Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro

SEPTIEMBRE 2025

La coreografía de la ciudad artificial

Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: lmovilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025


[Por: Sofía Silva Antúnez. Cientista Política y Gestora Cultural (UC); Asistente investigación Núcleo Milenio Transporte Justo]

Título: Koyaanisqatsi: una vida fuera de equilibrio
Formato: Película
Dirección: Godfrey Reggio
Año: 1982
Duración: 1 hora y 26 minutos
Tráiler: https://youtu.be/tDW-1JIa2gI?si=SCpr2gzk-C_fGIzp
Disponible en: Apple TV

Imagen 1: Portada de «Koyaanisqatsi»
Fuente: FilmAffinity

Koyaanisqatsi es una película singular dentro de la historia del cine documental y experimental. Dirigida por Godfrey Reggio y estrenada en 1982, la obra prescinde completamente de diálogos, personajes o narrativas tradicionales. En su lugar, se compone de una secuencia de imágenes que alternan paisajes naturales, infraestructuras industriales y escenas de la vida urbana contemporánea. El resultado es una reflexión visual sobre la transformación del planeta bajo la influencia de la tecnología y la expansión de las ciudades modernas.

El título proviene del idioma hopi y puede traducirse como ‘vida fuera de equilibrio’. Esta idea funciona como eje conceptual del film: un mundo en el que los ritmos naturales han sido desplazados por una lógica de aceleración constante. Desde esta perspectiva, la película puede leerse como una crítica temprana a la manera en que los sistemas tecnológicos y las redes de transporte reorganizan la experiencia urbana, anticipando debates que hoy ocupan un lugar central en los estudios sobre movilidad y ciudad.

La movilidad como lenguaje visual

Uno de los elementos más notables de Koyaanisqatsi es la manera en que utiliza la movilidad como recurso estético y conceptual. A través de técnicas como el time-lapse, la cámara lenta y los planos aéreos, la película transforma autopistas, trenes, flujos peatonales y sistemas industriales en patrones visuales repetitivos. Las calles aparecen como circuitos de circulación continua y los automóviles como partículas dentro de un sistema mayor. Aquí es interesante la centralidad del auto en la narración visual, desde su propia fabricación al protagonismo que tienen en la movilidad y el flujo urbanos.

Esta representación convierte a la ciudad en una especie de máquina coreográfica donde cada movimiento individual forma parte de una estructura más amplia de circulación. La movilidad no se presenta como simple desplazamiento entre dos puntos, sino como un principio organizador de la vida urbana. En este sentido, el film se puede relacionar con lo que Jirón e Imilán (2018) describen como la centralidad de la movilidad cotidiana en la organización de las ciudades contemporáneas: el movimiento no como un medio para llegar a algún lugar, sino como una dimensión constitutiva del habitar urbano.

Infraestructura y vida cotidiana

El film sugiere que la infraestructura urbana no solo facilita el transporte, sino que configura profundamente la experiencia de quienes habitan la ciudad. Escaleras mecánicas, oficinas, autopistas y fábricas aparecen como partes de un mismo ecosistema tecnológico que regula los ritmos de trabajo, consumo y desplazamiento. Las personas que transitan por esos espacios parecen absortas en una gramática del movimiento que les precede y las rebasa.

Esta lectura resuena con la distinción entre la movilidad como objeto de estudio —enfocada en el desplazamiento y sus condiciones materiales— y la movilidad como enfoque, que permite comprender cómo las personas construyen sentido y experiencia en el transcurso del movimiento. (Jirón e Imilán, 2018) Las imágenes de Reggio capturan precisamente esa tensión: cuerpos que se mueven en sistemas diseñados para la eficiencia, pero que al mismo tiempo producen formas de habitar, aunque el film las presente bajo una luz crítica y alienante.

Imagen 2: Fotograma de Koyaanisqatsi (1982) mostrando flujos de tráfico urbano nocturnos.
Fuente: MUBI

Conclusión

Más de cuarenta años después de su estreno, Koyaanisqatsi sigue siendo una obra relevante para pensar la relación entre tecnología, movilidad y urbanización. La película no ofrece respuestas directas ni argumentos explícitos, pero su montaje visual propone una reflexión poderosa sobre la manera en que los sistemas de transporte y las infraestructuras modernas configuran la vida contemporánea.

En el contexto de las discusiones actuales sobre ciudades inteligentes, movilidad sostenible y futuros urbanos, el film puede entenderse como una advertencia estética sobre los riesgos de una ciudad completamente subordinada a la lógica de la velocidad y la eficiencia. Leerla hoy, junto a los marcos que ofrecen los estudios contemporáneos de movilidad urbana, permite descubrir en sus imágenes no solo una crítica, sino también una fenomenología visual del habitar en movimiento.