Revista PLANEO N°62 | Ciudad artificial Vol. 1: diseñando escenarios de futuro a través de los datos y la IA | Marzo 2025
[Por: Javier Miramontes Figueroa. Arquitecto, Tecnológico de Monterrey, México; estudiante de Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Pontificia Universidad Católica de Chile]
Entrevistado: Dr. Arturo Orellana

Arturo Orellana es Doctor en Geografía Humana por la Universidad de Barcelona, 2006; Magíster en Desarrollo Urbano por la Pontificia Universidad Católica de Chile, 2000; e Ingeniero Comercial y Licenciado en Economía por la Universidad de Chile, 1994. Docente, investigador y consultor senior en materias de gobernanza y planificación urbana y territorial, políticas públicas, desarrollo de instrumentos de medición de calidad de vida urbana y rural, así como de infraestructura territorial. Ejerce actualmente como director del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC. Es responsable, junto a la Cámara Chilena de la Construcción, del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU). Es coordinador de la Red de Investigación sobre Áreas Metropolitanas de Europa y América Latina (RIDEAL) desde el año 2002 y coordinador del Núcleo de Gobernanza y Ordenamiento Territorial (NUGOT). Ha sido profesor invitado e integrante de comisiones de tesis doctorales en universidades de Canadá, España, Brasil, Colombia y México. Además, cuenta con amplia experiencia profesional en el sector público, como asesor en el ex Ministerio de Planificación y Desarrollo, Ministerio de Defensa Nacional, Transantiago, Intendencia Metropolitana y Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Ha publicado más de 50 trabajos, entre artículos para revistas indexadas y capítulos de libro. También ha sido co-editor de cinco libros bajo la Colección Estudios Urbanos UC – RIL Editores.
Qué significa medir la calidad de vida urbana
PLANEO (Javier): El ICVU se ha convertido en un referente en Chile. Desde tu experiencia, ¿cómo se define la calidad de vida urbana y cuáles son los principales desafíos de traducir ese concepto en un instrumento de medición?
Dr. Arturo: La calidad de vida urbana tiene que ver con las necesidades cotidianas que enfrentamos al vivir en la ciudad: poder desplazarnos para trabajar o estudiar, acceder a bienes y servicios públicos y privados —como salud, educación o áreas verdes— y contar con condiciones de seguridad, más allá de los recursos económicos que tengamos.
Para medir todo esto, lo hemos representado en seis dimensiones que, en conjunto, reflejan la experiencia urbana. Hablamos de las condiciones laborales, asociadas al acceso y la calidad del empleo; de las condiciones socioeconómicas, que consideran el desarrollo de actividades económicas, comercio, servicios e industria; y de las condiciones socioculturales, vinculadas a la educación, la convivencia y la participación, además de problemáticas como la violencia intrafamiliar. También incluimos la dimensión de salud y medio ambiente, donde importa tanto el acceso a la salud como los niveles de contaminación; la de conectividad y movilidad, que mide tiempos y costos de viaje junto con el uso de modos activos, como la bicicleta o la caminata; y, finalmente, la dimensión de vivienda y entorno, que se relaciona con la calidad de la vivienda, el déficit habitacional, la situación de los campamentos, la seguridad barrial y la disposición de áreas verdes.
Nacimiento y evolución del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU)
PLANEO (Javier): ¿Cómo surge la idea de crear el ICVU hace más de 15 años? ¿De qué manera ha ido evolucionando el instrumento desde entonces hasta el contexto actual?
Dr. Arturo: El índice nace de una reflexión que hicimos hace unos 15 años. En ese entonces era común ver a Santiago muy bien posicionado en rankings latinoamericanos de calidad de vida, generalmente entre las tres mejores ciudades para vivir. Pero la pregunta que surgía era inevitable: ¿de qué Santiago estamos hablando? Porque no es lo mismo vivir en el sector oriente que en la periferia, donde el acceso a bienes y servicios, tanto públicos como privados, cambia radicalmente en cobertura, proximidad y calidad.
Lo mismo ocurría con ciudades como São Paulo, que aparecía destacada en algunos rankings a pesar de ser una metrópolis de más de 20 millones de habitantes, con realidades internas muy contrastantes. Eso nos llevó a pensar que lo relevante no era comparar internacionalmente, sino mirar hacia adentro y poder contrastar la calidad de vida entre las distintas comunas de una misma ciudad.
La escala comunal resultó ser la más adecuada, porque allí es donde disponíamos de datos estadísticos representativos. De esa manera podíamos mostrar las brechas, ver quiénes estaban por sobre o por debajo del promedio nacional y poner en evidencia desigualdades internas que, de otro modo, quedaban invisibles bajo el promedio general.
Con el tiempo, el índice ha ido evolucionando. Partimos con 69 comunas, luego pasamos a 93 y hoy cubrimos 99. No podemos incluir comunas de menos de 50 mil habitantes porque la información estadística disponible no es representativa, pero aun así el índice abarca a la gran mayoría de la población urbana del país. Además, hemos ido incorporando nuevas variables según los cambios sociales y los debates emergentes: temas de género, comercio informal, campamentos, entre otros. Y, por supuesto, el estallido social y la pandemia también marcaron un punto de inflexión, porque hicieron evidente la necesidad de medir aspectos que antes no estaban suficientemente considerados y que impactan directamente en la calidad de vida urbana.
El ICVU como herramienta en la práctica
PLANEO (Javier): Hoy el ICVU es utilizado por autoridades y diversos actores para orientar decisiones. Desde tu perspectiva, ¿cómo ha funcionado en la práctica como herramienta y qué impactos concretos ha tenido en la gestión de las ciudades?
Dr. Arturo: Lo primero que destacaría es que el ICVU es un esfuerzo sistemático y continuo, algo poco común en este tipo de mediciones. Muchas veces se crean índices relacionados con calidad de vida, bienestar o incluso felicidad, pero que duran poco y terminan desapareciendo. En cambio, el hecho de que el ICVU se mantenga en el tiempo le da legitimidad y confianza, porque permite observar cómo evoluciona la calidad de vida de las comunas, de las ciudades e incluso de áreas metropolitanas completas. Esto ha facilitado que el índice se incorpore en distintos espacios. Hemos visto, por ejemplo, que se usa en planes estratégicos a nivel comunal y metropolitano, en estudios académicos y en publicaciones que lo toman como referencia. También hay municipios que han decidido adoptar sus indicadores como herramienta para monitorear avances y evaluar mejoras en transporte, vivienda, salud o educación.
Ahora, más que decir que el ICVU ha mejorado directamente la calidad de vida —porque eso sería pretencioso—, diría que ha ayudado a ordenar la información y entregar claridad sobre cuáles son las brechas y los desafíos. En ese sentido, ha servido como insumo para construir visiones de futuro y para mejorar la capacidad de pronóstico y planificación, permitiendo hacer seguimiento a las decisiones públicas que pueden impactar en estas dimensiones.
Preparar el camino para el futuro
PLANEO (Javier): Si pensamos en el futuro, ¿qué condiciones —institucionales, técnicas o culturales— deberían fortalecerse desde hoy para que el ICVU siga mejorando como instrumento y contribuya cada vez más a la toma de decisiones urbanas?
Dr. Arturo: Hoy el ICVU cubre 99 de las 346 comunas del país, lo que parece poco, pero en esas comunas vive casi el 80% de la población. Eso ya habla de su relevancia, pero también de un desafío pendiente: construir una cultura estadística más robusta que permita ampliar la cobertura y generar otros indicadores con la misma lógica.
El índice ha demostrado ser metodológicamente sólido y riguroso, pero todavía no se integra del todo en la toma de decisiones públicas y privadas. Sí hemos visto interés de algunos municipios, gobiernos regionales e incluso consultoras que lo han usado como referencia, pero aún hay cierta resistencia, sobre todo en organismos estatales que tienden a elaborar sus propios indicadores sectoriales.
Yo creo que ahí hay una oportunidad: aprovechar que el ICVU ya está validado, que tiene continuidad y que no es costoso de producir, porque la “máquina” para procesar los datos ya está aceitada. Además, siempre lo hemos desarrollado con un sentido público: en acuerdo con la Cámara Chilena de la Construcción, los datos y resultados son abiertos y están disponibles para cualquiera que quiera usarlos.
Hay que sacarse el fantasma de que el ICVU mide la gestión de los gobiernos locales. Ese no es su propósito. Lo que busca es visibilizar las brechas socioterritoriales para que los municipios puedan exigir a ministerios y gobiernos regionales los recursos que les corresponden, y también explicar por qué hay problemas que superan su capacidad de gestión y financiera.
PLANEO (Javier): Ya para terminar, ¿quisieras agregar algo más? Y en particular, ¿por qué es importante contar con un indicador urbano en el contexto actual?
Dr. Arturo: Somos un país eminentemente urbano. Eso no significa que la vida en la ruralidad no me importe, pero lo cierto es que la gran mayoría vive en ciudades. Y aquí hemos heredado décadas de un exceso de neoliberalismo que menospreció la planificación urbana y territorial. El resultado han sido ciudades profundamente desbalanceadas, injustas y socialmente fragmentadas.
Si no contamos con sistemas de indicadores robustos y confiables, perdemos la oportunidad de dimensionar esas brechas socioterritoriales que debemos enfrentar. Por eso creo que es vital transparentar esas desigualdades y hacerlas públicas, para interpelar no solo al Estado, sino también al sector privado y a la sociedad civil.
Muchos de los problemas que hoy enfrentamos —inseguridad, dificultades para acoger la migración, déficit habitacional, falta de suelos disponibles— son consecuencia directa de ese abandono de la planificación y de haber dejado demasiado en manos del mercado. Los indicadores, en ese sentido, son una herramienta poderosa para mostrar de qué debemos hacernos cargo y, sobre esa base, orientar mejor las decisiones públicas y privadas.