Revista PLANEO N.º 67 | Hablemos de Planificación Urbana. Vol. 2: Laboratorios Urbanos | Septiembre 2026
[Por: Javier Miramontes Figueroa. Arquitecto, Tecnológico de Monterrey, México; estudiante de Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Pontificia Universidad Católica de Chile]
Entrevistado: Juan Roberto Calderón

Doctor en Urbanismo y profesor-investigador de la Facultad de Planeación Urbana y Regional de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Su trayectoria académica se ha desarrollado principalmente en los campos de la planeación urbana y ambiental, la sustentabilidad y la movilidad urbana, abordando los procesos de transformación de las ciudades y los desafíos territoriales contemporáneos.
Ha combinado la investigación y la docencia con la gestión académica, desempeñándose como director de la Facultad de Planeación Urbana y Regional de la UAEMéx entre 2016 y 2020 y, posteriormente, como director de Investigación de la Universidad. Actualmente es vicepresidente de la Asociación Latinoamericana de Escuelas de Urbanismo y Planificación (ALEUP), red académica dedicada a fortalecer la cooperación, la investigación y la formación de urbanistas y planificadores en América Latina. Desde agosto del 2025 a la fecha, funge como director de Movilidad y Transporte Universitario de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx).
Planificar y experimentar
PLANEO (Javier): Para comenzar desde una mirada amplia, ¿cuál considera que es hoy el propósito de la planificación urbana y, dentro de ese marco, ¿cómo entiende el papel que puede desempeñar un laboratorio urbano?
Dr. Juan Roberto Calderón Maya: Hay varias vertientes para abordar la temática de los laboratorios urbanos desde la planificación urbana. Sin embargo, considero que el propósito actual de la planificación urbana es orientar el desarrollo de las ciudades hacia conceptos de sostenibilidad, donde se incorporen los pilares económico, ambiental y social, así como factores como la inclusión social, la competitividad de las ciudades y la resiliencia, superando la visión tradicional con la que durante mucho tiempo hemos abordado el estudio del territorio, de las ciudades y, particularmente, el ordenamiento físico del territorio.
La planificación urbana también busca mejorar la calidad de vida de la población al promover un crecimiento ordenado, reducir desigualdades, fortalecer la capacidad de adaptación ante riesgos sociales y antropogénicos y fomentar la participación ciudadana en la toma de decisiones. Considero que la planificación urbana siempre debe tener presente el papel de la ciudadanía. Podemos tener muy buenos proyectos, pero si no los difundimos y, sobre todo, no generamos estrategias específicas para que la población se identifique con ellos, difícilmente tendrán la aceptación social que buscamos. Es importante que la sociedad y la ciudadanía hagan propios estos proyectos, que puedan defenderlos y contribuir al cumplimiento de sus objetivos.
En este contexto, entiendo la planificación urbana como un proceso multidisciplinario y colaborativo que está en constante cambio. El conocimiento no es estático, sino que se transforma constantemente. Precisamente por ello, esta multidisciplinariedad debe integrar dimensiones territoriales, sociales, económicas, ambientales, culturales y tecnológicas y, para el caso mexicano, también considerar la idiosincrasia, los usos y las costumbres. Existen localidades y pueblos indígenas que no necesariamente reconocen las estructuras de gobierno de la manera convencional, sino que se organizan mediante sus usos y costumbres. Su consideración es fundamental porque son parte del territorio y también son ciudadanía.
Con este conjunto de estrategias de planificación urbana podemos responder a los desafíos contemporáneos de nuestras ciudades.
En cuanto a los laboratorios urbanos, considero que desempeñan un papel estratégico como espacios de innovación, experimentación y aprendizaje colectivo. Pueden funcionar como un vínculo entre gobierno, academia, sector privado y ciudadanía para generar conocimiento, analizar datos, identificar problemáticas urbanas y diseñar soluciones.
Entre sus principales aportaciones destaca la generación de información. Estos laboratorios pueden ser generadores de grandes bases de datos para la toma de decisiones y también pueden considerarse como una herramienta para desarrollar proyectos y promover procesos de participación ciudadana. Con el apoyo técnico de la planificación urbana, esto puede llevarnos a la difusión y, sobre todo, a la reproducción de buenas prácticas y de innovación institucional en diferentes territorios.
Las problemáticas urbanas pueden presentarse de manera similar en buena parte de nuestro territorio latinoamericano; sin embargo, su forma y sus efectos son muy diferentes dependiendo del contexto, de la ciudadanía, de los usos y de las costumbres. Por ello hay que hacer adaptaciones y ajustes para que aquello que tuvo éxito en un territorio particular pueda funcionar en otro.
Por lo tanto, mientras la planificación urbana define la visión y el rumbo del desarrollo de la ciudad, los laboratorios urbanos pueden convertirse en una herramienta clave para construir ciudades más inteligentes, sostenibles, inclusivas y resilientes. Y no solamente desde el discurso o la agenda política, sino realmente desde la práctica.
Como profesor, siempre busco que los alumnos generen propuestas de planificación urbana que sean reales y posibles de cumplir. Podemos generar grandes propuestas, proyectos y alternativas, pero si no son realizables, se quedan solamente como buenas intenciones.
La universidad frente a la ciudad
PLANEO (Javier): Desde ALEUP tiene una mirada privilegiada sobre cómo distintas escuelas están pensando y enseñando la planificación urbana en América Latina. ¿Qué transformaciones le parecen más interesantes en la manera en que las universidades de la región se están relacionando hoy con sus ciudades?
Dr. Juan Roberto Calderón Maya: La Asociación Latinoamericana de Escuelas de Urbanismo y Planificación, ALEUP, fue fundada en 1999 con el propósito de fomentar la formación de urbanistas y planificadores en América Latina. Actualmente es una red académica de cerca de 22 instituciones distribuidas en siete países, que promueve la cooperación interinstitucional, la investigación aplicada y la enseñanza de calidad para abordar los desafíos urbano-regionales mediante el impulso de programas de urbanismo y planeación urbana. Esto con el fin de que, a través de la academia y de la generación de nuevos cuadros científicos, podamos construir ciudades más sostenibles y humanas.
Considero que ALEUP desempeña un papel importante en la planificación urbana al fomentar el intercambio académico, curricular y de investigación entre las universidades que ofrecen programas de urbanismo y planificación en América Latina. Bien dicen que la unión hace la fuerza, y precisamente al generar esta sinergia buscamos consolidar una plataforma de discusión crítica y colaborativa sobre la formación profesional en este campo, conocer nuevas metodologías y analizar su impacto en las ciudades latinoamericanas.
Como mencionaba anteriormente, buscamos reproducir las buenas prácticas en nuestras ciudades, adaptándolas al contexto de otros territorios. Esto nos permite generar una especie de semillero del urbanismo, integrando una agenda y un portafolio de buenas prácticas que promuevan la cooperación interinstitucional.
También debemos reconocer que en las universidades, sean públicas o privadas, se generan investigaciones, artículos y capítulos de libros. Todo esto constituye conocimiento, pero lo más importante es que pueda aplicarse. Nosotros podemos convertirnos en una herramienta para la toma de decisiones de los gobiernos y de aquellos directivos responsables de instrumentar políticas públicas.
ALEUP también busca impulsar una enseñanza de calidad para abordar los desafíos urbano-regionales. Si bien, por su nombre, está más enfocada en lo urbano, también atendemos el contexto regional, porque es precisamente en nuestras regiones y nuestros pueblos donde comienzan muchas problemáticas urbanas. No debemos sesgar lo urbano respecto de lo regional; ambos deben estar siempre vinculados.
Además, ALEUP organiza eventos académicos y congresos que reúnen a especialistas, académicos y estudiantes de toda América Latina para trabajar en proyectos de urbanismo y planificación. Aquí debemos tener mucha apertura: los investigadores y académicos también aprendemos de los estudiantes, porque tienen ideas nuevas, innovadoras y frescas que pueden contribuir a la construcción de nuevos modelos urbanos.
Quiero aprovechar para hacer una cordial invitación a nuestro próximo encuentro organizado por ALEUP y la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey, que se realizará entre el 26 y el 30 de octubre de 2026 en Monterrey, bajo el título Efectos de las intervenciones mundialistas en México. La actividad propone analizar las transformaciones urbanas y territoriales asociadas a este tipo de megaeventos a partir del caso de Monterrey.
Los participantes abordarán sus efectos en ámbitos como la movilidad urbana, el espacio público, la infraestructura, las dinámicas metropolitanas y el desarrollo urbano. La experiencia contempla trabajo interdisciplinario, actividades académicas, recorridos de campo y espacios de intercambio con estudiantes y docentes de diferentes países. Hasta el momento tenemos confirmados estudiantes de Chile, Perú, Venezuela, Colombia y, lógicamente, México.
Ahora, respecto de las transformaciones que considero más interesantes en la relación actual entre las universidades y las ciudades desde la perspectiva de ALEUP, considero que las universidades latinoamericanas tenemos la responsabilidad de transformar significativamente esta relación a partir de ciertas tendencias y cambios estructurales.
En primer lugar, las universidades hemos pasado de ser observadoras de los fenómenos urbanos a convertirnos en actores activos que participan en la identificación de problemáticas y en la construcción de soluciones mediante observatorios, laboratorios urbanos y proyectos de investigación, extensión y vinculación.
También existe un mayor énfasis en la participación social, promoviendo una planificación urbana más colaborativa, donde la ciudadanía intervenga directamente en el diseño de propuestas y políticas mediante procesos participativos y mecanismos de gobernanza compartida.
Otro cambio relevante es la adopción de enfoques interdisciplinarios que integran áreas del conocimiento como la arquitectura, el urbanismo, la geografía, la economía, la sociología, las ciencias ambientales y las tecnologías digitales, permitiendo abordar los retos urbanos de manera más integral.
Asimismo, destaco la incorporación de los conceptos de sostenibilidad y resiliencia urbana como ejes centrales en la formación de nuestros estudiantes, preparando a los profesionales para enfrentar desafíos como el cambio climático, la gestión de riesgos, la escasez de recursos naturales y la expansión urbana desordenada que, como mencionaba, comienza desde lo local.
Finalmente, nuestras universidades están incorporando cada vez más herramientas tecnológicas, como sistemas de información geográfica, inteligencia artificial, datos abiertos y plataformas digitales, fortaleciendo el análisis urbano y la toma de decisiones.
Podría concluir diciendo que una de las transformaciones más importantes es que las universidades están dejando de ver a la ciudad únicamente como un objeto de estudio. Ya no vemos solamente a la ciudad como un laboratorio, sino que la asumimos como un espacio de colaboración, innovación y aprendizaje compartido, fortaleciendo nuestro compromiso con la construcción de ciudades más inclusivas, sostenibles y resilientes.
Sin embargo, siempre voy a resaltar que es indispensable la participación ciudadana, ya sea mediante talleres, foros u otros mecanismos. Sin perder el eje estructurador de los proyectos, debemos tomar en cuenta la opinión de la población.
Pensar América Latina en red
PLANEO (Javier): En América Latina compartimos muchos desafíos urbanos entre nuestros países. ¿Por qué es importante aprender a mirar nuestras ciudades como una red de experiencias entre diferentes países y no únicamente como casos aislados dentro de cada uno?
Dr. Juan Roberto Calderón Maya: América Latina enfrenta una serie de desafíos urbanos comunes y cada vez más complejos, como la desigualdad territorial, la movilidad urbana deficiente, la falta de acceso a una vivienda digna, el cambio climático y la provisión de infraestructura de calidad. Sin embargo, cada ciudad responde a estos retos desde contextos diferentes y de maneras distintas, por lo que resulta fundamental entenderlas como parte de una red de experiencias compartidas y no como casos aislados.
Esta visión holística nos permitiría intercambiar conocimientos, metodologías y buenas prácticas, aprovechando soluciones que hayan sido probadas en otros territorios y que puedan adaptarse a nuevas realidades.
Aquí también necesitamos un cambio estructural y de paradigma: debemos dar continuidad a aquellos proyectos o políticas públicas que funcionan. Desafortunadamente, desde el punto de vista político no estamos acostumbrados a dar continuidad a ciertos programas, políticas y acciones que están dando resultados. Cuando hay un cambio de gobierno, muchas veces se busca poner un sello propio y, aunque algo esté funcionando, se modifica. Ese cambio no necesariamente resulta favorable.
Por tanto, debemos fortalecer la colaboración entre universidades, gobiernos, organizaciones sociales y laboratorios urbanos, promoviendo respuestas más sólidas y efectivas a problemas comunes. Pero necesitamos acciones más concretas: no podemos seguir simplemente pronunciando discursos y firmando acuerdos; debemos llevar a la práctica todo lo que se ha trabajado y, algo fundamental, cumplir con la norma.
La diversidad de experiencias urbanas de nuestra región también constituye una fortaleza, porque enriquece la investigación, la formación académica y los procesos de innovación. Por ello, al menos en nuestra universidad, la Universidad Autónoma del Estado de México, promovemos mucho el trabajo bajo enfoques de triple y cuádruple hélice, porque nos permiten vincularnos con gobierno, organizaciones no gubernamentales, tomadores de decisiones y, lógicamente, con la academia.
En este sentido, retomo nuevamente a ALEUP como una red latinoamericana capaz de facilitar el diálogo, el aprendizaje colectivo y la construcción de agendas regionales basadas en la cooperación y la generación conjunta de conocimiento.
Ver América Latina como una red nos permite construir inteligencia colectiva y social, fortalecer la cooperación regional y desarrollar soluciones urbanas más holísticas, innovadoras, sostenibles, resilientes e inclusivas frente a los desafíos que compartimos.
El valor de experimentar
PLANEO (Javier): Un laboratorio también implica experimentar y, por lo tanto, aceptar que no siempre se conoce de antemano el resultado. En una disciplina como la planificación, tradicionalmente asociada con planes, normas y proyecciones, ¿qué lugar deberían tener la experimentación, el ensayo y, en dado caso, también el error?
Dr. Juan Roberto Calderón Maya: Los laboratorios urbanos, así como los observatorios urbanos, son espacios de innovación que fortalecen la relación entre la universidad y la ciudad al transformar el conocimiento académico en soluciones prácticas frente a los desafíos urbanos. Estos espacios también representan oportunidades de formación práctica para los futuros profesionales, fortaleciendo capacidades interdisciplinarias y una mejor comprensión de las distintas realidades urbanas.
Aquí puedo retomar el caso de mi Facultad de Planeación Urbana y Regional, donde estoy adscrito como investigador. En 2024, un grupo de colegas investigadores creó la Red de Laboratorios de Planeación Territorial Ambiental, en la que participan cerca de 37 investigadores de ocho instituciones internacionales que impulsan el desarrollo de investigación aplicada. Lo que se busca precisamente es generar esta sinergia y, sobre todo, propuestas en materia de planeación y urbanismo.
No se trata necesariamente de producir más información o nuevos estudios, sino de construir un portafolio de proyectos exitosos entre las instituciones participantes. Lo que buscamos es reproducir la creación de laboratorios u observatorios urbanos a partir de casos de éxito y utilizarlos como semilleros para ampliar estrategias que permitan abordar las problemáticas urbanas de nuestros territorios y, particularmente, generar alternativas de solución que sean reales y posibles de cumplir.
Si bien los laboratorios urbanos ya funcionan en varios puntos de América Latina, considero que existe un actor indispensable para que puedan funcionar: el financiamiento. Una de las fuentes importantes es el Banco Interamericano de Desarrollo, que ha planteado guías sobre laboratorios urbanos y brinda apoyo a casos concretos.
También es fundamental que el desarrollo de la urbanización sea realizado con sus propios actores como protagonistas, es decir, con los ciudadanos, porque ellos desempeñan un papel transformador en la innovación y la experimentación urbana cuando se implementan cambios con un impacto real.
Partiendo de la idea de que el nuevo conocimiento se genera a partir de la deconstrucción del conocimiento previo, es necesario experimentar desde un enfoque social para identificar áreas de oportunidad y no repetir aquello que no funciona o que está mal.
Yo no hablaría necesariamente de errores. Prefiero verlos, de manera optimista, como áreas de oportunidad. Una alternativa para disminuir ese margen de error puede ser la construcción de escenarios de planeación. Debemos tener claro que, si una alternativa no funciona, podemos contar con una opción B, una C o una D, siempre dentro del marco normativo y bajo un enfoque realista y orientado hacia soluciones.
Otra posibilidad es la experimentación social, dando participación a la población para desarrollar políticas públicas innovadoras que brinden soluciones a los problemas. Esto está estrechamente relacionado con el marco jurídico y normativo en materia urbanística y de planeación. No se trata de crear más leyes, sino de adecuarlas al contexto real y, sobre todo, hacer que se cumplan. Para ello es muy importante generar mecanismos desde el gobierno que permitan dar seguimiento y evaluar nuestro marco jurídico y normativo.
Planificar las ciudades que vienen
PLANEO (Javier): Si pensamos en los próximos diez años, ¿qué conversación cree que las escuelas de urbanismo y planificación de América Latina deberían comenzar hoy para no llegar tarde a las transformaciones de nuestras ciudades?
Dr. Juan Roberto Calderón Maya: Ojalá ya tuviéramos todas las respuestas, porque seguramente podríamos evitar muchos de los problemas que enfrentamos actualmente. Precisamente partiría de ahí: debemos cambiar el paradigma urbano respecto de cómo entendemos la planificación del territorio. En lugar de seguir trabajando principalmente mediante medidas correctivas, debemos avanzar hacia un enfoque preventivo. Tenemos que tratar de anticiparnos y, como bien se dice, aprender de nuestros errores.
La construcción de nuevas ciudades en América Latina implica un enfoque integral que considere la dinámica urbana a escala metropolitana. Necesitamos una planificación capaz de abordar las dinámicas de producción, movilidad urbana, hábitat y gobernanza en escalas más amplias.
La urbanización es muy compleja desde cualquier enfoque desde el que se quiera observar y, además, avanza rápidamente. Por ello es urgente repensar la dinámica urbana en clave metropolitana.
Tenemos, por ejemplo, el caso de los polos de desarrollo generados como modelo en la década de 1970, como Los Cabos y Cancún. Si bien la infraestructura fue pensada para dar capacidad a cierto número de habitantes, volvemos al tema de los escenarios de planeación alternativos: ¿qué sucedería si se sobrepasaba aquello que estaba proyectado?
Eso es precisamente lo que ocurrió y puede observarse claramente en Cancún. Tenemos un ejemplo de un modelo urbano planificado que no deberíamos reproducir. Se hizo con buenas intenciones y precisamente con el propósito de generar un polo de desarrollo integral con servicios de calidad, pero actualmente podemos observar las desigualdades incluso en algo tan cotidiano como el transporte público.
Pareciera que existen habitantes de primera y de segunda. Los autobuses que se dirigen hacia la zona hotelera cuentan con aire acondicionado y son unidades modernas, mientras que aquellos que se dirigen hacia las regiones, la periferia y la zona metropolitana pueden ser unidades sin aire acondicionado y con veinte o veinticinco años de antigüedad.
Desde el punto de vista político se puede afirmar que existe cobertura del servicio de transporte público. Sin embargo, cuando analizamos la calidad de ese servicio encontramos diferencias y externalidades negativas. Existe fragmentación social: por un lado tenemos transporte público de calidad y, por otro, un servicio destinado al resto de la ciudadanía, incluyendo precisamente a buena parte de la fuerza de trabajo de la ciudad.
Para construir las nuevas ciudades latinoamericanas considero que debemos tener presentes algunos principios o lineamientos. No son los únicos, pero pueden ayudarnos a no llegar tarde a estas transformaciones.
El primero sería aplicar una planificación multiescalar. Me refiero a abordar el desarrollo territorial con una mirada multiescalar, cooperativa y centrada en las dinámicas reales de las ciudades. Si tenemos políticas públicas urbanísticas a nivel federal, estatal y local, debemos reconocer también las particularidades y diferencias que existen entre unas escalas y otras.
Otro elemento es aplicar la inteligencia colectiva. Esto implica planificar colectivamente para abordar cuestiones como la concentración del producto interno bruto, la pobreza y las emisiones. Es muy común que, ante los cambios de administraciones municipales o gobiernos estatales, se hable de disminuir las brechas de desigualdad social. Sin embargo, esto también debe abordarse desde la aplicación del modelo económico y desde la forma en que promovemos la competitividad de las ciudades.
Si existe alguna actividad regional que genere ventajas comparativas y competitivas de un territorio frente a otro, su resultado debería reflejarse realmente en la disminución de las brechas de desigualdad y, sobre todo, en los salarios. Aunque también debemos reconocer que esto no depende únicamente de una ciudad, sino que requiere políticas de mayor alcance.
Otro aspecto para la construcción de estas nuevas ciudades es el uso de tecnologías innovadoras, adoptándolas para mejorar la calidad de vida de los habitantes y enfrentar desafíos urbanos específicos.
Finalmente, debemos fomentar ciudades inteligentes, utilizando tecnología, datos y planificación sostenible para resolver problemas urbanos. Sin embargo, aquí lo importante, Javier, es conocer el contexto propio de cada ciudad. Aunque existan políticas públicas generales, no podemos aplicarlas de la misma forma en todos los territorios.
Tenemos que identificar la competitividad de las ciudades y los recursos naturales de los que disponen. Si quieres desarrollar, por ejemplo, una zona industrial, no puedes localizarla en un territorio donde no existe disponibilidad de agua. Son requisitos y particularidades que debemos considerar.
Y algo muy importante es identificar también qué no debemos hacer al momento de construir ciudad. Ya tenemos muchas referencias de aquello que no debemos repetir.
Estos enfoques pueden permitirnos construir ciudades más inclusivas, participativas, resilientes, seguras y sostenibles; lo que también se ha denominado ciudades de cuidados. Ciudades donde exista realmente esa apertura y ese cuidado, y no solamente en las palabras, adaptándonos a las necesidades y dinámicas de cada región.
También debemos reconsiderar nuestra relación con el entorno natural. ¿Por qué cada vez que llegamos a urbanizar tenemos que destruir y adaptar el territorio a nosotros? Muchas veces urbanizamos mediante la dilapidación de recursos naturales, cuando debería suceder al revés: el ser humano, al urbanizar, tendría que adaptarse al contexto natural e incorporarse a ese ecosistema como un elemento más.
Cuando encontremos ese equilibrio, Javier, probablemente muchas de estas preguntas ya no serán necesarias. Estamos acostumbrados —aunque, por supuesto, no sucede en todos los casos— a que urbanización sea sinónimo de deterioro ambiental, cuando no debería ser así.
Yo cerraría con un lema que utilizo con mis estudiantes: no podemos hacer ciudad o construir ciudad si no conocemos su historia y aprendemos de sus errores.