Revista PLANEO N°63 | Ciudad artificial Vol. 2: monitoreo ambiental para el desarrollo de nuestras ciudades | Junio 2025
[Por: Jaime Enrique Solórzano Pescador. Cientista Político de la Pontificia Universidad Javeriana (Bogotá, Colombia) y Magíster en Desarrollo Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Actualmente trabaja en la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá]
“Al primer golpe dudaron todos; al segundo, temieron; al tercero, se aterraron,
y con la perseverancia salieron de sí, y aun de sus casas y aun de la ciudad (…)
La gente toda fuera de sus casas, por el terror de que se venían abajo:
unos medio vestidos, como estaban en sus posadas; otros enteramente desnudos,
porque estaban ya acostados, y todos gimiendo y clamando misericordia,
discurrían sin tino por las calles; nadie sabía a dónde iba,
porque nadie sabía dónde estaba” (Ibáñez, 2014, p. 36)
“Eso es del tiempo del ruido” es una expresión coloquial usada en Bogotá para referirse a algo que ocurrió en el pasado y, particularmente, a un fenómeno que ocurrió el 9 de marzo de 1687, cuando se llamaba Santafé y hacía parte del Virreinato de la Nueva Granada. Los cronistas de la época y la historiografía se refieren a un fuerte ruido que se escuchó a las 10 de la noche, causando temor en los habitantes y todo tipo de especulaciones sobre el origen del estruendo, en una ciudad pequeña y sin mayor desarrollo en ese momento.
Han pasado 338 años desde que ese ruido aterrorizó a los santafereños. Sin embargo, los ruidos no dejaron de sonar y se volvieron parte de la cotidianidad en la medida en que Bogotá crecía y se convertía en una ciudad con más de 8 millones de habitantes. Aún con esa aparente normalización sobre la existencia de los ruidos, también es evidente que hay una mayor preocupación por las implicaciones del ruido en aspectos como la contaminación, la convivencia y la satisfacción de los habitantes de Bogotá con el entorno en el que habitan, aspectos sobre los que se espera plantear aquí algunas reflexiones.
Partamos, antes, con la definición de ruido. De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), la primera acepción del término es “sonido inarticulado, por lo general desagradable”. En ese mismo sentido, vale la pena revisar la definición del Diccionario Panhispánico del Español Jurídico: “sonido que molesta o incomoda a los seres humanos o que les produce, o tiene el efecto de producirles, un resultado psicológico y fisiológico adverso”. Esta última definición resulta de especial interés para esta reflexión, por los efectos de los ruidos en las personas y en contextos urbanos, en tanto que estos se encuentran dentro de los factores que comprometen la calidad ambiental, aun cuando resulta inevitable que el ruido exista como un elemento más de cualquier ciudad. Al respecto, Hutchinson (2010) señala que el ruido es uno de los principales generadores de estrés ambiental y que, en estudios realizados sobre satisfacción residencial en Japón, Europa Occidental y Estados Unidos, “(…) the presence of noise from traffic or neighbours has a dramatically negative effect on residential satisfaction”. En esa misma línea, Gottdiener y Budd (2005) señalaron que el ruido es una de las principales preocupaciones ambientales en los contextos urbanos, a la par de la calidad del aire, la contaminación del agua y la disposición de residuos tóxicos. Ahora, aunque no pueda suprimirse, es claro que el ruido descontrolado crea un factor de insatisfacción para cualquier habitante urbano.
Consideremos, en primer lugar, una de las mediciones de ruido que se realizan en Bogotá. En las imágenes 1 y 2 se encuentran los Mapas Estratégicos de Ruido (MER), definidos como “(…) representaciones gráficas que detallan los niveles de ruido en un área específica durante un período definido” (SDA, 2025). Dichos mapas representan los niveles de ruido en Bogotá en 2023, revelando que partes importantes de la ciudad registran, durante el día, más de 70 decibeles, especialmente en el área donde se encuentra el aeropuerto (al poniente), los principales corredores viales y las zonas industriales. En ese sentido, vale la pena referenciar la investigación de Ávila (Agencia UNAL, 2025), quien encontró que solo el 12% de las áreas residenciales de la ciudad cumple el límite de 65 decibeles de ruido, y que el ruido se concentra especialmente “(…) donde hay pobreza, precariedad y mezcla desordenada de usos de suelo (…)” (Agencial UNAL, 2025).
Imagen 1: MER diario correspondiente a jornada ordinaria en Bogotá (2023).
Fuente: IDECA – Mapas Bogotá (2025).
Imagen 2: MER nocturno correspondiente a jornada ordinaria en Bogotá (2023).
Fuente: IDECA – Mapas Bogotá (2025).
Ahora bien, quisiera revisar dos aspectos alejados de lo que podríamos considerar una lectura propia de la contaminación acústica, pero que muestran los efectos que puede tener el ruido sobre la manera en que una población determina la satisfacción con su entorno por este factor. Por una parte, encontramos los comparendos que impone la Policía Metropolitana de Bogotá por infringir la Ley 1801 de 2016 (Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana). Como se observa en la tabla 1, la proporción de medidas sancionatorias por ruido es baja. Esto se puede explicar por la función que cumple la policía al acudir a un lugar donde se ha denunciado ruido excesivo para que se solicite, a quien lo genera, que apague la fuente de ruido, evitando una sanción.
Tabla 1: Comparendos por ruido en Bogotá.
Fuente: Elaboración propia a partir de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia (2025) [Fecha de corte: 31 de agosto de 2025].
No obstante, aunque el número de sanciones administrativas en Bogotá es bajo, de acuerdo con las llamadas al Número Único de Seguridad y Emergencias (NUSE), la población muestra una mayor disposición a quejarse ante las autoridades por el ruido, puesto que los incidentes relacionados vienen en aumento. Como se observa en la imagen 3, concentró el mayor número de llamadas durante la pandemia por COVID 19 en 2020, con el 15,3%. Asimismo, pasó del 12,7% del total de llamadas a dicha línea en 2022 al 13,4% en 2024. En lo corrido de 2025, las llamadas por ruido (17,8%) sobrepasan a las llamadas por riñas entre personas (17,5%), por lo que mantiene una tendencia al alza como un factor que compromete la percepción de tranquilidad y comodidad de las personas con respecto al entorno que habitan.
Imagen 3: Proporción de llamadas por incidentes de ruido al NUSE (2019-2025c).
Fuente: Elaboración propia a partir de la Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia (2025) [Fecha de corte: 31 de agosto de 2025].
Con ello, un mayor número de llamadas para que las autoridades atiendan situaciones relacionadas con altos niveles de ruido puede servir para identificar que los habitantes están menos dispuestos a convivir en estas condiciones, por considerar que afectan su calidad de vida y sus derechos. Al respecto, el Informe de Calidad de Vida de Bogotá 2024 señaló que el ruido (63,7%) es uno de los factores que más afecta en las condiciones de convivencia en la ciudad, junto con las basuras en los espacios públicos (66,6%) y los problemas con los vecinos (31,5%).
Al momento de escribir esta columna, se registraron dos situaciones asociadas al ruido en Bogotá: por una parte, una Audiencia Pública en el Concejo de Bogotá para establecer un diálogo entre las autoridades y la ciudadanía para buscar soluciones a lo que algunos participantes en este encuentro denominaron “la crisis del ruido”. Por otra parte, una protesta de la comunidad que reside cerca al escenario “Vive Claro”, molesta por el nivel de ruido durante el concierto de la banda Guns N’ Roses.
Una ciudad no puede estar en completo silencio: el ruido hace parte de las dinámicas que la configuran, tanto así que la población puede, incluso, “tolerar” su existencia como parte de la decisión de vivir en una ciudad, por los beneficios que ello implica. Ahora bien, la discusión sobre el ruido va más allá de determinar cuántos decibeles se miden en una zona en comparación con otra: la experiencia de Bogotá muestra que existen diferentes maneras de medir la forma en la que el ruido deja de ser un elemento cotidiano y se configura como un problema con implicaciones en la contaminación acústica, la insatisfacción de la población con su entorno y la convivencia, hasta mantener condiciones de desigualdad entre quienes pueden y no controlar los ruidos.
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Referencias bibliográficas
Agencia UNAL. (2025, octubre 2). En Bogotá el silencio es un lujo que solo pueden pagar los estratos altos. https://agenciadenoticias.unal.edu.co/detalle/en-bogota-el-silencio-es-un-lujo-que-solo-pueden-pagar-los-estratos-altos
Bogotá. (2025). Estos son los canales para denunciar a los vecinos ruidosos en Bogotá. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/seguridad/como-denunciar-un-vecino-ruidoso-en-bogota-donde-puedo-llamar
Bogotá Cómo Vamos. (2025). Informe de Calidad de Vida 2024. https://bogotacomovamos.org/informe-de-calidad-de-vida-2024/
Gottdiener, M. & Budd, L. (2005). Key Concepts in Urban Studies. SAGE.
Hutchinson, R. (2010). Encyclopedia of Urban Studies. SAGE.
Ibáñez, P. M. (2014). Crónicas de Bogotá. IDARTES.
Infraestructura de Datos Espaciales para el Distrito Capital (IDECA). (2025). Mapas Estratégicos de Ruido. https://mapas.bogota.gov.co/?l=84543&e=-74.53139379491705,4.493096645409304,-73.87221410741795,4.798676153257763,4686&b=7256&show_menu=true&open_menu=false&show_search=false#
Secretaría Distrital de Ambiente (SDA). (2025). Visor Geográfico: Mapas Estratégicos de Ruido. https://visorgeo.ambientebogota.gov.co/minimo/?lon=-74.088180&lat=4.661370&z=11&l=5:1|117:1&t=23
Secretaría Distrital de Seguridad, Convivencia y Justicia. (2025). Incidentes Tramitados en el C4 – Numero Único de Seguridad y Emergencias NUSE. https://datosabiertos.bogota.gov.co/dataset/incidentes#