Planeo Digital

Número

Territorios y Ciudades en transición a la paz y la justicia

Octubre 2023

Repensar la integración local a partir de las estrategias de autogestión comunitaria: las mujeres, sus resistencias y luchas como aporte central

«La inclusión de población desplazada y migrante en Colombia exige replantear la integración local desde perspectivas políticas y territoriales»

Revista PLANEO N°57 |Territorios y Ciudades en transición a la paz y la justicia| octubre 2023


[Por: Nataly Giraldo: Trabajadora social, especialista en política pública y justicia de género del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales y magister en Desarrollo Humano de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede Argentina. Docente de cátedra de la Universidad de Antioquia, del pregrado de Ciencia Política]

Im. 1 La Honda, barrio de Medellín-Colombia. Fuente: Hacemos Memoria, 2016. Tomado de https://hacemosmemoria.org/2016/11/08/la-ladera-le-pide-reconocimiento-la-ciudad/
Im. 1 La Honda, barrio de Medellín-Colombia. Fuente: Hacemos Memoria, 2016. Tomado de https://hacemosmemoria.org/2016/11/08/la-ladera-le-pide-reconocimiento-la-ciudad/

Resumen:

Las estrategias de autogestión comunitaria, especialmente las construidas con las diferentes formas de resistencia y lucha lideradas por las mujeres, agregan nuevos significados a la categoría de integración local y permiten asociarla a perspectivas como el derecho a la ciudad y a escenarios de transición hacia la paz, problematizando su carácter político y territorial. De esta manera se propone trascender su definición como una solución duradera del desplazamiento forzado, un lugar común de enunciación del marco internacional y nacional de protección de la población desplazada y refugiada, que en las experiencias cotidianas de organización y movilización comunitaria se amplía y redefine permanentemente. En el contexto colombiano, las mujeres han venido siendo el rostro más visible y protagónico en los procesos integración y de paz territorial en los lugares de acogida o recepción. En consecuencia, el objetivo de esta columna es proponer como línea de reflexión la revisión de la categoría de integración local a partir de su asociación con procesos de autogestión comunitaria y de paz territorial, en los que las mujeres, sus formas de resistencia y lucha, representan un aporte central.

Palabras clave: autogestión comunitaria, integración local, paz territorial

Reflexión inicial

En Colombia, las demandas de inclusión de la población que se asienta mayoritariamente en las laderas de los centros urbanos de las ciudades capitales e intermedias como producto de desplazamientos forzados internos y de población proveniente de Venezuela, obligan a repensar la integración local desde otras perspectivas que profundicen en su contenido y alcance político y territorial. Las organizaciones de base comunitaria, y especialmente las mujeres como actor clave, han ensayado y apropiado diferentes experiencias de autogestión y organización comunitaria que enfatizan el sentido político de estos procesos.

De esta manera, con sus experiencias organizativas de memoria, resistencia y planeación participativa territorial agregan nuevos contenidos que trascienden la definición de la integración local como una solución duradera para la población desplazada que, por diferentes razones, no puede retornar a sus lugares de procedencia y para quienes la única alternativa es reconstruir sus proyectos de vida en los lugares de recepción, enfrentando condiciones de vida adversas y diferentes formas de exclusión y discriminación (Bello, 2001). Por esta vía, aportan a la construcción de ciudad (Giraldo, 2022), especialmente cuando hacen visible, exigen y proponen a diferentes actores (sociales, institucionales, académicos y privados) otras necesidades y alternativas de inclusión y reconocimiento.

Sumado a esto, en el contexto colombiano, los estrategias y alternativas que vienen promoviendo las comunidades para consolidar iniciativas de paz territorial en escenarios urbanos también reafirman la necesidad de ampliar y profundizar el carácter político y territorial de la integración local y su necesaria vinculación con la concreción de los escenarios de transición hacia la paz. Especialmente, las mujeres víctimas de desplazamiento forzado interno han promovido diferentes acciones de resistencia a la violencia armada y han promovido escenarios de diálogo y acciones colectivas en sus comunidades para denunciar y disminuir la ocurrencia de graves violaciones a los derechos humanos y, de esta manera, evitar que sean revictimizadas.

La autogestión comunitaria

Las experiencias de autogestión comunitaria se soportan en estrategias autónomas que surgen, muchas veces de manera espontánea, en medio de los procesos de poblamiento urbano y como respuesta a las necesidades básicas insatisfechas. Esto como producto de una fuerte desagregación territorial, profundizada por experiencias previas de desarraigo, afectaciones de todo orden y graves afectaciones y restricciones al ejercicio de derechos. Esta realidad la comparten la población desplazada internamente, migrante o en situación de refugio que se ve obligada a migrar y a asentarse mayoritariamente en sectores urbanos marginados.

La autonomía, así como el trabajo colaborativo y solidario, aparecen valores comunes de enunciación en los procesos de autogestión comunitaria. En el caso de las mujeres, las iniciativas de memoria, de cuidado, memoria y de reparación simbólica son elementos integradores que interpelan y dotan de otro sentido y contenido la construcción de ciudad. La lucha por permanecer en la ciudad y la resistencia a todas las formas de negación de este derecho se encuentra en la base de las agendas de las comunidades. En materia de paz, las mujeres han apelado a acciones colectivas soportadas en actos de denuncia pública y de resistencia mediante el arte y la movilización social. También se han involucrado activamente en los procesos de autoconstrucción de barrios.

Asimismo, las estrategias de autogestión comunitaria han incluido acciones de visibilidad de los saberes y prácticas culturales como una forma de mitigar los actos de discriminación y xenofobia; puesto la persona desplazada, refugiada y migrante se ha asociado históricamente con un factor desestabilizador del “orden” de la ciudad o como una suerte de competencia por los servicios que debe garantizar el Estado.

Nuevos lugares de comprensión de la integración local

Estas formas de autogestión comunitaria están mediadas y atravesadas por disputas y tensiones, puesto que interpelan y entran en discusión con otras visiones y políticas de ciudad y, sumado a esto, confrontan los intereses de actores armados ilegales que perviven en los territorios y que terminan incidiendo en la cotidianidad de las comunidades. Por tanto, la integración local bajo la perspectiva del derecho a la ciudad es una conquista permanente que no es ajeno a las dinámicas y expresiones del poder armado ni a la imposición de otros intereses y perspectivas de ciudad. No puede entenderse como la demanda “ciudadana por el acceso a bienes y servicios urbanos básicos” (Giraldo, 2023, p.11), sino como un derecho vinculado al ejercicio de ciudadanía (Borja, 2013).

Las estrategias de autogestión comunitaria también enseñan que la integración local no es un proceso de adaptación y aceptación de la realidad actual, cualquiera que sea esta. De allí la importancia que adquieren los procesos de participación social y política, en tanto ponen agendas alternas por medio de las cuales se problematizan y visibilizan otras realidades y propuestas de transformación que exigen replantear políticas e incluso construir nuevos marcos institucionales y políticos.

En el caso de ciudades como Medellín, los procesos organizativos fueron liderados por la población desplazada, mayoritariamente constituidos por mujeres, que sentaron las bases para que se crearan políticas y una institucionalidad local para canalizar las necesidades de atención y reparación que demandaban a la ciudad. Ahora, tras las oleadas masivas migratorias de población de proveniente de Venezuela que iniciaron aproximadamente en el 2015, las ciudades capitales del país que pasaron a convertirse en las principales receptoras también se han visto en la necesidad de adecuar y crear mecanismos para dar respuesta no solo en términos humanitarios.

Para concluir, la integración local no es un proceso político y territorializado que no pueda generalizarse. Ocurre y responde a un contexto territorial e histórico determinado y las diferentes agendas que se derivan de los procesos de autogestión comunitaria. Tampoco es ajeno a las relaciones de género, dado que hombres y mujeres encuentran posibilidades, oportunidades y formas diferentes de integrarse en los lugares de asentamiento.

El camino que sigue es profundizar en esta línea de reflexión, máxime en el contexto actual colombiano en el que cobra relevancia repensar la integración local de cara a los retos que supone la persistencia del desplazamiento forzado interno, sumada al arribo constante y en crecimiento de la población proveniente de Venezuela, y los esfuerzos de diferentes sectores (institucionales y no institucionales) por transitar hacia la paz territorial. Tal reflexión no podrá dejar por fuera, las experiencias de las mujeres, sus demandas de integración y sus invaluables aportes.

Referencias bibliográficas

Bello, N. (2001). Desplazamiento forzado y reconstrucción de identidades. Ministerio de Educación Nacional e Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior.

Borja, J. (2013). Revolución urbana y derechos ciudadanos. Alianza Editorial S.A.

Giraldo, V. N. (2023). Imaginar y construir ciudad desde las estrategias de las mujeres víctimas de desplazamiento forzado interno. Política y Cultura, 59, pp. 83-104.