Revista PLANEO N°66 | Hablemos de Planificación Urbana Vol. 1: el arte y sentido de planificar | Julio 2026
[Por: Pablo Morán Figueroa. Arquitecto U.Chile, MSc.R Urban Studies UvA, Candidato a Doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos UC; Consultor Inmobiliario, Perito Tasador Judicial, Docente Adjunto en IEUT-UC]
Título: The city as a growth machine: Toward a political economy of place
Formato: Artículo
Autor: Harvey Molotch
Año: 1976
Extención: 23 páginas
Disponible en: https://doi.org/10.1086/226311

Imagen 1: Mostrador inmobiliario en esquina de Paseo Huérfanos con Paseo Estado. Fecha: 18 de julio, 2023.
Fuente: Fotografía del autor
A casi cincuenta años de su publicación, la tesis formulada por Harvey Molotch (1976) —la ciudad como máquina de crecimiento— conserva una particular vigencia. El texto propone una lectura poco convencional para su época, aunque hoy pueda parecernos casi evidente: entender el territorio como campo de acciones, decisiones y disputas políticas. Qué intereses concurren en la producción de la ciudad, o de qué manera el crecimiento llega a constituirse como horizonte simbólico capaz de legitimar determinadas distribuciones materiales, son algunas de las preguntas que se desprenden de estas reflexiones y que todavía interpelan a la planificación urbana, a sus profesionales y a las autoridades encargadas de conducirla.
Probablemente, el principal aporte de la obra sea haber pavimentado una lectura del suelo urbano que excede su condición de soporte físico o categoría normativa, situándolo como mercancía, fuente de riqueza, forma de poder y objeto de expectativas (Cox, 2017; Molotch, 1976). Releída desde el presente, esa intuición puede extenderse al bien inmobiliario y a los derechos, atributos y flujos económicos que concurren en su valorización. Otro acierto descansa en la elección del léxico. La “máquina” no remite a un actor único ni a una voluntad centralizada, sino a un mecanismo complejo cuyos engranajes económicos, políticos e institucionales pueden operar de manera convergente, aun cuando quienes participan de él no compartan idénticas capacidades o propósitos. Lo que mantiene unido al aparato no sería una estrategia concertada en todos sus detalles, sino una coincidencia suficientemente estable respecto de la conveniencia de ampliar el aprovechamiento del territorio y sus posibilidades de rentabilidad. El “crecimiento”, a su vez, no designaría únicamente una expansión demográfica, sino que articularía variaciones poblacionales con actividad productiva, empleo, comercio, intensificación del uso del suelo y expansión financiera. Esta lectura del lugar como objeto simultáneo de uso, intercambio y disputa sería desarrollada con mayor precisión en obras posteriores (Logan & Molotch, 1987).
Con todo, esta reseña no busca solo reiterar la importancia de la tesis, sino invitar a ampliar —o rebatir— sus alcances desde nuestro presente. Hoy, comprender las ciudades como proyectos políticos orientados al crecimiento exige atender con mayor precisión los atributos, derechos y operaciones que concurren en la formación del valor inmobiliario, así como los mecanismos de valorización que atraviesan estas dinámicas. Esto comprende decisiones regulatorias —densidades, usos permitidos o cambios de destino, entre otras—, pero también el despliegue de capitales públicos y privados que configuran el paisaje urbano y modifican sus posibilidades de desarrollo.
Los efectos de estas decisiones y operaciones terminan por expresarse en la distribución de usos, la morfología edificada, los tamaños prediales y la localización de servicios o amenidades, produciendo contrastes de consolidación y fragmentación a distintas escalas. Cada decisión pública o privada puede alterar las expectativas que recaen sobre un territorio y, con ello, las diferencias de valor entre tejidos consolidados, áreas en transformación y nuevos asentamientos. El crecimiento, por tanto, no se agota en la extensión de la huella urbana ni en el incremento de la población. También se expresa en la distribución de ventajas de localización, derechos de aprovechamiento y oportunidades de capitalización.
Ampliar la tesis de Molotch hacia el valor inmobiliario permite interrogar decisiones que inciden sobre quién obtiene qué, dónde y bajo qué condiciones. El valor se estima a partir de evidencias como precios de oferta y transacción, rentas, costos y proyecciones de inversión. Sin embargo, esas magnitudes monetarias no constituyen registros socialmente neutros. También condensan expectativas, convenciones, relaciones institucionales y asimetrías de poder que intervienen en su formación (Beckert, 2011).
En este punto, la conocida oposición entre valor de uso y valor de cambio resulta sugerente, pero insuficiente para abarcar el lenguaje del mercado inmobiliario y de la disciplina valorativa, donde el valor de mercado, el valor de inversión, la renta de mercado o el valor de liquidación responden a bases, propósitos, condiciones y sujetos diferentes (International Valuation Standards Council [IVSC], 2024). Esto no implica que toda intervención urbana responda a una operación especulativa, ni que la planificación pueda reducirse a la defensa de intereses privados. Tampoco obliga a elegir entre el crecimiento económico “a toda costa” y posiciones puramente anti-crecimiento. La discusión no se resuelve mediante una condena moral del crecimiento, sino preguntando cómo se distribuyen sus beneficios y costos, y qué capacidades institucionales existen para gestionar externalidades. Molotch anticipa esta tensión al observar la emergencia de contracoaliciones ambientales y comunitarias, aunque el alcance de esa transformación permanece abierto.
En definitiva, dentro del marco que ofrece Molotch, una lectura más cauta del valor urbano —observable en sus manifestaciones, estimable mediante procedimientos técnicos y, simultáneamente, expresivo de relaciones sociales— parece todavía pendiente en la praxis de la planificación. No resulta evidente cómo precios, rentas, costos y expectativas de inversión se traducen ―o dejan de traducirse— en bienestar colectivo y mejoras cualitativas del territorio. Persiste, además, una brecha de lenguaje y tecnicidad entre quienes operan desde el mercado inmobiliario —tasadores, corredores, bancos e inversionistas— y quienes regulan y administran el crecimiento desde la esfera pública.
Acaso una relectura contemporánea de Molotch deba comenzar precisamente allí: no solo preguntando quién pone en marcha la máquina, sino cómo se define, se mide y se distribuye el valor que produce.
Referencias bibliográficas:
Beckert, J. (2011). Where do prices come from? Sociological approaches to price formation. Socio-Economic Review, 9(4), 757–786. https://doi.org/10.1093/ser/mwr012
Cox, K. R. (2017). Revisiting ‘the city as a growth machine’. Cambridge Journal of Regions, Economy and Society, 10(3), 391–405. https://doi.org/10.1093/cjres/rsx011
International Valuation Standards Council [IVSC]. (2024). International Valuation Standards. International Valuation Standards.
Logan, J. R., & Molotch, H. L. (1987). Urban fortunes: The political economy of place. University of California Press.
Molotch, H. (1976). The city as a growth machine: Toward a political economy of place. American Journal of Sociology, 82(2), 309–332. https://doi.org/10.1086/226311