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Entrevista a Julián Sobrino Simal: “Ya no entendemos los paisajes sólo como una transformación morfológica y, por tanto material”

Julián Sobrino es Doctor en Historia del Arte. Profesor Titular de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla. Docente del Master de Arquitectura y Patrimonio y parte del Programa de Doctorado de Arquitectura de dicho centro de estudios. Sus investigaciones se relacionan con los paisajes industriales, el patrimonio cultural y las transformaciones territoriales a partir de las actividades productivas en España.

 

Julián Sobrino
Julián Sobrino

Posees una vasta trayectoria en torno a la tipología del patrimonio industrial y su relación con el territorio. ¿Cómo definirías el rol de la industria en la configuración del paisaje en España? ¿Cuál ha sido el impacto de este tipo de actividad económica desde la perspectiva social y espacial en el contexto español?

La industria, la producción, es parte constitutiva de la especie humana y por tanto los paisajes, como bien sabemos, han sido modificados desde el comienzo de las actividades productivas en diferentes grados. Desde el primer tecnopaisaje, a comienzos del Paleolítico, hasta hoy, el planeta Tierra y sus diferentes áreas geoculturales son el resultado de la acción humana, llegando incluso a la definición de una nueva Era como es en la actualidad la que la comunidad científica ha denominado como Antropoceno[1]. En nuestra época debemos combinar la visión global con la local, de modo que cuando hablamos del paisaje industrial en España no podemos obviar el contexto relacional histórico que, desde hace milenios, la noción de longue durée, nos permite explicar el actual estado del paisaje en el territorio español en contacto con diferentes procesos históricos, endógenos y exógenos, a lo largo de nuestra dilatada historia. Hoy el estudio del Patrimonio Cultural y, singularmente, el del Patrimonio Industrial, no deberían desligarse de sus estrechas implicaciones con la transformación del medio natural, partiendo de estos tres enfoques: 1. La influencia del medio en el desarrollo de las civilizaciones; 2. ‎Las actitudes humanas respecto de la naturaleza; 3. El efecto de las civilizaciones sobre el medio natural.

En cuanto al impacto de la industria en el paisaje debemos comprenderlo desde una perspectiva del crecimiento exponencial en relación con los diferentes modos de producción. Ya que ésta, la aceleración histórica, es una de sus principales características en cuanto a la extensión, sus escalas, y en cuanto a la intensificación, sus impactos. Además debe ser comprendido el impacto de la industria sobre el territorio, entendido como paisaje de la producción, no sólo desde su dimensión física sino también desde su dimensión social. Ya no entendemos los paisajes sólo como una transformación morfológica y, por tanto material, sino que la variable perceptiva de carácter fenomenológico, inmaterial, conforma la definición poliédrica del paisaje. Conformando un palimpsesto de carácter cronoespacial: en el que en el espacio leemos el tiempo[2].

Considerando lo anterior ¿cómo podríamos definir un paisaje industrial? ¿Cuáles son sus elementos más característicos y que le permiten diferenciarse de otro tipo de paisajes?

El paisaje industrial constituye un sistema integral en el que la geología, la historia, los oficios, las infraestructuras y la sociabilidad han modelado diacrónicamente un territorio concreto. Y constatamos cómo, en este sistema complejo, es esencial distinguir las diferentes fases de los procesos productivos, desde la obtención de la materia prima hasta llegar al producto final, para descubrir un paisaje dinámico y evolutivo que, de carácter tradicional o innovador, constituye hoy la expresión territorial de la economía.

Pero al mismo tiempo que destacamos la historicidad del paisaje-materia, me gustaría insistir en la dimensión del paisaje-memoria. La noción de paisaje industrial, o de la producción en mi terminología, se inserta en la memoria de cada generación y, por tanto, se asocia a un tiempo histórico concreto, relacionándose, ineludiblemente, con las características que la economía, en estrecha vinculación con la técnica, tuvo en cada uno de sus periodos. Por  tanto se deben establecer diversas categorías de paisaje de la producción en relación dialéctica con el tiempo y con el espacio, ya que es muy diferente la memoria de lo productivo, de su paisaje, como tecnopaisaje, del observado, según sea la edad de las personas que lo recuerdan. El paisaje-memoria de la producción es un paisaje vivido, entre su propia realidad y la subjetividad de las historias individuales.

Paisaje estructural de la producción. Es de escala regional, es el territorio de los recursos naturales, puede disponer de centros de transformación primaria, cuenta con capital técnico mixto, tanto obsoleto como avanzado, y los oficios se distinguen por la polivalencia. Generándose un paisaje productivo predominantemente extractivo y de transformación primaria de los recursos. En esta escala se observa como históricamente, desde la Edad Moderna, se ha ido acentuando una pérdida progresiva de autonomía de las escalas locales de microproducción en beneficio de su concentración en escalas locales de mesoproducción, como resultado del complejo y articulado sistema de ciudades así como del carácter acumulativo propio del sistema capitalista en sus modos de influir en la organización del territorio. Este ámbito estructural posee unas ventajas definidas fundamentalmente por la gran escala territorial, la disponibilidad de masa laboral de bajo coste y la localización de importantes y rentables recursos naturales. Esta escala nos ilustra acerca de la importancia que históricamente han tenido los recursos primarios de un extenso territorio que progresivamente se articuló en relación con los intereses radicados en el espacio funcional de la producción.

Paisaje articulador de la producción. Es de escala metropolitana, es el territorio de localización intensiva de las redes y las comunicaciones, es un lugar intermedio en el que se producen los intercambios de flujos entre el paisaje estructural y el funcional en relación con las materias primas, la tecnología y la energía, generando un paisaje en tránsito en el que predominan las infraestructuras con toda su capacidad, demostrada históricamente, de influir en la ordenación territorial: hacia la ciudad y desde la ciudad. Destacándose el proceso de intensificación que ha ido produciendo, como resultado de la constante sustitución o superposición de infraestructuras, un paisaje en permanente movimiento que hoy refleja a la perfección el concepto de ciudad difusa en su provisionalidad, en sus iconos y en su significado. Este ámbito territorial articulador posee unos atributos fundamentalmente instrumentales, logísticos y articuladores. Nos sirve para explicar el valor que las infraestructuras, los servicios y la reserva de suelo han tenido para el desarrollo de las actividades productivas  desarrolladas en el paisaje funcional. Esta tipología suele tener connotaciones paisajísticas negativas, como todo lugar intermedio, espacio intersticial, territorio degradado, que hacen de él una asignatura pendiente para la ciudad contemporánea.

Paisaje funcional de la producción. Es de escala local, es el espacio del mercado, es el espacio del poder. Del nivel de interacción con la escala media, articuladora, y regional, estructurante, ha dependido históricamente el éxito de la ciudad capital. Observándose que su diversidad funcional constituye una ventaja comparativa frente a la especialización. De manera que podemos definir como habilidades urbanas aquellos sistemas de organización productiva de la ciudad que mantienen viva la complejidad de usos. El paisaje funcional de la producción está compuesto por sitios fósiles y activos y ha generado diversos modelos de urbanismo industrial en relación con cada etapa histórica. Este ámbito territorial funcional posee unos rasgos fundamentalmente operativos, tecnológicos y de mercado, y nos sirve para reconocer históricamente la importancia de la ciudad como artefacto que, desde su consideración urbanística, ha de ser entendida como un paisaje funcional de la producción que se caracteriza por: los factores de desarrollo endógenos propios de la evolución de los espacios urbanos, que se identifican con la acumulación de capital técnico y financiero, con la disponibilidad de recursos humanos  y con la implantación de las estructuras de poder; los factores de desarrollo exógenos, basados en un mecanismo dual, que tiene en un extremo el control de las fuentes externas de riqueza que se concentran en su hinterland de influencia y, en el otro, la devolución de recursos por medio del mercado en forma de tecnologías, productos y gestión del territorio; y el establecimiento de un modelo evolutivo de crecimiento urbano en el que se pueden reconocer los efectos de las actividades económicas en la morfología urbana, en la red de comunicaciones, en la localización de los usos del suelo y en las tipologías arquitectónicas destinadas a la producción.

De acuerdo a tu experiencia, has desarrollado distintas iniciativas con foco en la activación de espacios industriales y la visualización de datos a través de sistemas SIG ¿Qué aspectos concretos aporta este cruce en la configuración de los paisajes industriales?

El concepto de Humanidades Digitales hace referencia a la utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación por parte de los investigadores de las Ciencias Sociales en el marco de unos profundos cambios que afectan al modo de investigar y, lo que es más importante, como resultado de la aplicación de las nuevas herramientas de análisis digital al propio objeto de la investigación.

Partimos de la idea de que los medios digitales son una herramienta y no un fin y que el paradigma desde el que partimos se expresa con el concepto de “Investigar con datos para cartografiar sus relaciones”. En mis proyectos la investigación con datos se aplica desde los campos de la geografía, la historia, la antropología, la sociología y la literatura. Esta metodología de investigación activa, en tiempo real, permite conocer, evaluar, orientar y diseñar temáticas de estudio en simetría y sincronía con las necesidades y demandas de los investigadores.

La extraordinaria potencialidad para la detección de problemas, demandas y resignificaciones que permitan la formulación de nuevas hipótesis de investigación hace que esta metodología pueda transformarse en un Laboratorio Activo.

La importancia de esta metodología, que como he indicado, se inserta en la corriente de las Humanidades Digitales, consiste en la capacidad de analizar los paisajes de la producción a través de sus capas visibles e invisibles (geodatos, sociodatos, ecodatos, cliodatos[3]), sus iniciativas, sus potencialidades y la posibilidad de gestionar los espacios productivos hoy semi-utilizados o en desuso para uso ciudadano (cultural, productivo, habitacional) mediante la elaboración de un prototipo de mapa que los identifique, para generar un sistema espacial de iniciativas ciudadanas, una plataforma abierta, colaborativa y orientada a promover, difundir, analizar y apoyar otras iniciativas que tengan especial incidencia en el territorio, la ciudad y el espacio público. Como aplicación de estas metodologías y herramientas geodigitales debe destacarse la utilización de un nuevo avance tecnológico como es el de la Infraestructura de Datos Espaciales (IDE) que es, sintéticamente, una plataforma interactiva de combinación de recursos (estadísticos, aplicaciones, desarrollos, páginas web, servidores, metadatos y proyectos on-line) que permite el acceso y la gestión conjunta de datos, recursos y servicios geográficos desde Internet. Constituye un conjunto de tecnologías conectadas para adquirir, integrar, procesar, almacenar, distribuir y analizar cualquier tipo de información mediante los SIG y coexisten diversas normativas internacionales que, en el caso europeo, se denomina Directiva INSPIRE (Infrastucture for Spatial Information in Europe) la cual establece las reglas generales de los Estados miembros.

 

Frecuentemente vemos que la metodología de trabajo sobre paisajes industriales considera la figura del “LAB” ¿Cómo podríamos definir este tipo de metodología y qué ventajas ofrece esta para otros tipos de paisajes?

El patrimonio industrial nos ofrece la posibilidad de pensar el patrimonio (heritage and heridity) con unas nuevas herramientas: de carácter conceptual, de ensayo metodológico, de práctica instrumental y de gestión activa. Con la intención de generar un Laboratorio Activo capaz de convertirse en un escenario de acción transdiscipinar que encuentre su profunda razón de ser en el Laboratorio de los Paisajes Históricos de la Producción (LAB-PHPA), dadas las complejas variables que afectan a estos espacios, entre las que destacamos: los conflictos entre los distintos modelos sociales, las máquinas y la naturaleza; la dinamicidad como resultado de los constantes cambios que en ellos se operan; la variabilidad de escala; la ruptura de los límites administrativos convencionales; la cliodiversidad que en ellos existe; la ausencia de indicadores de caracterización consensuados; las dificultades para su protección.

Variables que conforman un territorio dialéctico, acerca del antes, el ahora y el después, de lo que convencionalmente entendemos como valores patrimoniales, y que, en estos espacios, ponen de manifiesto las contradicciones existentes entre los usuarios, los propietarios, los gestores, las empresas, las instituciones, los visitantes, las organizaciones conservacionistas,  los académicos y los técnicos, en los ámbitos local, regional, nacional e internacional, y, todo ello, desde la propia esencia de los bienes culturales: desde su autenticidad, desde su integridad y desde su documentalidad.

El LAB-PHPA tiene un carácter dinámico, rodante, espiral, inductivo y deductivo a la vez. Aspira a ser un vehículo de ideas en transición, a incorporar a todos aquellos pasajeros que les apetezca iniciar juntos este viaje sin límites, a impulsar las iniciativas locales, a coordinar los enfoques sistémicos y a promover investigaciones radicales.

El LAB-PHPA pretende ofrecer un espacio de experimentación que permita la transferencia simultánea de conocimiento aplicado a la sociedad, con la intención manifiesta de mejorar la gobernanza de nuestros recursos culturales desde una posición ética que asegure tanto su disfrute armonioso como la resolución de los desafíos a los que se enfrenta la cliodiversidad.

En Chile existe un gran interés por el patrimonio industrial, tanto así que este año seremos la sede del congreso mundial de Patrimonio industrial organizado por TICCIH, y hemos podido avanzar de una visión monumental del patrimonio a una visión de conjunto, identificando un paisaje en las salitreras del norte de Chile, de la zona carbonífera, de una zona petrolera en el extremo sur, etc. Además de las ventajas de identificar y valorizar estos espacios ¿Qué dificultades puede traer aparejadas este ejercicio? ¿Qué elementos deberíamos considerar para su gestión teniendo en cuenta las herramientas que se han desarrollado en España como el Plan Nacional de Patrimonio Industrial?

Chile es un territorio en el que siguiendo a Benjamín Subercaseaux en “Chile o una loca geografía” (1940) encontramos toda la variedad climática y, por tanto de paisajes, lo cual nos lleva a la conclusión de que los paisajes de la producción chilenos son también extraordinariamente variados. Pudiéndose establecer seis grandes áreas de la cultura de la producción de Chile: 1. La cultura minera y metalúrgica; 2. La cultura agraria, ganadera y de la silvicultura; 3. la cultura de la pesca y de la navegación;  4. La cultura de los bienes de consumo urbanos y de las artesanías; 5. La cultura del agua y de la energía; 6. La cultura de los transportes y las comunicaciones. Entendido todo este sistema de la producción de Chile en la diacronía de su marco histórico, en las peculiaridades de las distintas áreas morfológicas del territorio chileno, en las iniciativas de innovación o inercia de los procedimientos tecnológicos, en las tendencias de cambio o tradición, en los usos sociales y en las permanencias y transformaciones de carácter simbólico.

Ante la situación actual pienso que Chille debería desarrollar una estrategia propia de patrimonio industrial basada en: Realización de un inventario general de patrimonio industrial, la catalogación de los archivos de las empresas históricas, la selección de los bienes más representativos y se promueva su conservación y rehabilitación, la monitorización experta de los lugares industriales declarados patrimonio mundial, la coordinación de proyectos en los que intervengan varias administraciones, el asesoramiento de las iniciativas locales, provinciales o regionales, tanto públicas como privadas, el establecimiento de programas y líneas de investigación y difusión, la creación del Sistema Chileno de Museos de la Industria, la Ciencia  y la Etnografía y, por último, en este sintético diseño, la creación del Centro de Documentación de las Culturas del Trabajo en Chile.

Finalmente, a nivel mundial, ¿qué ejemplos de paisajes industriales te resultan más significativos y relevantes para la configuración del devenir actual de esas naciones?

Volvería a insistir en la caracterización tipológica que he enunciado para Chile basada en las culturas de la producción. En todo el mundo encontramos hoy en día numerosos ejemplos de regeneración y activación de áreas industrial que en este espacio de entrevista no podrían reseñarse dada su amplitud. Pero sí que recomiendo desarrollar una nueva actitud ante la industria y sus paisajes, dada la dificultad de comprensión de sus valores, que debería consistir en cuestionar el propio concepto de paisaje industrial, pues más allá de una apreciación idealista, nostálgica y fetichizada, nos encontramos, en numerosos casos, con paisajes del dolor, de la explotación del hombre por el hombre, de expolio de los bienes naturales y de graves impactos medioambientales. Problemas que deben ser registrados desde una visión renovada de un patrimonio cultural crítico. Los paisajes industriales son escenarios de conflictos, entre los seres humanos, entre la humanidad y la técnica y entre las variables anteriores y la naturaleza en perfecta ósmosis. Hoy, éste es el reto.

 

[1] https://www.sostenibilidad.com/desarrollo-sostenible/antropoceno-era-impacto-ser-humano-tierra/

[2] Schlogel Karl (2007) En el espacio leemos el tiempo (Sobre historia de la civilización y geopolítica). Madrid: Editorial Siruela.

[3] http://www.juntadeandalucia.es/cultura/archivos/web_es/detalleArticulo?id=3052618d-ff82-11de-8f67-000ae4865a5f

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