Secciones > ACTORES

Entrevista a Amparo Bravo, de Cooperativa Desbordada: “Necesitamos poner la prioridad en las actividades de sostenibilidad de la vida versus las actividades de acumulación”

Revista Planeo Nº 48 Cuidados, crisis, y ciudad; Julio 2021


[Por:Denisse Larracilla; Editora Revista Planeo, estudiante del Magíster en Desarrollo Urbano en la Pontificia Universidad Católica de Chile]

Amparo Bravo Arias, Cooperativa de Economía Feminista Desbordada

Licenciada en Ciencias Económicas de la Universidad de Chile, integrante de la Cooperativa de Economía Feminista Desbordada, se desempeña en la investigación de temáticas relacionadas a la economía feminista, así como a los debates en torno al desarrollo y a las políticas públicas con perspectiva de género. La Cooperativa de Economía Feminista Desbordada es un colectivo compuesto por mujeres provenientes de diversas disciplinas –en su mayoría economistas-, dedicado a la investigación, (auto)formación y difusión de saberes y prácticas que ayuden a entender y transformar el mundo frente a la crisis permanente provocada por el sistema capitalista y patriarcal.

 

Im1. Amparo Bravo

  1. ¿Qué es la Cooperativa Desbordada y cómo surge el interés por abordar el tema de los cuidados?

La cooperativa nace como un grupo de estudios de egresadas de Ciencias Sociales —específicamente de Economía— quienes decidimos reunirnos a falta de espacios de Economía Crítica y sobre todo con perspectiva feminista. Con el tiempo, este grupo de estudios pasó a ser un espacio de trabajo cooperativo en el que actualmente estamos apostando por autogestionar nuestros recursos con miras a organizar de manera colectiva los salarios, los tiempos y también nuestras formas de consumo.

En este sentido, el abordaje del tema de los cuidados nace desde diferentes dimensiones y escalas dentro de la cooperativa. Por un lado, en la escala de nuestro trabajo de investigación, los cuidados son un concepto central que ha guiado la mayor parte de los debates en la Economía feminista en las últimas décadas. Por lo tanto, el tema de los cuidados nace de una manera muy natural en las reflexiones ligadas a nuestra formación académica y de investigación. Por otro lado, este concepto se hace presente en nuestra esfera de la vida cotidiana: en la manera en que nos relacionamos entre la cooperativa, en la forma en la que nos intercuidamos, en la manera en la que queremos trabajar y también en las posturas políticas y acciones que tomamos en torno a los procesos de transformación social que existen hoy día en el país.

Frente a esto, hemos apostado por la articulación y el trabajo en red entre organizaciones de cuidadoras, principalmente en la Red feminista por los cuidados. Esta es una organización en la que se abordan los cuidados desde una aproximación holística e integral, que no solo incluye los cuidados directos —como los que entendemos como cuidados a personas dependientes—, sino el cuidado al medioambiente, a los cuerpos, a la autodefensa, entre otros

  1. Ante la actual crisis de los cuidados, agudizada además por la pandemia, ¿cuáles consideras que, al día de hoy, son los principales desafíos de política pública en Chile en torno a este tema?

Creo que para nadie es una sorpresa que la crisis ha dejado en evidencia las fracturas de la organización social, y en particular cuando hablamos del territorio chileno. Las formas de vida —como las dinámicas de trabajo y de movilidad— se vieron completamente transformadas, demostrando en gran medida cuáles eran los tiempos vinculados a los cuidados. Ante esa mayor notoriedad de los cuidados, pudimos ver de manera más clara que son actividades que están en la base del sistema económico y son necesarias para poder vivir.

Durante la pandemia, por ejemplo, se ha puesto en evidencia que la intensa carga de trabajo de los cuidados no remunerados al interior de los hogares es sostenida principalmente en los hombros de mujeres; intensificada, además, por el cierre de las escuelas y por la mayor demanda de cuidados de la salud producto del virus. Asimismo, se ha constatado que existen trabajos que están más expuestos al desarrollarse en el marco de la informalidad, como es el caso de las trabajadoras de casa particular.

En ese contexto, creemos que la política pública es uno de los rangos de acción que pueden incidir en la crisis de los cuidados, pero la magnitud de esta crisis excede las posibilidades de ser solucionada solo a través de este mecanismo. Porque cuando hablamos de los cuidados también nos referimos a otras muchas dimensiones que están fuera de ese marco de acción; como por ejemplo las relaciones que están detrás de la defensa de los territorios y las aguas, el trabajo de cooperativas de abastecimiento local o a las redes de defensa de las disidencias sexo-genéricas

Ahora, en el rango de acción de la política pública hay una serie de desafíos en torno al cuidado remunerado y no remunerado que se pueden ir esbozando desde las mismas organizaciones de cuidadoras y los movimientos feministas. Por ejemplo, está el caso de las trabajadoras de casa particular, quienes han estado levantando una agenda incansable, incluso antes de la pandemia, para poder promover su formalización, ser consideradas como trabajadoras de igual categoría al empleo asalariado, poder acceder al seguro de desempleo y, en general, mejorar sus condiciones laborales.

Otro ejemplo, es la agenda que han ido planteando las cuidadoras no remuneradas con respecto a la necesidad de un sistema plurinacional de cuidados. En este caso, puede reconocerse que existe un trabajo a escala local, en el que las cooperativas de cuidadoras han presentado propuestas directas a sus gobiernos municipales sobre cómo se puede abordar el tema de los cuidados. A escala nacional, puede pensarse en propuestas que abarquen una visión integral de los cuidados en todo el territorio, en las que el gobierno central pueda destinar recursos a los cuidados, considerándolos como un cuarto pilar de la protección social y ya no solo como una política aislada.

Así, las respuestas en las que podemos pensar desde la cooperativa se orientan en las iniciativas que desde los movimientos puedan ir configurándose, para luego proponer políticas que, eventualmente, transformen las relaciones de producción y reproducción que se dan en estas esferas.

  1. ¿De qué manera la construcción de una nueva Constitución puede contribuir a transitar a una sociedad que ponga al centro los cuidados? ¿qué aspectos clave deberían abordarse?

Como mencionaba anteriormente, nosotras estamos organizándonos en torno a la Red feminista por los cuidados. A través de esta articulación, tratamos de juntar a trabajadoras de los diferentes ámbitos del cuidado para pensar y discutir cuáles son las posibles vías de salida a esta crisis; tanto aquella provocada por la pandemia, como la crisis social que venía evidenciándose en Chile a partir de la revuelta social del 2019 y las revueltas de los años previos.

Recuerdo que en un cabildo al que asistí en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile —en el contexto de la revuelta—nos invitaron a reflexionar en cómo nos gustaría criar, envejecer o alimentarnos. Justamente esa es la oportunidad que vemos en una nueva Constitución, que nos invita a imaginar en qué país queremos cuidar y cómo queremos hacerlo.

En la articulación feminista Elena Caffarena —otro espacio que también se ha armado para incidir desde la agenda feminista a la Convención Constitucional—nos hemos planteado cómo incorporar el tema de los cuidados en la nueva carta magna. Al respecto, hemos reflexionado en la posibilidad de incluirlo, primero, como un principio de Estado que rija la nueva Carta Magna. Luego también como un derecho: el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, así como abrir espacios para discutir sobre el derecho a no cuidar y que tal vez muchas mujeres con sobrecarga de estos trabajos podrían exigir.

También nos hemos planteado la posibilidad de integrar una visión transversal de los cuidados en normas y leyes particulares relacionadas con la educación, salud, seguridad social, defensa de las aguas o la idea de la familia. Por ejemplo, un sistema plurinacional de cuidados o un mecanismo de reparación dentro de los sistemas de pensiones con respecto al trabajo no remunerado realizado por las mujeres durante toda su vida.

  1. Desde una aproximación territorial, ¿cómo crees que la calidad de las ciudades y los territorios puede influir en un modelo más justo de cuidados?

Nosotras nos relacionamos y discutimos los temas vinculados a los cuidados con diversas investigadoras y activistas feministas que están trabajando directamente en ellos. En los temas de ciudad y territorio, trabajamos con Ciudad Feminista y con los movimientos por el agua y los territorios que también forman parte de la articulación de la Red feminista por los cuidados. Estas organizaciones han levantado sus demandas y su trabajo militante a partir de las experiencias cotidianas y también de la investigación sobre estos temas, que es desde donde nosotras nos inspiramos.

En esa línea, podemos decir que los contextos en los que se desata con mayor fuerza la crisis de los cuidados son importantes para pensar en más dignidad y justicia. Una ciudad que cuida es una donde el transporte está pensado para las personas con movilidad limitada, donde las calles y veredas están pensadas para la vejez y la niñez. Es una ciudad que piensa en la cercanía de los centros de cuidados para destrabar la sobrecarga de tiempo que implica llevar y trasladar a las personas en situación de dependencia permanente. También es una ciudad que piensa en los tiempos y espacios seguros para que en los barrios, por ejemplo, se puedan articular las actividades del cuidado.

Esto también tiene sentido en los territorios. Desde hace mucho tiempo, las luchadoras medioambientales han venido planteando que la sequía y la apropiación de las aguas no solo ataca la dignidad de las personas, sino que también aumenta la necesidad de acarrear agua y los tiempos necesarios para poder acceder a ella diariamente. O que la contaminación de la tierra ataca los cultivos que podrían permitir la autogestión y abastecimiento de las comunidades en territorios rurales.

Por tanto, existe la necesidad de cambiar el paradigma en el que pensamos el desarrollo de los territorios y de las ciudades fuera del modelo extractivista, que ha cambiado las formas de consumo y producción y ha conducido a las comunidades a desarrollarse en un contexto de ataque a la vida. Necesitamos pensar en una lógica del cuidado para devolver la dignidad a la mayoría de las personas. Es decir, poner la prioridad en las, hoy invisibilizadas, actividades de sostenibilidad de la vida versus las actividades de acumulación que se hacen en desmedro de las condiciones de vida.

  1. En este trabajo por el reconocimiento de los cuidados, y desde su perspectiva actual, ¿qué tendría que venir después del proceso de integración de la nueva Constitución?

A nosotras nos gusta pensar en el proceso constituyente y también en los procesos que van fuera de este proceso constituyente-destituyente. Porque si bien hay un marco donde la política puede operar y donde el Estado puede hacer un trabajo importante, urgente y muy necesario, también existen procesos que no se rigen bajo estas lógicas y que nos parece necesario observar; tal es el caso de las redes de cooperativas de abastecimiento o de gestión de los recursos a nivel local.

Es por esto que creemos que se necesita una distribución del poder de forma paralela o posterior al proceso constituyente. Y es algo que los pueblos y los movimientos vienen demandando desde hace mucho tiempo. Necesitamos distribuir el poder y los recursos para poder desencadenar los procesos que mejoren nuestras condiciones de vida. Es muy probable que en los próximos años tengamos otro sistema político, de salud, protección social, educación o cuidados de la vejez. Con eso en mente, lo que queremos y esperamos es que exista una mayor agencia de las comunidades para configurar sus propias estrategias de vida y para gestionar los cuidados.

Como referencia podemos encontrar experiencias en América Latina que han empezado a visibilizar, por ejemplo, cómo se gestionan los cuidados a nivel local a través de sistemas de indicadores georreferenciados. Desde estos trabajos y visiones se puede pensar en política, no imponiendo sistemas desde el gobierno central o desde las metrópolis En tal sentido, para nosotras es clave que los nuevos sistemas tengan como base y orientación la organización territorial; pero también que fortalezcan, por ejemplo, las formas de gobierno local y de participación popular en su configuración y su posterior gestión. Esto, además, se relaciona con los desafíos que están más allá de la escala nacional y que probablemente nosotras no podemos destrabar al 100%, pero que son líneas necesarias para cambiar la forma en que el sistema económico se desarrolla.

Por ello he mencionado anteriormente al extractivismo y el ataque de la tierra y los territorios, porque necesitamos avanzar hacia actividades económicas fuera de la lógica extractivista y de que existe un mundo inagotable. Para América Latina esto implicaría, por ejemplo, pensar en relocalizar nuestras cadenas de producción, que actualmente permiten que las emisiones por consumo de ciertos productos sean muy altas porque vienen del otro lado del planeta, cuando en realidad a veces son producidos dentro de nuestro propio continente. En conclusión, existen una serie de cosas que necesitamos pensar y transformar ya no solo a nivel nacional, sino que urgen otros tipos de acuerdos para cambiar estas lógicas de producción y reproducción que una sola franja de tierra no va a transformar.

 

Twitter Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *