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“Ciudad en fiesta: la Semana Santa Sevillana”

Revista Planeo Nº 34  Territorios Religiosos, Diciembre 2017


[Por Adriana Sansão Fontes: Arquitecta y Urbanista, Maestra y Doctora en Urbanismo (PROURB-FAU/UFRJ), Profesora de la Faculdade de Arquitetura e Urbanismo y del Programa de Pós-Graduação em Urbanismo de la Universidade Federal do Rio de Janeiro
Fernando Espósito Galarce: Arquitecto, Doctor en Arquitectura (ETSAB/UPC), Profesor del Departamento de Arquitetura e Urbanismo de la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro]

Resumen

La Semana Santa sevillana es una celebración de escala urbana en la que la religiosidad opera como catalizador y unificador del espacio y lo que en él ocurre. Durante ese tiempo, una vez al año, las procesiones, cada día, sacan a la calle las imágenes de Cristo y la Virgen, escenificando la Pasión de Cristo, sumando en la totalidad de la semana más de 60 hermandades que recorren coordinadamente la ciudad. Infinidad de encuentros en torno a estas manifestaciones motivadas por la devoción, unas más sacras, otras más profanas, se esparcen por calles, plazas y pasajes como una expresión temporal y viva de la tradición. De esta forma, la fiesta religiosa es la configuradora de una memoria excepcional de la ciudad, estableciendo una relación con su historia y su acontecer que altera de forma efímera el orden del espacio urbano. Esta columna presenta a través de algunas observaciones dibujadas, una lectura a la religiosidad como trasformadora de las relaciones en la ciudad, que aunque temporales, permiten conservar una identidad en la que el rito es un protagonista en la conexión del lugar y sus habitantes.

Palabras claves: fiesta, espacio público, Semana Santa Sevillana

 

Imagen PortadaImagen 1: Plaza del Triunfo/Plaza Virgen de los Reyes. La catedral atrás de una gran luminaria, elemento central de la plaza, se hace ábside en el nuevo orden que trae la procesión. En la temporalidad de la celebración la catedral es su respaldo, en cuyo frente acontece la celebración. Fuente: autores

Introducción

Encontrase con una ciudad suele provocar en el visitante un primer vértigo ante aquella experiencia de recorrer un lugar conformado por calles y situaciones desconocidas. A partir de ahí es posible configurar una memoria surgida de una primera cotidianidad con el lugar. Y en esa primera experiencia de recorrer, son también los primeros momentos y lugares los que destacan como referencia, para luego ir completando poco a poco ese mapa vivencial.

Pero esa manera de recorrer y conocer un lugar se cobra alcances excepcionales cuando se trata de una ciudad en fiesta. Sevilla se revela en su máxima densidad a través de un momento particular, la Semana Santa. Procesiones, pasos y cofradías que deambulan por la ciudad, seguidas y contempladas por los sevillanos, dan cuenta de su historia en la devoción y catolicidad, exponiendo aquella memoria que se expresa en la ocupación del espacio público de una forma tangible, a través de imágenes, historias, relatos y gestos de devoción de quienes saben leer aquellas manifestaciones desde la tradición.

 

La fiesta

La fiesta es un acontecimiento urbano que rompe con el ritmo cotidiano e introduce nuevas apropiaciones del espacio colectivo, dotándolo de diferentes significados. Partiendo del hecho de que la fiesta cambia la ciudad a través de la transformación de sus flujos ordinarios (Pujol, 2007:30), es posible identificar, en la relación lugar-intervención, dos ciudades que se sobreponen en ese espacio-tiempo: la ciudad cotidiana, caracterizada por los flujos repetidos y mundanos, y la ciudad de la fiesta, excepcional, que rompe con la continuidad y repetición (Sansão Fontes, 2013).

Una ciudad en fiesta es una ciudad que muta, que se reordena en su espacio público para configurarse como lugar temporal, en donde se expresa aquella identidad colectiva que durante el resto del año son sus calles, avenidas, pasajes y plazas.

Según Soler i Amigó (2001), la fiesta marca los paréntesis en el ritmo del trabajo; representa una oportunidad de liberación; y comporta gratuidad, abundancia y alegría, en oposición al utilitarismo pragmático. También regala otro sentido al tiempo, aunque efímero; vincula los miembros de un grupo y regenera identidad; sigue algunas reglas y protocolos, sin anular la espontaneidad, la dimensión dramática y la imaginación creativa. La fiesta es opuesta a la pasividad y al alejamiento, es un acto de consciencia y crea un entorno estético y lúdico.

Las fiestas tradicionales se adaptan a formas de organización y representación propias de la ciudad, utilizando viejas y nuevas estrategias y conquistando la calle, la plaza, el espacio público, el ámbito de comunicación directa y la participación, integrando tradición e innovación, fiesta y espectáculo, participación y movimiento de masa (Soler i Amigó, 2001). En Sevilla, todo aquello surge esplendorosamente durante la Semana Santa.

La Semana Santa sevillana

La Semana Santa es el acontecimiento más importante que se produce cada año en Sevilla, desde el punto de vista religioso, cultural y social. En ella se produce una infinidad de encuentros en torno a las manifestaciones que originalmente surgen de la devoción y religiosidad, unas más sacras, otras más profanas.

Esas manifestaciones ocurren en sus espacios cotidianos, que se transforman en un gran salón urbano (imagen 1), en una especie de inversión de lo público, que en esta ocasión expone los valores (imágenes, joyas y ropas de alto valor económico y simbólico) de lo que hasta ese momento se encontraba resguardado en parroquias, conventos, iglesias y museos (Espósito, 2011).

Imagen 1Imagen 2. La reversibilidad de la ciudad. La plaza-salón se conforma como el espacio público que en la cotidianidad de la ciudad se cobra una mensura de calle. Fuente: autores

Las procesiones, cada día, sacan a la calle esas imágenes, que representan la Pasión de Cristo, sumando en la totalidad de la semana más de 60 hermandades que recorren coordinadamente la ciudad. Cuando estas rinden culto público a una figura o motivo sacro, se denominan cofradías, inspiradas en Jesús y sus apóstoles, o en María y los discípulos reunidos después de la muerte y resurrección de Jesús.

Las hermandades se identifican con un episodio específico de la Pasión de Cristo, llevando nombres relacionados a él. Conservan una imagen de Jesús y de la Virgen a la que veneran, las que son montadas durante las procesiones escenificando ese momento. La cronología de día y hora en el que van saliendo a las calles depende también de la cronología de la Pasión. La Virgen es vestida con lujosas ropas, incluso joyas que los propios fieles han regalado a las hermandades para exponer en las procesiones (imagen 2). La gran mayoría de las cofradías se acompañan de música, una para el Cristo y otra para la Virgen.

Imagen 2
Imagen 3. El coronamiento de la ciudad. La cadencia de un “paso” concentra la masa en un ritmo único. Fuente: autores

Durante las procesiones, formadas por miles de personas, estas imágenes son llevadas a través de la ciudad en los denominados “pasos” o “andas”. Un paso es la plataforma donde se llevan las figuras de arte sacro, y cuando esa imagen es de la Virgen, recibe el nombre “palio”. Los sevillanos que participan de la procesión usan el hábito de nazareno, túnica hasta los tobillos con máscara cónica, de colores que identifican a las hermandades, portando cirios y cruces. Otros realizan este recorrido de penitencia portando sobre sus hombros las andas procesionales como costaleros, soportando por horas un gran peso en posiciones muy exigentes. Los costaleros procesionan ocultos, sin ver, guiados a viva voz y por golpes sobre el anda por parte del Capataz, que va delante indicando los movimientos que permitan a los pasos y palios maniobrar por la ciudad (imagen 3).

Imagen 3Imagen 4. El brillo, el silencio y el movimiento acompasado, hacen de la multitud un solo cuerpo. Fuente: autores

Cada una de las hermandades o cofradías deben cumplir con un tramo tradicional. Este comienza en un punto llamado la Campana, y continúa por alrededor de mil metros hasta la Catedral de Sevilla, una de las catedrales góticas más relevantes de Europa. La procesión ingresa a la catedral por la puerta principal y sale por la posterior, hacia la plaza de la Virgen de los Reyes, continuando su recorrido hasta regresar al punto de origen (imagen 4). La procesión completa podría demorar todo el día. En este tramo común, muchas personas pagan por ubicaciones privilegiadas para presenciar el paso de las cofradías en tribunas familiares.

Imagen 4Imagen 5. Mapa del centro de Sevilla y recorrido obligatorio entre La Campana (izquierda) y la catedral (derecha). Fuente: autores

La ciudad se revela de una forma inusual a través de esta fiesta urbana, en la que cada ciudadano comparte un sentido de pertenencia e identidad alojada en esa memoria común, tangiblemente presente a través de la celebración. La memoria no solo necesita de un tiempo sino que además de un lugar para constituirse como tal. En este caso, la fiesta es lo excepcional que disloca lo habitual y, por lo tanto, también las formas de ocupación de la ciudad.

Se trata de una ciudad en movimiento. Las fachadas se transforman en el respaldo de lo que ocurre en las calles. La ciudad en ese momento es un escenario, y las procesiones, las nuevas fachadas dinámicas que definen ese nuevo orden de la ciudad, a través del movimiento y la detención (imagen 5). Son las multitudes que acompañan las procesiones, ornamentadas e ordenadas, las que construyen una nueva forma de encontrarse con la ciudad. Esta pasa de ser espacio público a un espacio de exposición, definido por recorridos de celebración en donde se participa de lo contemplado.

Imagen 5Imagen 6. El horizonte es coronado por la procesión, que se mueve y junto con ella, la ciudad va cambiando como plano de fondo y escenario. Fuente: autores

Las plazas pasan de ser espacios de recreación a puntos notables dentro de un recorrido ordenado a partir del movimiento. Cada procesión es un hito móvil que transforma la ciudad en un interior público (imagen 6).

Imagen 6Imagen 7. En un “paso” las fachadas en torno a la procesión conforman un interior concéntrico en que lo móvil se hace fijo y lo fijo se torna dinámico. El oído adquiere un protagonismo que confirma direcciones. Fuente: autores

Vivir la Semana Santa Sevillana es una experiencia que permite construir una memoria excepcional de esa ciudad, estableciendo una relación con su historia y su acontecer en fiesta. Pero no solo eso. Las fiestas suelen afectar y ser afectadas por la forma del espacio público (Sabaté, Frenchman e Schuster, 2004), y en este caso, es la celebración del rito religioso la argamasa que conecta de forma efímera el tejido urbano, provocando un cambio de atmósfera y permitiendo, en esa vivencia, una nueva mirada, aunque temporal, de la vieja ciudad.


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Referencias
Espósito, F. (2011). El afecto en la arquitectura: la relación arquitecto-lugar-habitante a través de la experiencia del proyecto. Tesis de Doctorado, Barcelona, ETSAB/UPC
Pujol, A. (2007). “Festejar la calle”. En: Revista Neutra no 16, Sevilla
Sabaté, J., Frenchman, D. and Schuster, J. M. (eds.) (2004). Llocs amb esdeveniments. Event Places. Barcelona: Universitat Politécnica de Catalunya
Sansão-Fontes, A. (2013). Intervenções temporárias, marcas permanentes. Apropriações, arte e festa na cidade contemporânea. Rio de Janeiro, Casa da Palavra
Soler i Amigó, J. (2001). Cultura popular tradicional. Barcelona: Pòrtic

 

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