Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025
[Por: Julieta Dalla Torre. Licenciada y Profesora en Sociología y Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Argentina, en el Instituto Multidisciplinario de Estudios Sociales Contemporáneos (IMESC), perteneciente al Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI). Docente e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina.
Romina Sales. Arquitecta, Especialista en Gestión del Desarrollo Territorial y Urbano, Maestranda en Ambiente y Desarrollo Sostenible, y Doctora en Arquitectura y Urbanismo. Investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Instituto Multidisciplinario de Estudios Sociales Contemporáneos (IMESC), perteneciente al Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI), CONICET, Mendoza, Argentina]
Las ciudades en América Latina en las últimas décadas han experimentado procesos acelerados de expansión urbana sobre territorios rurales y naturales, que han intensificado problemáticas socioeconómicas y ambientales, y afectado la calidad de vida de las poblaciones, debido principalmente a la falta de políticas públicas adecuadas. Este contexto condiciona los desplazamientos diarios, afectando de manera diferenciada a las mujeres. En estos escenarios, la movilidad deja de ser una práctica fluida para transformarse en una experiencia fragmentada, más costosa en tiempo y esfuerzo, y atravesada por múltiples restricciones. La forma en que las mujeres se mueven diariamente en las ciudades se ve particularmente comprometida, mucho más entre aquellas que residen en áreas más alejadas de los centros urbanos consolidados, en las que el acceso al transporte público es más escaso y el servicio más deficiente; los espacios públicos, al igual que la infraestructura urbana, están menos conservados, entre otros. En estos contextos, los desplazamientos no sólo se alargan, sino que implican mayores costos, así como niveles más altos de planificación, exposición y carga física y emocional.

Imagen 1: Características del piedemonte del Área Metropolitana de Mendoza, Argentina, como condicionante de la movilidad
Fuente: Javier Orbiscay y Romina Sales
La movilidad cotidiana para pensar las ciudades del futuro
La movilidad urbana cotidiana constituye un elemento clave para comprender los patrones de desplazamiento de las personas y su relación con la vulnerabilidad socioeconómica y ambiental; además de las desigualdades de género que reproducen las ciudades contemporáneas. De ahí su relevancia para pensarlas y planificarlas.
La movilidad cotidiana es una práctica social desplegada en un espacio y tiempo urbano (Cosacov, 2015) que, como tal vincula deseos y necesidades de desplazamientos (Gutiérrez, 2012), jugando un papel fundamental en el acceso de las personas a la ciudad y en su experiencia de la misma. Por lo tanto, el aumento de la capacidad de movilidad amplía las posibilidades y facilita el acceso a diversas oportunidades. Sin embargo, estas no se distribuyen de manera equitativa, sino que están profundamente condicionadas por desigualdades estructurales. En particular, la experiencia de movilidad de las mujeres se encuentra atravesada por responsabilidades de cuidado, mayores restricciones espaciales y temporales, y percepciones de inseguridad que reconfiguran sus trayectorias cotidianas.
La movilidad cotidiana implica múltiples prácticas sociales de desplazamiento que no se reducen al movimiento físico, sino que abarcan dimensiones espacio-temporales, corporales, interaccionales, simbólicas y afectivas, desigualmente vividas según clase, género, edad y otras dimensiones de desigualdad (Chaves et al., 2017). En este sentido, analizar la movilidad cotidiana sin considerar estas diferencias implica asumir una neutralidad que invisibiliza, por ejemplo, las experiencias de las mujeres. En estas líneas nos centraremos en la movilidad cotidiana y las desigualdades de género.
La movilidad cotidiana de las mujeres en las ciudades latinoamericanas
Los desplazamientos de las mujeres en las ciudades de América Latina presentan características particulares debido a profundas desigualdades estructurales que condicionan la manera en que ellas pueden acceder a la ciudad, y que marcan importantes diferencias respecto de los varones.
Las ciudades son pensadas y planificadas tradicionalmente desde políticas públicas que privilegian trayectos simples, directos, centrados en el trabajo formal remunerado y los desplazamientos pendulares, más propios de la participación masculina en las ciudades que de las mujeres. Los recorridos urbanos diarios de las mujeres no se limitan a los viajes del empleo y presentan otras características, en parte debido a las múltiples actividades cotidianas que realizan por fuera del trabajo productivo, y como parte del trabajo de reproducción social que llevan adelante, como cuidar, acompañar, comprar, realizar trámites, entre otras; lo que Sánchez de Madariaga (2013) llama “movilidad de cuidados”.
En consecuencia, las mujeres se mueven mucho más por las ciudades y recorren más lugares debido a su multi-actividad. Sus recorridos diarios son extensos, poligonales, múltiples y con diversos propósitos, por lo tanto, encadenados (Zucchini, 2015). Asimismo, implican con frecuencia la multiescalaridad y la intermodalidad, que combinan el transporte público de pasajeros accesible en el área de residencia, el desplazamiento a pie, y el traslado en bicicleta o en automóvil privado de acuerdo con la disponibilidad que cada una tenga.
A su vez, las tareas de cuidado que sostienen las mujeres restringen su movilidad cotidiana en cuanto a los tiempos y los recorridos (Soto Villagrán, 2017). Estas tareas son consideradas actividades esenciales para la sostenibilidad de la vida y el mantenimiento de los hogares, que además tienen un rol económico sistémico, aunque históricamente han sido confinadas al ámbito privado y no remunerado (Rodríguez Enríquez, 2019). Además, de que son ignoradas por los gobiernos a la hora de pensar y planificar las ciudades, que priorizan determinadas actividades por sobre otras. Si bien en las últimas décadas se han registrado avances en el campo de la planificación territorial y del transporte, las experiencias de movilidad de las mujeres continúan siendo abordadas de manera parcial ya que sus voces suelen quedar reducidas a datos estadísticos, mientras que las particularidades que configuran sus desplazamientos cotidianos pocas veces se traducen en criterios efectivos de diseño urbano.
Desde el campo de la sociología, la geografía y del urbanismo con perspectiva de género se ha presentado suficiente evidencia de las mayores restricciones que las mujeres enfrentan para acceder a la ciudad, tanto por la persistencia de roles de género que estructuran sus desplazamientos como por las formas en que se diseñan y organizan los espacios urbanos (Valdivia, 2018). Además, y como consecuencia de ello, las mujeres están expuestas a situaciones de inseguridad y acoso, y a violencias de distintos tipos, y viven cotidianamente sensaciones de intranquilidad y falta de seguridad en sus recorridos. Las particularidades de las trayectorias de movilidad de las mujeres en las ciudades y su complejidad singular han sido históricamente invisibilizadas en las políticas públicas.
La relevancia de los espacios públicos y del transporte con perspectiva de género
El espacio público es uno de los ámbitos donde se materializan la inseguridad de las mujeres y el desigual acceso al derecho a la ciudad (Falú, 2009). Esto es así, dado que los territorios urbanos en expansión siempre son pensados fundamentalmente desde la mirada dominante de los varones. Estos espacios públicos deberían ser aquellos lugares comunes por excelencia de las ciudades; lugares de encuentro, de construcción colectiva, que permitan a todas las personas, más allá de sus diferencias, vivir y construir sus territorios. Sin embargo, la segregación hacia las mujeres en estos espacios urbanos se vuelve más explícita. Esta situación no puede comprenderse de manera aislada, ya que la forma en que se configuran y experimentan los espacios públicos está estrechamente vinculada con las condiciones de movilidad que los hacen accesibles. En otras palabras, el acceso, uso y apropiación del espacio público dependen en gran medida de cómo las personas pueden desplazarse por la ciudad. En este contexto, un transporte público pensado con y desde las particularidades de género es central para asegurar una movilidad cotidiana más democrática, igualitaria y segura. Sin embargo, en territorios urbanos en expansión, estas condiciones distan de estar garantizadas, lo que profundiza las desigualdades existentes y condiciona las formas en que las mujeres acceden y utilizan la ciudad.
La relevancia de la disponibilidad de transporte público no se limita a asegurar a las mujeres su traslado en la ciudad en función de sus múltiples tareas cotidianas sino también, implica para ellas no depender de un vehículo particular para su movilidad en territorios donde es complejo y hasta peligroso trasladarse en bicicleta o a pie. En este sentido, el transporte público deja de ser solo un servicio para convertirse en una condición estructural de la justicia urbana y del ejercicio efectivo del derecho a la ciudad.
Esto abre un interrogante central para la planificación urbana: ¿cómo diseñar sistemas de transporte y espacios públicos que no solo reconozcan las desigualdades de género, sino que efectivamente las transformen? Desde los diversos niveles de gobierno sería importante recuperar la mirada de las mujeres para diseñar e implementar las políticas urbanas territoriales en las ciudades latinoamericanas actuales en expansión; que las mismas retomen efectivamente sus miradas, necesidades y sensaciones en torno a sus movilidades urbanas, y así pensar en planificar y construir a futuro ciudades más democráticas y libres de violencias.
Referencias Bibliográficas
Chaves, M.; Segura, R.; Speroni, M.; Cingolani, J. (2017). Interdependencias múltiples y asimetrías entre géneros en experiencias de movilidad cotidiana en el corredor sur de la Región Metropolitana de Buenos Aires (Argentina). Revista Transporte y Territorio (16), 41-67.
Cosacov, N. (2015). Más allá de la vivienda: los usos de la ciudad. Movilidad cotidiana de residentes en Buenos Aires. Estudios Socioterritoriales. Revista de Geografía (18), 61-80. https://www.scielo.org.ar/pdf/esso/v18/v18a05.pdf
Falú, A. (ed.) (2009). Mujeres en la ciudad. De violencias y derechos. Ediciones SUR. Santiago, Chile.
Gutiérrez, A. (2012). ¿Qué es la movilidad? Elementos para (re)construir las definiciones básicas del campo del transporte. Revista Bitácora Urbano Territorial 2(21), 61-74.
Rodríguez Enríquez, M. C. (2019). Trabajo de cuidados y trabajo asalariado: Desarmando nudos de reproducción de desigualdad. Revista Theomai, (39), 78-99. https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/154617
Sánchez de Madariaga, I. (2013). From women in transport to gender in transport: challenging conceptual frameworks for improved policymaking. Journal of International Affairs, 67 (1), 43–65. http://www.jstor.org/stable/24461671
Soto Villagrán, P. (2017). Diferencias de género en la movilidad urbana. Las experiencias de viaje de mujeres en el Metro de la Ciudad de México. Revista Transporte y Territorio, (16), 127-146. https://doi.org/10.34096/rtt.i16.3606
Valdivia, B. (2018). Del urbanismo androcéntrico a la ciudad cuidadora. Hábitat y Sociedad, (11), 65-84. http://dx.doi.org/10.12795/HabitatySociedad.2018.i11.05
Zucchini, E. (2015). Género y transporte: análisis de la movilidad del cuidado como punto de partida para construir una base de conocimiento más amplia de los patrones de movilidad. El caso de Madrid. [Tesis de doctorado. Universidad Politécnica de Madrid]. http://oa.upm.es/39914/