Ciudad artificial Vol. 3: la movilidad y el transporte en las ciudades del futuro

SEPTIEMBRE 2025

Bullet Train: Descarrilando una utopía tecnológica

Revista PLANEO N°64 | Ciudad artificial Vol. 3: lmovilidad y el transporte en las ciudades del futuro | Septiembre 2025


[Por: Juan Jara Ortega. Sociólogo, Magíster en Desarrollo Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile]

Título: Bullet Train
Formato: Película
Dirección: David Leitch
Año: 2022
Duración: 2 horas y 6 minutos
Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=0IOsk2Vlc4o
Disponible en: Netflix

Imagen 1: Portada de «Bullet Train»
Fuente: FilmAffinity

Introducción: La utopía de la eficiencia frente al factor humano 

Las proyecciones sobre la movilidad en las ciudades del futuro suelen estar dominadas por un paradigma de hiper-eficiencia: sistemas automatizados, gestión inteligente de rutas y tecnologías orientadas a optimizar cada aspecto del viaje. En este contexto, Bullet Train transcurre durante un viaje a bordo de un tren bala, un entorno que encarna la cúspide de la infraestructura de movilidad contemporánea. Se nos presenta un escenario donde la promesa de la movilidad del futuro ya se ha cumplido en términos de ingeniería. Sin embargo, el tren se convierte en el escenario de una compleja red de venganzas orquestada por un líder criminal atrayendo a múltiples asesinos a sueldo. A través de la colisión entre un vehículo diseñado para el control absoluto y ocupantes que representan el desorden total, la obra nos invita a cuestionar los límites de la planificación cuando se enfrenta a variables incontrolables. 

La ilusión del control y la micro-tecnología del comportamiento 

En Bullet Train, el vehículo es una maravilla de la autonomía: llega a cada estación con precisión, abriendo sus puertas por un tiempo estrictamente cronometrado que dicta el ritmo de las acciones de los personajes. Además, cuenta con micro-tecnologías diseñadas para disciplinar al usuario. 

Un ejemplo de esto es la secuencia en el «vagón silencioso». Mientras los asesinos intentan matarse por un maletín perdido, se ven obligados a pelear en susurros y pedir disculpas a una pasajera que les exige mantener el silencio. El tren intenta gestionar el comportamiento humano a través de un diseño altamente estructurado y reglas cívicas preprogramadas. Proyecta el ideal de las futuras «smart cities» donde el entorno previene el conflicto. Sin embargo, la narrativa desarma esta ilusión: las reglas del tren son incapaces de contener el absurdo de una pelea a muerte. 

La fricción humana y el colapso del sistema perfecto  

Los sistemas de control pueden controlar la velocidad exacta, optimizar el consumo energético y garantizar la apertura de puertas en un tiempo cronológicamente exacto, pero son ciegos a las dinámicas irracionales que ocurren dentro del vagón. Mientras los asistentes de voz automatizados anuncian las paradas, los pasajeros se traicionan, se inyectan veneno y destruyen el mobiliario. 

El clímax de la película es la metáfora de este fracaso. El plan de venganza de un líder criminal y la acumulación de errores humanos terminan por sobrepasar la capacidad de la máquina. El tren, símbolo de la perfección técnica, pierde el control y descarrila violentamente, destruyendo no solo el vehículo, sino el paisaje urbano a su alrededor. La película ilustra que la tecnología por sí sola no puede sostener el orden si ignora la naturaleza imperfecta de quienes la habitan. 

Conclusión  

Avanzar hacia sistemas de transporte más eficientes requiere repensar nuestra devoción ciega por la última tecnología. Bullet Train demuestra, a través de una sátira de acción, que las tecnologías de automatización pueden optimizar el trayecto físico entre Tokio y Kioto, pero no pueden prever ni gestionar las motivaciones ocultas, los errores absurdos o el caos inherente a la condición humana. Para que la movilidad en las ciudades del futuro sea resiliente, el diseño de la infraestructura deberá abandonar la fantasía de que el orden técnico equivale de manera automática al orden social, asumiendo que el «factor humano» siempre tendrá el potencial de hacer descarrilar el sistema.