Ciudad artificial Vol. 2: monitoreo ambiental para el desarrollo de nuestras ciudades

JUNIO 2025

«Hare-onna»: la mujer que trae el buen tiempo y lo que la lluvia quiere de vuelta | «Weathering With You» (2019)

Revista PLANEO N°63 | Ciudad artificial Vol. 2: monitoreo ambiental para el desarrollo de nuestras ciudades | Junio 2025


[Por: Francisca Ramírez González. Socióloga, Licenciada en Sociología, Universidad de Playa Ancha; Diplomada en Literatura Infantil y Juvenil, Universidad de Santiago]

Título: Weathering With You
Formato: Película de animación japonesa
Dirección: Makoto Shinkai
Año: 2019
Duración: 1 hora y 52 minutos
Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=RfmDF1pY8Sk 
Disponible en: PrimeVideo

Imagen 1: Portada de «Weathering With You»
Fuente: IMDb.

Surgen ideas interesantes cuando pensamos en las probabilidades que tenemos de predecir y controlar el clima. Weathering with you o mejor conocida por su título en español, El tiempo contigo—, nos plantea, por medio de su preciosa estética animada, varias aristas de un problema cada vez más actual: ¿Qué sucede cuando un frente de lluvias torrenciales e incesantes azota en pleno verano a una de las capitales que mejor representa el ideal urbanístico? Hablamos del área metropolitana más populosa del mundo, en la Región de Kanto: la ciudad de Tokio, Japón.

La respuesta corta es que suceden muchas cosas. La primera de ellas, y la más evidente, es la intermitencia e interrupción de los medios de transporte con la paralización de los trenes subterráneos y obras de reparación que toman demasiado en completarse. La segunda es la dificultad para realizar actividades económicas, especialmente aquellas que dependen del despliegue en los espacios públicos. Y la tercera, que es la que más explora el filme como elemento argumentativo e hilo conductor, es el efecto que tiene el “mal tiempo” en las interacciones sociales y en la salud mental de los individuos, quienes deambulan afectados por la ciudad oscurecida por las nubes grises que cubren el cielo con la promesa amenazante de no querer marcharse pronto.

Los protagonistas de esta historia —Hina, Hodaka y compañía— viven varias aventuras y desencuentros, aprovechando la habilidad de ella de hacer salir el sol como “Hare-onna”. Envueltos en un halo que mezcla folclore japonés, misticismo y sabiduría ancestral, estos adolescentes se ven enfrentados a una decisión final que golpea a la ciudad y sus vidas de forma irrevocable.

Hay que dejar que llueva, aunque eso signifique soltar el poco control que creíamos tener sobre el mundo y abrazar la impredecibilidad de las cosas —como el clima o la vida misma—, a pesar de que esto traiga cambios dramáticos en la geografía y el medio ambiente que nos rodea. La propuesta de la película es dejar que la naturaleza reclame lo que la actividad antropogénica le ha estado arrebatando, observar con atención a nuestro alrededor, dejar que los expertos se hagan cargo y, con el tiempo y sus instrumentos de medición, traten de explicar lo que sucedió, mientras la vida sigue avanzando.

Estos escenarios nos revelan dos caras de la misma moneda. Por un lado, está la inercia con la que el sistema sigue operando a pesar de las inclemencias —con sus formas precarias y sus fallas evidentes, pero sin detenerse—, porque la ciudad no duerme y la vida debe continuar funcionando. Por otro lado, está la fragilidad con la que los más vulnerables de la sociedad buscan su destino cargando con el peso del mundo sobre sus hombros, al borde del precipicio o suspendidos en el aire, luchando para no caer ni desaparecer en el intento.

En tiempos pasados, las estaciones se distinguían muy claramente unas de otras —en nuestro territorio, al menos—, transitando del otoño al invierno y de la primavera al verano. Se sucedían una tras otra con la sincronía de un reloj mecánico. Ahora, dicho fenómeno parece la descripción de un relato romántico, propio de un mundo ideal, lleno de certezas y sin espacio para las sorpresas o el cambio.

Por estos días, en el marco del cambio climático, nos resulta cada vez más difícil realizar rituales domésticos, como el cambio en el ropero. Esto se debe básicamente a que, aunque ya no hace tanto frío como en meses anteriores, basta una semana para ver cómo cada día la temperatura se comporta como en una estación diferente, con regresiones y progresiones. A veces puede llegar a confluir hasta más de una estación en el mismo día, con tan solo unas horas de diferencia entre una y otra, obligándonos a improvisar y a emplear nuestros mejores trucos de adaptación y creatividad. Debemos considerar que es posible que esto se ponga más caótico con el pasar de los años.

Ahora bien, cabe señalar que estas situaciones aplican para lugares muy específicos, porque siempre dependerá de la localidad y de sus características geográficas, ambientales, urbanísticas, económicas y socioculturales, entre otros aspectos. Nuestra necesidad de conocimiento al respecto y los mecanismos que se diseñen para comprender estas realidades específicas, guardan el potencial de acercarnos a las metas de calidad de vida, planificación y resguardo del medio ambiente, establecidas con cierto consenso en varias organizaciones del planeta. Es de especial relevancia considerar la información que surja de esas instancias como una brújula, con miras hacia una experiencia vital más respetuosa, sustentable y digna para todos y todas.