Ciudad artificial Vol. 2: monitoreo ambiental para el desarrollo de nuestras ciudades

JUNIO 2025

Entre datos y relatos: el monitoreo ambiental como práctica crítica en viviendas autoconstruidas

Revista PLANEO N°63 | Ciudad artificial Vol. 2: monitoreo ambiental para el desarrollo de nuestras ciudades | Junio 2025


[Por: Felipe Encinas. Escuela de Arquitectura, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.

Carmen Freed. The Bartlett Development Planning Unit, University College London, Londres, Reino Unido]

Introducción

La vivienda es mucho más que muros y un techo: es el escenario principal de la vida cotidiana, el refugio donde transcurren nuestras relaciones sociales y afectivas, pero también el espejo donde se reflejan las desigualdades. Es también el lugar donde se experimenta de forma más cruda la pobreza energética, a menudo de manera silenciosa (lo que la literatura ha denominado pobreza energética oculta): familias que se ven obligadas a renunciar a necesidades energéticas básicas (calefacción, ventilación, iluminación) para poder destinar sus recursos a otras urgencias impostergables.

En Chile, la política de vivienda social incremental ha sido central para enfrentar el déficit habitacional de las últimas décadas. Bajo esta modalidad, a las familias se les entrega una parte inicial de sus viviendas, financiada con un subsidio estatal complementado con el aporte propio, con la promesa y la responsabilidad de que ellas mismas la completen progresivamente según sus posibilidades y necesidades. Sin embargo, tras más de una década de implementación de este modelo, surgen interrogantes inevitables: ¿cómo ha impactado este proceso de incrementalidad, realizado mayoritariamente a través de la autoconstrucción en las condiciones ambientales de esas viviendas?, ¿qué efectos ha tenido en la vida cotidiana y en la salud de las familias que habitan esos espacios expandidos y transformados por sus propios medios?

Para explorar estas preguntas, llevamos a cabo una investigación de terreno en el marco del proyecto Fondecyt N° 1201332, titulado “Nexo Pobreza, Energía y Vivienda” (Encinas et al., 2023). El estudio se desarrolló en un conjunto de vivienda social incremental ubicado en la comuna de Renca, Región Metropolitana de Santiago, y combinó el despliegue de instrumentos técnicos de monitoreo ambiental y microbiológico con la participación activa de la comunidad residente (Encinas et al., 2025). Fueron las propias familias, habitantes y protagonistas del conjunto, quienes, al compartir sus experiencias cotidianas en el uso y manejo de la energía en sus hogares, enriquecieron la interpretación de los datos técnicos. Solo con esta perspectiva integral fue posible comprender la complejidad de la habitabilidad en este tipo de viviendas autoconstruidas y generar conocimiento relevante para informar políticas públicas más equitativas, justas y efectivas.

Contexto y metodología de monitoreo

El proyecto mencionado se propuso estudiar la pobreza energética desde la escala de la vivienda, con el objetivo de elaborar lineamientos de política pública y recomendaciones de diseño arquitectónico que contribuyan a entornos residenciales más saludables en términos de desempeño físico-ambiental, confort térmico y bienestar de sus habitantes. La investigación situó la vivienda como el espacio principal donde la pobreza energética se vive y se enfrenta día a día, a través de las prácticas cotidianas y las decisiones tanto individuales como colectivas de sus habitantes.

El caso de estudio es un condominio de vivienda social incremental emplazado en Renca, conformado por 39 viviendas entregadas en 2010 bajo el programa “Vivienda Social Dinámica sin Deuda” (Imagen 1). Cada familia recibió en aquel entonces una vivienda de 44 m² (en dos niveles), diseñada para ser ampliable hasta 67 m² en tres niveles conforme a las necesidades y capacidades de ahorro de cada hogar. Al momento de nuestra investigación, las viviendas llevaban más de diez años habitadas y modificadas por sus dueños, lo que nos permitió observar cómo había transcurrido el proceso de desarrollo de estas.

Imagen 1: Caso de estudio de condominio social, ubicado en la comuna de Renca.
Fuente: Elaboración propia.

“Las casas no estaban terminadas; ese era el compromiso. Nos dijeron que serían de puro cemento y la parte de arriba estaba toda pelada, hasta el tercer piso. Pero, de a poco, la gente fue arreglando. A nosotros nos costó más porque mi esposo estaba enfermo; entonces trabajaba yo no más; él era diabético e hipertenso; tenía problemas a la vista, así que, de a poquito, fue construyendo nuestro espacio”. Jefa de hogar, 60 años.

Este testimonio presenta una de muchas experiencias vividas en el conjunto, reflejando que la vivienda no es solo un elemento material, sino un reflejo del esfuerzo individual y familiar, frecuentemente atravesado por situaciones de vulnerabilidad que inciden en la vida de sus habitantes.

El estudio se desarrolló mediante una metodología de investigación mixta que combinó enfoques cualitativos y cuantitativos en cuatro etapas, asociadas a campañas de trabajo en terreno:

  • Primera etapa: Aplicación de una encuesta de evaluación de pobreza energética en todas las viviendas del conjunto y realización de un muestreo microbiológico inicial al interior de los hogares. Esto buscó caracterizar a las familias (tamaño, ingreso, vulnerabilidades) y detectar condiciones constructivas o de uso que pudieran favorecer situaciones de vulnerabilidad a la pobreza energética (por ejemplo, presencia de humedad, tipo de calefacción utilizada, ventilación disponible, etc.).
  • Segunda y tercera etapas: Profundización en el análisis de cuatro viviendas seleccionadas. Se instalaron sensores de temperatura, de humedad y de CO₂ para monitorear de manera continua las condiciones interiores durante periodos prolongados, tanto en invierno como en verano. Estas mediciones técnicas fueron acompañadas de entrevistas a los residentes de cada vivienda, indagando en sus hábitos domésticos, sus percepciones de confort térmico y sus experiencias de salud relacionadas con la vivienda.
  • Cuarta etapa: Realización de entrevistas en profundidad con jefas de hogar del conjunto, con el fin de comprender sus experiencias de vida en la comunidad y los desafíos enfrentados durante el proceso incremental de sus viviendas. Estas conversaciones permitieron ahondar en las historias detrás de las ampliaciones, las estrategias que cada familia implementó para mejorar su casa y cómo valoran hoy su calidad de vida en relación con la vivienda.

Esta integración metodológica permitió obtener una visión más holística del rendimiento técnico y material de las viviendas, a través de las mediciones cuantitativas de condiciones interiores y mediante la comprensión de las condiciones cualitativas asociadas a prácticas cotidianas y percepciones subjetivas de sus habitantes, lo que permitió situar y comprender los datos obtenidos a partir de la experiencia de sus residentes.

Desafíos ético-operativos en el trabajo de campo

Regularmente, las decisiones de política pública se formulan desde escalas barriales o comunales, relegando la vivienda a la categoría de espacio privado donde la intervención pública parece no tener cabida. Frente a ello, el trabajo de campo situado y en profundidad con las familias deja importantes enseñanzas a futuro, pero también refleja desafíos éticos constantes relacionados con la intervención en el espacio más privado de las familias.

Desde el inicio, adoptamos una postura de colaboración y transparencia con la comunidad. Buscamos que los residentes comprendieran los objetivos de la investigación y, a través de la construcción de confianzas mutuas, se sintieran seguros de ser parte del proyecto. En términos éticos, trabajamos con consentimientos informados, entregando toda la información de forma clara y respondiendo a cada duda o inquietud que surgía. Además, a lo largo del proceso realizamos devoluciones activas en forma de actividades educativas con la comunidad, contando con el apoyo de la Ilustre Municipalidad de Renca. Por ejemplo, organizamos talleres en la sede del conjunto sobre la importancia de la ventilación y sobre cómo interpretar las concentraciones de CO₂ al interior de las viviendas (Imagen 2). Estas instancias no solo permitieron que las familias entendieran mejor de qué trataba el monitoreo y qué revelaban los sensores instalados en sus casas, sino que también abrieron la posibilidad de que incorporaran nuevas prácticas para mejorar la calidad ambiental de sus hogares (ventilar diariamente, reconocer signos de humedad, aislar térmicamente ciertos muros, etc.).

Imagen 2: Tríptico informativo entregado a la comunidad sobre la ventilación y la medición de CO2 en las viviendas.
Fuente: Elaboración propia.

El apoyo, tanto de la dirigencia vecinal del conjunto habitacional como de las familias participantes, fue fundamental para llevar adelante este trabajo. Gracias a esa colaboración y respeto mutuo, logramos que la investigación fuera una experiencia compartida (Imagen 3). El resultado es un cúmulo de aprendizajes con potencial de informar la política pública de vivienda de manera innovadora. Hallazgos que no solo apuntan a mejorar las condiciones de quienes hoy habitan viviendas con elementos de autoconstrucción, sino que entregan insumos para el diseño de futuras estrategias habitacionales.

Imagen 3: Actividad de difusión y discusión de los resultados de la investigación con la comunidad, realizada con apoyo de la Ilustre Municipalidad de Renca.
Fuente: Elaboración propia.

Aprendizajes interdisciplinarios y el rol de la comunidad

El monitoreo ambiental que desarrollamos en el conjunto de Renca nos brindó, por un lado, valiosos datos cuantitativos para comprender el impacto de las decisiones constructivas y materiales en las condiciones ambientales interiores. Pero, igualmente importante, nos permitió apreciar el rol fundamental de los saberes y experiencias de los residentes en la construcción de soluciones efectivas. Así, la investigación reafirmó la necesidad de enfoques interdisciplinarios que trasciendan las miradas técnicas unidimensionales, incorporando dimensiones sociales y de salud, a fin de construir una comprensión más humana y situada de los problemas ambientales habitacionales.

Desde la arquitectura, los registros continuos de temperatura, humedad y CO₂ revelaron cómo las decisiones de diseño y construcción de las viviendas inciden directamente en el clima interior y la capacidad de ventilación. No se trata solo de la estética o la funcionalidad del espacio, sino de condiciones que repercuten en la salud y el confort diario de sus habitantes. Pudimos constatar, por ejemplo, que muchas de las ampliaciones y modificaciones autoconstruidas exponían a las familias a temperaturas muy fuera de los rangos de confort térmico, tanto en invierno como en verano, situaciones que la mayoría de los habitantes no había anticipado.

Desde la salud ambiental, el CO₂ se convirtió en un termómetro invisible de la vivienda. Sus niveles sirvieron como indicador clave de la ventilación: descubrimos que en muchos hogares la ventilación resultaba insuficiente, reflejo de una mezcla entre deficiencias materiales (ventanas mal selladas, falta de aberturas) y prácticas cotidianas (sellar la casa para conservar calor, usar estufas de combustión interna sin suficiente renovación de aire). Estas condiciones elevadas de CO₂ (en algunos casos, cinco veces por encima de lo recomendado) significan que las familias pasan muchas horas respirando un aire viciado, exponiendo a sus habitantes a problemas respiratorios y de otros tipos. Paralelamente, las muestras microbiológicas detectaron la presencia de hongos y otros microorganismos asociados a alergias y afecciones respiratorias, especialmente en zonas donde la humedad y la falta de aislación térmica eran patentes (por ejemplo, muros filtrando agua de lluvia o habitaciones sin ventilación directa). En conjunto, estos hallazgos evidenciaron la relación directa entre las decisiones materiales, las prácticas cotidianas y la salud de las personas: la forma en que se construye y habita el espacio puede propiciar (o dificultar) condiciones ambientales interiores sanas.

Desde una aproximación cualitativa, las entrevistas en profundidad permitieron comprender tanto las prácticas cotidianas de las familias como su relación con el proceso incremental de las viviendas. A través de esto, se identificaron prácticas y los razonamientos asociados a las mismas. Por ejemplo, el cierre sistemático de ventanas para conservar calor durante el invierno, si bien tenía lógica desde la experiencia térmica inmediata de las familias, generaba acumulación de CO₂ con impactos en la salud. Comprender estas prácticas permitió contextualizar los datos en relación con las decisiones de las familias.

Asimismo, la colaboración con la comunidad como participante en las distintas partes de la investigación y en las actividades educativas permitió, en primer lugar, traducir los datos cuantitativos en narrativas significativas, vinculando los indicadores ambientales con las experiencias de confort, cuidado y salud; en segundo lugar, se revela cómo el trabajo con la comunidad se convierte en una herramienta de reconocimiento hacia las familias como actores relevantes, quienes, a través de su agencia y conocimiento, pueden contribuir a generar espacios más saludables para los mismos habitantes.

En síntesis, el uso de métodos mixtos e interdisciplinarios nos permitió abarcar tanto las realidades técnicas y materiales de las viviendas como las experiencias sociales y energéticas de sus ocupantes. Esta mirada integral ofrece una comprensión situada de la vivienda como espacio material, social y también energético, donde transcurre (y a veces se tensiona) la vida cotidiana. La casa deja de verse solo como un objeto físico para revelarse como un espacio vivido en múltiples dimensiones, donde las dinámicas de la familia, la comunidad y la energía se entrecruzan constantemente.

Reflexiones críticas: vivienda incremental y evaluación ambiental urbana

La experiencia del caso de estudio en Renca, analizando las condiciones de habitabilidad más de una década después de entregadas las viviendas que las familias debían continuar desarrollando por sí mismas, invita a plantear reflexiones críticas tanto sobre la política de vivienda incremental en Chile como sobre los instrumentos habituales de evaluación ambiental urbana.

Al examinar la política de vivienda incremental, si bien entregar una vivienda básica para que la familia la amplíe con el tiempo ha sido una solución habitacional frente a recursos limitados, el enfoque concentrado netamente en la provisión inicial, sin acompañar el proceso incremental en su totalidad, genera consecuencias considerables. Las ampliaciones autoconstruidas suelen carecer de soporte técnico y regulatorio, resultando en viviendas con desempeño ambiental deficiente, lo cual repercute a menudo en las actividades diarias y en la salud de sus residentes. Este desempeño se vio reflejado en altas concentraciones de CO₂ al interior de las viviendas y temperaturas extremas, tanto elevadas en verano como muy bajas en invierno. La presencia de microorganismos que favorecen la aparición de enfermedades respiratorias y alérgicas en áreas con humedad y poca ventilación evidenció cómo las decisiones materiales y las prácticas cotidianas se entrelazan con las condiciones ambientales interiores y, por ende, con la salud de los habitantes. Pese a lo que se podría pensar, esto no aparece como una causa directa del diseño original —con una organización arquitectónica bien pensada desde la entrega inicial hasta las posibilidades de ampliación (dentro de la regulación urbana)— sino como resultado estructural de la política habitacional.

El estudio revela una brecha preocupante en las políticas de vivienda que, buscando reducir costos mediante la provisión de una parte de las viviendas sin considerar su incrementalidad como parte integral del proceso, exponen a las familias a la vulnerabilidad frente a la pobreza energética y a fallas en la habitabilidad. La autoconstrucción sin acompañamiento y en contexto de vulnerabilidad puede afectar negativamente la calidad de vida de sus habitantes, en términos de confort térmico y salubridad.

Conclusiones

En síntesis, la experiencia de monitoreo ambiental en viviendas autoconstruidas demuestra que esta labor debe concebirse como una práctica situada, integrando a la comunidad y contextualizando los datos técnicos en la vida cotidiana de las familias. Asimismo, una mirada de largo plazo permite evaluar la vivienda incremental más allá de su entrega inicial, revelando cómo las decisiones de política y las prácticas cotidianas inciden en la habitabilidad con el paso del tiempo. Por último, un enfoque interdisciplinario, que combine mediciones físicas con comprensión social, resulta fundamental para obtener una visión integral de las condiciones habitacionales. Estos aprendizajes subrayan la importancia de informar las políticas de vivienda con la experiencia real de sus habitantes, promoviendo soluciones más justas, saludables y efectivas.

Agradecimientos

Este estudio fue desarrollado en el marco del proyecto FONDECYT Regular N° 1201332 “Nexo Pobreza, Energía y Vivienda” y con apoyo del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), proyecto ANID FONDAP 1523A0004.

Referencias bibliográficas

Encinas, F., Freed, C., Aguirre-Nuñez, C., Schueftan, A., Vergara-Perucich, F. & Orellana, S. (2023). El individualismo como política pública: la vivienda incremental amenazada por la pobreza energética. Revista INVI, 38(109), 17-70. https://doi.org/10.5354/0718-8358.2023.70681 

Encinas, F., Freed, C., Soto, K. & Ugalde, J. (2025). Urban Microbiome: Architecture and Microbiology for a Healthy Built Environment. En M. Vicuña & E. Giorgi (Eds.), Intersections: Interdisciplinary Research on Architecture, Design, City and Territory (pp. 653-665). Springer Geography. https://doi.org/https://doi.org/10.1007/978-3-031-76402-8_42