Planeo Digital

Número 2

La participación en disputa

Abr 2012

Las contradicciones de María Elena

 

María Elena

[Nicole Pumarino]

Ubicada en la región de Antofagasta, María Elena fue fundada bajo el nombre de Coya Norte en los últimos años de la era del salitre como un asentamiento modelo de un nuevo sistema de extracción (Sistema Guggenheim), más competitivo que el anterior. Esto no solo significó la vanguardia de un proceso productivo sino que también de un modelo de ciudad que trajo consigo un equipamiento urbano moderno, dejando atrás los precarios campamentos salitreros implementados a comienzos de este período.

De esta manera, María Elena fue trazada y construida en 1926, con un modelo de Company town traído directamente de Estados Unidos, lugar de origen de sus dueños. Su forma es octogonal, con una plaza principal en el centro de la cual se desprenden cuatro avenidas que conectan las viviendas con los principales edificios de equipamiento público que la rodean, todos ellos declarados monumento histórico. El pueblo, como conjunto, fue declarado zona típica el año 2008.

A pesar de sus cuarenta y dos grados en verano y de la aparente ciudad fantasma con que nos podemos encontrar entre las dos y las cinco de la tarde, María Elena es el único asentamiento salitrero que se mantiene en funcionamiento. La ciudad es atravesable en veinte minutos de caminata, en este trayecto se pueden encontrar más animitas y perros callejeros (ocupando cualquier mínima sombra) que personas  fuera de sus casas.

Recién a las seis de la tarde comienzan a aparecer las primeras personas que, sentadas  en una banca bajo el sombreadero que antecede su casa, conversan con la vecina. La plaza es prácticamente el único espacio verde y arbolado, es también el lugar de encuentro de taxistas, grupos de hip-hop y niños que combinan el uso de los juegos antiguos con los nuevos mientras que las parejas se pelean los asientos sombreados de la plaza. Los principales edificios que la rodean, han comenzado a adquirir nuevos usos, la pulpería es el supermercado y panadería, que a las siete de la tarde (hora de salida de los trabajadores), vende sopaipillas y pan recién salido del horno lo cual constituye un evento social para la ciudad. El edificio de los antiguos baños públicos es el gimnasio y el centro de internet, la antigua administración es el banco y la iglesia es lo único que se mantiene fiel a su construcción original.

La empresa Minera SQM es la actual propietaria de la ciudad y administradora del territorio a pesar de que el lugar cuenta con la presencia de un municipio. Al igual que en sus inicios, la subsistencia del asentamiento salitrero depende directamente de la empresa económica que lo sostiene, el 90% de los habitantes trabajan para SQM y el 40%  de la superficie corresponde a usos de la empresa. A pesar de que el formato en la teoría sigue igual que antes y que muchos de sus actuales habitantes siguen siendo las mismas familias salitreras, la ciudad ha cambiado. Su estilo de vida caracterizado por el aislamiento y el funcionamiento autónomo, dependiente únicamente de un gran dueño que provee servicios -cultura, educación, deporte- para todo el pueblo, se quebró con el fin de la era del salitre y desde ahí el lugar ha comenzado a modificarse. La introducción de nuevos habitantes ajenos a la vida de la pampa, nuevas formas de comercio y nuevas dinámicas externas de ciudad, no han sido compatibles con el antiguo modelo de ciudad.

Suceden cosas contradictorias, el antiguo modelo de vivienda es incompatible con las familias que viven en el lugar y la respuesta a esto ha sido la aparición de múltiples formas de ampliación informal que dan una imagen más de campamento que de ciudad patrimonial. Muchas de ellas están vacías ya que la mayoría de los trabajadores van a María Elena bajo el formato de “trabajadores solteros”, es decir que solamente van a trabajar al lugar durante su turno (3×4 o 7×7) dejando a sus familias en su ciudad de origen y alojándose en las residenciales puestas por la propia empresa y que funcionan completamente independientes del resto de la ciudad. Estas residenciales son una especie de “hoteles de containers”, en donde cada trabajador tiene su habitación con baño y televisión. El lugar cuenta aire acondicionado en todas sus dependencias, piscina, cancha de futbol, gimnasio, sala de pool, sala de estar, un estacionamiento lleno de camionetas que van a la planta industrial y un casino en donde Central de Restaurantes provee desayuno, almuerzo y comida de forma industrializada. A este lugar se debe entrar con el vestuario de seguridad que incluye jeans, camisa, chaleco reflectante y zapatos de seguridad.

Este formato de trabajo, abarata costos pero ha terminado por destruir el estilo de vida que se daba en el pueblo debido a que la mayor parte de esta población flotante no tiene ningún contacto con el resto de la ciudad. La mayoría de los antiguos edificios hoy se encuentran en desuso o subutilizados, restándole parte de su valor patrimonial. Al mismo tiempo, el crecimiento de la ciudad se ha dado sin mucha intención de preservar su estilo original, el mismo municipio acaba de construir su edificio administrativo de dos pisos, con un estilo totalmente moderno y que choca con el existente.

Es así como existen dos María Elena, no hay ninguna relación de una con otra salvo la cercanía que hay entre ellos, pues ningún trabajador de las residenciales tiene necesidad de salir de ellas y la entrada a estos lugares está completamente regulada (nuevamente con el carnet de identidad).