Revista PLANEO N°62 | Ciudad artificial Vol. 1: diseñando escenarios de futuro a través de los datos y la IA | Marzo 2025
[Por: Mauricio Casanova Espinoza. Crítico de cine]
Título: Yo, robot
Formato: Película
Director: Alex Proyas
Año: 2004
Duración: 1 h 55 min.
Disponible en: Disney +

Imagen 1: Portada de «Yo, robot».
Fuente: TMDB.
“Un robot no puede dañar a un ser humano,
ni permitir que un ser humano sufra daño por inacción”
Yo, robot (Isaac Asimov, 1950)
Estamos en el año 2035. Will Smith interpreta a Del Spooner, un policía que desconfía del pensamiento algorítmico de las inteligencias artificiales y vive en un departamento alejado de los avances tecnológicos que dominan la ciudad.
Un día, es llamado para investigar el aparente suicidio del Dr. Alfred Lanning, cofundador de U.S. Robotics (USR) y creador de las Tres Leyes de la Robótica, principios que rigen el comportamiento de la inteligencia artificial y evitan que los robots cometan delitos, por mínimos que sean.
Sin embargo, estas normas parecen entrar en conflicto con el comportamiento de Sonny, un robot que el propio Lanning creó con cualidades especiales y que no sigue la configuración estándar de su modelo NS-5. Por ello, Spooner lo apunta como posible asesino, aunque la ley indica que los robots no pueden ser procesados: para el consciente colectivo global, son incapaces de cometer crímenes. El policía, sin embargo, sospecha lo contrario y termina descubriendo una conspiración que amenaza a toda la sociedad.

Imagen 2: Escena de «Yo, robot».
Fuente: TMDB.
En esta ciudad futurista, todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos están subordinados a las decisiones de una empresa robótica monopólica. Las máquinas realizan todas las labores que los humanos prefieren evitar: desde repartir comida y manejar el sistema de basura hasta ejecutar demoliciones que tomarían horas a cualquier persona.
La vida cotidiana se rige por algoritmos y comandos de voz, dejando poco espacio a la espontaneidad. En contraste, Spooner habita un departamento lleno de botones, cerraduras y música en formato físico, un refugio anclado en el pasado que contrasta con el mundo exterior. Para la sociedad, personas como él son vistas como un “virus informático” que amenaza la impecable vida de los tiempos modernos.

Imagen 3: Escena de «Yo, robot».
Fuente: TMDB.
Mientras la casa del detective luce oscura y anticuada, la ciudad combina construcciones clásicas de Nueva York con megatorres de los magnates tecnológicos. La sede de U.S. Robotics destaca por su color blanco, limpieza minimalista y acceso biométrico. Es un espacio que parece elevarse sobre la ciudad, como si quisiera separarse de ella. Mientras los habitantes conviven con sus viejos robots domésticos, la compañía mesiánica promete “lo nuevo, lo puro” y busca dominar el mercado.
La vida actual no está tan lejos de la visión que planteaba la película en 2004. Hoy, el dinero en efectivo es cada vez más raro y pagamos casi todo con NFC. Las inteligencias artificiales conversan con nosotros y obedecen órdenes pronunciadas al aire. Los avances tecnológicos muestran cómo los robots se vuelven más humanos, con facciones y gestos que imitan los nuestros.
Dependemos cada vez más de la automatización en la vida diaria. ¿Nos quitará empleos? ¿Nos hará la vida más sencilla? ¿O algún día crearemos una IA tan avanzada que decida que controlar a los humanos es la mejor forma de “protegernos”? Solo el tiempo lo dirá, pero al menos hoy somos más conscientes que los vecinos de Spooner.