Revista PLANEO N°62 | Ciudad artificial Vol. 1: diseñando escenarios de futuro a través de los datos y la IA | Marzo 2025
[Por: Francisca Ramírez González. Socióloga, Licenciada en Sociología, Universidad de Playa Ancha; Diplomada en Literatura Infantil y Juvenil, Universidad de Santiago]
Título: Serial Experiments Lain
Formato: Serie animada japonesa
Dirección: Ryūtarō Nakamura, Jôhei Matsuura, Masahiko Murata, Akihiko Nishiyama y Shigeru Ueda
Año: 1998
Duración: 13 episodios (~24 min. cada uno)
Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=t5y4nQ5Y1V8
Disponible en: Internet Archive

Imagen 1: Portada de «Serial Experiments Lain».
Fuente: IMDb.
Resulta interesante observar cómo hace poco menos de treinta años se retrataban ciertas inquietudes, teorías y hasta predicciones respecto de las potenciales problemáticas en torno al uso que le damos al internet y al lugar que ocupa la inteligencia artificial (IA) en nuestras vidas.
Esta historia nos sitúa espacialmente en una ciudad que podemos identificar como Tokio (por la vista al cruce de Shibuya) en 1998 (año en el cual es emitido el anime). Al mismo tiempo, su trama transcurre por lugares que recorre la protagonista (Lain) en su rutina cotidiana, como lo son las calles de su barrio residencial, el metro, la escuela, un club nocturno, su casa, su habitación y, el más interesante de todos, el nexo/the wired, que es como se conoce a la red/internet en la serie.
El mundo virtual wired es vigilado e intervenido por ciertos agentes que cuentan con los conocimientos y la tecnología para controlar y manipular todo lo que allí se registre (usuarios, actos, información, entre otros). Estos personajes, que se disputan la colonización de este “mundo nuevo”, vendrían siendo una empresa de tecnología avanzada. Uno de sus investigadores con ideas radicales (Masami Eiri), junto con un grupo de hackers (knights/los caballeros) que lo idolatran, cometerán toda serie de actos ilícitos para que sus objetivos se lleven a cabo, lo que Eiri llama “el siguiente paso en la evolución humana”: dejar atrás la carne y habitar completamente el mundo digital.
En este contexto, Lain, una adolescente tímida que conoce muy poco de computadoras, luego del suicidio de una compañera de escuela y un inquietamente e-mail enviado post mortem, comienza a adentrarse en the wired (la red) para comprobar si allí ella podía seguir existiendo, y seguirle la pista. Aquella búsqueda dará pie a sucesos que cuestionarán su propia identidad en el mundo real versus el que habita en el ciberespacio, hasta posteriormente descubrir el origen artificial de su existencia y el propósito que se le ha dado a su creación: el de ser la mediadora entre el mundo virtual y el mundo tangible, y potencialmente ser quien derribe el límite que separa ambos territorios.
Al finalizar la historia, Lain, con sus capacidades elevadas hasta su máxima expresión, habiendo experimentado tanto el mundo tangible con los afectos y la calidez humana, como el cibernético con su infinitud de posibilidades, se ve enfrentada a una profunda soledad debido a la naturaleza de su condición interdimensional. Guiada por su deseo de proteger el frágil orden del mundo terrenal que ha aprendido a valorar, decide borrar su recuerdo de las mentes de todo aquel que la hubiese conocido, modificando por consecuencia todos los hechos que se habían desencadenado por su presencia en el mundo real. Es, entonces, cuando la realidad retorna a un punto en el tiempo en el que se encuentran en equilibrio la vida de los personajes que habíamos conocido, y la wired/nexo desempeña su propósito primario como medio de comunicación y de asistencia al mundo real. Se restituyen las vidas que habían cesado de existir, los agentes involucrados tienen otras ocupaciones, los rumbos perdidos han encontrado su cauce y el tiempo transcurre inefablemente, mientras Lain los observa desde un lugar para muchos invisible, aunque no totalmente para quienes recuerdan como memoria muscular haberla querido; para los demás es posible encontrarla en su hábitat natural: el mundo virtual.
Las premisas que van hilando los argumentos de la obra se podrían sintetizar en: 1) todos estamos conectados; 2) se puede seguir viviendo en la red aún después de la muerte; 3) los recuerdos/la memoria se puede modificar; y con ello 4) la realidad puede alterarse, reescribirse o resetearse. Sobre estos puntos, no cuesta demasiado interpretar que también pueden aplicarse en nuestra interacción actual con las tecnologías y el internet, lo que resulta inquietante y hasta un poco aterrador, porque eso nos lleva a comprobar, al igual que propone la serie, que nuestra realidad es frágil, fácilmente alterable por discursos y relatos presentes en las redes, que intenten y consigan modificar la memoria colectiva para instalar “verdades” incluso si no están verificadas, bastando solamente con que se hagan virales para ser aceptadas. Y como estamos conectados, las consecuencias también nos afectarían de forma colectiva y amplificada dependiendo del alcance del mensaje y de la red.
Así es como la serie explora a profundidad dilemas éticos y filosóficos derivados de la posibilidad de una completa integración de la humanidad con la red. Es en este punto en el que podemos hacer la conexión directa con lo que estamos presenciando y experimentando hoy en día (casi 30 años después de la animación), con la multiplicidad de programas que utilizan IA, a los que podemos acceder desde la comodidad de nuestros celulares sin pensarlo demasiado. Ante la dependencia que se está generando, y en el peor de los casos, la costumbre de utilizarlas en desmedro de emplear nuestras propias capacidades de trabajo, cognición, elaboración, diseño, redacción, síntesis, o hasta el filtro del contenido que consumimos en las redes, es que cabe preguntarse si es que las IA ya borraron esa barrera entre los mundos, y en realidad ya somos incapaces de desconectarnos sin que resulte una experiencia dolorosa en términos tanto emocionales como prácticos.
El vertiginoso avance en el desarrollo, integración y uso de la IA en nuestra vida cotidiana hace patente la necesidad de regularla y fiscalizarla. Puesto que no contamos con Lain para que proteja la integridad de nuestra realidad (nuestros datos, derechos, memoria y voluntad), es imperativo construir y mantener actualizado un marco normativo que organice la vida en estos espacios virtuales. En este sentido, las ciudades se han convertido en un campo donde es posible ver en tiempo real tanto los beneficios como los peligros de la implementación de tecnología avanzada en todas las áreas de desarrollo. Ejemplos pueden ser los relativos al “internet de las cosas”, la red 5G, la utilización de chats automatizados para la comunicación entre servicios y personas, o el uso de inteligencia artificial para la planificación urbana, entre otros. Esto ha llevado a que algunas ciudades y sus autoridades locales trabajen de manera colectiva para levantar iniciativas que promuevan y defiendan los derechos digitales en el contexto urbano. Esto, sumado a los modelos regulatorios establecidos por las organizaciones internacionales y de otras regiones en el escenario global, deberá continuar desarrollándose para resguardar el correcto uso de estas tecnologías que seguirán transformando nuestro mundo y la forma en la que lo habitamos.