Secciones > COLUMNAS

La autoconstrucción informal como proyecto de integración

Revista Planeo Nº 40  Ciudad Informal, Junio 2019


[Por:  Tai Lin Muñoz; Arquitecto. Estudiante de Doctorado en Arquitectura y Estudios Urbanos. Laboratorio 9×18 Escuela de Arquitectura P. Universidad Católica.

Resumen

La autoconstrucción asistida ha sido un antiguo tema de debate entre planificadores, políticos y profesionales. A pesar de que por ciclos es mejor o peor considerada, los pobres urbanos continúan autoconstruyendo informalmente, desde cero o modificando viviendas formales ya “terminadas”. La columna propone que la autoconstrucción debe ser mirada como una práctica de integración social, a través de la cuál los pobladores configuran formas de integrarse a la ciudad. En este sentido, los autoconstructores son planificadores urbanos y estudiar la autoconstrucción informal, es estudiar cómo el mundo popular entiende la ciudad.

Palabras Clave: Autoconstrucción – Informalidad – Ciudad

Presentación

El premio Pritzker a Alejandro Aravena el año 2016, reconocido a nivel mundial por sus “half houses” ha reflotado la mirada sobre la autoconstrucción asistida, o progresividad, como un camino pertinente para las políticas de vivienda (Kozak, 2016). La autoconstrucción asistida, tiene una larga vida desde mediados del Siglo XX, y ha tenido distintas versiones a lo largo de su presencia en el debate de políticas de vivienda, como el lote con servicio, la vivienda de ayuda mutua, participacionismo, entre muchas otras. En cualquiera de sus formas, la autoconstrucción asistida no ha dejado ni a la academia ni a la política indiferentes. En gran medida, porque siguiendo a sus éxitos -como la de un premio Pritzker- vienen por inercia las evaluaciones y críticas para la autoconstrucción asistida (Ward, 1982).

Más alejada de los laureles, la autoconstrucción informal, pura y dura, ha sido uno de los más persistentes fenómenos observados en el mundo en desarrollo. Alrededor del planeta, ha sido un repertorio de acción original del mundo popular. Su larga trayectoria y permanencia observable, así como su porfiada vigencia y actualidad, no solo como tema de debate, sino que principalmente como práctica, debe motivarnos a repensar el rol social que ha tenido como un tipo de planificación urbana basada en el aprendizaje social (Friedmann, 2001), con fines bien definidos.

Im. 1. Autoconstrucciones en viviendas «terminadas». La Pintana. Santiago de Chile
Fuente: el autor

La historia “formal”: las políticas de autoconstrucción asistida

La historia oficial de la autoconstrucción asistida tiene grandes consensos. Debido a su temprana urbanización en la primera mitad del Siglo XX, Latinoamérica pareció la primera -aunque no la única- vitrina de la autoconstrucción. El arquitecto inglés John Turner se volvió el gran promotor mundial de la autoconstrucción, después de trabajar en Perú en una de las numerosas agencias de vivienda que se multiplicaban bajo el gobierno del arquitecto Belaunde (1963 – 1968). Desde su paso por Perú, estudió sistemáticamente distintos tipos de experiencias, así como las relaciones comunitarias en las que se originaban (Turner, 1963; 1968). Al camino recorrido por Turner le debemos la inclusión de la progresividad en distintas políticas de vivienda alrededor del mundo (Gorelik, 2008).

Las ventajas de la autoconstrucción se visualizaron en dos ámbitos. Por un lado, ahorraba a los gobiernos y a los organismos financieros internacionales los recursos que requerirían viviendas “terminadas”. Recursos que además podían ir a otras de las múltiples prioridades que una nación en desarrollo requiere. Por otro lado, parecía una forma de capitalismo popular que abría las puerta de los pobres urbanos a poseer no solo una vivienda, también un capital desde el cuál insertarse al sistema económico (Davis, 2007).

También han existido críticas. Por un lado, las políticas de autoconstrucción han permitido a los Estados eludir su responsabilidad en la dotación de viviendas dignas. Por otro, ha sido observable que la conversión de los pobres a pequeños capitalistas por la entrega de un título sobre un terreno no ha ocurrido (Calderón, 2014).

La autoconstrucción informal

Más allá de logros y críticas, la persistencia de la menos laureada autoconstrucción informal como un repertorio de acción en el mundo en desarrollo, y en específico en Latinoamérica, debe llevarnos a cuestionar como se ha pensado desde sus versiones formales. Incluso en contextos de países que han sufrido profundas transformaciones producto de su inserción al sistema capitalista mundial. En un sentido similar a cómo los movimientos de pobladores han descrito trayectorias independientes de las interpretaciones académicas y políticas que se establece sobre ellos (Cortés, 2014), la autoconstrucción informal describe una aparente autonomía que requiere revisarse en su propio mérito.

La autoconstrucción abre las posibilidades de una vivienda. Es un proceso por el cual las edificaciones y los barrios van continuamente mutando. Incluso se hace presente en viviendas “terminadas”, las cuales al tiempo de ser entregadas empiezan rápidamente a ampliarse y modificarse. Pero sería simple afirmar que la autoconstrucción busca “aumentar el espacio”. En la suma de modificaciones de viviendas autoconstruidas se imbrican múltiples posibilidades que refieren a formas de relacionarse entre sujetos y la ciudad (Lin, 2011). Autoconstruir permite generar ingresos a través de dar servicios o incluir actividades productivas. Permite establecer espacios de mediación con los otros y con lo público, salvaguardando las distancias y estableciendo controles. La autoconstrucción también refleja complejas estructuras familiares y comunitarias a las que se les da cabida dentro de una vivienda.

Muy lejos de posiciones marginalistas, pero también guardado distancia de las economías políticas que ven solo las asimetrías en el proceso de urbanización, la autoconstrucción ha sido un medio de integración. Ha permitido a los pobres urbanos fundar un lugar desde el cual insertarse en la ciudad. La ciudad ha tenido para el mundo en desarrollo un rol fundamental. Mientras que los Estados fallan en proveer derechos políticos, sociales y económicos, los pobres urbanos los han ido a buscar a la ciudad, como si se tratara de un circuito paralelo de acceso a derechos y servicios. Así, mientras la autoconstrucción sea una práctica que se orienta a la integración social, los autoconstructores son en los hechos, planificadores urbanos que, a través de las posibilidades materiales de la vivienda, hacen ciudad.

Mirar la autoconstrucción como práctica social, y no como un mero concepto, permitirá abrir nuevos campos de investigación y comprensión para el problema de la vivienda y la pobreza urbana. La reproducción de repertorios de acción, los modos de vida, y la forma en que el mundo popular se lee a si mismo, a la informalidad, y a la ciudad.

Bibliografía

Calderón, J. (2014). Lessons from the Ground Up: Approaches to Squatter Settlements. Boston: Lincoln Institute of Land Policy.

Cortés, A. (2014). El movimiento de pobladores chilenos y la población La Victoria: ejemplaridad, movimientos sociales y el derecho a la ciudad. EURE, 239-260.

Davis, M. (2007). Planeta de ciudades miseria. Madrid: Ediciones Akal.

Friedmann, J. (2001). Planificación en el ambito público. Madrid: Instituto Nacional de Administración Pública.

Gorelik, A. (2008). La aldea en la ciudad. Ecos urbanos de un debate antropológico. Revista Museo de Antroplogía. Universidad Nacional de Córdoba, 1, 73-96.

Kozak, D. (2016). John F.C. Turner y el debate sobre la participación popular en la producción de hábitat en América Latina en la cultura arquitectónico-urbanística, 1961–1976. Revista Urbana 8(3), 49-68.

Lin, T. (2011). Evolución del espacio doméstico en «bloks» de vivienda social. Autoconstrucción y vulnerabilidad en conjunto de vivienda básica. Revista CIS, 3-23.

Turner, J. C. (1963). Dwelling resources in South America. AD.

Turner, J. C. (1968). Uncontrolled Urban Settlement: Problem and policies. (U. Nations, Ed.) Urbanization: development policies and planning, International social development review.(1).

Ward, P. (1982). Self Help Housing: a critique. London: Mansell.

 

 

Twitter Facebook

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *