Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025
[Por: Javier Miramontes Figueroa. Arquitecto, Tecnológico de Monterrey, México; estudiante de Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Pontificia Universidad Católica de Chile]
Entrevistado: Giovanni Vecchio

Giovanni Vecchio es profesor asociado del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile y subdirector de posgrado del mismo instituto. Es doctor en Planificación, Diseño y Políticas Urbanas por el Politecnico di Milano, donde también obtuvo el grado de magíster y la licenciatura en Planificación Urbana.
Su trabajo aborda las implicancias sociales de la planificación urbana y la movilidad, organizado en torno a dos líneas principales: la primera, centrada en transporte justo, accesibilidad y movilidad sostenible, con especial atención a las personas mayores; y la segunda, enfocada en las prácticas e institucionalidad de la planificación urbana. Ambas líneas comparten el objetivo de promover ciudades más justas e inclusivas frente a los desafíos del cambio climático y demográfico.
Actualmente es editor en jefe de EURE – Revista Latinoamericana de Estudios Urbanos Regionales y ha liderado y colaborado como investigador en proyectos nacionales e internacionales, con experiencias en Hong Kong, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Paraguay y Países Bajos.
Movilidad urbana y cambio climático
PLANEO (Javier): Desde el contexto actual de crisis climática, ¿qué tan urgente es que las ciudades transformen sus sistemas de movilidad y avancen hacia el transporte eléctrico y modelos más sostenibles?
Dr. Giovanni Vecchio: Yo creo que es muy urgente este avance, pero pensando no solo en la mitigación, sino también en la adaptación. El transporte es un sector que impacta mucho en las condiciones del cambio climático; es el segundo sector responsable de emisiones contaminantes a nivel mundial. En Chile, por ejemplo, es responsable de aproximadamente un cuarto.
Pero creo que es importante también pensar en cómo el transporte, cómo la movilidad, se va a adaptar a un clima que ya está cambiando, que ya ha cambiado. Esto en diferentes dimensiones. Primero, cómo garantizar que las personas puedan seguir movilizándose a pie o en bici, también en contextos con condiciones climáticas extremas, por ejemplo, altas o bajas temperaturas que pueden desincentivar la movilidad activa.
También pensar en cómo hacer resilientes las infraestructuras, por ejemplo, que lluvias más intensas de lo normal no signifiquen que carreteras o líneas de ferrocarril se inunden y no puedan funcionar. Y pensar en infraestructura que sea multipropósito, por ejemplo, que contenga elementos que faciliten la retención de aguas, el drenaje, etcétera.
Y, en relación con la electromovilidad, que muchas veces está en las primeras planas, creo que es clave pensar en adaptación en el sentido de cómo garantizar no solo que se difunda esta tecnología, sino que también contemos con sistemas de producción y distribución de electricidad que sean resilientes, que puedan responder a una demanda de energía que va a aumentar, con infraestructuras que muchas veces también están puestas a prueba por condiciones climáticas más intensas.
Transición hacia nuevas formas de movilidad
PLANEO (Javier): Sobre la adaptación, ¿consideras que es posible adaptar las ciudades actuales, sobre todo en el Sur Global, para modificar nuestra movilidad?
Dr. Giovanni Vecchio: Sí, creo que en ese sentido las ciudades del sur global (América Latina, o mirando hacia África) tienen, respecto a las del norte global, la ventaja de tener menos dependencia del automóvil. Si bien son ciudades de grandes extensiones, lo que es un desafío, son ciudades donde más personas se mueven en transporte público o, cuando se trata de corta distancia, lo hacen a pie. El auto no es un elemento totalmente imprescindible.
Pero creo que ahí también hay un desafío. Primero, que los esfuerzos hacia formas de movilidad sostenible no estén solo en manos de los individuos. Es decir, que la posibilidad de acceder no solo a un auto eléctrico, sino también a una bici eléctrica, por ejemplo, no dependa solo de los recursos de una persona o un hogar, sino que esté acompañada por inversiones públicas, no solo en términos de incentivos, sino también de infraestructura que pueda dar soporte a estos tipos de movilidad.
Pero también hay que pensar en una transformación más amplia. No se trata simplemente de reemplazar los vehículos que ya utilizamos para que sean limpios, porque ahí tendríamos quizá calles más silenciosas, menos contaminadas, pero igual muy llenas de autos. Seguiríamos destinando un espacio importante de nuestras ciudades a la movilidad de vehículos que se mueven o están estacionados.
Entonces, va a ser necesario pensar en cómo transformar también grandes infraestructuras para distintos usos. Ahí puede haber un desafío, porque muchas veces las lógicas de la planificación en ciudades del sur global están vinculadas a modelos tradicionales que privilegian una movilidad eficiente, y esto muchas veces se traduce en inversiones que privilegian la infraestructura y la movilidad motorizada.
Dependencia del automóvil y cambios en el modelo urbano
PLANEO (Javier): Sobre la transición a autos eléctricos, ¿es realmente sostenible este modelo o hay mitos ocultos?
Dr. Giovanni Vecchio: Los autos eléctricos tienen un potencial enorme, pero pensando en que avancemos hacia formas de movilidad que dependan menos del auto. Primero que nada, hay que diferenciar según el lugar al que miremos.
Fuera de las grandes ciudades, donde hay una alta dependencia del automóvil, es difícil pensar en alternativas porque las distancias son largas y es más difícil introducir servicios de transporte público eficientes. Es posible que sigamos dependiendo del automóvil; entonces ahí probablemente los vehículos eléctricos pueden seguir jugando un rol importante. Aunque también puede ser interesante pensar en cómo no solo las personas se mueven hacia donde están los servicios, sino que a veces los mismos servicios puedan llegar a estos lugares.
En cambio, en el caso de las ciudades, creo que es importante avanzar hacia una menor dependencia del automóvil. No significa que todos los viajes se tengan que realizar a pie, en bicicleta o en transporte público, pero muchas veces vemos —en el caso de Santiago, por ejemplo— que la mayoría de los viajes diarios son de distancias cortas que podrían cubrirse en transporte público, en bicicleta o incluso a pie.
Para eso hay que cambiar no solo una cultura que muchas veces está enfocada en el automóvil, por todo el significado que tiene, sino también la estructura de las ciudades y tratar de cambiar la estructura de los viajes que hoy hacen necesario usar el auto.
Ciudades que promuevan la proximidad —donde yo tenga, a distancias cortas respecto al lugar en que habito o trabajo, la mayoría de los servicios que necesito a diario, como comercio o salud— van a permitir cambiar la estructura de la movilidad y hacer que dependamos menos del automóvil. Ahí se puede ver el beneficio de una transición en la que el paso hacia los autos eléctricos puede ser un componente, pero no la única solución.
Planificación urbana y desarrollo orientado al transporte
PLANEO (Javier): ¿Cómo moldean los sistemas de transporte las dimensiones de las ciudades y cómo pueden crear desigualdades?
Dr. Giovanni Vecchio: Es un elemento fundamental que tiene que ver con planificar las ciudades, planificar cómo se van a desarrollar, en qué direcciones van a crecer o qué lugares van a concentrar servicios o equipamientos, y hacerlo de manera coordinada con el transporte.
Esto permite abordar diferentes desafíos. Tener infraestructura de transporte masivo que transite por lugares de alta densidad habitacional —donde viven muchas personas— o por lugares que atraen a muchas personas, como grandes oficinas públicas o equipamientos, contribuye a que las inversiones en transporte público sean más eficientes, porque están a disposición de un alto número de usuarios y responden a sus necesidades de movilidad.
Segundo, al fomentar que más personas utilicen el transporte público, porque efectivamente conecta los lugares que necesitan, se desincentiva el uso del automóvil y se contribuye a una reducción de las emisiones.
Y, por supuesto, hay una dimensión social: al facilitar que las personas puedan cubrir distancias —también largas— con modos de transporte accesibles, frecuentes y confiables (es decir, que uno se sube y sabe más o menos a qué hora va a llegar), se contribuye a una ciudad más inclusiva.
Esto permite que las personas accedan a las oportunidades que necesitan y participen en las actividades que desean, ya sea trabajar, estudiar o realizar actividades en su tiempo libre.
Equidad y accesibilidad en la movilidad futura
PLANEO (Javier): En esta transición hacia nuevas formas de movilidad, ¿Cómo asegurar que grupos como adultos mayores o personas con movilidad reducida no queden rezagados?
Dr. Giovanni Vecchio: Sí, ese es un desafío importante, sabiendo que cada vez más tenemos presente la exigencia de diferentes grupos, pero al mismo tiempo las infraestructuras y los servicios de transporte son bastante estandarizados. Están pensados para usuarios que cumplen con un cierto perfil: una persona adulta, sana, con el conocimiento necesario para moverse en sistemas que muchas veces son complejos y requieren manejar mucha información.
Entonces, pensando en distintas formas de movilidad, no solo hay que pensar en nuevos vehículos —autos eléctricos, buses eléctricos, etcétera—, sino también en nuevos servicios. Es decir, en algunos casos puede ser necesario proveer servicios específicos para estos grupos de la población.
También es importante pensar que estos sistemas pueden apoyar viajes vinculados al cuidado de las personas, y que estén diseñados para facilitar, por ejemplo, la carga de mercadería o de elementos de apoyo como coches o sillas de ruedas, o simplemente tener más espacio para personas con movilidad reducida.
Es difícil pensar que los vehículos privados puedan resolver todo, porque dejan fuera a distintos grupos: menores de edad que no pueden manejar, personas mayores que ya no pueden conducir de manera autónoma o personas que, por su condición de salud, tampoco pueden hacerlo.
Pero creo que estos ajustes permiten que, a nivel familiar, comunitario o institucional, sea posible responder a las necesidades de diferentes grupos sin dejar a nadie afuera.
Visiones de la movilidad en las ciudades del futuro
PLANEO (Javier): Si imaginamos una ciudad ideal en 20 o 30 años, ¿cómo te imaginas que se moverán las personas en su día a día? ¿Qué rol tendrán los autos eléctricos, el transporte público y otras alternativas?
Dr. Giovanni Vecchio: Bueno, creo que, primero que nada, en 20 o 30 años las personas se van a seguir moviendo. El avance de la tecnología no va a implicar una reducción de la necesidad o voluntad de salir de la casa.
Me imagino una ciudad en que las personas tengan acceso a todas las oportunidades que necesitan, idealmente cerca de los lugares que habitan, pero también una ciudad que permita elegir: salir caminando a un lugar cercano o ir más lejos porque hay un servicio o un lugar más interesante. Y que el sistema de transporte permita esa libertad de elección.
También imagino una ciudad donde la posibilidad de moverse dependa menos de los horarios. Una ciudad en la que la movilidad no esté pensada solo para la hora punta, porque en escenarios de condiciones climáticas más extremas va a ser necesario anticipar o extender ciertas actividades. Eso puede implicar mayor uso nocturno y permitir que la sociedad siga funcionando.