Planeo Digital

Número 12

Derechos Urbanos

Sep - Oct 2013

Happyciclistas y la ciudad como escenario.

Revista Planeo Nº12 , Derechos Urbanos, Septiembre 2013.

PABLO-ARRIAGADA1

 Una serie de demandas ciudadanas se han visto el último tiempo expresadas en nuestras ciudades, espacio que ha permitido visibilizar las inquietudes de los estudiantes, trabajadores, enfermos, entre otros grupos. Los usuarios de la bicicleta en la ciudad también lo han hecho, ya sea reuniéndose todos los primeros martes de cada mes, día en que se realiza una cicletada masiva que ha crecido exponencialmente. A esto se suman una serie de actividades que buscan instalar el uso y su educación en la discusión pública. 

Happyciclistas es una de las diversas organizaciones existentes que  hace uso de la bicicleta como una herramienta para poder intervenir creativa y transversalmente en distintos ámbitos de desarrollo y felicidad humana.  

Pablo Arriagada es Antropólogo de profesión y en la organización Happyciclistas cumple el rol de vocero  y gestor cultural. 

 ¿Nos puedes explicar brevemente cómo surge Happyciclistas? ¿Cuál es su misión y visión?

 Happyciclistas es una organización que promueve el uso de la bicicleta considerándola como una herramienta de transformación social orientada hacia el desarrollo y la felicidad humana. Esa sería la definición de la organización. Somos un colectivo que más que trabajar por la bicicleta en sí y sólo por la bicicleta, lo que se hace es utilizar a la bicicleta como herramienta para trabajar otro tipo de temáticas. Si bien, la principal es la movilidad urbana a través del uso de la bicicleta, también la entendemos como una herramienta para conseguir más cosas para la <<ciudad buena>>, ya sea espacio público, encuentros ciudadanos, ciudadanía, integración social, etc. Como organización tenemos ya 4 años, somos un grupo que surgió a partir del contexto creciente del uso de la bicicleta, en el que vimos que existía la necesidad de potenciar aún más esa energía desde una perspectiva más inclusiva y amable. Y esa perspectiva tenía que ver con eso, en el fondo es invitar a pedalear, pero con una reflexión detrás de esa actividad entretenida.

 ¿Qué relación tienen ustedes con las otras organizaciones existentes? ¿Existe un eje de trabajo común?

 Uno podría decir que hay un abanico bien grande de organizaciones. Todas nos encontramos en uno u otro momento. Está Movimiento Furiosos Ciclistas, Recicleta que es un colectivo específico, las Macleta que tiene un trabajo de género, está Pedalea por la calle, que surge quizás como un discurso ya de segunda generación, ya que si bien antes se pedían ciclovías ahora se entiende que la bicicleta debe circular por la calle. Yo creo que hay una comunidad de intereses que cada cierto tiempo coincidimos y podemos congeniar para realizar actividades conjuntas y que todas están finalmente apelando a lo mismo, a la necesidad de mayores facilidades para el ciclista, políticas públicas sostenidas en el tiempo y también participación ciudadana activa. Quienes toman las decisiones a nivel de infraestructura deben considerar este ejercicio ciudadano. En ese sentido, desde mi punto de vista, los especialistas en el tema se encuentran en las organizaciones ciudadanas más que en la academia.

 Si entendemos a la ciudad como escenario, ¿Qué rol juega esta para ustedes como organización? ¿Se busca colocar a la bicicleta en la agenda pública a través de las diversas actividades?

 Nosotros tenemos una serie de actividades que desarrollamos durante el año y que están orientadas a distintos elementos que tienen que ver con la práctica del ciclismo urbano. Pero cada una de esas actividades en el fondo, nosotros las planteamos y las hacemos operar a modo de metáfora sobre la ciudad. Por ejemplo, una vez al año hacemos el Pedaleo a la luna, que es un pedaleo nocturno masivo al cerro San Cristóbal con actividades culturales incorporadas. Este año nos hicimos parte de manera activa en la gestión cultural de El Mapocho Pedaleable. Tenemos de manera regular las bici-clínicas, que son talleres de mecánica básica en donde se les enseña a ciclistas que están empezando a reparar sus <<panas>> básicas de sus bicicletas y además a pedalear de manera segura por la ciudad. También hacemos bici-malones que son encuentros en diferentes parques de la ciudad para poner o visibilizar parques urbanos que no se conocen regularmente. Pero, la gracia de cada una de las actividades -relacionado con el tema de la ciudad-  es que actúan como metáfora dentro del escenario urbano. Por ejemplo en el caso de Pedaleo a la luna, un ejercicio fantasioso en el que podíamos llegar a la luna, en el fondo era mostrarle a la gente que se podía llegar mucho más lejos con el ejercicio de la bicicleta. Con la mecánica, si bien, el tema concreto es que la gente aprenda mecánica básica, lo que estamos haciendo ahí es mecánica de las relaciones de la ciudad. Ahí hacemos un juego de palabras que es: <<ajustamos cambios, pero también estamos ajustando relaciones urbanas>>. Por ejemplo, a las bici-clínicas llegan personas de distintas edades, diferentes clases sociales, de distintos puntos de la ciudad, gente que quizás nunca se hubiera encontrado en un espacio público. Además, la mayoría no está acostumbrada a relaciones gratuitas, muchas veces preguntan ¿Cuánto vale esta actividad? ¿Cuánto cuesta esta reparación? De allí que para nosotros esa es la ciudad, es una ciudad considerada como escenario, pero un escenario que hay que transformar. Y esa transformación pasa por todo este tipo de cosas que te entrega la bicicleta como herramienta.

Que van sumando finalmente….

 Exacto, por ejemplo la movilidad urbana, es moverse a otra velocidad, es poder encontrarte con el otro, es ponerte en el lugar del otro, es una ciudad a otro ritmo, más integrada. Hay un montón de elementos que pueden trabajarse a través de las actividades y principalmente a través de la bicicleta.

¿Creen ustedes que es necesario seguir realizando estas actividades para instalar a la bicicleta en el discurso político?  

Estamos dentro de un contexto cultural, histórico, en que la gente se está volviendo a encontrar. La gente se había acostumbrado a vivir de manera aislada, a solucionar sus problemas de manera aislada. Creo que en la medida en que el desarrollo urbano ha demostrado que hay cuestiones que el desarrollo privado de la ciudad no va a lograr solucionar, los ciudadanos han empezado a organizarse en función de ciertas peticiones. Y en ese escenario yo creo que los movimientos o las organizaciones vinculadas a la bicicleta, han logrado hacerse presente, hacerse visible. El paso que estaría faltando ahora es lograr dar un paso quizás ver cómo estas acciones, que son metafóricas, se transformen en propuestas más efectivas, más allá de lo que hemos logrado hasta ahora, que es motivar a que mucha más gente se suba a la bicicleta, pero es necesario también que existan programas de educación vial y ciudadana planteados desde la autoridad. Surge la necesidad de politizar otros temas que van más allá de la propia infraestructura. Por ejemplo, siempre me llama la atención cuando se hacen foros temáticos, yo tuve la posibilidad de participar en Santiago 2041, y gran parte de la conversación se basaba en infraestructura. Estuvo el Ministerio de Transporte, el de Obras Públicas, pero me llamó la atención que no estuviera el Ministerio de Educación. Entonces, en el fondo lo que falta de parte de las organizaciones, que  ya estamos haciendo un trabajo político, es lograr quizás conducir esto a un nivel de negociación con el Estado, en que podamos posicionarnos como una contra parte técnica en el tema.

Algunos dicen que las ciclovías ya son un tema del pasado. Sin embargo y pese a que no cumplen con los estándares,  han logrado que mucha gente se suba a la bicicleta. Además hay que mirar desde otro punto de vista la infraestructura, la ciudad ya está hecha para la bicicleta, las calles ya existen y por lo tanto se debe trabajar por la infraestructura, pero también por el aspecto cultural y la educación vial. Asimismo, estamos trabajando sobre un par de proyectos de diálogos intermodales, es decir, cómo logramos vivir de manera empática con el entorno, no sólo entre los Happyciclistas sino que entre todos, que exista una comunicación con los taxistas, vehículos particulares y micreros, vincularse de manera empática con el entorno, y para eso debemos desmarcarnos de la bicicleta en sí y eso también tiene que ver con la política.

Fuente imagen:  www.happyciclistas.cl