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Monumentos en el estallido social como expresión material del derecho a la ciudad

Revista Planeo Nº 42  Ciudades Rebeldes, Enero 2020


[Por Claudia Oliva Saavedra, Arquitecta, Universidad de Chile]

Resumen:

En la ciudad moderna los monumentos han surgido como elementos fundamentales que pertenecen a la trama urbana y que determinan un rol simbólico esencial en la construcción de la memoria colectiva. Según su raíz etimológica, monumento deriva de la palabra monere, que significa advertir o recordar; la memoria se configura como un factor estructural del significado del término, ubicándose en el centro de la función de los monumentos. A partir de los eventos ocurridos en Chile desde el 18 de octubre hasta hoy, en distintas ciudades ha aparecido un nuevo paisaje que deviene de la destrucción. El derecho a la ocupación de la ciudad, a las protestas, a la expresión gráfica, se han vuelto símbolos de una sociedad que despierta de un estado de reposo en cuanto a su participación política, para poner en práctica la re-apropiación del espacio urbano a través de las prácticas ciudadanas insurgentes. En este contexto la validez de los monumentos como objetos de memoria ha sido puesta en duda, siendo sujetos de intervención por parte de los manifestantes, transformándose en el símbolo del quiebre transversal entre las sociedad civil y sus instituciones.

Palabras clave: Memoria, monumento, ciudad.

 

Im1. Collage monumentos Noviembre, 2019 / Fuente: Autora

La intervención de los espacios urbanos.

Los hechos recientes en Chile sugieren que existe una crisis de representación y una deslegitimación de las instituciones de gobierno y de orden. La sociedad civil ha sido protagonista de una serie de revueltas que buscan mejorar las condiciones de vida de gran parte de la población. Esta crisis se refleja, en parte, a través de la transformación de monumentos históricos y espacios significativos que forman parte del contexto urbano.

La ciudad se ha convertido en el escenario donde se ha volcado el descontento social con toda su fuerza, la imagen urbana de lugares emblemáticos ha sido transformada de manera radical y repentina. El paisaje de las ciudades es intervenido por los manifestantes, tanto los monumentos que reflejan victorias pasadas, como las fachadas de los edificios se tornan lienzos donde se plasman los deseos de una sociedad cansada y expectante de un futuro diferente. Los monumentos, el patrimonio histórico o las instituciones se ven particularmente afectados en tanto elementos representativos de los valores que dan forma al constructo socio cultural actual.

Al ser objetos de memoria, es fundamental entender el contexto en el que se inserta la aparición de los monumentos, que generalmente son símbolos de poder que inmortalizan nuestra historia. Para Sigfried Giedion los monumentos funcionan como un “vínculo entre el pasado y el futuro”[1], sin embargo, si el pasado que se pone en valor no es representativo del presente, estos se vuelven anacrónicos. La validez de los atributos históricos y estéticos de estos hitos, al ser subjetiva, depende en gran medida de quien le otorga valor y del sujeto que lo observa.

Im2. Stalin monument, Hungarian revolution 1956 / Fuente: https://rarehistoricalphotos.com/stalin-monument-budapest-1956/

 

La componente estética de la noción de monumento.

La apreciación de los distintos actores de la sociedad con respecto a su percepción del entorno construido, tiene sentido únicamente cuando existe sentido de apropiación. Ya mencionaba Alois Riegl en 1903 que desde el punto de vista moderno, el valor artístico de un monumento se establece por la voluntad de arte en una época y tiempo determinados, que él define como kunstwollen[2]. Los requerimientos del kunstwollen no están completamente definidos porque varían de sujeto a sujeto y de momento a momento; la percepción de monumento, así como su valorización está determinada por el contexto sociopolítico en el que se inserta.

Alois Riegl propone que la valoración de los objetos de arte ha dejado de ser considerada exclusivamente desde un punto de vista conmemorativo o promovido por una élite ilustrada, sino más bien, plantea que desde la concepción moderna, “histórico” podría ser considerado cualquier objeto que fue y no será nunca más[3]. Esta nueva aproximación provocó la relativización del concepto de monumento y, en consecuencia, una constante proliferación de los mismos. El valor del monumento se vuelve subjetivo y considera al observador como factor fundamental en la valoración de los objetos de arte. En el libro “La Invención del Monumento Histórico”[4], Francoise Choay plantea que fue Alberti el primer teórico que inició la transformación progresiva del ideal de monumento, sustituyendo el concepto de memoria (estructural del origen de la palabra monumento), por el de belleza.

La componente estética de la noción de monumento ha devenido en el aumento progresivo de los objetos declarados como tal, y en consecuencia, la trascendencia simbólica de los mismos se ha subjetivizado. La alteración de objetos o lugares de valor histórico podría implicar que estos ya no serían objetos estáticos, sino más bien responden a las visiones dinámicas que los observadores establecen de ellos, otorgándoles una re significación constante.

Im3. Monumento a Manuel Balmaceda, Noviembre 2019 / Fuente: Autora


El derecho a la ciudad.

A través de la transformación del patrimonio histórico y los monumentos, la sociedad civil cuestiona la validez de los mismos como objetos de memoria. La alteración de estos emblemas constituye un recurso que persiste a lo largo de la historia como símbolo de protesta. Las expresiones de descontento a través de barricadas, de grafitis y de afiches, han tomado cuerpo desde el 18 de octubre en Chile, como forma de alterar la vida cotidiana, un llamado de atención gráfico que se entrecruza con lugares consolidados claves para el funcionamiento de las ciudades.

Henri Lefebvre postula la relación entre las expresiones de protesta con la noción que denomina “espacio público democrático”[5], donde propone la reivindicación del derecho a la ciudad a partir del valor de la apropiación del espacio público, que corresponde a la presencia activa del sujeto que interactúa socialmente dentro del marco urbano y encuentra su condición natural en el espacio público.

En el caso de Santiago, la apropiación de la re nombrada Plaza de la Dignidad (Plata Italia), podría ser el ejemplo más radical de la re significación del espacio colectivo, así como la intervención de los monumentos que permanecen como puntos de reunión. A través de innumerables intervenciones, la plaza ha transformado su imagen de manera incesante estos últimos meses, y se ha convertido en el ícono del derecho a la ciudad a través de la aparición de nuevos símbolos que le dan sentido a la lucha popular. Así, textos que representan emblemas y cantos populares, rostros de personajes olvidados en la historia convencional, consignas e imágenes, aparecen, desaparecen y reaparecen conforme los días pasan y la protesta va evolucionando.

Las expresiones surgidas en las periferias urbanas populares han migrado hacia la denominada zona cero y han transformado la imagen de este lugar de forma radical. Los monumentos, como piezas urbanas, han adquirido un nuevo valor histórico, a través del significado que la sociedad les ha promovido.

 Im4. Estación de metro Baquedano Santiago de Chile, Noviembre 2019 / Fuente: Autora

 

Conclusiones

La intervención de monumentos durante el estallido social responde, en parte, a la subjetivación propia causada por la estetización de la noción de monumento y su proliferación desde la modernidad. La falta de sentido de apropiación por gran parte de la población genera un descontento con los símbolos urbanos, que se transforman en figuras de represión y poder por parte de las clases sociales dominantes.

Las expresiones urbanas que intervienen la ciudad de Santiago y en particular la ex Plaza Italia, se podrían considerar como actos legítimos de reapropiación del espacio público y el consecuente derecho a la ciudad que propone Henry Lefebvre.

 

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Bibliografía:

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Auge, M. (2003). El tiempo en ruinas. Barcelona, España: Editorial Gedisa.

Choay, F. (1992). The invention of the historic monument. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press.

Choay, F. (1993, November). Alegoría del Patrimonio. Arquitectura Viva, (33), 15–21.

Choay, F. (2009). El reino de lo urbano y la muerte de la ciudad. Andamios, 6(12), 157–187.

Giedion, S. (1958). Architecture you and me, nine points of monumentality. Cambridge, Massachusetts, United States: Harvard University Press.

Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes. Del derecho a la ciudad a la revolución urbana. Madrid, España: Akal.

Lamprakos, M. (2014). Riegl’s “Modern Cult of Monuments” and The Problem of Value. Change Over Time, 4(2), 418–435. https://doi.org/10.1353/cot.2014.0011

Lefebvre, H. (1974). La producción del espacio. Papers. Revista de Sociologia, 3, 219–229. https://doi.org/10.5565/rev/papers/v3n0.880

Lefebvre, H. (1975). El derecho a la ciudad (3rd ed.). Barcelona, España: Peninsula.

Molano, F. (2016). El derecho a la ciudad: de Henri Lefebvre a los análisis de la ciudad capitalista contemporánea. Folios, (44), 3–19.

Riegl, A. (1982). The modern cult of monuments : its character and its origin. Oppositions, (25), 21–51.

[1] Giedion, S. (1958). Architecture you and me, nine points of monumentality. Cambridge, Massachusetts, United States: Harvard University Press, 48.

[2] Riegl, A. (1982). The modern cult of monuments : its character and its origin. Oppositions, (25), 21–51.

[3] Riegl, A. (1982). The modern cult of monuments : its character and its origin. Oppositions, (25), 21–51.

[4] Choay, F. (1992). The invention of the historic monument. Cambridge, United Kingdom: Cambridge University Press, 32.

[5] Lefebvre, H. (1975). El derecho a la ciudad (3rd ed.). Barcelona, España: Peninsula., 123-139.

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