“Seguridad pública en Río de Janeiro 2018. De ciudadanos a sospechosos”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Fernando Espósito Galarce; Pontificia Universidade Católica do Rio de Janeiro; Dr. Arquitecto. Profesor del Departamento de Arquitectura y Urbanismo (DAU PUC-Rio), Rio de Janeiro, Brasil.
Amanda Senna Pettená; Becaria de investigación 2018 (Beca TEPP). Departamento de Arquitectura y Urbanismo (DAU PUC-Rio), Rio de Janeiro, Brasil]

Resumen

La crisis política que actualmente vive la ciudad de Río de Janeiro ha derivado en una serie de problemas de orden económico, social y de seguridad, que se expresan finalmente en el espacio público. En ese escenario actual existe una realidad que no es nueva. La imagen de las favelas siempre ha estado asociada al narcotráfico y la violencia urbana, influyendo no solo en la forma en que las políticas públicas son aplicadas en esos territorios, sino que afectando en cómo los ciudadanos de las comunidades que los habitan son vistos tanto por las fuerzas policiales como por otros ciudadanos. Durante la última década y principalmente con ocasión del Mundial de Futbol 2014 y las Olimpiadas 2016, la política de seguridad sufrió grandes transformaciones. Entre ellas se destacan la implementación de las Unidades de Policía Pacificadora (UPPs) y la reciente intervención federal en la ciudad por parte de las fuerzas de seguridad y militar. Esto, sumado a la crisis del Estado de Río de Janeiro, ha llevado a que el panorama de violencia impacte principalmente en los favelados. Desde la perspectiva de los derechos ciudadanos, la intervención del estado basada solamente en la seguridad, se muestra insuficiente cuando lo que realmente se busca es la inclusión social y la disminución del estigma que afecta a las favelas y sus habitantes.

Palabras clave: Favela, violencia, seguridad pública, Río de Janeiro

 

Figura 1a (portada)Im 1. Observación: Vecinos de la favela de Dona Marta entrando y saliendo de ella. La favela es una profundidad de la ciudad, un territorio tratado como si debiese ser constantemente pacificado, recuperado y formalizado. La favela también es ciudad / Fuente: Fernando Espósito

Introducción

La actual crisis política que afecta a Brasil y específicamente a Rio de Janeiro, ha desencadenado una serie de problemas de orden económico, social y de seguridad. Corrupción a nivel Federal y Estatal, reformas económicas que agudizan la desigualdad social, recortes presupuestarios en salud y educación, son algunas de las caras de la crisis que de una u otra forma terminan manifestándose en la ciudad. En este escenario complejo actual existen realidades que no son nuevas.

El imaginario carioca de la violencia urbana siempre ha estado marcado por el binomio favela-narcotráfico. La asociación que se establece entre los territorios favelados y la violencia que se manifiesta en toda la ciudad, influye no solo en las políticas públicas asociadas a la seguridad, sino que también en la percepción que se tiene de la favela y principalmente de quienes allí viven.

A partir de la década de los ochenta, cuando la ciudad comenzó a experimentar un aumento exponencial de la violencia, y guiadas por la lógica de la “guerra al crimen”, las políticas de seguridad pública irrumpieron como otra forma de violencia arbitraria, teniendo como principal objetivo “eliminar al enemigo interno” (Duarte, 2017). Eso llevó a que las favelas se trasformaran en escenarios de permanentes conflictos, donde operaciones y enfrentamientos con armamento de guerra se trasformaron en parte de la vida cotidiana de la población.

A partir del 2007 y 2009, años en los que se anunció que Brasil y Rio de Janeiro organizarían la Copa do Mundo y los Juegos Olímpicos respectivamente, los procesos reestructuradores se apropiaron de la ciudad. Entre las políticas de urbanización aplicadas dirigidas a las favelas, el PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), del Gobierno Federal, se planteó como objetivo incrementar la inversión en infraestructura, mejorar la calidad de vida y disminuir la desigualdad social en las comunidades. En conjunto con el PAC, las UPPs (Unidades de Policía Pacificadora) se hacían cargo de la seguridad pública en estos territorios. El concepto de policía de proximidad aplicado, fundamentado en la colaboración entre la población y las instituciones, consiste en unidades de policía instaladas dentro de las comunidades, con el principal propósito de recuperar territorios hasta entonces controlados por el narcotráfico y las milicias.

El uso del término “pacificación” cuando se refiere a las UPPs ha generado algunas tensiones desde que estas fueron implementadas. Hasta ahora son 38 unidades con alrededor de 10.000 efectivos. Las operaciones policiales que dieron inicio al programa de las UPPs contaron con un enorme despliegue de tropas policiales y militares y fueron ampliamente cubiertas por los medios de prensa, alimentando el carácter teatral y heroico de las intervenciones.

Hoy el programa cumple 10 años desde su implementación el 2008. Los cambios ocurridos principalmente una vez finalizados los Juegos Olímpicos 2016 colocaron en jaque su eficacia y continuidad, cuando en octubre del mismo año el Secretario de Seguridad del Estado de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame, principal gestor del programa de las UPPs, renunciaba al cargo. Esto tuvo un impacto político inmediato, lo que se agravó aún más con  la crisis financiera del Estado que a esa altura se hacía palpable.

Desde las primeras señales de fragilidad de la seguridad pública, diversos conflictos volvieron a manifestarse con mayor frecuencia e intensidad en la ciudad, impactando no solo a quienes viven en los “morros”, sino que también a los ciudadanos del “asfalto”[1]. Avenidas y autopistas cerradas, presencia de fuerzas armadas del ejército en las calles, incremento de muertes en las favelas como consecuencia de “balas perdidas” y enfrentamientos, son algunas de las consecuencias (Im 2).

Figura 2Im 2. Gráfico que indica el número de homicidios violentos en Río de Janeiro, destacándose la disminución a partir de 2009 (con las UPPs siendo implementadas) y el aumento a partir de 2015 con su máximo en 2017. El gráfico fue divulgado por el periódico OGlobo basado en las estadísticas del Instituto de seguridad Pública de Río de Janeiro. (Fuente: https://g1.globo.com/rj/rio-de-janeiro/noticia/crise-falencia-de-upps-banalizacao-de-fuzis-violencia-na-folia-veja-motivos-que-levaram-a-intervencao-federal-no-rj.ghtml)

Finalmente, el detonante mediático  de los conflictos fueron los  arrastões [2] y asaltos ocurridos durante el reciente Carnaval 2018, los que revivieron la sensación de inseguridad de décadas anteriores, nuevamente en áreas “nobles” de la ciudad. Como consecuencia de toda esta inestabilidad política y de seguridad, el día 16 de febrero de 2018 fue anunciada la intervención del Gobierno Federal en la seguridad pública de Río de Janeiro. Ahora los ciudadanos de las favelas no solo deberán convivir con una policía de proximidad, sino que además con el ejército en sus puertas, como irónicamente lo representa una de las ilustraciones del periódico O Dia. (Im. 3).

fig. 3aIm 3. En la ilustración se lee. “Ustedes están rodeados de prejuicios por todos lados. Salgan con las manos en alto. Fuente: Periódico O Dia del 22 de febrero del 2018.

EL ESPACIO PÚBLICO EN LAS FAVELAS: VECINOS Y SOSPECHOSOS

Desde la implementación de las UPPs fue posible constatar que esa proximidad de la policía derivó en un control de la vida social y cultural, producto de la permanente observación en busca de potenciales actividades delictivas y ciudadanos sospechosos. La militarización gradual de las favelas se dio en nombre de la seguridad y toda la gestión del espacio social fue llevada adelante a través de un complejo proceso de vigilancia e inmovilización de la vida urbana (Haesbaert, 2014). La regulación de la rutina de los habitantes por parte de la policía se extendió a diversas actividades, como celebraciones y encuentros familiares, incluso dentro de las propias residencias. Un claro ejemplo de esto fue la prohibición de eventos como el baile funk y hip-hop en los primeros años de la intervención de las UPPs (los bailes fueron autorizados nuevamente en 2011). Acciones como esa estereotipan las expresiones identitarias de la comunidad, interpretándolas erróneamente como prácticas delictivas a partir de una visión asistencialista proyectada sobre las favelas, como si se tratase de ciudadanos que deben ser disciplinados y tutelados (Duarte, 2017). Durante el 2017 y 2018, esas interferencias han vuelto. (fig.4).

Figura 4aFigura 4: Titular del periódico independiente “Voz das Comunidades: “Policía impide que el bloco de carnaval Unidos da Grota [3] desfile por las calles de la comunidad”, en el que se denuncia policial de la UPP de la favela del Complexo do Alemão, durante el Carnaval 2018 / Fuente: http://www.vozdascomunidades.com.br/comunidades/complexo-do-alemao/policiais-impedem-bloco-unidos-da-grota-de-desfilar-pelas-ruas-da-comunidade/)

De la misma forma en que se asocia el narcotráfico a las favelas, muchas veces a los favelados se les estigmatiza como infractores. Son tratados como aquellos “otros” en comparación a los miembros legítimos de la sociedad, lo que los degrada en su humanidad, cuestionando sus derechos de ciudadanía. (Freire, 2014).

Así, la acción policial dentro de las favelas no solamente actúa en respuesta a los conflictos de seguridad, tráfico y violencia. Ella se ha transformado en un agente inhibidor de toda actividad que pueda ser interpretada como un riesgo potencial a la seguridad, lo que relativiza muchas veces los límites entre la función policial y los derechos de la ciudadanía para expresarse libremente en el espacio urbano, agravando aún más los procesos de estigmatización física y social.

Hoy, la intervención del Gobierno Federal en la seguridad pública del Estado de Río de Janeiro revela al mismo tiempo la fragilidad estatal frente a la complejidad del problema de la violencia urbana y expone la necesidad de constantes acciones paliativas. La permanente observación que intenta mitigar los riesgos y “eliminar el enemigo interno”, acaba teniendo efectos colaterales de censura sobre las comunidades y provocando una reducción en el uso del espacio público en esos territorios. Se corrobora así que la presencia policial como acción aislada no es suficiente. Mientras las políticas sociales e inclusivas asociadas a la seguridad pública continúen siendo tratadas como algo dispensable y como eventos de exposición mediática para el gobierno de turno, la disminución de la violencia, la desigualdad y la estigmatización no será posible. El ya clásico funk da felicidade [4] seguirá sonando como un llamado de atención desde las favelas:

“Eu só quero é ser feliz
Andar tranquilamente na favela onde eu nasci,
E poder me orgulhar
E ter a consciência que o pobre tem seu lugar.”

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Notas
[1] En Rio de Janeiro una de las forma para referirse a quienes viven en favelas se les denomina habitantes de los morros (cerro en español), diferenciándolos de los que viven en la ciudad formal y regulada, en la ciudad del asfalto.
[2] Se denomina arrastão a un robo en el que actúa un grupo organizado de personas, que de forma rápida y violenta se apodera de las pertenencias de otros. En Río de Janeiro  estas prácticas proliferaron durante la década de 1980 y 1990, generalmente en playas.
[3] En Río de Janeiro, los blocos de carnaval son grupos organizados que desfilan festivamente por la ciudad durante la semana anterior y posterior al carnaval. Existen cientos de ellos y se identifican por la música, barrio, vestimenta, motivo o tema al cual le rinden algún homenaje.
[4] https://www.youtube.com/watch?v=qKkQjwji8LM
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Referencias bibliográficas:
Haesbaert R. (2014). Viver no Limite. Edit. Bertrand Brasil. 231 a 233p.
Duarte M. (2017). Las políticas públicas em las favelas de Río de Janeiro: Convergencias y tensiones en el desarollo de la ciudadanía (neo)liberal. Em: Edital Conferência Internacional Santiago 2017 Proyecto Muei, p.985-1000.
Freire J. (2014). ‘Violência urbana’ e ‘cidadania’ na cidade do Rio de Janeiro: Tensões e disputas em torno das ‘justas atribuições’ do Estado. Revista de Estudos de Conflito e Controle Social, Vol. 7, no.1- p.73-94.

“Violencia simbólica en Estación Central”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Rocío Andrade Castro, Arquitecta, Pontificia Universidad Católica de Chile, MSc Urban Development Planning, University College London]

Resumen

La construcción de torres hiperdensas en la comuna de Estación Central, en Santiago de Chile, durante los últimos años, generó una controversia urbana en la que se refleja cómo se ha ejercido la violencia simbólica para llevar el debate sobre el crecimiento urbano al ámbito técnico, legal y urbanístico, restando importancia a las experiencias de los habitantes del sector. Esta columna presenta las definiciones de controversia urbana y violencia simbólica que se han usado para analizar el caso, luego describe la situación que posibilitó la construcción de torres hiperdensas en Estación Central y comenta algunos aspectos de la violencia simbólica ocurrida durante el proceso.

Palabras clave: Violencia simbólica, controversias urbanas, Estación Central

 

180223 Estación Central RAC

En las ciudades confluyen y colisionan intereses diversos, son por naturaleza lugares de controversia. Drozdz (2012) define las controversias espaciales como debates sobre el curso de la acción colectiva en el espacio. Una controversia urbana puede entenderse entonces como un desacuerdo sobre el devenir de una ciudad.

No todos participan en el debate en igualdad de condiciones, pues algunos cuentan con mayores grados de poder o conocimiento necesario para incidir y, aunque es prácticamente imposible lograr la igualdad absoluta, lo que Habermas llamaría la situación ideal de habla, la búsqueda de condiciones justas de deliberación es necesaria y deseable  (Flyvbjerg, 1998).

Uno de los impedimentos que tienen ciertos grupos para participar en una controversia urbana en igualdad de condiciones es lo que Bourdieu define como violencia simbólica. La violencia simbólica consiste en la imposición de ciertas convenciones discriminatorias, ocultando las relaciones de poder que permiten dicha injusticia (Castán Broto, 2013). Los individuos que sufren la violencia simbólica la aceptan, porque no la reconocen como tal (Castán Broto, 2013).

En una controversia urbana, quienes comprenden las normas que regulan la planificación urbana, las tendencias del mercado inmobiliario o la forma en que se diseña y construye una edificación, pueden excluir fácilmente a quienes no manejan estos temas. Pero además, estos individuos son los que establecen cuáles son los conocimientos necesarios para participar del debate, definiendo así quién queda en mejores condiciones para deliberar.

La construcción de torres hiperdensas en la comuna de Estación Central, en Santiago de Chile, durante los últimos años, es un caso que refleja la violencia simbólica que puede producirse en el marco de una controversia urbana.

La proliferación de torres se produjo en un sector de la comuna que estuvo regulado por el antiguo Plan Intercomunal de Santiago (PIS), plan que se elaboró antes de que se distinguieran los ámbitos de acción de la planificación comunal e intercomunal en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones. El PIS, establecía ciertas normas que hoy se definen a escala comunal y no intercomunal. Cuando este se derogó al publicarse el Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS), en el sector comprendido entre las avenidas Exposición, 5 de Abril, Las Rejas y Ecuador quedaron sin establecerse ciertas normas urbanísticas de nivel comunal, como la altura máxima permitida.

Luego, se aplicó en el sector una norma urbanística de forma errónea. Se autorizó la construcción de proyectos con un sistema de agrupamiento de edificación continua, que ocupa todo el frente predial, a pesar de que para que dicho sistema pueda aplicarse a un proyecto, debe estar definida la altura máxima permitida en la zona en la que se construye (División de Desarrollo Urbano MINVU, 2016). Esto significó la edificación de proyectos que ocupan prácticamente todo el terreno disponible, sin límite de altura. Las razones para buscar maximizar la constructibilidad de los proyectos se explica por la buena ubicación de los mismos en la ciudad y consiguiente la demanda por vivir en la zona.

La polémica sobre las torres hiperdensas se desató luego de que comenzaran a circular en redes sociales fotografías que mostraban la desproporción entre las nuevas construcciones y las edificaciones antiguas en los barrios en que se emplazan. A esto le siguió una serie de notas y reportajes sobre la vida en esas torres, evidenciando sus problemas de habitabilidad e impacto en la ciudad.

Las dificultades vividas por los habitantes de las torres y sus vecinos son violentas de diversas formas. Al poco tiempo de darse a conocer el caso, muchos pasaron a referirse a las torres como guetos verticales, término inexacto si se considera su origen (Wacquant, 2013) y estigmatizador. Si bien es cierto que las deficiencias en el diseño de las torres pueden fomentar problemas sociales necesarios de relevar, en este caso el uso del término quiso ser más que nada una advertencia, que marginalizó gratuita e innecesariamente a los habitantes del sector. A poco de iniciarse la discusión, los afectados ya partían con una desventaja.

Por otra parte, la discusión se ha centrado en la legalidad de los permisos de edificación otorgados y de las deficiencias de la planificación comunal. Sin duda es necesario aclarar este punto para evitar que la norma se vuelva a aplicar erróneamente y fortalecer la planificación en el área. Pero también hay que reconocer que llevar la discusión a este ámbito la transforma en un tema técnico y complejo, en que los afectados por la construcción o problemas de diseño de las torres son los que tienen las mayores dificultades para organizarse y contratar equipos legales, si los comparamos con inmobiliarias, constructoras o gobiernos locales, que cuentan con una estructura organizacional y recursos que facilitan la tarea.

También debe considerarse el problema de diseño que significa la construcción de torres hiperdensas. Las edificaciones presentan una serie de deficiencias como mala aislación acústica, hacinamiento, problemas de ascensores y manejo de residuos y afectan su entorno con mayor tráfico en las calles y veredas, falta de luz solar, insuficiencia de espacios públicos, entre otras. Todo esto ha sido ignorado por algunos defensores de los proyectos, arguyendo que las torres entregan la oportunidad a muchas personas de vivir en un sector bien localizado y que la única alternativa para ellas sería vivir en barrios de mala calidad en la periferia.

Entonces, se presenta el problema como legal en vez de ético, como si aquello fuera equivalente cuando no es así. No es justificable construir edificios que impactan tan negativamente su entorno y cuya habitabilidad es tan deplorable solo porque se creyó que la norma lo permitía, especialmente cuando no es el caso. Tampoco es aceptable argumentar que todo se hizo con la intención de entregar alternativas de buena localización a bajo costo, como si fuera una dicotomía, conformarse con condiciones paupérrimas o ser expulsado de la ciudad.

Estos razones hacen que las experiencias de los habitantes pasen a segundo plano, llevando la conversación hacia lo que una corte estima o no que es arbitrario, a lo que los especialistas en el mercado inmobiliario consideran o no una buena localización.

La densificación como forma de crecimiento urbano es deseable y necesaria, para alcanzar ciudades más sostenibles y mejorar el acceso a bienes públicos, pero, como propone Flyvbjerg, debemos trabajar en mejorar las condiciones de discusión sobre la trayectoria de nuestras ciudades, para que se proteja el derecho a la ciudad de todas y todos.

Referencias
Andrade Castro, R. (2014). The space of social movements: urban controversies in Santiago de Chile (tesis de maestría no publicada). University College London, Londres, Reino Unido.
Castán Broto, V. (2013). Symbolic violence and the politics of environmental pollution scienceX: The case of coal ash pollution in Bosnia and Herzegovina. Antipode, 45(3), pp.621–640.
Drozdz, M. (2012). Controverses Spatiales. [online] Disponible en: <https://sites.google.com/site/mdrozdzcv/controverses-spatiales> [consultado el 22 feb. 2018].
Flyvbjerg, B. (1998). Empowering civil society: Habermas, Foucault and the question of conflict. In: M. Douglass and J. Friedmann, eds., Cities for Citizens. John Wiley and Son, pp.185–211.
MINVU (2016). Circular DDU 313 [online] Santiago de Chile. Disponible en: <http://www.minvu.cl/opensite_20070212170027.aspx> [consultado el 22 feb. 2018].
Wacquant, L. (2013). Tres premisas nocivas en el estudio del gueto norteamericano. Revista INVI, 28(79), pp. 165-187.

“(In)Seguridad Pública”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Fernando Narváez Rodríguez; Magíster en Asentamientos Humanos y Medio Ambiente de la Universidad Católica de Chile]

Libro o publicación: The Urban Fabric of Crime and Fear
Autor: Vania Ceccato (Ed.)
Año: 2012
Editorial: Springer

Resumen

La seguridad es un factor que influye directamente en la calidad de vida de las personas. Actualmente una ciudad no puede ser vivible ni socialmente sustentable si la seguridad de los ciudadanos no es considerada como prioritaria. El libro The Urban Factory of Crime and Fear contextualiza al lector en el problema de la seguridad en las distintas escalas urbanas y muestra el escenario de algunas ciudades alrededor del mundo. Ante ello, cabe preguntarse: ¿cuáles son los factores para tener ciudades inseguras? Y ¿cómo podemos mejorar nuestras ciudades desde la perspectiva de seguridad?

Palabras clave: Seguridad, miedo, crimen

The urban factory of fear_PortadaIm. Portada del libro

Las ciudades se han transformado en enormes núcleos que son contenedores de las actividades sociales de las personas. Por sus dimensiones y densidad poblacional se ha vuelto complejo “controlar” todo lo que pasa dentro de ellas. Uno de los temas que más difícil se ha vuelto su control y que ha surgido recientemente en las agendas públicas es la seguridad, debido a que es un factor que influye directamente en la calidad de vida de las personas. Según un estudio del BID (2015), las personas están dispuestas a gastar más en transporte privado con tal de sentirse seguras y cómodas, por lo tanto, una ciudad no puede ser vivible ni socialmente sustentable si la seguridad de los ciudadanos no es considerada como prioritaria.

El libro The Urban Fabric of Crime and Fear está orientado a profundizar en el tema de seguridad dentro de los núcleos urbanos. Éste documento desarrolla los conceptos “urban factory”, crimen y miedo para contextualizar al lector sobre el crimen y miedo dentro del contexto urbano. Además, muestra algunos estudios realizados en algunos barrios de Londres y Suecia sobre la relación de estos conceptos con el territorio y todo lo que conlleva. Se descataca que no solo existe un problema con los “agredidos” que sufren por asaltos o crímenes, sino que también hay otra mirada, por ejemplo la estigmatización de ciertas poblaciones, situación la cual podría moldear de una manera negativa a los jóvenes que ahí habitan.

Según la editora Ceccato, el crimen se concentra en las ciudades, pero no de una manera homogénea, esto se debe a que el crimen ocurre en distintos espacios y temporalidades. Pero cabría preguntarse: ¿cuáles son los factores que propician la actividad criminal o la inseguridad? Lo planteado en el libro es que los agresores aprenden de la experiencia y deciden cuales son los mejores lugares para delinquir: “Los crímenes ocurren donde el ambiente hace sentir seguro al agresor” (p. 13). Por ejemplo, los sistemas de transporte colectivos actualmente reúnen a una gran cantidad de personas en un solo punto, por lo cual se vuelven más propensas al crimen. Otro tipo de espacios son los lugares que se diseñan enclaustrados, que son obscuros y con pocas salidas ya que no permiten una visibilidad clara del entorno y por ende promueven estrés y una sensación de miedo.

Por lo tanto, el diseño del sistema de transporte, de las vialidades y de la ciudad en sí misma determina fuertemente el nivel de seguridad de las personas. El miedo y la violencia urbana han tenido externalidades que repercuten en la configuración de la ciudad. Una de las estrategias más habitual por la que han optado las personas para sentirse “seguras”, es la de aislarse en los barrios cerrados. Dicha situación ha generado una fragmentación de la ciudad porque este tipo de barrios funcionan como si fueran islas urbanas que no se relacionan con el entorno.

La sección II del libro Micro-Urban Environments of Crime and Fear se centra precisamente en este punto: la importancia del ambiente construido. De acuerdo con lo planteado en esta sección, múltiples factores afectan la percepción de miedo e inseguridad y pueden ser sociopsicológicos, sociodemográficos o el ambiente construido. Pero el factor que rescato como el más importante es ambiente construido, ya que el espacio puede generar limitaciones para poder sentirse cómodo en el entorno. Incluso el libro muestra una comparación entre dos barrios estigmatizados de Reino Unido y Brasil (P.16), el resultado que arrojó es que ambos barrios tenían un mal diseño, una mala imagen urbana derivada del poco mantenimiento, intersticios urbanos y de la escasez de espacio público de calidad.

El libro ofrece un marco conceptual robusto permitiendo una mejor comprensión de la problemática. Por otro lado, se esfuerza en mostrar el contexto del crimen y miedo en distintas ciudades a través de varios estudios, destacando el estudio realizado con jóvenes en un barrio estigmatizado de Newcastle. Dicho lo anterior porque afirman que los jóvenes son expertos en resistir los discursos estigmatizadores sobre el miedo, mientras que a la misma vez intentan apoyarse unos a otros y a la comunidad en general. Finalmente, el libro concluye con una parte de acciones para crear ambientes urbanos seguros, entre las cuales destacan las relacionadas con el transporte colectivo (planificación de sistemas de movilidad integrales “viaje completo” y no verlos como segregados), las de mejoramiento de la imagen urbana y la inclusión de grupos vulnerables en la planificación.

A manera de conclusión, se considera que el diseño de los espacios urbanos es gran parte del trabajo que se tiene que hacer para mejorar la sensación seguridad; es cierto que hay otros factores como los sociales y culturales que influyen en la seguridad urbana, pero sí el diseño apoya creando espacios abiertos, amigables y vivibles la tarea será menor: “Las ciudades solamente pueden ser llamadas vivibles cuando se pueda asegurar un ambiente de calidad para todos los que viven ahí, y esta calidad incluye seguridad” (p. 22) Como planificadores urbanos, las acciones deben plantearse desde una perspectiva de seguridad, debemos tener la convicción de que las estrategias, planes y proyectos tienen la finalidad de crear un ambiente seguro para todas las personas, solo así se podrán tener ciudades seguras, inclusivas y justas.

Referencia

Mojica, C. (2015). ¿Cuánto vale mi comodidad? Moviliblog. BID.

“Recuperando la ciudad para las mujeres”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Alejandra Espinosa Vargas, estudiante de Diseño Urbano y del Paisaje en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí]

Libro o publicación: Buenas prácticas para prevenir y eliminar la violencia sexual contra las mujeres y las niñas en los espacios públicos. Programa global ciudades y espacios públicos seguros para mujeres y niñas
Autor: Ana Falú
Año: 2017

Portada LibroIm. Portada del libro

Resumen

En la actualidad nuestras ciudades sufren de eventos violentos hacia las mujeres y niñas tanto en nuestros espacios como en el transporte público. El trasladarse de un sitio a otro se ha vuelto un peligro para todas, el caminar por una acera pequeña o por una calle sin iluminación son factores que promueven las agresiones. Esta reseña se centra en el Programa Global Ciudades y Espacios Seguros para Mujeres y que ONU a implementado con el fin de dar respuesta a este problema social que enfrentan nuestras ciudades en cuestión de violencia y acoso sexual contra mujeres y niñas en nuestros espacios y transporte público.

Palabras clave: Violencia contra la mujer, espacio público, transporte público

 

Hoy en día nuestras ciudades son espacios que aglomeran personas, infraestructura, servicios, y espacios públicos, pero también aglomeran situaciones negativas como la desigualdad, la inseguridad y la discriminación de género. Como consecuencia de estos factores se produce la violencia en contra de la población, pero generalmente se violentan a mujeres y niñas. Según la autora Falú, esta una de las violaciones de los derechos humanos más graves y una de las más toleradas en todo el mundo: “las mujeres y niñas sufren de diversos tipos de violencia no solo en los hogares, ocurre en las calles, en el transporte público, en escuelas, universidades y lugares de trabajo y espacios públicos y en puntos de distribución de alimentos como lo son los mercados”.

Como mujeres, cada día nos enfrentamos a distintas formas de violencia que nos afectan a todas, independientemente de nuestras características físicas, sociales o culturales. La violencia puede ir desde un ligero silbido, un gesto, una frase e incluso llegar hasta el contacto físico, por lo tanto, se transforma en un problema de salud y seguridad.

Es precisamente dentro de este marco donde se desarrolla el libro de Buenas prácticas para prevenir y eliminar la violencia sexual contra las mujeres y las niñas en los espacios públicos. Tiene el objetivo de contextualizar y sentar los fundamentos conceptuales y normativos ante una problemática específica: la inseguridad. En la primera parte del documento, la autora desarrolla un marco conceptual y normativo, se profundiza en algunos de los instrumentos sobre materia de derechos humanos de las mujeres. En esta sección destacan La Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) por ser el más amplio en materia legal y la Plataforma de Acción Bejing.

En particular estos dos instrumentos generan el marco conceptual, lo hacen de una forma precisa y clara, se detalla los tipos de acoso o violencia sexual que sufren las mujeres no solo en espacios públicos si no en cualquier ámbito donde se desarrolla. Este capítulo está orientado a la sensibilización sobre el tema de desigualdad entre género y la discriminación en contra de la mujer.

A partir de la lectura, se consideró que los apartados más significativos son “La violencia de género y acoso sexual en espacios públicos”, “La planeación urbana desde una perspectiva de género” por la estrecha relación entre violencia y la configuración espacial de las ciudades. Ante esto, invito a la reflexión: mujer… ¿cómo percibes tu espacio público? ¿qué tanto afecta tu cotidianidad el ambiente de violencia se vive actualmente? En primera instancia y hablando desde una perspectiva muy personal, puedo afirmar que la mujer vive con miedo; por ejemplo, el transporte público se ha convertido en una travesía que da temor, situación que impide que podamos desenvolvernos con toda seguridad.

El transporte público es todavía un espacio que está en proceso de incluir el acoso y abuso sexual como expresión de la violencia de género. En algunos países como México se ha iniciado con algunas acciones para intentar reducir esta problemática (el metro de la Ciudad de México incluye vagones que son exclusivos para mujeres para reducir el acoso y la violencia contra las mujeres). Sin embargo, es un problema que en algunas ocasiones puede ser poco visible, lo que obstaculiza el levantamiento de información y generación de antecedentes. Esto atenta contra la posibilidad de un diseño e implementación de políticas de transporte público más eficientes que aseguren la movilidad de las mujeres en condiciones de igualdad y seguridad (CEPAL, 2015).

La sensación de inseguridad en las mujeres y en la población en general, es un gran problema porque desincentiva el uso del transporte público y de los espacios abiertos, por consiguiente, se optan por otros servicios de transporte privados (taxi, Uber, Cabify, etc…) que brindan mayor seguridad. Sin embargo, esto repercute directamente en la funcionalidad de la ciudad, ya que se produce una reducción de los usuarios de transporte público, un aumento del tráfico vehicular y de las emisiones de contaminantes. Es por ello por lo que la violencia ha entrado al foco de atención de la agenda pública, y su relevancia es cada vez mayor en contextos de urbanización, desigualdades, discriminación y violencia contra las mujeres en el espacio público y privado.

La mujer se encuentra en un estado de vulnerabilidad, ansiedad y con sentimientos de impotencia, así se menciona dentro de la sección “Violencia en los espacios y transporte público”, afectando la seguridad y la libertad de transitar por el espacio público sin miedo. Como resultado de este miedo, reduce su participación en la escuela, el trabajo y la vida pública y limita su acceso a servicios esenciales y a disfrutar de oportunidades culturales y de ocio.

En este sentido son relevantes las preguntas planteadas por Harvey (2008): ¿de qué derechos hablamos? ¿y de la ciudad de quiénes? ¿Quién define y construye la ciudad? ¿Quiénes son los destinatarios de sus bienes públicos y de los servicios diversos que la componen? Lo anterior debido a que se debe reflexionar sobre cuál es la ciudad que queremos, en base a la respuesta de estas preguntas se podrá reflexionar en cómo dar respuesta a la problemática.

Las ciudades están en una constante tensión entre oportunidades y los efectos de una convivencia fragmentada y desigual, lo cual limita el ejercicio pleno de los derechos de las mujeres. Generalmente, al planear las ciudades no se tiene en cuenta las necesidades de las mujeres y niñas. Esta planeación desigual está afectando el libre tránsito de las mujeres, cambios en sus trayectos y el cómo se desplazan dentro de la ciudad.

Hay que resaltar el esfuerzo están haciendo organizaciones para que todos tengan las mismas oportunidades, pero hay que recordar: la mujer dejó de disfrutar de los espacios públicos y de la ciudad, está en nosotros como planificadores, investigadores o ciudadanos recuperar el espacio público para ellas y todos lo demás ciudadanos.

Referencias

CEPAL (2015a). Violencia de género en el transporte público. Una regulación pendiente. Serie Recursos naturales e infraestructura. CEPAL, Santiago de Chile.

 

“Violencia urbana y percepcion de seguridad: el caso de los “portonazos”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Fernanda Huaracan; Geógrafa, Pontificia Universidad Católica de Chile. Diplomada en Diseño Evaluación y Gestión de Proyectos de Interés Público, Universidad de Chile. Analista Criminal-Territorial en Jefatura Santiago Este de Carabineros de Chile (2015 a 2017)]

Im1Im1. Portonazo en La Florida / Fuente: Nunorktimes, 2018

De acuerdo a la Encuesta CEP (2017), el principal problema para el ciudadano chileno es la delincuencia. Esto, pese a que, el principal indicador de la violencia (el homicidio) sea el segundo más bajo de América[1], y que las cifras nos muestren que los delitos de mayor connotación social (DMCS) hayan disminuido progresivamente desde el 2014[2]. No obstante, una cosa es que se registren menos denuncias y otra distinta es la percepción de inseguridad, la cual aumentó sostenidamente entre 2012 y 2015 (CEAD, 2017).

¿Es justificada esta percepción de inseguridad?

En las últimas décadas la seguridad pública ha sido un tema político prioritario, por esto se han dedicado importantes esfuerzos desde el ámbito público (y privado) para abordarla. Desde el año 2004 a la fecha se han publicado políticas, planes y estrategias nacionales en esta materia, que han contemplado desde la creación del Ministerio del Interior y Seguridad Ciudadana y la Subsecretaría de Prevención del Delito; la modernización y profesionalización de sus policías[3] y la creación de los Consejos Comunales de Seguridad Pública (CEAD, 2017). Si consideramos que la violencia en las ciudades es variada y se percibe de acuerdo al contexto temporal y cultural, podemos entender que persista la percepción de inseguridad.

En estudios de opinión se ha comenzado a indagar sobre la principal fuente de información para el aumento de la delincuencia en el país (¿Cuál diría usted que es la principal fuente de información que le permite formarse esa opinión?). El resultado: el 65% cree que son los medios de comunicación (CEAD, 2016). Para ser justos, los medios de comunicación no son los principales responsables. Si bien los DMCS han disminuido en un 11%, la violencia ha aumentado. Reflejo de ello es el aumento de los homicidios en un 9,4%, otros robos con fuerza en un 8,5% y robos con violencia o intimidación en un 2.8% (CEAD, 2017).

El delincuente está cada vez más preparado y se inicia tempranamente en el uso de drogas y alcohol, y en la actividad delictual (por supuesto que el hecho de nacer y crecer en contextos de vulnerabilidad social son detonantes en esta relación). Frecuentemente integra bandas delictuales jerarquizadas y altamente especializadas, a veces entre vecinos, familiares o compañeros de colegio. Estas operan con un alto grado de violencia y especialización.

El caso de los denominados “Portonazos”.

Luego de una nueva exigencia gubernamental de importar vehículos más seguros, el robo de estos se vio fuertemente obstaculizado. De esta forma, el modus operandi más afectivo era robar el vehículo encendido, con el conductor presente, asegurando así la obtención de la llave.

Así fue como el robo de vehículos pasó a ser de un delito contra la propiedad a uno violento, ya que los delincuentes violentaban o intimidaba a su víctima con tal de alcanzar su objetivo. Como esto ocurría en el portón del inmueble, mientras la o las víctimas se disponían a entrar o a salir de su casa; los medios de comunicación lo llamaron “Portonazo” (CAODI, 2016). A partir de estos hechos, se realizaron numerosos esfuerzos al interior de Carabineros con la finalidad de dar solución a un delito que, aunque no está tipificado, es identificable y genera temor.

Desde las Oficinas de Operaciones de Carabineros, sus analistas criminales[4], (profesionales de distintas disciplinas capacitados en el análisis delictual, que han aportado a la toma de decisiones para el uso eficaz y eficiente de los recursos policiales[5]), (CEAD, 2017) han realizado análisis con los cuales fue posible: 1) generar y socializar una correcta definición del delito, 2) identificar patrones relevantes como días y horarios de mayor frecuencia, 3) identificar características de las víctimas y vehículos sustraídos, 4) determinar áreas de ocurrencia del delito o de hallazgo de los automóviles, y, 5) junto con esto (más el relato detallado de las victimas) determinar rutas de escape; entre otros.

Pese a su impacto mediático, el Portonazo ha disminuido de manera constante desde su aparición el año 2014. El peak tuvo lugar en octubre de 2015 y en la comuna de La Florida. Desde noviembre de 2015 y durante todo 2016, el delito disminuyó irregularmente.

Una de sus características principales fue la movilidad evidenciada, la que se debió, por una parte, al cambio en el objetivo (pasa de ser un delito asociado a vehículos de lujo o comunas de alto nivel de ingreso, a vehículos comunes en comunas de clase media) y a la disposición de servicios policiales focalizados. En este punto, la configuración urbana juega un rol fundamental, ya que permite conocer cuáles son los elementos o circunstancias facilitadoras del delito (CARRION, F. 2008).

Desde la mirada del ciudadano, que las cifras muestren una disminución del delito, o que, en el caso de los “Portonazos”, sepamos que si nos roban el auto lo más probable es que lo encuentren (la tasa de recuperación es cercana al 80%) (SEVB, 2015); no cambia la sensación de inseguridad. Porque el ser violentado en un espacio privados como la casa o el auto, es un hecho que marca, y donde la vida, propia o la de nuestra familia, se encuentra en riesgo.

Notas:
[1] CEAD (2014).
[2] Se ha registrado una disminución de 11% de casos de Delitos de mayor connotación socia (DMCS). De acuerdo a Carabineros de Chile (CEAD, 2017).
[3] Con el consecuente aumento de recursos y dotación de funcionarios. Carabineros actualmente cuenta con alrededor de 59 mil funcionarios, entre civiles y uniformados.
[4] El análisis delictual implica estudiar para identificar patrones, tendencias, causas y efectos. Se utiliza para describir y producir información sensible y valiosa, que permita investigar y aclarar delitos; distribuir eficientemente los recursos y prevenir la ocurrencia de hechos recurrentes y similares. La idea es diseñar estrategias que permitan reducir los delitos.
Existen supuestos y conocimientos de la criminología que ayudan a los analistas a reducir el delito. (Bruce, C. 2010)
[5] Programa parte del Plan de Operaciones de Carabineros de Chile (2014), el cual se enmarca en el “Plan Nacional de Seguridad Pública y Prevención de la Violencia y el Delito: Seguridad para Todos 2014-2017”. Corresponde al Programa 8 “Perfeccionamiento Oficina de Operaciones”.
BIBLIOGRAFÍA
Bruce, C. (2010). Fundamentos del análisis delictual. En Tudela, P. (Ed.). Análisis Delictual: enfoque y metodología para la reducción del delito. p. 27-55. Santiago, Chile: Fundación Paz Ciudadana, International Association of Crime Analysts. Recuperado de: http://www.pazciudadana.cl/wp-content/uploads/2010/12/analisis-delictual_enfoque.pdf
CAODI, (2016). Robo de Vehículos con Intimidación y/o Violencia: Portonazos. Reporte SBAR: Centro de Análisis y Operaciones de Investigación Criminal, n°4 2016.
CARRIÓN, F. (2008). Violencia urbana: un asunto de ciudad. EURE (Santiago), 34(103), 111-130. Recuperado de: https://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612008000300006
CEAD – Centro de Estudios y Análisis del Delito, (2017). Balance Seguridad Pública 2014-2017. Recuperado de: http://www.seguridadpublica.gov.cl/media/2017/12/balance-2017-final.pdf
CEAD – Centro de Estudios y Análisis del Delito, (2017). Resultados ENUSC 2016 y serie comparada 2010-2016 Total País. Recuperado de: http://www.seguridadpublica.gov.cl/media/2017/04/00_Total-Pa%C3%ADs_ENUSC-2016.pdf
CEAD – Centro de Estudios y Análisis del Delito, (2017). Plan Nacional de Seguridad Pública y Prevención de la Violencia y el Delito: Seguridad para Todos. Recuperado de: http://www.seguridadpublica.gov.cl/media/2014/10/Plan-Nacional.pdf
CEP (2017). Estudio Nacional de Opinión Pública: Septiembre – Octubre 2017. Recuperado de: https://cepchile.cl/cep/site/artic/20171025/asocfile/20171025105022/encuestacep_sep_oct2017.pdf
NUNORKTIMES (2018). Portonazo la Florida. Recuperado de: https://nunorktimes.cl/wp-content/uploads/2017/10/Portonazo-en-La-Florida-1024×553-768×415.jpg
SEBV (2015). Servicio de Encargo y Búsqueda de Vehículos de Carabineros de Chile. Recuperado de: http://www.emol.com/noticias/Nacional/2015/09/10/749275/Portonazos-delincuentes-son-en-su-mayoria-adolescentes-y-el-80-de-los-vehiculos-se-recupera.html

“El grafiti mural como estrategia de resignificación a la violencia urbana: intervenciones del Programa Juntos Más Seguros en sectores de alta complejidad sociodelictual”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Jorge Bottai Espinoza; Master of Science in Governance of Risks and Resources, Universität Heidelberg; Licenciado en Seguridad y Defensa, Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos del Ministerio de Defensa de la República de Chile; Licenciado en Educación, Profesor de Historia y Geografía, Universidad Arturo Prat; Diplomado en Prevención del Delito a Nivel Local, Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile] 

Resumen

Esta práctica reflexiona sobre la intervención desarrollada por el Programa Juntos Más Seguros de la Subsecretaría de Prevención de Delito (Chile), su modelo integral de trabajo y de la importancia de la participación para resignificar la violencia urbana. El grafiti mural es una técnica que permite apropiarse simbólicamente de los espacios, contribuye a mejorar la sensación de seguridad asociada a potenciales peligros de la integridad física y material, en territorios de alta complejidad sociodelictual.

Palabras clave: grafiti mural, territorio, participación

 

Im1Im 1: Mural Artistas y Músicos Chilenos, La Pintana 2016 / Fuente: Subsecretaría de Prevención del Delito, 2016

“He visto esos grafitis de gallos que están muertos, narcos que les hacen un gran monumento a los estúpidos. Y ver un grafiti de algo que es más importante, como cuando hicieron un grafiti de meteoritos aquí en la esquina. Los niños se quedan mirando y tú le puedes explicar lo que es, esos grafitis tienen algo de cultura y son bonitos, les muestra cultura a los chicos” (Anónimo [1], La Pintana, 2016)

 

La teoría de las ventanas rotas de Wilson y Kelling (2001), identifica el desorden social y las incivilidades físicas y sociales como causantes del temor en los espacios urbanos. Del mismo modo, Munizaga (2009, p.2) explica que “la concentración territorial de carencias y desventajas sociales, acumuladas a lo largo del tiempo, incide en que exista una mayor vulnerabilidad delictual en determinados barrios, ya que, por un lado, genera situaciones de exclusión social que aumentan la probabilidad de que la delincuencia se instale en ese territorio, tanto por el ejercicio de ella, como por la victimización que produce en los residentes del lugar” (Ver Im2).

En el contexto anterior, se introduce un elemento importante de la caracterización del problema de la violencia urbana, donde encontramos la coexistencia de víctimas y victimarios en el mismo espacio, vislumbrando una tensión social permanente, donde las expresiones de dicha violencia se ejercen desde los victimarios y su apropiación simbólica del territorio.

La apropiación simbólica del territorio, se puede definir como una construcción social y cultural de un grupo determinado de sujetos, basada en relaciones temporales del uso del espacio y su configuración de identidad, que en el contexto de la intervención desarrollada por el Programa Juntos Más Seguros (Subsecretaría de Prevención del Delito), se traduce en la vulneración socio- delictual de los espacios comunes, ejercida por bandas de microtráfico, grupos delictuales organizados y barras bravas; y que generan altos grados de temor y percepción de inseguridad en sus habitantes. Estos espacios en conflicto poseen características visibles, tales como la presencia de microbasurales, falta de mantención en los espacios públicos, murales ligados a las barras bravas, murales animitas, plazuelas abandonadas, caletas para el consumo de drogas, entre muchos otros (Blanco et al., 2014; Reyes & Martínez, 2015; Ministerio del Interior, 2017).

Im2Im 2: El antes de las intervenciones, La Pintana 2015; Alto Hospicio 2016 / Fuente: Google Street, julio 2015 (ver los resultados en figura Nº 5). 

El programa inició en octubre del 2014 en 17 barrios de cuatro regiones del país y alcanzó un total de 20 barrios a finales del 2017. Su objetivo se definió como “disminuir los factores causantes de la violencia, delincuencia e incivilidades en barrios vulnerables socio delictualmente, a través de la implementación de un plan de intervención integral con participación local” (Ministerio del Interior, 2017, p. 3).

En la implementación del plan de intervención integral participaron municipios, organizaciones comunitarias, vecinos e instituciones del gobierno central. Desde una perspectiva política, se propuso contribuir en aumentar la seguridad de los barrios focalizados y la sensación de seguridad asociada a potenciales peligros a la integridad física y material de sus habitantes.

Una de las estrategias de este plan de intervención, se asocia a la habilitación de equipamientos socio-comunitarios y la conformación de espacios públicos seguros. En ambos casos, se promueve el uso y ocupación positiva de los espacios comunes por parte de los vecinos, mediante un modelo de intervención participativo que vincula a la comunidad en el diseño e implementación de infraestructura y de grafitis murales. Para estos efectos, se establece la denominada “Mesa Barrial Tripartita”, instancia de participación social e institucional, orientada a fortalecer la alianza entre gobierno y comunidad, a fin de compartir información sobre el barrio, promover la movilización comunitaria y la apropiación de los espacios (Ministerio del Interior, 2014).

Esta instancia puede definirse como un espacio para la gobernanza territorial, donde la participación se define como una cuestión política y se plantea como desafío el superar las problemáticas asociadas a la apropiación simbólica del territorio (White, 1996).

La discusión de lo que se debía hacer en el territorio, fue abierta y programada, ­­­ —para el caso de los grafitis murales — por un tallerista especializado (pintor de grafitis o murales), quien recogía las opiniones de los vecinos y elaboraba los diseños de acorde a las expectativas de estos. Las temáticas abordadas fueron muy variadas, entre ellas, conceptos de paisajismo y naturaleza, derechos de los niños y niñas, el concepto de inclusión, historia del barrio, cultura, etc. (Ver Im3)

Im3Im 3: Discusión de lo que se debía hacer, La Pintana 2016 / Fuente: Subsecretaría de Prevención del Delito, 2016.

Con los diseños propuestos por los talleristas, modificados y aprobados por la comunidad, se comenzaron a pintar una serie de murallas en los distintos sectores de los barrios, asimismo, se incluyó la participación de vecinos, jóvenes, niños y niñas de los sectores en el desarrollo de las obras (Ver Im4).

Las obras demoraron entre dos y cuatro semanas en ser terminadas, y contaron con los aportes de los municipios, Instituto Nacional de la Juventud, organizaciones vecinales, agrupaciones de grafiteros y de los profesionales responsables del Programa Juntos Más Seguros en cada barrio.

Im4Im 4: El proceso de trabajo, La Pintana 2016 / Fuente: Subsecretaría de Prevención del Delito, 2016.

La resignificación y apropiación simbólica que se generó en el territorio al plasmar los grafitis murales, impulsó a que los vecinos comenzaran a entregar valor a sus espacios públicos, esto se evidencia en sus relatos cotidianos y percepciones de seguridad. La evaluación de impacto desarrollada por Casarino (2017) al Programa Juntos Más Seguros (La Pintana), recogió estos testimonios y dio cuenta de la importancia concedida por los vecinos a los grafitis murales emplazados en el barrio (Ver Im5). En las narraciones de las entrevistas se destaca lo siguiente:

“He visto esos grafitis de gallos que están muertos, narcos que le hacen un gran monumento a los estúpidos. Y ver un grafiti de algo que es más importante, como cuando hicieron un grafiti de meteoritos aquí en la esquina. Los niños se quedan mirando y tú le puedes explicar lo que es, esos grafitis tienen algo de cultura y son bonitos, les muestra cultura a los chicos” (Anónimo, La Pintana, 2016).

“…eso la actividad de grafitis, antes se veía una imagen de un narcotraficante, pero ahora uno ve árboles y muchos dibujos distintos, me gustan los grafitis” (Anónimo, La Pintana, 2016).

“…cuando ves el grafiti dices oh qué bonito, podría agregarle esto y esto otro porque una siempre opina. Antes había muchos rayados” (Inés, La Pintana, 2016).

“Los grafitis a la gente les gustó, un buen trabajado y la gente decía píntenme mi muralla, ellos ofrecieron sus muros para que se entretuvieran y estuvieran 4 o 5 horas, y son muy bonitos los diseños hermosos, preciosos” (María, La Pintana, 2016).

  

Im5Im 5: El después de las intervenciones, La Pintana 2016; Alto Hospicio 2017 / Fuente: Subsecretaría de Prevención del Delito, 2017.

Los resultados de esta práctica han impulsado que los vecinos y vecinas se sientan partícipes y protagonistas de la recuperación de sus entornos, otorgando valor a sus espacios públicos, apropiándose de ellos, resignificando el derecho a su integridad física, espiritual y material. Todas estas intervenciones logran que los espacios en conflicto sean más amables, atractivos y generan una sensación de hermoseamiento, lo anterior aporta sin lugar a duda a resarcir en cierta medida la deuda en el espacio y diseño de los barrios más vulnerables de nuestro país.

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Bibliografía
Blanco, J., Bosoer, L. y Apaolaza, R. (2014). Movilidad, apropiación y uso del territorio: una aproximación a partir del caso de Buenos Aires. En: Scripta Nova, revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Vol. XVIII, Nº 493 (06) Barcelona.
Casarino, N. (2017). Evaluación de impacto intermedia cualitativa del Programa Juntos Más Seguros (PJMS) focalizado en los barrios de Villa el Bosque y Villa Eucaliptus en la comuna de La Pintana. En: Informe de evaluación, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile.
Ministerio del Interior. (2014). Programa Juntos Más Seguros. En: Manual para la aplicación de diagnóstico barrial participativo. Subsecretaría de Prevención del Delito, Santiago de Chile.
Ministerio del Interior. (2017). Programa Juntos Más Seguros, Villa Frei, Alto Hospicio. En: Acciones y Recomendaciones de Prevención del Delito y la Violencia en Barrios. Subsecretaría de Prevención del Delito, Santiago de Chile.
Munizaga, A. M. (2009). Consideraciones relevantes para la prevención del delito en barrios vulnerables. En: Revista Fundación Paz Ciudadana, Nº VIII, pp. 1-12.
Reyes, M, & Martínez, D. (2015). La configuración identitaria en los territorios de migrantes internacionales. En: Revista Península, Vol. X (2), pp.117-133.
White, S.C. (1996). Depoliticising Development: The Uses and Abuses of Participation. En: Development in Practice, Vol. VI (1), pp. 615.
Wilson, J. y Kelling, G. (2001). Ventanas Rotas. La policía y la seguridad en los barrios. En: Delito y Sociedad. Revista de Ciencias Sociales, Nº XV-XVI, Ediciones UNL, Santa Fe, pp. 67-79.
Figuras
Google Street. (2015; 2016). Obtenido de www.maps.google.com.
Subsecretaría de Prevención del Delito. (2016; 2017). Proporcionadas por los profesionales del Programa Juntos Más Seguros.
[1] Se mantiene el anonimato de los entrevistados cuyas críticas son dirigidas, por razones de seguridad personal.

“La desigualdad del miedo urbano”

Revista Planeo Nº 35  Violencia Urbana, Marzo 2018


[Por Leonel Rivas, Arquitecto, México. Estudiante Magister Desarrollo Urbano, PUC] 

Resumen

En las últimas dos décadas, las ciudades latinoamericanas han experimentado progresivamente la pérdida de seguridad en sus espacios públicos y privados. El aumento de la violencia urbana en sus múltiples versiones, en conjunto con los medios de comunicación, han promovido significativamente la percepción de inseguridad en los ciudadanos ante un Estado que aparenta estar lejos de brindar una solución de raíz. Esta inseguridad, traducida en miedo urbano, ha tenido diversas reacciones por parte de los actores involucrados en el desarrollo de la ciudad; una de las principales respuestas ha sido la demanda de las personas por obtener viviendas en barrios seguros, que garanticen la libertad necesaria para desarrollar las actividades cotidianas sin ningún tipo de riesgo. Sin embargo, el grueso de la población no posee las mismas posibilidades de comprar seguridad.

Palabras Clave: Violencia, miedo urbano, condominio

Im1Im 1. Acceso a condominio privado en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, México / Fuente: Elaboración propia

La ciudad desigual, como la mayoría en América Latina, es productora de violencia urbana. Las grandes brechas de desigualdad social han agudizado la incapacidad de inserción laboral formal a población carente de formación profesional; por lo que, ante la necesidad, se ubican en cualquier actividad laboral precaria desvaneciendo sus aspiraciones de desarrollo en trabajos dentro de la formalidad (Katzman, 2011). Eventualmente, la falta de oportunidades para los grupos de población joven, se convierte en un factor que incide directamente en las decisiones individuales para obtener ilegítimamente bienes a través de conductas violentas (Briceño-León, 2007) y que, progresivamente, estas conductas se naturalizan en los barrios donde habitan, representando una “resignación a una vida de pobreza que abarca generación tras generación” (González, Tinoco, & Macedo, 2012).

En virtud de lo anterior, ¿los jóvenes pobres son realmente peligrosos? Los medios de comunicación tienen un rol importante al ser los encargados de difundir los hechos que suceden en la ciudad. Sin embargo, para Gentile (2011) se trata de una estigmatización mediática por parte de los medios de comunicación para establecer un vínculo entre el joven del barrio popular con acontecimientos asociados a la violencia. Asimismo, Kessler (2012) señala que este tipo de noticias mediáticas, tienen profundos efectos que no solo afectan a la población joven como principal blanco asociado a la violencia, sino también al barrio popular donde habita. De esta manera, los demás sectores de la ciudad, tanto de clase media como de clase alta, ven a los habitantes de barrios marginados como una amenaza (Briceño-León, 2002); aunque esto, es parcialmente cierto. Si bien los sectores acomodados sufren de delincuencia constantemente, los pobres en lugares marginados son quienes sufren la violencia como tal, de cierta manera son “víctimas y victimarios de este proceso” (Briceño-León, 2002:36).

Cuando se experimentan directamente actos violentos o cuando se divulgan en la sociedad por cualquier vía, surge el miedo; uno de tipo urbano que no solo se enfoca al espacio público, sino al espacio privado también. El miedo nos puede mantener a salvos, pero también nos puede poner en peligro. El temor a lo desconocido o al imaginario urbano construido por los habitantes, puede convertirse en una auténtica expresión de ansiedad social, la misma que dirige y conduce las acciones de las personas con la finalidad de sentirse seguros. De esta manera, el miedo orienta y una de sus principales funciones es influir y conducir en las tomas de decisiones; de alguna manera el miedo “se configura como el eje a través del cual se organiza la vida” (González Ortiz, Tinoco García, & Macedo García, 2012). Es natural, nuestros antepasados encontraban estos refugios en cavernas para protegerse de animales o de condiciones climáticas que significaran algún tipo de peligro, tal como lo hacen los habitantes de ciudades violentas al ‘refugiarse’ tanto en barrios cerrados altamente vigilados, como en hogares bien protegidos.

Actualmente, los condominios dotados de alta tecnología en seguridad y de una serie de elementos propiamente exclusivos, brindan lo necesario para sentirse seguros al menos temporalmente, porque la violencia, con el tiempo, encuentra caminos más sofisticados que permea cualquier enclave. Sin embargo, ¿cuántos pueden evadir el miedo? Monsivais (2016) señala que “la cancelación del miedo urbano es un lujo de clase”. Como se mencionó anteriormente, los índices más altos de violencia urbana se observan en los barrios pobres, y ante ello, tal como en los demás sectores de la ciudad, existe miedo. No obstante, en estos barrios, además transformar los hogares en casas bunker (Lindón, 2006) con muros ciegos, rejas, alambres y otros mecanismos de seguridad que estén dentro de las posibilidades creativas y económicas, también existe una organización social que permite vigilar y protegerse entre similares.

Hidalgo (2004) plantea una serie de hipotesis que considera relevantes para explicar el por qué del crecimiento de espacios residenciales cerrados; una de ellas se refiere a la creciente criminalidad y seguridad asociada, en la que destaca principalmente el manejo de la información por parte de los medios de comunicación, pues cuestiona la forma de tratar los temas de violencia con lo que realmente sucede en la ciudad, provocando una serie de efectos -miedo- que orientan a la población sus preferencias a residir en lugares cerrados. Si bien el miedo urbano, se ha manifestado con la proliferación de condominios en nuestras ciudades, no es un fenómeno reciente; Borja (2004) señala que el miedo también se presentaba de forma similar en la ciudad preindustrial y en la ciudad de la revolución industrial, en las cuales existían “las fortalezas de los privilegiados, los guetos y la exclusión social” (2004:19).

Al parecer los grupos sociales que viven dentro de estas microciudades fortificadas, salen a realizar turismo cuando se ven en la necesidad de ‘salir’ a la ciudad; la dotación de actividades, servicios, y equipamientos localizadas en el interior, les restringe las oportunidades de interacción con el exterior. “La imagen urbana deja de ser un espectáculo, más bien se remite al encierro o al panorama exclusivo, de aquí se deriva que a la ciudad no se le ve como la civilización y el progreso, sino como la decadencia” (Jorquera, 2011:39). La producción de este escenario por parte de los desarrolladores inmobiliarios es la auténtica homogeneización de las áreas residenciales según su poder adquisitivo; sin embargo, esta producción no nace de la creatividad como tal, sino de la lectura perfecta de la necesidad social por sentirse tranquilos en su hogar. La creatividad viene después con la sofisticación de la vivienda y sus amenidades dentro del recinto amurallado.

De esta manera, la capitalización del miedo urbano, no es propiamente exclusiva de la construcción de este tipo de vivienda, sino que también se manifiesta con el aumento de negocios de seguridad privada y elementos de vigilancia, cuya finalidad de ‘blindar’ el recinto, es ponerlo distante del otro; el otro pobre y desconocido. La consolidación de este modelo de vivienda, lejos de ser rechazado por los diferentes actores urbanos, se ha acogido con gran entusiasmo que ha permitido la implementación, la permanencia y la expansión del mismo en la mayoría ciudades en vías de desarrollo. Asimismo, una de las principales razones de la trascendencia de este modelo, ha sido también, por considerarse como un objetivo aspiracional en la población de clases emergentes. Esto es posible, en gran medida, al marketing inmobiliario que siembra la necesidad en la sociedad por adquirir viviendas de ‘calidad’, además de obtener un estilo de vida diferente (superior al que se tiene) gracias a la disposición de elementos exclusivos al interior. Todo parece indicar que este modelo de vivienda seguirá vigente y exitoso en el futuro.

Lo que es un hecho, es que en estos tiempos modernos donde todo se convierte en mercancía, se está consolidando un mundo más individualista, debilitándose drásticamente las relaciones sociales incluyendo la convivencia familiar. Como advierte Wacquant (2007), si no existe una actuación para redireccionar las fuerzas estructurales en el sistema, que impidan el retroceso social, es de esperar que siga aumentando la desigualdad y con ella, la violencia generadora de miedo urbano.

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Bibliografía
Borja, J. (2004). Espacio público y espacio político. In L. Dammert (Ed.), Seguridad Ciudadana: Experiencias y Desafíos (1ra Edició). Valparaíso.
Briceño-León, R. (2002). La nueva violencia urbana de América Latina. Sociologias, (8), 34–51. https://doi.org/10.1590/S1517-45222002000200003
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González Ortiz, F., Tinoco García, I., & Macedo García, A. (2012). Inseguridad y violencia. Narrativas en torno a la violencia y la inseguridad en el Estado de México. Espiral, XIX(55), 79–116.
Hidalgo, R. (2004). De los pequeños condominios a la ciudad vallada: Las urbanizaciones cerradas y la nueva geografía social en Santiago de Chile (1990-2000). Eure, 30(91), 29–52. https://doi.org/10.4067/S0250-71612004009100003
Katzman, R. (2011). Seducidos y abandonados. El aislamiento social de los pobres urbanos. Revista de La CEPAL, (76), 171–189.
Kessler, G. (2012). Las consecuencias de la estigmatización territorial. Reflexiones a partir de un caso particular. Espacios En Blanco, 22, 165–198.
Lindón, A. (2006). La casa bunker y la deconstrucción de la ciudad. LiminaR. Estudios Sociales Y Humanísticos, IV, 18–35.
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Wacquant, L. (2007). Los condenados de la Ciudad. Gueto, periferia y estado. (S. X. Editores, Ed.), La marginalidad urbana en el horizonte del siglo XXI.

“Muelle del cementerio: perspectivas desde el ejercicio de la ciudadanía”

Revista Planeo Nº 34  Territorios Religiosos, Diciembre 2017


[Por Aldea: Fundación que busca desarrollar acciones e investigaciones colaborativas con comunidades a largo del país, que generen espacios más inclusivos, democráticos y acordes a los intereses de las personas que los habitan. Elaboramos metodol ogías que sean fruto de una mirada crítica de los territorios donde habitamos, y de una valoración del entorno que permita a las personas a participar de las decisiones respecto de su destino e integrar estas temáticas en el aprendizaje de niños, niñas, jóvenes y adultos.
Dirección Cementerios Municipales de Valparaíso, Corporación Municipal de Valparaíso para el Desarrollo Social, Alcaldía Ciudadana – Ilustre Municipalidad de Valparaíso]

Resumen

Cementerio, palabra proveniente del griego “koimitiron” o dormitorio, el lugar donde descansan eternamente los restos humanos de una comunidad. Se dice que son las ciudades de los muertos (la necrópolis) pero a escala, con diversos formatos y paradigmas de sepultación que han ido transformándose en el tiempo respondiendo a las diversas miradas frente a la muerte. Se trata de espacios construidos donde se vuelcan un conjunto de creencias, tradiciones espirituales y religiosas que acompañan el rito mortuorio. De hecho, la configuración del espacio en un cementerio responde a una lógica específica asociada a iconografías y simbolismos propios del qué hacer sepultural. Tanto la tipología de sus sepulturas (cuerpos de nichos, comunitarios e institucionales, bóvedas familiares, sepulturas en tierra, fracción en parque, mausoleos, etc.), como el plano de sus calles, sus materialidades, y su ornamentación responden a ideas concretas de cómo debe ser la ciudad para los muertos. Donde se piensa prima la tranquilidad y el silencio como valores asociados al respeto de las almas ahí inhumadas. El presente artículo presenta el caso del Cementerio No 3 de Playa Ancha de Valparaíso y la intervención de uno de sus bordes como espacio público, como ejercicio de ciudadanía y trabajo conjunto con la comunidad viva que le da valor y sentido.

Palabras Clave: Cementerio, espacio público, diseño y construcción participativa

Im1.-Tijerales Autor_ AldeaIm1. Tijerales, Registro del autor

Pese a que la idea sobre los cementerios está asociada a creencias de una ciudad sin vida y a encontrarse tradicionalmente en el extra muro, a espaldas de donde ocurre la “vida real”, se trata, muchas veces, de lugares que deben ser pensados y diseñados también para la población que se relaciona diariamente con ellos, dotándolos de vida y actividades cotidianamente. Desde esta perspectiva un cementerio solo puede ser comprendido en una dimensión sistémica.

El “quehacer cementeriano”- paráfrasis de la auto-denominación que hacen los trabajadores de los Cementerios Municipales de Valparaíso de sí mismos, “los cementerianos”-, así como la ritualidad observada aparecen entonces, determinados por dimensiones comerciales (formal e informal), religiosas, identitarias, históricas, patrimoniales, turísticas, artesanales, de derechos humanos y memoria, entre muchas otras.

Pensar los cementerios como un sistema en el cual se reproducen prácticas sociales y culturales urbanas, nos permite y obliga a observar el espacio y a relacionarnos con un territorio de alta complejidad. Las tareas y gestión que requiere son diversas e intensas, principalmente por la temática que aborda: la pérdida y el dolor. Por ello, es de real importancia velar por que todos los actores y actividades que ahí confluyen encuentren espacios adecuados para su desarrollo.

La vitalidad y naturaleza de cada cementerio varía según su origen, ubicación, tamaño y nivel de actividad. El Cementerio N° 3 de Playa Ancha, Fundado en 1887 y creado “Para pobres en solemnidad”, emerge como una alternativa para los requerimientos de la comunidad popular de Valparaíso en materia de inhumación, es nuestro caso de trabajo y recibe mensualmente alrededor de 25 mil personas los que junto a los más de 100 trabajadores formales, aguateros, pergoleros y marmoleros, nutren, dibujan y activan cotidianamente este espacio. Administrado por la Corporación Municipal de Valparaíso para el Desarrollo Social, el Cementerio N°3 es el segundo cementerio más grande de Chile y por ende el camposanto más importante de la ciudad. Conocido por ser el cementerio “de los pobres” de Valparaíso es un lugar muy importante para el alma porteña, se dice que no hay porteño que no tenga un amigo o pariente enterrado en este cementerio.

Actualmente, los Cementerios Municipales de Valparaíso son parte de un programa de recuperación integral que buscar devolverles su valor en tanto lugares de memoria y transformarlos en espacios de promoción de la cultura mortuaria local (Ver Im 2 y 3).

Im2.- Etapa de diagnostico y diseño Autor_ AldeaIm2. Etapa de Diagnóstico y Diseño, Registro del autor

Im3.-Etapa de construcción participativa y voluntaria_ Zona pergola_Autor_ AldeaIm3. Etapa de construcción participativa y voluntaria zona pérgola, Registro del autor

En este contexto nace la idea conjunta entre la actual dirección de los Cementerios Municipales y la Fundación Aldea de poner atención a las distintas dinámicas socio-espaciales del Cementerio n°3… ¿Cómo se apropian los espacios? ¿Cuándo? ¿Qué tipo de lugares requieren los distintos actores? ¿Qué anhela la comunidad identificada?

La reflexión fundante fue entonces abordar el cementerio como un Espacio Público[1], y así dar cuenta de éste como un lugar de convivencia entre vivos, simbología mortuoria y memoria. Bajo esta premisa incorporar a la comunidad en el diseño apareció como una gran evidencia. El desafío fue entonces empezar a repensar y diseñar las 16 hectáreas del Cementerio n°3 , para y con la comunidad viva: trabajadores –cementerianos-, deudos, comunidad circundante y la creciente masa de interesados en redescubrir estos espacios de genuina cultura local en la llamada ciudad Patrimonio de la Humanidad.

El rito mortuorio, religioso o laico, no acontece de modo independiente a las personas vivas pues son ellos los portadores de la tradición que dota de significados un cementerio. Tradición e identidad heredada generacionalmente pues este rito es periódicamente revisitado.

Bajo una lógica de diseño y construcción participativa y de trabajo en red, nace el proyecto “Muelle del Cementerio”, haciendo alusión a la ubicación de éste. El Cementerio N°3 se encuentra en una punta de la península de Playa Ancha, frente al mar y en línea directa con el faro. En este contexto realizamos en un primer momento con los y las trabajadores una serie de mapas mentales que fueron dando cuenta de los valores, visiones y necesidades de la comunidad cementeriana. Así surgió la idea de recuperar un espacio abandonado en el cementerio convertido en un micro basural.

Todo proyecto constructivo parte de una necesidad. En esta oportunidad se incluyó la mirada y el anhelo de la comunidad que hace uso del lugar: familias visitantes, comunidad aledaña y los propios trabajadores. Durante un mes, y a partir de entrevistas, mapas proyectivos y la observación etnográfica de conductas constructivas (con fuerte énfasis en la autoconstrucción) se diseñó este espacio que fue construido sólo con manos voluntarias.

La necesidad consensuada fue un espacio en el cementerio que permitiera la contemplación, el descanso y la reflexión. Un espacio de encuentro y recreación para las familias visitantes y los trabajadores que hasta entonces no tenían un lugar propicio para descansar al aire libre.

El trabajo liderado por Aldea, y que estuvo patrocinado en parte por la organización Espacio Lúdico en el marco de PlaceMaking Latinoamérica, tuvo un gran componente de flexibilidad en la medida que nuevos actores y miradas se fueron sumando al proyecto. El trabajo requirió limpiar, desmalezar, aplanar el suelo, rediseñar, construir y organizar la celebración de los tijerales. En este contexto cada conocimiento, perspectiva y donación de materiales fue incorporada y fue relevante para el resultado final.

Ya acabada la primera etapa hemos sido testigos cómo “los cementerianos” han seguido trabajando, lo cual era un hecho deseado. El Muelle no es un proyecto cerrado, al contrario fue un estímulo para una serie de desafíos que enfrenta este Cementerio y que sólo en comunidad y con trabajo en red se pueden enfrentar.

Existen nuevas necesidades que deben ser incluidas al momento de pensar el devenir del cementerio y definir los espacios donde cobra valor tanto los aspectos patrimoniales como los usos y prácticas actuales. Con similares características a la ciudad que le acoge, la necrópolis experimenta cambios que hablan de nuevos paradigmas de participación, ciudadanía, opinión pública, problemáticas ambientales y sociales, formas de ritos, la necesaria vinculación territorial con establecimientos educacionales, entre otros, que hacen del Cementerio No 3 un caso y laboratorio abierto a ser trabajado y estudiado de manera sistémica (Ver Im 4).

Im4.- Inspiración en la autoconstruccion de zona de Sepulturas en Tierra_Arquitectura Mortuoria Autor_ AldeaIm4. Inspiración en la autoconstrucción de sepulturas en tierra, Registro del autor

Notas:
[1]
Commission for Architecture and the Built Environment. (2007). Cemeteries, churchyards and burial grounds. Cabe Spaces, 1, 10.

“DISEÑO URBANO CENTRADO EN LA PERSONA. Una propuesta para enfrentar los retos urbanos en América Latina”

Revista Planeo Nº32; Ciudades Inclusivas, Junio 2017

[PorBenjamín Alva; Facultad del Hábitat, Profesor Investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Fernando Narváez; Estudiante de Magíster de Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, IEUT PUC
Ana Laura Martínez; Estudiante de pregrado en Diseño Urbano y del Paisaje, UASLP]

Imagen_Destacada 306x306Recibido el 10 de junio de 2017, publicado el 29 de diciembre de 2017

Derivado de la acelerada dinámica y forma de crecimiento de las ciudades en América Latina, existen retos asociados al aumento desproporcional de su población y de la superficie urbana, de movilidad, de energía o de uso intensivo del conocimiento y de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), entre muchos otros; por ello se requieren soluciones asociadas a nuevas formas de diseño urbano, basadas en la comprensión de los nuevos fenómenos como las relaciones físicas y virtuales que suceden en la ciudad, estudiar la movilidad a partir de entender cómo la gente no se mueva innecesariamente para la realización de sus actividades o la paradoja del uso de las TIC que han dividido al territorio y disminuido las relaciones personales. El objetivo de este artículo es presentar un modelo de planeación y diseño urbano que coloca como centro de atención a la persona y analiza a la ciudad como proceso, basado en tres principios: conectividad, accesibilidad y generación de valor, en oposición a una visión tradicional de ciudadano o usuario, de necesidades como esquema utilitario, estructural-funcionalista y que estudia a la ciudad como objeto o producto. Esta propuesta es útil para la implementación de la Nueva Agenda Urbana en ciudades de América Latina que comparten características de expansión, fragmentación, segregación y pérdida de valor.

Palabras clave: Planeación urbana, Diseño urbano, Accesibilidad, Conectividad, Generación de valor

Abstract

The urban sprawl and the fast growth of cities in La- tin America produce several challenges with the mo- bility of the persons, use of energy or intensive use of knowledge and of Information Communication and Technologies (ICT); Therefore, the main solutions should to think about new forms of urban design, di- fferent ways to understanding of new phenomenas such as the physical and virtual relationships at the city. Now, the study of mobility is based on unders- tanding how people do not move (unnecessarily) to do their activities, and we have to face the paradox of the use of ICT bettewen divided territory and the personal relationships as well. This article present a model of urban planning and design where the per- son is the center of attention, there are three prin- ciples: connectivity, accessibility and generation of value, this model is differente to a traditional vision of citizen or user, needs as a utilitarian function, and the city as an object or product. This proposal is use- ful for the implementation of the New Urban Agenda in cities of Latin America that share characteristics of expansion, fragmentation, segregation and loss of value to the persons.

Keywords: Urban planning, Urban design, Accessibility, Connectivity, Generation of value

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