporte Colectivo Metro
Igualmente, esta iniciativa garantiza el acceso a la información y una planeación inteligente. Las personas usuarias pueden visualizar en un solo mapa las distintas conexiones entre transportes, así como las eventualidades que ocurren cotidianamente como accidentes o intensidad del tráfico, otorgándoles la opción de comparar rutas y elegir la que consideren la más rápida o económica hasta sus destinos, con lo que se reducen los costos de desplazamiento y se mejora la calidad de vida al alejarse de los diversos puntos de estrés o fatiga.
Por su parte, la integración de la tecnología a la movilidad produce un impacto significativo al medio ambiente, por ejemplo, la eliminación de los boletos físicos reduce la generación de residuos (cartón magnético y micro plásticos) y remueve la contaminación visual. A su vez, la implementación y promoción de otras alternativas como el transporte eléctrico o la bicicleta, así como la renovación de las unidades ya existentes o la adquisición de nuevas, disminuye el empleo del automóvil y con ello, la emisión de gases contaminantes (Consejo de Evaluación de la Ciudad de México, 2024).

Imagen 4: Estación del sistema “Ecobici” en la zona centro de la CDMX (2025)
Fuente: Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México
Del mismo modo, la modernización del transporte colectivo mejora las iniciativas de inclusión y accesibilidad al proporcionar una mayor cobertura en distintas zonas periféricas. En general se optimizan las condiciones para personas con movilidad limitada y, en el caso específico de la tecnología NFC, se reduce la complejidad cognitiva para las personas mayores, turistas y ciudadanía en general, ya que no deben memorizar diversas formas de pago e ingresos.
Por último, en materia de seguridad estas alternativas garantizan la protección de los datos personales, mediante el anonimato que ofrecen las tarjetas MI —si solo se emplea esta opción— y el sistema de autenticación de identidad “Llave CDMX” en su versión virtual, a la par de complementarlas con funcionalidades tales como el “Botón de Pánico” en caso de emergencias, “Mi Policía” si se desea contactar a la patrulla más cercana a la ubicación de la persona usuaria o el “Bloqueo de Celular” en caso de robo o extravío, con ello se complementa la infraestructura física de los diferentes medios de transporte (sistemas de videovigilancia y GPS en las unidades o vagones y personal policíaco dentro de cada terminal o estación de paso).
Así, la movilidad integrada no solo refleja una voluntad política o una inversión tecnológica tangible, sino que representa un avance estratégico hacia una gestión más eficiente, sostenible y equitativa, al articular diferentes clases de transportes colectivos en una sola red que reducen tiempos de traslado, mejoran la calidad del servicio y disminuyen el impacto ambiental. Gracias a las herramientas como la Tarjeta MI y su vinculación con otras tecnologías digitales, se simplifica el acceso, se facilita la intermodalidad y se fortalece la inclusión, especialmente para la población habitante de la CDMX y la periferia que dependen del transporte público. Con estas acciones, los sistemas e instituciones contribuyen a cerrar brechas territoriales y sociales para que todas las personas tengan oportunidades más justas al momento de desplazarse, desarrollarse y vivir.
Referencias bibliográficas
Consejo de Evaluación de la Ciudad de México. (2024). Informe de evaluación de la política de movilidad de la Ciudad de México. https://www.evalua.cdmx.gob.mx/storage/app/media/2024/se/epm/informe-evaluacion-movilidad-2024.pdf
Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México. (2024). Movilidad Integrada: una ciudad, un sistema. https://www.semovi.cdmx.gob.mx/storage/app/media/Publicaciones/Movilidad_integrada_una-ciudad_un-sistema.pdf