Revista PLANEO N°62 | Ciudad artificial Vol. 1: diseñando escenarios de futuro a través de los datos y la IA | Marzo 2025
[Por: José Miguel Fuentes Zuleta. Sociólogo, Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago]

Imagen 1: Vista área de Santiago.
Fuente: El Mostrador.
En un mundo donde la digitalización avanza a pasos agigantados, las ciudades están atravesando una transformación que promueve la idea de convertirlas en sistemas inteligentes, interconectados y altamente dependientes de datos. La promesa de las Smart Cities —como se las denomina— radica en la posibilidad de gestionar mejor los recursos, mejorar la calidad de vida y responder de manera eficiente a los desafíos urbanos. Sin embargo, detrás de esta visión optimista, existen múltiples reflexiones críticas que deben ser abordadas, especialmente en relación con la generación, modelación y uso de datos en la planificación territorial.
Una de las claves en la transformación digital de las ciudades es la valoración de los datos digitalizados. La información generada a través de sensores, plataformas digitales o la participación ciudadana ofrece una visión detallada y en tiempo real de las dinámicas urbanas. A través de plataformas como SoSafe y proyectos como los Smart Citizen Kits, se evidencia una tendencia creciente a recopilar datos en tiempo real, a menudo con participación ciudadana, y a emplear estos datos para la gestión urbana.
Los modelos virtuales de ciudad, alimentados por estos datos, representan una herramienta poderosa para la simulación de escenarios futuros. Estos modelos permiten explorar posibles impactos de políticas públicas en movilidad, medio ambiente, seguridad y servicios sociales. La potencialidad de los escenarios virtuales es inmensa, pues facilitan decisiones más precisas, anticipan conflictos y contribuyen a planificaciones más responsables y sostenibles.
No obstante, la disponibilidad y manejo de estos datos no son neutros: su planteamiento, recopilación y análisis responden a intereses específicos y pueden reforzar desigualdades sociales. Por ejemplo, el uso de plataformas para la denuncia ciudadana, como SoSafe, puede favorecer a quienes tienen acceso a dispositivos tecnológicos y conocimientos digitales, excluyendo a poblaciones vulnerables o desconectadas. Por ello, resulta crucial garantizar que la valoración de los datos sea inclusiva, democrática y ética.
La orientación a la eficiencia y la optimización, aunque seductora, puede en algunos casos priorizar intereses económicos o políticos, en detrimento de la equidad social, la privacidad y los derechos de los ciudadanos. La opacidad de los algoritmos, la posible reproducción de sesgos y la concentración del control en empresas o instituciones que gestionan los datos son problemáticas que requieren una regulación cuidadosa y una participación activa del tejido social en la gobernanza de estos sistemas.
Una de las cuestiones fundamentales en la integración de los datos en la planificación urbana es garantizar que las decisiones sean justas e inclusivas. La tecnología y los algoritmos no son neutrales, y si no se gestionan con cuidado, pueden exacerbar las desigualdades existentes. Las prioridades en el análisis de datos deben estar alineadas con los valores sociales, promoviendo la participación de comunidades diversas en la definición de los problemas y las soluciones urbanas. La democratización de los datos y la transparencia en el desarrollo de modelos son pasos esenciales para que la inteligencia artificial contribuya a un desarrollo urbano más justo.
Asimismo, el uso de estos datos implica una responsabilidad ética en cuanto a la protección de la privacidad y la autonomía de los ciudadanos. La recolección de datos personales y el monitoreo constante, si no se regulan adecuadamente, pueden vulnerar derechos fundamentales y generar desconfianza en los sistemas tecnológicos. Es vital establecer marcos normativos claros y participar en diálogos que incluyan múltiples actores sociales para definir los límites y condiciones del uso de estas tecnologías.
A pesar de los desafíos, el potencial de los datos para la innovación urbana es innegable. La clave está en que su implementación sea guiada por principios éticos, participativos y centrados en las necesidades humanas. La integración de las comunidades en el diseño de las plataformas digitales y en las simulaciones virtuales puede promover un sentido de corresponsabilidad en la transformación de los espacios urbanos.
Por ejemplo, en Chile, los proyectos que involucran a colectivos urbanos en la creación de sensores comunitarios o en la participación en la gobernanza de plataformas tecnológicas muestran un camino hacia una ciudadanía más activa y empoderada en la gestión de sus ciudades. La incorporación de conocimientos ciudadanos en la modelación de escenarios futuros, y la participación en la evaluación de los algoritmos, puede garantizar que las soluciones tecnológicas no sean solo instrumentos de control, sino también de emancipación social.
En resumen, la digitalización abre nuevas posibilidades para la planificación urbana, haciendo posible contar con datos más precisos, modelos virtuales de escenario y decisiones más fundamentadas. Sin embargo, estas tecnologías no deben ser vistas únicamente como herramientas para incrementar la eficiencia, sino como instrumentos que deben ser gestionados con ética, transparencia y participación inclusiva. Solo así podremos avanzar hacia ciudades verdaderamente inteligentes, que prioricen la calidad de vida, la equidad y la sostenibilidad.
La construcción de estas ciudades del futuro requiere una mirada crítica y reflexiva, que tenga en cuenta las potencialidades y los riesgos asociados. Es imprescindible que los actores políticos, técnicos y sociales dialoguen para definir los marcos normativos y éticos que regulen el uso de datos y algoritmos en la planificación urbana. La tecnología, al fin y al cabo, es un medio para potenciar la vida en comunidad y promover derechos sociales, no un fin en sí mismo. La clave será hacer del análisis de datos un ejercicio colectivo y éticamente responsable, para que las ciudades del mañana sean verdaderamente sostenibles, justas y habitables para todos y todas.