Planeo Digital

Número 64

Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro

SEPTIEMBRE 2025

Entrevista a Natan Waintrub: «Si los espacios tienen colores, infraestructura que invita al juego y diversidad de elementos que estimulen la imaginación, los NNA querrán recorrerlos. La ciudad tiene que ser un lugar que valga la pena caminar»

Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: lmovilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025


[Por: Sofía Silva Antúnez. Cientista Política y Gestora Cultural (UC); Asistente investigación Núcleo Milenio Transporte Justo]

 

Entrevistado: Natan Waintrub

Natan Waintrub es Doctor en Ingeniería de Transporte por el University College London (UCL), Magíster en Ciencias de la Ingeniería e Ingeniero Civil Industrial por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Se desempeña como profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Mayor e investigador adjunto del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS). Su trabajo se sitúa en la intersección entre la ingeniería de transporte, la arquitectura y las ciencias sociales, con especial foco en grupos vulnerables (como niños, niñas y adolescentes – NNA), el entorno construido y la esfera social y la movilidad activa. Su tesis doctoral, que analiza la movilidad independiente de NNA en Santiago y Londres desde una perspectiva de desigualdad urbana, fue distinguida con el Premio Mejor Tesis Doctoral en el IV Simposio Internacional de Doctorandos de la Red de Doctorandos en Estudios Urbanos Sustentables (REDEUS) en 2024.

 

Trayectoria y visión de la movilidad urbana

Sofía Silva: Eres ingeniero de transporte trabajando desde la arquitectura y el urbanismo. ¿Cómo describirías tu mirada sobre la movilidad urbana y qué te diferencia de los enfoques más tradicionales de la ingeniería de transporte?

Natan Waintrub: La ingeniería de transporte, en términos muy resumidos, convierte todos los problemas y toda la forma de entender la movilidad en variables cuantificables y medibles. Esto permite modelar sistemas de transporte masivos —entender cómo se da la movilidad hoy, cómo se ha dado en el pasado y cómo podría darse en el futuro si se materializan ciertos cambios. Esa es la gracia: a través de variables tangibles, puedes jugar con los elementos de la ciudad y determinar el comportamiento de las personas.

Yo llevo años trabajando como ingeniero desde un enfoque anclado en la arquitectura y las ciencias sociales, disciplinas mucho más familiarizadas con métodos cualitativos y con variables que la ingeniería tradicional raramente incorpora. La gran diferencia es que, conociendo la lógica de los modelos, puedo ver con cierta claridad lo que se pierde cuando se simplifican los fenómenos de ciudades que se comportan como organismos complejos y multidimensionales. Trabajar desde esa complejidad te permite comprender realidades que los modelos tienden a obviar, y eso enriquece las perspectivas diversas de los habitantes urbanos.

Sofía Silva: En el contexto de las ciudades del futuro hay mucho debate sobre tecnología —electromovilidad, automatización, apps de transporte—. ¿Qué crees que es importante no perder de vista?

Natan Waintrub: Lo que nunca hay que perder de vista son las personas. Podemos incorporar muchas tecnologías a nuestras ciudades, pero en el momento en que perdemos de vista a las personas, perdemos la capacidad de habitar las urbes. Si piensas todo desde los autos autónomos, por ejemplo, pierdes de vista que hay personas que seguirán caminando, y todos los beneficios moverse a pie implica. Además, cuando se habla de tecnología se tiende a pensar en respuestas enfocadas en personas de mayor poder adquisitivo. Y ahí, de inmediato pierdes la perspectiva de los más vulnerables y con menor capital social, político y económico para incidir en la toma de decisiones o capacidad de disfrutar de los beneficios de las tecnologías. También está el tema de la interseccionalidad: es muy distinto pensar en electromovilidad para hombres que para mujeres con distinto nivel de ingreso. En un proyecto de electromovilidad femenina constatamos que las preferencias por modos de transporte son significativamente distintas entre mujeres con niveles socioeconómicos contrarios, lo que nos habla de necesidades de seguridad e identidad que los diseños tecnológicos tienden a ignorar.

La movilidad de niños, niñas y adolescentes

Sofía Silva: La literatura sobre transporte tiende a invisibilizar a los NNA. ¿Por qué crees que sus voces han sido tan poco consideradas en el diseño de ciudades y políticas de movilidad?

Natan Waintrub: La invisibilización de las niñeces ocurre principalmente por el predominio de una visión adultocéntrica en las políticas públicas. Los adultos son quienes están en las posiciones de poder y tienden a ver a los niños como “adultos en formación”: personas que estarán completas en el futuro, pero no ahora. Eso ha llevado a que las políticas sean tomadas desde la perspectiva de la adultez, postergando sistemáticamente la voz de las niñeces. Sin embargo, esta visión ha ido cambiando: desde la academia hay cada vez más investigación sobre participación de NNA, y desde la política pública han aparecido programas que buscan incorporar la voz de la niñez. El desafío pendiente es que esa voz tenga resultados concretos. Una alternativa posible es darles roles reales: delegar ciertos programas al liderazgo de niños, niñas y adolescentes, abrirles espacios dentro de la política pública. Más que darles voz desde el control adulto, la invitación es a construir conjuntamente.

Implicancias y propuestas para las ciudades del futuro

Sofía Silva: ¿Puede el diseño urbano hacer algo concreto para ampliar la presencia y movilidad de los NNA en la ciudad?

Natan Waintrub: Por supuesto. Por ejemplo, uno de los mayores miedos de madres, padres y cuidadores es el tránsito vehicular. Si las calles siguen cediendo espacio a los vehículos que se mueven a gran velocidad, los espacios se vuelven más peligrosos y los permisos que las niñeces requieren para salir al espacio público se restringen. Reducir la velocidad de los vehículos y ampliar el espacio de las calles para la necesidad de los peatones son medidas que influyen directamente en una mayor percepción de seguridad de los entornos. Pero también hay otra dimensión: hacer que los recorridos sean cada vez más interesantes y lúdicos. Si los espacios tienen colores, infraestructura que invita a jugar y una diversidad de elementos que estimulan la imaginación, es más probable que los NNA quieran recorrerlos. La ciudad tiene que ser un lugar que valga la pena caminar.

Sofía Silva: Pensando en la ciudad del futuro: ¿cuál sería la señal de que estamos avanzando en una movilidad para todas las personas y, especialmente para los NNA?

Natan Waintrub: Me gusta mucho una perspectiva de Francesco Tonucci, investigador italiano que hace años ha escrito sobre la ciudad de los niños: él propone que un buen índice de calidad de los espacios urbanos es que se vean cada vez más niños y niñas en ellos. Si hay niños y niñas en la calle, los lugares son seguros. Comparto bastante esa idea.

Eso sí, hay una complejidad interesante: la tasa de natalidad está bajando. Cada vez habrá menos niños en el espacio público y muchas de sus actividades han migrado a espacios privados. Pero el índice sigue siendo válido. Y agregaría otro factor complementario: la presencia de personas mayores ocupando el espacio público. Si los espacios son seguros y atractivos para los más jóvenes y para los más viejos, con seguridad son espacios donde todos somos bienvenidos.