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Asentamientos multiamenazas Vol 1: Incendios forestales y ruralidad

Oct 2024

Lo que queda entre las cenizas: consecuencias de los monocultivos forestales en la Zona Centro Sur del país | “Llamas del despojo (2022)”

Revista PLANEO N°58 | Asentamientos multiamenazas Vol 1: Incendios forestales y ruralidad | Marzo 2024


[Por Catalina Elizabeth Tropa Ramírez. Socióloga, Universidad de Chile, Santiago]

Documental: Llamas del despojo: Incendios del negocio forestal
Autores: Ojo de Treile & Resumen
Año: 2022

Disponible en: https://youtu.be/1-kVhdavxDw?si=33VYQepbf6OU46MU

 

Resumen. El documental aborda las diferentes repercusiones que los incendios forestales de monocultivos han tenido sobre las comunidades y ecosistemas de la zona centro sur de Chile y Wallmapu. Para ello se recopilan testimonios de habitantes de las localidades colindantes y diferentes especialistas en el tema. Se revisa en un primer momento los factores de riesgo asociados a la presencia de monocultivos para la flora, fauna y comunidades que habitan el sector. Posteriormente, se sitúa históricamente esta problemática a través del proceso de ocupación del territorio desarrollado por parte del régimen militar durante la década de los 70’s. Y se da cuenta de las repercusiones actuales de este para la población. Finalmente, se revisan las medidas propuestas por parte de los actores participantes en el cortometraje.

Palabras Clave. Conflictos ambientales, biodiversidad, empoderamiento territorial.

 

Im1. Portada del documental | Fuente: Ojo de Traile & Resumen, 2022.

“Lo que sí tiene que haber un cambio de paradigma. Un cambio de sistema (…) centrado en el medio ambiente y en las personas como eje fundamental” (Ariana Bertín, Bióloga Molecular y Celular)

El documental profundiza en la visión que los actores de la región guardan sobre la presencia de monocultivos en la zona. A partir de sus discursos, es posible reconocer una serie de factores que causan que los monocultivos comprendan un riesgo para la población, flora y fauna colindante colindante. Las especies utilizadas para los monocultivos (pinos provenientes de Norteamérica y eucaliptos provenientes de Australia) son altamente inflamables debido a las resinas que los componen. Asimismo, la gran extensión de áreas destinadas a su desarrollo presenta mayoritariamente una distribución uniforme, lo cual facilita su propagación durante los incendios. Finalmente, a ello se suma la alta absorción de agua que los cultivos de pinos y eucaliptos ejercen sobre los suelos, lo cual disminuye su disponibilidad. La baja cantidad de agua no únicamente dificulta el combate de los incendios, sino que hace a los territorios proclives a estos. Debido a ello, su presencia se considera un peligroso catalizador de incendios.

De esta forma, la masificación de las áreas destinadas al monocultivo dentro de la zona durante los últimos 50 años ha propiciado un aumento sostenido de los incendios forestales durante las últimas décadas. Ello ha repercutido gravemente en la reducción drástica de la biodiversidad, pérdida de suelos y erosión de la zona. La magnitud de esta problemática ha llegado a tal extremo que se ha acuñado el término de mega incendios para referirse a aquellos que superan las 10.000 hectáreas. La dimensión de estos es tan considerable que puede llegar a afectar las condiciones meteorológicas de la zona. Y, junto a los claros efectos sobre la población, flora y fauna nativa, también liberan grandes cantidades de gases invernadero, lo cual aumenta enormemente la contaminación de las áreas afectadas.  Entre 2010 y 2018 se han registrado 16 mega incendios que han arrasado con 444.000 hectáreas. Actualmente se considera que no existen sistemas ni protocolos de acción que puedan garantizar su combate efectivo.

Llegado a este punto, es posible evidenciar claramente los factores de riesgo que se presentan en relación al desarrollo de plantaciones de monocultivos. Sin embargo, el alcance de esta problemática se magnifica cuando se toma en consideración el contexto histórico bajo el cual esta tuvo lugar.

Este corresponde al desplazamiento forzado de las comunidades campesinas y mapuches por parte del régimen militar durante la década de los 70’s. En el caso de estas últimas, ello representó su expulsión de territorios con una ocupación de carácter ancestral. Lo anterior fue precedido por la tala masiva y posterior quema de bosque nativo por parte de las empresas forestales CMCP y Arauco. Empresas subsidiadas por parte del Estado durante aquel período mediante el Decreto Ley 701, que mantuvo vigencia hasta el año 2015.

En la actualidad, los campesinos no pueden regar sus plantaciones debido a la baja cantidad de agua disponible. Asimismo, la destrucción de zonas de cultivo y bosque nativo ha repercutido gravemente sobre la actividad agrícola y recolección de las comunidades. Lo cual incide potencialmente en un aumento de la pobreza.

Sin embargo, esta no corresponde a la única implicancia negativa para las comunidades. Ya que la presencia de los monocultivos ejerce un desafío central a nivel habitacional. No únicamente como un peligro para las comunidades locales, sino como un límite directo de las áreas destinadas a la habitabilidad debido al gran porcentaje de la zona ocupado por parte de monocultivos. Ante ello, organizaciones de recuperación territorial surgen como consecuencia directa de este proceso, como corresponde al caso de la recuperación territorial campesina Mundo Nuevo de Curanilahue.

Por parte del sector forestal se hace hincapié en el rol que desempeñan las acciones de vandalismo y la presencia de condiciones climáticas proclives en la propagación de incendios. Y, a partir de esto, se alude a la inversión en infraestructura y equipamientos destinados a la prevención y combate de los incendios forestales. Dentro de lo cual se considera la presencia de aeronaves destinadas al control de incendios y la creación de “cinturones” o “anillos” de protección destinados a interrumpir el avance de las llamas a través de la eliminación de vegetación o deshechos en zonas claves. En conjunto con la labor de monitoreo por parte de Fuerzas Armadas. Sin embargo, se desconocen los hechos asociados a la ocupación forzada declarada por parte de las comunidades de la zona. En su lugar, se alude a la presencia de problemáticas con respecto a la propiedad de los territorios previamente al inicio de actividades de explotación forestal en la zona.

De esta manera, el Estado y las empresas forestales focalizan su discurso en relación a la responsabilidad individual y la criminalización. En desmedro de la consideración del rol de los monocultivos forestales. A lo cual se han sumado casos de colusión por parte de algunas de las empresas destinadas al combate de estos incendios, a través de la generación de focos intencionados por parte de brigadistas.

Ante esto, la postura tomada por parte de los sectores afectados para la mitigación de esta problemática se aborda a través de una serie de medidas. En primer lugar, se alude a la defensa de los marcos legales que regulan la actividad forestal por parte de las empresas. Y, junto a ello, al fortalecimiento integral de los marcos regulatorios que apunten a garantizar que la actividad forestal no afecte negativamente ni comprenda un riesgo para las comunidades y ecosistemas adyacentes. Finalmente, se enfatiza la importancia de la restauración de la flora y fauna nativas de la zona como mecanismo de restauración de los asentamientos hídricos. Estas medidas convergen en la institución de un paradigma que posea como eje central al medio ambiente y las personas por encima de la maximización de la productividad económica. Y que posibilite el desarrollo de una industria forestal compatible con la biodiversidad, la conservación y el desarrollo territorial de las comunidades autóctonas.

Im2. Monocultivo vs Bosque nativo | Fuente: Ojo de Traile & Resumen, 2022.