Hablemos de Planificación Urbana Vol. 2: laboratorios urbanos

SEPTIEMBRE 2026

Cambiatones 2026: pertenencia y encuentro a través del Mundial

Revista PLANEO N°67 | Hablemos de Planificación Urbana Vol. 2: Laboratorios Urbanos | Septiembre 2026


[Por: María Jesús Pino Orellana. Licenciada en Ciencias Sociales, Egresada Planificación Urbana UC y Magister de Planificación Urbana UC. Ayudante de Investigación y Docencia IEUT UC]

Imagen 1: Cambiatón en Estadio Bicentenario de La Florida
Fuente: La Batalla de Maipú

Completar un álbum del Mundial puede parecer, en principio, una experiencia bastante sencilla: comprar sobres, abrirlos, ordenar las láminas, reconocer las repetidas y buscar aquellas que todavía faltan. Sin embargo, cuando esta práctica sale del espacio individual y se traslada a la ciudad, comienza a adquirir otra dimensión. El álbum deja de ser un objeto de colección y se convierte en una excusa para encontrarse con otros.

Durante los meses previos al Mundial 2026, las cambiatones han aparecido en distintos espacios y escalas. Las personas se reúnen en parques, malls y encuentros organizados para intercambiar láminas. Algunas cambiatones son pequeñas y otras logran convocar a cientos de participantes. Cambia el lugar, cambia la escala y cambia la forma de organización, pero se mantiene una energía similar: la disposición a buscar, intercambiar, conversar y, muchas veces, simplemente ayudar.

Participar de estas instancias permite relacionarse con personas con las que, en otro contexto, nunca se habría intercambiado una palabra. Personas que quizás se cruzan a diario en la calle, pero que no tienen nada en común, encuentran de pronto un lenguaje compartido. Se conversa sobre las láminas que faltan, sobre aquellas difíciles de conseguir, como la tan buscada 00, sobre jugadores, selecciones y sobre el propio Mundial. En este contexto, el álbum funciona como un puente en la interacción.

Esa capacidad de conectar se vuelve visible en la diversidad de quienes participan. Niños, jóvenes y adultos comparten un mismo espacio y una misma práctica, desdibujando algunas de las diferencias que organizan nuestras interacciones cotidianas. No importa demasiado la edad, la ocupación o el lugar desde donde cada persona viene: basta con preguntar qué lámina falta para iniciar una conversación. Esa facilidad para acercarse a otros también abre espacio a pequeñas relaciones de confianza.

Una de las experiencias que mejor me permitió observar esta dinámica fue una cambiatón realizada en el Estadio Bicentenario de La Florida. La escala del encuentro era considerable: había miles de personas, puntos de venta y distintos grupos buscando e intercambiando láminas. Sin embargo, incluso en medio de una actividad masiva, se mantenía esa posibilidad de relacionarse con otros.

Era común que alguien se acercara a preguntar qué láminas faltaban, revisara sus repetidas y se ofreciera a ayudar. “Yo te ayudo, ¿cuáles te faltan?” puede parecer una frase cotidiana e incluso insignificante, pero adquiere otra dimensión cuando quien la pronuncia es un perfecto desconocido.

En ese pequeño gesto aparece algo interesante desde una perspectiva urbana. La interacción no requiere una relación previa. El álbum entrega un código compartido que hace legítimo acercarse al otro, iniciar una conversación, pedir ayuda u ofrecerla. De alguna manera, permite disminuir durante un momento la distancia que solemos mantener frente a quienes no conocemos.

A medida que esas interacciones se repiten, también aparece cierto nivel de confianza para desenvolverse dentro del espacio. Ya no se trata solo de encontrar las láminas necesarias para completar el álbum, sino de participar de una dinámica colectiva en la que ayudar y ser ayudado resulta parte de la experiencia. Es desde esas pequeñas interacciones que también podemos pensar en la pertenencia. No como algo permanente o construido previamente, sino como algo que puede surgir a partir de una práctica compartida durante un breve pero significativo encuentro.

Imagen 2: Cambiatón en Estadio Germán Becker de Temuco
Fuente: Temuco.cl

Durante algunas horas, personas que no se conocen pueden reconocerse como parte de una pequeña comunidad. Muchas quizás nunca vuelvan a encontrarse y, fuera de la cambiatón, volverían a ser desconocidas. Sin embargo, durante ese momento comparten códigos, objetivos y formas de relacionarse que les permiten sentirse parte de una misma experiencia.

Y esa forma de pertenecer también cambia la manera en que se usan los lugares. Un parque, un mall, un gimnasio municipal o el entorno de un estadio mantienen sus funciones habituales, pero adquieren otra: se convierten en espacios para buscar, intercambiar, conversar, permanecer y conocer a otros. Surgen así pequeñas centralidades articuladas no por una intervención física, sino por la concentración de personas alrededor de una práctica común.

Esto resulta interesante al pensar las cambiatones desde la planificación urbana. No porque constituyan por sí mismas un laboratorio urbano, sino porque permiten observar algunas condiciones que favorecen la vida urbana. La infraestructura y las características físicas del espacio importan, pero la existencia de un lugar no garantiza por sí sola el encuentro. También necesitamos razones para encontrarnos.

En este caso, esa razón nace de un acontecimiento global. El Mundial no se vive solo dentro de los estadios o frente a una pantalla. También se construye mediante pequeñas prácticas cotidianas que permiten que un evento de esta escala se traduzca y adquiera significado en la ciudad. Las cambiatones son una expresión de ese proceso: la fiebre mundialera proporciona un imaginario compartido; el álbum entrega un objeto alrededor del cual relacionarse; y la ciudad ofrece los espacios donde esa experiencia puede hacerse colectiva.

Quizás por eso lo más interesante de observarlas no sea solamente preguntarnos cuántas personas convocan o dónde ocurren, sino qué hacen posible mientras ocurren. Durante algunas horas permiten conversar con alguien que no conocemos, compartir con personas de otras generaciones y participar de intercambios que muchas veces van más allá de conseguir la lámina que falta. También permiten habitar lugares cotidianos de una manera distinta, aunque sea solo por unas horas.

La principal enseñanza urbana de las cambiatones puede ser, entonces, bastante sencilla. La vida urbana no depende solo de disponer de espacios donde las personas puedan coincidir, sino también de aquello que les permite reconocerse, interactuar y construir vínculos dentro de ellos.

Para encontrarnos no siempre necesitamos conocernos; a veces necesitamos algo tan sencillo como una razón para acercarnos.