Revista PLANEO N°65 | Ciudad artificial Vol. 4: desafíos inmobiliarios de la vivienda del futuro | Diciembre 2025
[Por: Felipe Aguilera Ávila. Sociólogo y Magíster en Planificación Urbana. Asistente administrativo de gestión social habitacional y de estudios Fundación Alcanzable]
Título: The Florida Project
Formato: Película
Dirección: Sean Baker
Año: 2017
Duración: 1 hora y 55 minutos
Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=WwQ-NH1rRT4
Disponible en: Amazon Prime Video

Imagen 1: Portada de «The Florida Project»
Fuente: TMBD
La precariedad es un juego de niños
Sean Baker se caracteriza por dirigir y producir películas que relatan historias desde la vulnerabilidad. Prostitutas, proxenetas, delincuentes y estafadores suelen ser parte de su repertorio de personajes sobre los cuales visibiliza realidades cada vez más presentes en el mundo moderno, o al menos, cada vez más visibles.
Esta vez, la película narra la vida de Monee y su madre Halley, quienes arriendan en un motel llamado Magic Castle, cuyo fin original era el arriendo para turistas que visitan Disney World. No obstante, termina siendo convertido en una suerte de multifamily donde las incivilidades y la precariedad son la norma. Junto a Monee encontramos a sus amigos Scooty y Jancey, quienes están constantemente, como corresponde, jugando en los alrededores del motel. Dentro de los personajes adultos, quien creo es el más interesante para la historia que se nos quiere contar es Bobby Hicks, el administrador del motel, quien es interpretado brillantemente por nada más y nada menos que Willem Defoe. Bobby intenta que el motel funcione con cierta normalidad, cuida de los niños y niñas y se encuentra en una leve pero constante tensión entre su actuar como persona y su deber como administrador del motel.
The Florida Project, pareciera ser una película más sobre la precariedad habitacional estadounidense subyugada a las vueltas del mercado y la ausencia institucional. Sin embargo, esta vez la historia se narra desde una perspectiva tan distinta como interesante: Los juegos de Monee.
Desde el otro lado de la pantalla somos obligados a mirar la precariedad, la vulnerabilidad y la pobreza desde la inocencia de la niñez. De esta forma, la cotidianeidad de Monee y sus amigos transcurre en torno a espacios habitacionales precarizados, grandes autopistas, espacios turísticos que les son ajenos y viviendas abandonadas. Así, los juegos no son efecto del azar, sino que un fiel reflejo del mundo vivido. Juntar monedas para compartir un helado, explorar casas abandonadas y la interacción transaccional con los turistas se constituyen como una réplica social de su entorno.
El motel, el castillo y la ciudad difusa
Los espacios en los que transcurre la historia cumplen al mostrar lo difusa, pero al mismo tiempo, segregada que se vuelve la ciudad. Los espacios que se supone son para turistas ahora se vuelven habitacionales, mientras que aquellos espacios que tienen un fin habitacional resultan abandonados. De esta manera, Magic Castle y el castillo de la Cenicienta de Disney World se presentan como una contradicción dentro de la misma ciudad. Demostrando que el espacio urbano ya no se construye para quienes lo habitan, sino para aquellos que lo consumen.

Imagen 2: Scooty (Izquierda), Monee (Centro) y Jansey (Derecha) recorren las casas abandonadas detrás de Magic Castle
Fuente: FilmWeb
Esta idea no es en ningún punto algo nuevo dentro del urbanismo. La especulación inmobiliaria y el desarrollo de artefactos de la modernidad, como autopistas y grandes centros comerciales, han sido en múltiples ocasiones analizados por los académicos de la disciplina. Han pasado ya más de 60 años desde que Jane Jacobs advirtiera sobre este modelo que prioriza el capital por sobre el bienestar, pero pareciera que el desarrollo de nuestras ciudades no ha sido capaz de reflejar este espíritu.
Ante esto Bobby, el administrador, es el reflejo de la resistencia comunitaria frente al acecho de la precariedad generada por una ciudad que no prioriza a quienes la habitan. Cuida de los niños, niñas y de quienes viven en el motel, transformándose en aquellos ojos que siempre miran a la calle. Si bien con un estilo frío y distante, Bobby reconoce a los arrendatarios como vecinos; miembros de un espacio común que conocen la historia de quienes los rodean, a pesar de la transitoriedad y precariedad del arriendo.
La transitoriedad permanente
Durante toda la película existe una tensión para quienes viven en el motel: la búsqueda de un lugar más ameno y una mejora en las condiciones de habitabilidad. Esto se ve reflejado en primer lugar, por el hecho explícito de que habitan un motel creado para el turismo de paso y, en segundo lugar, de manera implícita, con la partida de uno de los amigos de Monee a Nueva Orleans. No obstante, esta esperada mejora no siempre se logra y aquello que era transitorio ahora se presenta como una opción inmutable en el largo plazo. Entonces ¿Qué sucede con aquellos que, por distintas razones, no son capaces de salir de esa opción transitoria? Pues se convierten en sinónimo de precariedad: falta de contratos, pagos irregulares, viviendas no aptas para ser habitadas y una larga lista de problemas asociados. Lo transitorio debe y merece tener estándares mínimos de bienestar para poder aspirar a mejorar las condiciones habitacionales. De lo contrario, se transforma en una trampa para quienes habitan estos espacios y se replica en los juegos de los niños y niñas.
Vivienda como medio y no como un fin
The Florida Project permite reflexionar sobre cómo construimos nuestras ciudades para aquellos que son más vulnerables, como lo son los niños y niñas. Es un llamado a pensar la vivienda no como un fin, sino como un medio para construir ciudades que generen espacios cotidianos que no repliquen la precariedad, que tengan en su centro a las comunidades y que las soluciones que se presenten, ya sean transitorias o definitivas, cumplan con ser estables y adecuadas. Por otro lado, nos exige plantearnos la siguiente pregunta ¿Cómo en una sociedad guiada por la fuerza del mercado fortalecemos a los Bobbys de nuestras ciudades?
Es una película atrapante de principio a fin, sin embargo, a ratos me resultó angustiante. Más allá de la sensibilidad que cada uno puede tener frente a la vulnerabilidad infantil, definitivamente la ambientación, las actuaciones de los niños y niñas, la música y el constante ruido del helicóptero sonando siempre de fondo transmiten de manera certera la sensación de que nada es completamente estable y que, en cualquier momento, una escena puede terminar mal. Finalmente, la estabilidad que Halley intenta transmitir a su hija se rompe una vez que todo falla y cuando todo en nuestro hogar falla, huimos a nuestro propio castillo de fantasía, donde sí se permite soñar con un lugar mejor.

Imagen 3: Bobby frente al motel Magic Castle
Fuente: FilmWeb