Hablemos de Planificación Urbana Vol. 2: laboratorios urbanos

SEPTIEMBRE 2026

La expresión conceptual del espacio público urbano como fruto de una apuesta de planificación regional de largo plazo

Revista PLANEO N°67 | Hablemos de Planificación Urbana Vol. 2: Laboratorios Urbanos | Septiembre 2026 


[Por: María Ester Cecilia Sepúlveda Briceño. Arquitecto Universidad de Concepción. Mg. Gobierno, Políticas Públicas y Territorio Universidad Alberto Hurtado. Profesional especialista en planificación territorial y regional, depto. de Áreas Metropolitanas, División de Planificación y Desarrollo Regional, Gobierno Regional de Los Lagos]

Imagen 1: Paseo peatonal Ernesto Riquelme, Ancud
Fuente: P. Zuñiga L.

Hace unos días, en este invierno tan particular de 2026, fue inaugurado en medio de la lluvia, un pequeño pasaje peatonal en la ciudad de Ancud, en la Provincia de Chiloé, Región de Los Lagos. Lo particular de este pequeño espacio público, que consideraba un trabajo de recuperación espacial de un pasaje muy deteriorado, a metros de su Costanera, no es su tamaño, su cobertura o cuan bonita o fea resultó, ni siquiera cuanto costó. Lo más relevante de este ejercicio, es que su diseño, es fruto de un estudio que se realizó en el gobierno regional de Los Lagos el año 2019, a posteriori de un trabajo conjunto y de asistencia técnica con la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo y el Banco Interamericano de Desarrollo para el avance de la futura área metropolitana Puerto Montt – Puerto Varas, que había sido desarrollado tres años antes, el 2016. 

Este trabajo, consistió en la formulación de varios estudios y planificaciones, pero también incorporó el aprendizaje de diversas técnicas metodológicas de aproximación urbano-territorial para el diseño sostenible, en lo ambiental, urbano y fiscal de las ciudades. Permitió, una vez finalizado el trabajo en el área metropolitana, que el equipo regional elaborara un estudio nuevo para ofrecer una alternativa de desarrollo sostenible a la provincia de Chiloé, con la misma base metodológica con la que se intervino Puerto Montt y Puerto Varas. 

No se tenía conocimiento que se hubiese abordado antes y de forma holística el desarrollo de una provincia tan particular como el archipiélago de Chiloé.  

Normalmente, las intervenciones en Chiloé comprendían la dotación de infraestructura básica, de conectividad, de emergencia y fuertemente ligadas a lo sectorial de la administración pública. Esta apuesta experimental, resultó en un diagnóstico urbano-territorial, que desarrolló el equipo regional y un estudio de vida pública, apoyados por un consultor especializado, que diseñó para las tres principales ciudades de la provincia, un set de propuestas para el desarrollo de un sistema de espacios públicos urbanos posibles y un perfil de proyecto. Diez años después y, fuera de toda expectativa, el equipo del Municipio de Ancud recoge uno de esos perfiles de proyecto y lo desarrolla para ser financiado por el mismo gobierno regional de Los Lagos, desde una pequeña línea de financiamiento de iniciativas locales. 

Contar esta anécdota, tiene por objeto relevar varias cosas de interés en la experimentación del mundo público o, en este caso de un gobierno regional en el espacio urbano. Además, es importante dar cuenta también, de los efectos imprevisibles del proceso descentralizador, de la importancia de las capacidades técnicas en el nivel subnacional y local, lo inevitable (muchas veces) de los tiempos públicos, pero especialmente, de la capacidad de experimentar en el territorio con las herramientas disponibles. 

Desde hace más de treinta años el Estado de Chile, ha venido impulsando el proceso descentralizador que, en lo estricto, es ir confiriendo a sus regiones de más herramientas, mecanismos y atribuciones para decidir la conducción del desarrollo regional.  

La historia de la descentralización se vive día a día de forma muy discreta, en relación con el común de los habitantes, además, es de larga data y profundamente acontecida, especialmente en el último tiempo, a raíz del “caso convenios” que ha cuestionado el rol de los gobernadores, el de los gobiernos regionales y del proceso descentralizador mismo. Asimismo, la fuerte componente política y de lucha por espacios de autoridad, tensiona un proceso que busca la distribución de poder desde nivel central y sectorial a subnacional y local, no siempre con éxito ni lo suficientemente visible. 

Sin ahondar más en ello, pues no es el objeto de esta opinión, la idea de un territorio que es capaz de establecer una mirada de largo plazo en torno a un futuro de desarrollo —en las condiciones del marco normativo chileno, con apenas un instrumento orientador como lo es la Estrategia Regional de Desarrollo (el acuerdo político y social regional), y contadas competencias y funciones habituales y especiales— no debiera dejar de maravillarnos.  Aún con las innumerables dificultades y limitaciones que el mismo diseño normativo, político y hasta social que el país posee, es posible observar que cada una de las regiones, se las arregla para definir identidades, liderazgos, establecer miradas de largo plazo e incidir someramente en el amplio abanico de elementos que componen una región. Esto lo hacen a través de la distribución de sus recursos y de lo que su sistema de instrumentos de planificación le permite materializar, tanto en obras de inversión, como en opinión, pronunciamientos u orientación a otros instrumentos se refiera.

Imagen 2: Paseo peatonal Ernesto Riquelme, Ancud
Fuente: P. Zuñiga L.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver este proceso de descentralización con la planificación urbana y la experimentación en lo urbano? La respuesta no es sencilla, sin embargo, la pequeña plazuela en Ancud demuestra que se basa en la capacidad y conocimiento que sus equipos regionales, sus especialistas territoriales y técnicos poseen, los que, sumados a la amplia experiencia en marcos normativos, reglamentarios y una buena dosis de creatividad, permiten ir plasmando los deseos y necesidades de la ciudadanía en pro del desarrollo del territorio. 

En ese contexto, uno de los ámbitos donde un gobierno regional posee la menor cantidad de competencias, atribuciones y obligaciones, es en las materias urbanas. No obstante, se encuentra claramente estipulado en su Ley Orgánica Constitucional, dentro de una de las tres funciones especiales que dispone, está el ordenamiento territorial. 

Hacerse cargo de “Establecer políticas y objetivos para el desarrollo integral y armónico del sistema de asentamientos humanos de la región, con las desagregaciones territoriales correspondientes” (Artículo N°17, letra b, LOCGAR; 2005), es un artículo que, aunque reconoce al sistema de asentamientos como parte y objeto del desarrollo regional, se encuentra profundamente limitado por el déficit de herramientas operativas y mecanismos de acción a la hora de incidir en dicho sistema.   

Y, aquí viene la magia de la especialidad y la creatividad, pues, aunque un gobierno regional no puede intervenir o actuar directamente en un territorio, pues debe/puede hacerlo a través de un intermediario (un municipio o un servicio público pertinente), sí tiene capacidad de incidir en el desarrollo cuando logra articular y llegar a consensos multinivel. 

En ese sentido, a veces, un impulso desde el nivel nacional llega a un nivel subnacional (gobierno regional) y este puede, por medio de sus instrumentos, instructivos reglamentos y líneas de financiamiento, llegar a materializar inversión pública de calidad y acorde a los tiempos, con características innovadoras y de oportunidad, para hacer mejores ciudades para sus habitantes. Todo esto sin perder identidad, rescatando lugares deteriorados, residuales y revitalizando espacios públicos en desuso y avanzar de forma sostenida en la materialización de prácticas coherentes entre la planificación y la ejecución de iniciativas de inversión pública. Aunque tome diez años.

 

Referencias bibliográficas 

Ley N°19.175, Orgánica Constitucional de Gobierno y Administración Regional (LOCGAR), 2005. 

Ley N°21.074, que modifica la LOCGAR N°19.175.