Planeo Digital

Número 51

Vivienda en la Ciudad

Junio 2022

Entrevista a Danitza Vymazal: «“En relación a campamentos, uno de los problemas que yo veo es que se mira como un problema de déficit habitacional y no se mira como un problema urbano”

Revista Planeo Nº 52 Vivienda en la ciudad; Junio 2022


[Por: Diego Carvajal; Editor Revista Planeo]

 

Danitza Vymazal es Arquitecta urbanista, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, doble título en Politécnico de Torino, Italia, Máster en desarrollo urbano y territorial de la Politécnica de Cataluña, España, y diplomada en políticas públicas de la UC. Se ha desempeñado en el ámbito de las políticas públicas en desarrollo urbano y vivienda social desde el sector público y la consultoría. Se reconoce una amplia experiencia en procesos de participación con enfoque pobreza urbana e infancia.


Im 1. Danitza Vymazal 

 

“Con la pandemia también hubo un cambio, porque también ahí se incrementa el miedo en las viviendas, la percepción de inseguridad es mucho más alta, y esto afecta a la infancia. En Chile siempre ha habido más percepción de seguridad, que de la infancia”

 

1.- De acuerdo a su formación inicial como arquitecta, su experiencia profesional y también social: ¿Cómo podría definir el interés por abordar temáticas relacionadas con las diversas formas y posibilidades de pensar el fenómeno de la vivienda en la ciudad?

El interés es muy personal y viene desde el querer hacer algo con un mayor impacto que trabajar desde la arquitectura, que es desde donde partí. Vengo de una formación más enfocada en lo social, ya que empecé trabajando en el TECHO para Chile, lo que impactó importantemente mi desarrollo profesional hacia adelante, ya que no había tenido nunca antes experiencia en voluntariado, ni trabajo en campamentos. Esa fue mi primera aproximación en el interés de entender la política pública relacionada a vivienda social. Estudié en Valparaíso toda la vida y me fui a Italia un tiempo donde empecé a trabajar más en la línea del Urbanismo. De ahí ya me fui a Santiago, primero en una oficina de arquitectura, donde me di cuenta de que no quería seguir la línea de la arquitectura y me fui después al TECHO porque ya había conocido en Italia algunos que trabajaban ahí, desde una perspectiva más en la línea de vivienda definitiva y no asociada a la media agua. Eso fue el primer interés en involucrarme al tema de la vivienda. Es impresionante como a lo largo de la vida profesional uno se encuentra con mucha gente que partió desde el TECHO y luego se ha ubicado desde distintos ámbitos, tanto de la inclusión social, en educación, o en fundaciones de desarrollo económico.

2.- Desde su perspectiva y experiencias de trabajo: ¿Cuáles son los principales desafíos y también tensiones existentes a la hora de pensar y diseñar conjuntos urbano-residenciales, viviendas sociales y/o campamentos? ¿Cuál ha sido el caso de estudio o de trabajo que más le ha llamado la atención?

Una de las principales tensiones que tiene Chile para para poder solucionar su déficit habitacional expresado en campamentos, es que no existe el proyecto urbano como tal, es decir, no existe la capacidad desde el Estado para desarrollar grandes proyectos urbanos. Existen proyectos de gran escala de tamaño que piensan en la vialidad estructurante de la vivienda, y otros que realmente son de un gran esfuerzo para el Estado para poder hacerlo. Con todo, no existe la institucionalidad real e instalada para hacer proyectos urbanos como corresponde, en donde se puedan gestionar todas las aristas de un proyecto. Los proyectos grandes que una ve son esfuerzos titánicos que un equipo hace por querer aglutinar proyectos. Es que es tan atomizado a la hora de gestionarse, que cada uno tiene su línea de financiamiento y sus decretos. Eso hace que los vaivenes políticos, los cambios, lineamientos y los cambios de equipo no logren llegar a los resultados que hoy día Chile podría tener. Porque este país en política habitacional está muy por encima de otros países de Latinoamérica, pero no así en las herramientas de gestión urbana. El Estado está muy atado de manos para poder hacer proyectos de alto impacto.

En relación a campamentos que es donde tengo experiencia, uno de los problemas que yo veo es que se mira como un problema de déficit habitacional y no se mira como un problema urbano. El campamento en sí mismo no es solamente gente que no tiene vivienda, sino que hay varios factores que hacen que se genere este campamento, tanto desde la gestión de suelo, de la planificación urbana de esas ciudades, exclusión social propiamente tal, y otros factores que se van dando en distintas zonas. Los campamentos son muy distintos también, pero como hay una problemática de precariedad que le pusieron un nombre, se hace muy difícil gestionarla, es decir, hay campamentos muy distintos en Arica que en Punta Arenas, Araucanía donde problemáticas de temas indígenas que están bajo este paraguas del campamento que no se solucionan con las herramientas que hoy tiene el Ministerio de Vivienda.

Respecto de los casos emblemáticos que a mí me gustan y que me enseñaron mucho, están las dos grandes reconstrucciones de terremoto del último tiempo. También trabajé en Valparaíso en el incendio del 2014, en donde pude ver todo lo que falta y que se mantiene al día de hoy para poder hacer proyectos de gran envergadura en Valparaíso. Para hacer un gran proyecto urbano ahí, faltaban herramienta y se vio de manera disociada lo que es vivienda, lo que es escala, barrio y lo que eran los grandes proyectos urbanos que no se pudieron ejecutar; porque finalmente si no se ve como un todo y solo se observa desde las partes, no se da rentabilidad social a un proyecto. Es como el gran impacto que se podía tener y cambiar también ciertas realidades que se dan en Valparaíso, pero que son muy difíciles de realizar por esta forma fragmentada de gestionar proyectos. Esto una lo relaciona con otros casos de estudio, como el de Barcelona en España, donde hay un caso muy conocido allá, que es el barrio de la Mina, donde se entiende por qué no funcionan acá la cosa. Este era un barrio que tenía altos grados de exclusión social, problemas de drogadicción, de desempleo y todos los indicadores que se pueden medir. Había sido además resultado de la operación de asentamientos precarios, que en los años 70 en Barcelona se intentó reorganizar. Trátese de un conjunto habitacional de alrededor de 1000 viviendas, que, bajo un concepto de ciudad, se intentó incorporar en la trama urbana. Entonces se hizo vivienda, pero vivienda de integración social y también se hizo espacio público. Se hicieron programas sociales para poder bajar los índices de drogadicción, de delincuencia, deserción escolar, etc. Un proyecto que ataca todas las aristas que se pueden ver en un conjunto habitacional con esos grados de exclusión, lo que nos habla de que esa es la única forma de generar impacto, y en eso no caer en la misma dinámica de solo generar vivienda.

De ahí que el trabajo intersectorial es muy importante en estas intervenciones, porque en general una ve que hay mucha “masa crítica” en Chile, hay ciudadanía experta, muchos congresos, hay equipos públicos también donde hay gente super preparada y con mucha experiencia en la academia también. Sin embargo, diría que esos mundos funcionan bien en sí mismos, porque de repente se hacen llamados a hacer mesas intersectoriales, pero no llegan a concretarse realmente proyectos que impacten la política pública, que es donde tiene que influir para que se generen los cambios. Lo que he visto, es que todo radica en espacios personales, en donde existe un gran líder o una lideresa que impulsa estas instancias, pero eso no logra permear a la operación misma de los distintos programas, Ministerio o servicios que operan dentro del territorio mismo.

 

3- ¿Como observa el visible incremento de campamentos irregulares y de personas en “situación de calle” en ciudades de Chile? Si es que es posible: ¿Como sería un abordaje idóneo para intentar ayudar a solucionar esto?

El aumento en Santiago es impactante porque ahí no existían macro campamentos desde el año 2008. Uno de los últimos era el campamento Olga Leiva (Peñalolén), donde había 400 familias y eso ya se había reducido notablemente. Eran campamentos mucho más pequeños, pero hoy en día hay campamentos de más de 1000 familias. En toda el área metropolitana del Gran Valparaíso y Viña del Mar también al inicio del estallido social, ya había un aumento de alrededor de un 30%, y es  absolutamente notorio el aumento de familias en situación de asentamiento precario en la zona de Villa alemana, por ejemplo. Es muy complejo, porque como te decía, está por un lado el tema del déficit habitacional que se está tratando de paliar, pensando en que unos de los grandes problemas es la disponibilidad de suelo para construir vivienda social. Para eso se requiere poder tener suelo a un precio asequible para que ese segmento social pueda pagar. Pero también se están viendo temas de campamento, proyectos de muy largo aliento, que no son proyectos de vivienda social propiamente tal, dado que estos grandes campamentos tienen muchas aristas. En el norte están marcados por problemas de migración importante y otros que tienen problemas de seguridad, de nivelación de estudios, etc.  En general, en la zona centro se está tratando de ver intervenciones multisectoriales, con tecnologías de construcción más acelerada, de modo de poder acceder a esa vivienda en menos tiempo. Una familia de campamento en promedio, se demora alrededor de 7 años en salir de ahí, pero yo conozco campamentos que llevan más de 15 años en ese proceso sin una salida. Entonces se están viendo distintas líneas y con distintos actores trabajando con el Ministerio de Vivienda.

Pero aún no está la solución y no va a ser una única solución. Yo creo que una las soluciones para el problema de ciudad en general, es poder mirar a estos proyectos urbanos más integrados y poder ir mejorando la calidad de ciudad con vivienda social, de manera de asegurar una integración socio-urbana de las familias de campamento y poder también gobernar los territorios; porque también pasa que como las familias van mucho más rápido que la política Urbana, muchas veces se responde con urbanización. Aquí en Viña, está el campamento Manuel Bustos, que es un caso grande y que lleva muchos años. Yo fui encargada del campamento cuando se firmó el Convenio para que se urbanizara, pero hasta el día de hoy no se han generado las primeras licitaciones de urbanización. Ahí tú ves que tampoco es que se genere mejor ciudad, ni se están eliminando los factores de exclusión social de esas familias, ya que todo ese sector de Viña es muy precario. Desde el programa campamento (Minvu), se han regularizado ciudades, pero con viviendas que no cumplen con los estándares actuales, donde las calles tampoco cumplen con estándares mínimos de seguridad, sin equipamiento ad hoc a las demandas habitacionales que tienen las familias en esos sectores. Entonces, quizás se soluciona la informalidad, pero sigue siendo un sector de la ciudad muy precario. Y si sigue este aumento exponencial sin una política socio urbana, el déficit se va a entender y vamos a seguir generando ciudades de menor calidad.

4.- En particular, cómo nace el interés por abordar el asunto de la infancia en la ciudad ¿Cuáles son las principales líneas de abordaje teórico/metodológico para abordar territorios con tal énfasis? ¿Cómo trabajar o pensar en torno a la experiencia corporal de los niños y las estructuras sociales que también ordenan el territorio?

El interés tiene que ver con mi experiencia personal, ya que después de estar en la reconstrucción, me fui a estudiar a España. Yo había tenido un hijo en Chile, tuve otra hija en España, y el ver como una ciudad que no es el ejemplo urbano en temas de infancia, pero sí incorpora mucho más que Chile, fue notorio en mi experiencia de ser Mamá de niños chicos en Chile versus haberlo tenido en España, en Barcelona en particular. Esto me generó un shock y me llevó a pensar que había que hacer algo que apunte a la igualdad de género, y facilitarle la vida a los cuidadores y a los niños pequeños, para hacer una ciudad más agradable de vivir.

Los niños son mucho más autónomos, más felices simplemente porque tú sales de tu casa y siempre hay algo, hay una red plazas, calles que son mucho más amables, gente que tiene un enfoque hacia la infancia distinto, que se preocupan de ellos, que los miran, que les conversan, pero no como un como un niño chiquito, sino como un igual. De ahí que me preguntaba: ¿Hay otra visión de la infancia en la ciudad? Entonces dije, obvio, aquí hay que hacer algo, porque una ciudad amable con la infancia es una ciudad mucho más agradable para todos.

Y ese fue el interés de cuando volví, ya que precisamente estoy en este mundo de cuidadores y niños pequeños y da pena volver a Chile y ver que el niño se encapsula. Esto se observa en Viña, por ejemplo, donde el transporte público no es para coches, tampoco es para que un Papá o Mamá que vaya parado con un fular. Son ciudades peligrosas, en el sentido de que la gente no está mirando la información, no hay calles que son de velocidad reducida, espacios y plazas de movimiento más libre, o en donde estén contenidos todo ese tipo factores relacionados con los cuidados.

Con la pandemia también hubo un cambio, porque también ahí se incrementa el miedo en las viviendas, la percepción de inseguridad es mucho más alta, y esto afecta a la infancia. En Chile siempre ha habido más percepción de seguridad, que de la infancia. En conversaciones que una tiene, es impresionante que adolescentes de octavo básico o primero medio incluso, se vayan en un bus escolar, en vez de transporte público a los colegios. Nadie está mirando la infancia, nadie se preocupa por eso, y ese fue uno de los principales llamados que estamos haciendo desde fundaciones como “Escala Común”. Si bien en Chile la niñez es súper atractiva para trabajarla, e incluso hay poca gente que se niega a trabajar en esto, es distinto saber trabajar con niños, porque hay muchas metodologías y actividades que se pueden hacer con ellos, pero muchas veces esas actividades no son vinculantes. Pinta el barrio, tus sueños o cosas similares, pero a veces eso es muy difícil de vincularlo a un proyecto urbano. En ese contexto, pensamos en cómo generar metodologías que inviten a una participación vinculante, es decir, que efectivamente los resultados de esa experiencia con niños sean llamativa también para el que diseña la ciudad. Y en eso hemos estado trabajando de a poco en la fundación, sabiendo que todos estos procesos son largos.

5.- Por último, si pudieras hacer una síntesis de la conversación que tuvimos e intentar proyectarla hacia un futuro deseable en torno a las diferentes variables de interés en torno a la vivienda.

Yo creo que en temas de vivienda Chile tiene buenos estándares, pero falta vincular la vivienda a un proyecto de ciudad y poder tener herramientas de gestión de proyectos urbanos que busquen mejor calidad de ciudad con mayor integración social, y con mejores oportunidades para que  familias puedan acceder a vivienda. Hay proyectos urbanos que he observado, donde hay un montón de estudios que se hacen, y que tienen esta lógica de no poder enganchar con el modelo de gestión que se necesita. También se está mirando todo el déficit habitacional, pero yo creo que hay que hacer ese vínculo de pensar el problema de campamentos, por ejemplo, como un problema de ciudad y vincularlo a grandes proyectos urbanos. Yo creo que ese sería el futuro ideal para Chile, para poder de verdad mejorar los distintos indicadores de exclusión que viven las familias de campamento y no solamente a paliar el déficit.