Desarrollo Local

Marzo 2017

«Espacio Diana Centro Cultural, resistencia lúdica en el barrio San Diego: Diversificar y potenciar los usos de un edificio patrimonial que se reinventa desde la entretención»

Revista Planeo Nº 31  Desarrollo Local, Marzo 2017


[Por Andrea Berger Oto; Gestora Cultural, Universidad de Chile. Magister en Desarrollo Urbano, Pontificia Universidad Católica de Chile]

RESUMEN

El Espacio Diana visto como espacio local implica remontarse al año 1934, cuando la calle Bandera al llegar a Mapocho se transformó en la primera locación de un parque de diversiones que ya cuenta con más de 80 años de historia y más de cinco locaciones distintas al interior de la región Metropolitana. En la actualidad, el perímetro espacial de La Diana se acota a un edificio patrimonial y sus jardines ubicados entre las calles Arturo Prat y San Diego a un costado de la Iglesia de Los Sacramentinos, construcción que data de 1919 (Consejo de Monumentos Nacionales, 2016). De esta forma, el Espacio Diana se constituye como espacio local en base a la interrelación que presenta con los tradicionales Juegos Diana, los que forman parte de una memoria emotiva que se resiste a desaparecer.

Palabras clave: La Diana, Juegos Diana, Barrio San Diego.

Dianahistorico5Im 1. Juegos Diana, archivo histórico / Fuente: www.espaciodiana.cl

El Espacio Diana Centro Cultural se encuentra inserto en el corazón del Barrio San Diego de Santiago centro, un barrio de carácter principalmente comercial que en las dos últimas décadas ha sido foco del desarrollo inmobiliario, con edificios de más de quince pisos que acogen a parejas jóvenes, a estudiantes de regiones y en los últimos años también a inmigrantes latinoamericanos.

El entramado físico y social que constituye el Espacio Diana emerge desde los Juegos Diana, los que se integraron al imaginario colectivo local desde sus inicios en la década del treinta. Entonces los juegos se instalaron en las inmediaciones de la Estación Mapocho, integrándose a la vida cotidiana del centro de Santiago, tanto diurna como nocturna. Con el correr de los años los juegos adquirieron nuevas sedes, un proceso de crecimiento que culminó en la década del ochenta con la compra del inmueble patrimonial ubicado en calle San Diego, construcción que fuera el convento de la Iglesia de Los Sacramentinos, trasladándose desde el sitio que actualmente ocupa el Hotel Plaza San Francisco en la Alameda (Juegos Diana, 2016). Una historia de popularidad que se vio amenazada con la incorporación de las consolas, el uso de los computadores personales y la llegada de los mall como nueva locación para brindar entretención.

Frente a este nuevo escenario la decadencia del rubro se volvió inminente, una situación que en el año 2005 logró revertir Enrique Zúñiga, nieto del dueño de los Juegos Diana. Enrique, tal como cuenta en la entrevista realizada en las dependencias de La Diana en junio de 2016, regresó lleno de ideas tras sus estudios en el extranjero, donde vio como edificios patrimoniales se integraban a la trama urbana desde una oferta que potencia la vida cultural de la ciudad. El tema de la oferta resulta clave para el desarrollo local porque significa rescatar y potenciar el capital endógeno del territorio (Alburquerque, 2008). Bajo esta óptica y con la intención de replicar las experiencias extranjeras, Enrique y su padre deciden vender las cinco sedes de los Juegos Diana que aún permanecían vigentes. El objetivo de esta decisión estaba claro: otorgar nuevos aires al edificio patrimonial potenciando la identidad lúdica propia de los Juegos al mismo tiempo que su nombre, sin duda marca registrada para muchas generaciones.

En términos de espacio local, el Espacio Diana se centra en rescatar lo que le es propio e importante, sacando el máximo provecho a su esencia lúdica y a su oferta teatral; esto último porque el barrio San Diego, como señala el Director de Programación Javier Ibacache en entrevista, tiene un pasado escénico destacado que se refleja en tres teatros funcionado a la vez entre 1940 y 1950 -el teatro Cariola, el Caupolicán y el Roma- y en la creación del Cine Arte Normandie en la década del ochenta. El rescate de la identidad local se complementa con iniciativas emergentes que apuntan a dinamizar el espacio con el fin de participar de las nuevas dinámicas de la ciudad, impregnadas por los procesos de globalización. En esta búsqueda, el Espacio Diana amplía su campo de atracción más allá de su parque de diversiones (mezcla de vintage con modernidad) con una oferta que suma gastronomía, teatro, talleres, bailes de salón y noches temáticas. Un lugar que desde el año 2005 trabaja por constituirse como un territorio socializado, donde tanto los residentes como la población que fluye se apropian del Espacio Diana desde sus necesidades y expectativas.

Restaurant2Im 2. Restaurant La Diana / Fuente: www.espaciodiana.cl

La diversidad de la oferta del Espacio Diana, tanto de noche como de día, implica un cruce de clases sociales que imprime un carácter particular al lugar. Donde sin duda la relación positiva entre territorio y comunidad enriquece las dinámicas sociales, tal como lo define Boisier (2004:p.387) “la realización del proyecto individual de vida de cada persona depende fuertemente de la suerte del territorio y por tanto es de interés de cada uno y de todos que al territorio le “vaya bien” ya que entonces la posibilidad de materializar el proyecto personal aumenta pari passu al éxito del lugar”.

En materia de política pública es importante mencionar que la Iglesia y sus inmediaciones, esto es el convento y los jardines, cuentan con la categoría de Monumento Histórico declarada por el Consejo de Monumentos Nacionales en 1991. Tener presente esta declaratoria resulta fundamental a la hora de definir la estrategia de desarrollo, ya que por una parte se limitan las transformaciones físicas del lugar, pero por otra se potencian las oportunidades que surgen al tener la condición de “patrimonial”.

En relación a los actores que forman parte del Espacio Diana, pieza clave para llevar adelante el plan de desarrollo, entran en juego dueños, arrendatarios, usuarios y vecinos de un barrio de uso comercial y residencial, entramado al que se integra el Espacio Diana. La influencia de estos actores se da en distintos términos; por ejemplo, está la centralidad de los dueños del edificio como inversionistas y base ideológica del plan de intervención. En este sentido el plan de desarrollo del Espacio Diana debe ser de integración, ya que es un territorio complejo y dinámico donde las demandas socio espaciales son diversas. Una serie de necesidades y expectativas que deben convivir y adaptarse a un territorio marcado por el desarrollo inmobiliario y la alta congestión. Una diversidad de públicos y clases sociales que el Espacio Diana espera convocar.

El desarrollo del Espacio Diana debe, entonces, conjugar la memoria emotiva de los Juegos Diana con el carácter comercial y cultural del barrio, para desde ahí gestionar una oferta que potencie la esencia lúdica al mismo tiempo que su locación en un edificio patrimonial. A esto se suma la importancia de la asociatividad de actores, donde la alianza entre el sector público, el sector privado y las organizaciones de la sociedad civil resulta una articulación virtuosa en la que la comunidad debe participar; todo en miras de integrarse de la mejor manera posible a la nueva geografía dictada por las lógicas del capitalismo y la globalización (Boisier, 2004). Un escenario de ordenamiento territorial y planificación urbana donde la defensa y promoción del patrimonio histórico-cultural local y la valorización del medioambiente deben asumirse como activos de desarrollo local. (Alburquerque, 2008).

De esta manera, el rescate y promoción del Espacio Diana resulta pertinente porque destaca características propias del barrio San Diego al mismo tiempo que le otorga un valor cultural y social renovado, el que se desprende de la infraestructura y la oferta programática y gastronómica propia de La Diana. Una iniciativa que conlleva la oportunidad de promover nuevas formas de ver y relacionarse con un barrio que se resiste a cambiar de piel a pesar de la nueva geografía urbana en que se inserta. En este sentido, el valor del rescate del Espacio radica en la posibilidad de potenciar una zona eminentemente comercial desde lo cultural y patrimonial.

 

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Referencias bibliográficas
Alburquerque, F. (2008). Teoría y práctica del enfoque del desarrollo Local. En Cuadernos de clase Nº01-02, Colección: Desarrollo, región y paz, Universidad Autónoma de Manisales.
Boisier, S. (2004). Desarrollo Local: ¿De qué estamos hablando? El humanismo en una interpretación contemporánea del desarrollo. Borrador monografía Quinto Seminario Paradigmas del desarrollo, región y paz.
Consejo de Monumentos Nacionales, (2016). Basílica Los Sacramentinos. Recuperado el 22 de junio de 2016, disponible en: http://www.monumentos.cl/catalogo/625/w3-article-26608.html
Juegos Diana, (2016). Nuestra historia desde 1934. Recuperado el 22 de junio de 2016, disponible en: http://www.juegosdiana.cl/historia