Apropiación del espacio público. Diseño participativo en villa El Cabildo en el contexto del programa Quiero mi Barrio 2014

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por:

Víctor Hugo Lenin Acuña Jiménez, Sociólogo Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Magister en Psicología, Mención en Psicología Comunitaria Universidad de Chile

María Magdalena Barros McIntosh, Arquitecta PUC, Arquitecta del Paisaje PUC, Magister en Proyectos de Arquitectura y Urbanismo FUNIBER]

Resumen

El siguiente articulo propone una reflexión sobre las consecuencias de la participación de la comunidad en la ejecución del programa de Recuperación de Barrio “Quiero mi barrio” implementado en la Villa el cabildo de Pudahuel Sur y en la apropiación del espacio público.

Palabras clave: recuperación barrial, espacio público, diseño participativo.

Se habla mucho de la recuperación de Barrios, pero ¿Qué es lo que se recupera cuando se recupera un barrio? Bajo diversas perspectivas la recuperación de un barrio considera, a lo menos, dos dimensiones (MINVU, 2014): una física o espacial, donde recobramos un espacio que no tiene un uso, o tiene un uso no deseado, o no tiene un equipamiento apropiado, y una segunda dimensión más bien social, que se refiere a la re significación del lugar, de manera que aquello que es ajeno o no reconocido, se vuelva parte de aquello que reconocemos como parte de nuestra cultura, de nuestra identidad (Iñiguez, 2001), y que las personas se apropien de él.

Desde otro punto de vista, las intervenciones territoriales consideran varias dimensiones: estructural, urbana, rural, medioambiental y PAISAJÍSTICA (Visión integradora de las anteriores…). “Se trata de una diversidad que resulta de la articulación de lo físico, lo biológico y lo cultural en cada lugar…“ (Mata, 2006). Desde esta perspectiva, la intervención que exponemos reconoce esta complejidad de múltiples aspectos.

Una de las experiencias que consideramos exitosas en la recuperación de Barrio, dados las dimensiones anteriores, es la realización del programa Quiero mi Barrio en la Villa el Cabildo de Pudahuel Sur, que comienza el año 2014 con la instalación de iluminación peatonal por Av. Los Mares, para luego fijar proyectos de espacios públicos con la comunidad, a recuperar dentro del barrio: 1-. Recuperación de borde barrial, consiste en el mejoramiento de las platabandas que se encontraban abandonadas en todo el contorno del barrio, a través de elementos constructivos y de paisaje que dieran diversidad de usos pero continuidad espacial; 2-. Plaza La Estrella, que consistía en mejorar una plaza existente, pero que los vecinos no consideraban como propia. Se diseña un espacio que diversifica las zonas para el uso de diferentes actores, reconociendo los usos y tránsitos cotidianos preexistentes. Ambos proyectos se abordaron adaptándose a los contextos de la ciudad y permitiendo una apropiación de dichos espacios por parte de los vecinos/as, re construyendo o re modelando con ello su identidad.

Imagen 1. Imagen objetivo proyectos de barrio
Imagen 1. Imagen objetivo proyectos de barrio

El trabajo del programa Quiero mi Barrio instala una metodología participativa que permite generar por una parte, la definición física de los proyectos y por otra una apropiación significativa de los espacios que se reconocen por parte de los vecinos como lugares de encuentro cotidiano y de generación de vida de barrio.

A través de la utilización de las metodologías participativas, en este barrio consideramos al menos tres aspectos que creemos interesante relevar, tres aspectos que dan sustento al uso de dichas metodologías:

1-. Las diferentes instancias de participación (maquetas de propuesta, dibujos de preferencias significativas, conversaciones, juegos, etc.) permitieron que los vecinos reconocieran sus usos cotidianos, estos fueran valorados y, luego, respetados en el diseño y ejecución de los proyectos, de manera de explorar esas cotidianidades que construyen la propia historia;

2-. Parte de las metodología fue visitar otros barrios y espacios públicos que permitieran una apertura de miradas sobre la organización barrial así como las posibilidades de espacialidades novedosas para los vecinos de El Cabildo, las que facilitaron la amplitud de propuesta espacial de los proyectos y generaron una mirada positiva al trabajo comunitario;

Participacion adultos. Maqueta

Imagen 2 y 3. Participación adultos con maquetas proyectivas
Imagen 2 y 3. Participación adultos con maquetas proyectivas

3-. Se incorpora la participación de niños en la propuesta de diagnóstico que fue marcada por un gran interés en la recuperación de los espacios públicos, mientras que en los adultos la mirada era más bien de desapego de estos espacios y de valorización de los espacios privados.  Este contrapunto fue trabajado con la comunidad permitiendo generar un cambio de mirada de los adultos en relación a estos lugares.

Imagen 4. Participación de niños a través de dibujos
Imagen 4. Participación de niños a través de dibujos

Hoy, con las obras ya construidas, los vecinos han generado nuevas acciones en su espacio de barrio y es posible observar las siguientes potencialidades del proyecto: A-. La iluminación permitió volver a recorrer los espacios en diferentes horarios, por lo que recuperó un uso que se había perdido, además de permitir mayor sensación de seguridad y en definitiva mayor confianza; B-. Se han generado nuevos puntos de encuentro entre vecinos y vecinas, diversificando los actores que hacen uso del espacio público, permitiendo conocerse entre ellos y generando un mayor sustrato de participación; C-. En una dimensión identitaria, la participación permitió que los vecinos y vecinas reconozcan como propias las decisiones que se tomaron en los procesos de diseño dando validación y apropiación a los nuevos espacios, lo que facilita los compromisos de cuidado y mantención, más allá de las responsabilidades estatales sobre ello; D-. Se ha promovido la belleza y la particularidad de los diseños y ejecuciones, generando con ello un estándar de excelencia que da un mayor valor económico y social, como una política de equidad, que también aumenta los estándares de la propia población hacia la entidad pública; E-. Se ha facilitado la valoración de especies nativas incorporadas a los proyectos; F.-Por último, los procesos participativos han permitido la articulación de los diversos actores comunitarios y estatales, en una relación directa que la hace sustentable en el tiempo más allá de la permanencia del programa y el equipo barrial, que ya en esta etapa permite que la comunidad se vincule directamente con las unidades municipales para coordinar o gestionar acciones de barrio.

Imagen 5. Plaza La Estrella abierta a la comunidad en sus primeros días
Imagen 5. Plaza La Estrella abierta a la comunidad en sus primeros días

 

Imagen 6. Plaza con el conjunto de viviendas Villa El Cabildo
Imagen 6. Plaza con el conjunto de viviendas Villa El Cabildo

Por último, tenemos la convicción que la recuperación en barrio El Cabildo se ha logrado por la apropiación e identificación de los espacios por parte de la comunidad, que han permitido tener nueva vida en espacios públicos antiguamente abandonados. Consideramos sin embargo, que más allá de la utilización de metodologías participativas, las cuales se constituyen como una herramienta, estas deben estar asociadas a una voluntad política, y práctica, para ejercer la gobernanza desde los insumos que las metodologías generan, adecuando los tiempos y procedimientos, dentro de lo posible, a los procesos comunitarios y a la madurez de las organizaciones existentes, alineando a todos los actores en mayor horizontalidad, de conocimiento y, en última instancia, de poder, no solo en la toma de decisiones sino en las practicas permanentes. Un nuevo trato en la aplicación de la política pública.

Plaza terminada 3

Imagen 7 y 8. Comité de obras en visita 100% obra terminada en Plaza La Estrella
Imagen 7 y 8. Comité de obras en visita 100% obra terminada en Plaza La Estrella

Conocer y actuar en el paisaje. Los catálogos de paisaje de Cataluña y su aplicación en la planificación

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por: Pere Sala i Martí, Director del Observatorio del Paisaje de Cataluña www.catpaisatge.net]

Resumen

En el marco del Observatorio del paisaje en Cataluña, comunidad autónoma de España, se aborda en la presente práctica cómo este elemento ha sido incorporado dentro de la gestión y planificación territorial como un activo a través de la discusión acerca de los catálogos de paisajes creados por esta entidad.

Palabras clave: paisaje, catálogo, planificación.

Figura 1. Coberta catàleg RMB.indd
Figura 1. Coberta catàleg RMB.indd

En diciembre del año 2000, el Parlamento de Cataluña se adhirió al Convenio Europeo del Paisaje (CEP), y en el 2005 se aprobó la Ley 8/2005, de protección, gestión y ordenación del paisaje. A través de la aprobación de esta Ley, el paisaje deja de tener una connotación exclusivamente estética para pasar a ser un elemento activo en la ordenación y gestión del territorio, como también un motor de desarrollo.

En paralelo a este proceso, se creó el Observatorio del Paisaje de Cataluña, entendido como un centro de pensamiento, estudio, documentación y acción sobre el paisaje, y un punto de encuentro entre todas aquellas instituciones, entidades y personas que, en Cataluña y fuera de Cataluña se preocupan y se interesan por esta temática. Una de las principales actividades del Observatorio del Paisaje desde 2005 ha sido la elaboración de los siete catálogos de paisaje de Cataluña, creados por la Ley del paisaje, encargados por el Departamento de Territorio y Sostenibilidad de la Generalidad de Cataluña, y pensados ​​como instrumento de caracterización del paisaje con el fin de introducirlo en la planificación territorial y sectorial.

Los catálogos de paisaje, del conocimiento a la acción

El conocimiento es la base para poder tomar decisiones acerca del paisaje. Desde esta perspectiva, los catálogos constituyen el principal proyecto de generación de conocimiento, definidos por la Ley 8/2005 de protección, gestión y ordenaciones como los “documentos de carácter descriptivo y prospectivo que determinan la tipología de los paisajes de Cataluña, identifican sus valores y estado de conservación y proponen objetivos de calidad que deben cumplir”. En este sentido, el principal objetivo de los catálogos es contribuir a la incorporación de objetivos paisajísticos en el planeamiento territorial y urbanístico, como también constituyen una referencia para estrategias sectoriales asociadas al paisaje (agrarias o turísticas, por ejemplo), o para campañas de sensibilización social sobre la diversidad paisajística de un territorio.

Los catálogos no son un mero inventario de elementos, espacios o valores, tal y como podría suscitar su nombre. Son mucho más que esto. Constituyen las herramientas que permiten conocer cómo es el paisaje y qué valores contiene, qué factores explican que tengamos unos paisajes determinados y no otros, cómo evolucionan estos paisajes en función de las actuales dinámicas económicas y sociales y, finalmente, qué tipo de paisaje queremos y cómo podemos conseguirlos. Actualmente, con el 100% de los paisajes de Cataluña identificados y caracterizados a través de los catálogos, su marco conceptual, metodológico y procedimental para la elaboración de los siete catálogos se publicó una vez terminados[1].

Figura 2. The Landscape Catalogues
Figura 2. The Landscape Catalogues of Catalonia. Observatorio del paisaje.

La implicación de los agentes públicos y privados, y de la ciudadanía

Los catálogos han intentado superar la clásica lógica sectorial y han articulado formas participativas y transversales de trabajar y de generar el conocimiento. Con el fin de incidir en todas sus fases de elaboración. Buscando la máxima representatividad, se combinaron diversas técnicas de participación pública, como entrevistas telefónicas, estudios de opinión, consultas a través de internet, entrevistas a los agentes ya expertos, talleres de trabajo, sesiones informativas, etc.

Las unidades de paisaje, nuevos ámbitos de referencia para la planificación

El principal resultado y el más visible de los catálogos ha sido el mapa de 134 unidades de paisaje, o 134 paisajes, que cubren todo el territorio de Cataluña, y que no son vistas como entidades político-administrativas, sino como espacios de vida, lugares de encuentro, contenedores de memorias colectivas o, incluso, ámbitos idóneos para repensar el gobierno del paisaje. No son sólo ámbitos de comprensión y descripción del carácter de un determinado paisaje, sino ámbitos de gestión, de ordenación y de intervención. A estas cualidades se les debe sumar su gran capacidad didáctica y de sensibilización.

Aplicación de los catálogos de paisaje en las políticas territoriales y sectoriales, y el ámbito local 

Figura 3. Els Paisatge de Catalunya. www.catpaisatge.net
Figura 3. Els Paisatge de Catalunya. www.catpaisatge.net

Otra de las principales peculiaridades de los catálogos de paisaje es que de ellos se derivan las Directrices de paisaje, creadas por la Ley homónima, y que recogen los objetivos de calidad paisajística de los catálogos y los introducen normativamente en los planes territoriales aprobados por el Gobierno. El conocimiento aportado por los catálogos también empieza a ser utilizado en las políticas sectoriales. En el ámbito energético, por ejemplo, el Observatorio ha elaborado la guía “Orientaciones para una adecuada implantación de los aerogeneradores en Cataluña”, dirigida a promotoras y profesionales, aportando orientaciones para colocar adecuadamente estas infraestructuras en el territorio en función de la diversidad de paisajes de Cataluña y de sus valores reconocidos en los siete Catálogos.

En paralelo, el mundo local se interesa cada vez más en el paisaje, y fruto de ello nacen iniciativas de gestión y ordenación de este lideradas o coliderada por la Administración y por la misma sociedad civil. Muchas de ellas, en forma de cartas (como la carta del paisaje del Priorat o del Lluçanès) o planes de paisaje (como el Plan de paisaje transfronterizo de la Cerdaña, o el plan de paisaje de Cervera), son experiencias que crean nuevos espacios de diálogo y concertación entre actores, promoviendo de esta forma la corresponsabilidad con la aplicación de las políticas y acciones de paisaje.

Para concluir

Figura 4. Cartas de Paisaje. www.catpaisatge.net
Figura 4. Cartas de Paisaje. www.catpaisatge.net

La función del Observatorio del Paisaje es la de actuar de punto de encuentro entre todas aquellas instituciones, entidades y personas que, en Cataluña y fuera de Cataluña, se preocupan y se interesan por el tema del paisaje, tanto desde el Administración, como desde el ámbito profesional, docente y de la investigación. Con su trabajo simultáneo de generación de conocimiento y de planificación del territorio desde el paisaje, intenta contribuir a hacer realidad la consolidación de un nuevo paradigma que instaure nuevas formas de democracia participativa en todo lo relativo al gobierno y la gestión del territorio.

En este sentido, los catálogos de paisaje han marcado un antes y un después en el conocimiento y la gestión del paisaje en Cataluña, tanto por su capacidad de documentar y orientar a las políticas públicas, como por su potencial pedagógico o de sensibilización a la sociedad. Estas iniciativas, cada vez están teniendo más utilidades que las contempladas por la Ley. Sobre todo, para aquellos territorios que buscan nuevos contenidos y nuevas respuestas, y para aquellas administraciones y entidades que ponen sobre la mesa nuevas formas de alcanzar acuerdos y de actuar, y donde el paisaje es visto cada vez más como un bien común, como un motor para su desarrollo, y como una vía para incrementar su nivel de autoestima, de identidad, así como la calidad de vida de la ciudadanía.

[1] Nogué, Joan; Sala i Martí, Pere; Grau, Jordi, Els catàlegs de paisatge de Catalunya: metodología = The Landscape Catalogues of Catalonia. Metodology. Olot: Observatori del Paisatge de Catalunya, 2016.

Infraestructura Verde e Instrumentos de Planificación territorial: una posibilidad de incorporar el paisaje fragmentado de la comuna de La Florida

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por: Aaron Jiménez Quezada, Arquitecto de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Departamento de Urbanismo Dirección de Obras Municipalidad de La Florida, Diplomado BIM de la Pontificia Universidad Católica]

Portada. Catastro de recursos fluviales y áreas verdes barriales, comunales y metropolitanas en la comuna de La Florida
Fig. 1 Catastro de recursos fluviales y áreas verdes barriales, comunales y metropolitanas en la comuna de La Florida

Resumen

La presente práctica expone el estudio y mapeo de las áreas verdes en la Comuna de Florida, debido al alto déficit de estas, causado por la explosión urbana poco planificada de los últimos 30 años en las comunas periféricas de Santiago.  Identificando espacios remanentes y sitios eriazos en la trama urbana con el potencial de vincularse como infraestructura verde con áreas verdes existentes. A partir de ello, se analizó y reflexionó sobre la oportunidad de poner en valor el paisaje precordillerano del valle central, actualmente fragmentado, a partir del manejo de los instrumentos de planificación territorial.

Palabras clave: Áreas verdes, paisaje fragmentado, instrumentos de planificación territorial

La Florida es una comuna ubicada en el sector sur-oriente de la ciudad de Santiago en la Región Metropolitana. Debido a su gran envergadura colinda con 5 comunas: Puente Alto, Macul, Peñalolén, La Granja, San Joaquín y La Pintana. Dicha ubicación es privilegiada, no solo en términos de conexión con otras comunas de Santiago, sino que, por su proximidad a la precordillera, la cual le otorga diversos servicios ecosistémicos; se emplaza a pie de cerro de la Cordillera de los Andes, importante fuente de flora, fauna y recursos hídricos que alimentan al gran Santiago. Entre ellos se puede contar el Canal de Las Perdices, Canal San Carlos y  Zanjón de la Aguada. Por otro lado, tiene dos cerros islas, Chequén y Jardín Alto, pertenecientes a la red de 26 cerros islas en Santiago.

Aun teniendo esta posición geográfica privilegiada en términos de biodiversidad, y de potenciales áreas verdes, esta comuna cuenta con un grave déficit de áreas verdes de 2.5 M2/hab (Centro de Políticas Públicas UC ,2017), muy por debajo de lo recomendado por la Organización Mundial de Salud (OMS), que son 9 m2/hab. Realidad que cobra mayor importancia al ubicar a la comuna de La Florida como la cuarta más poblada de Santiago con 366.916 habitantes (CENSO, 2017)

Para entender el  déficit de áreas verdes que presenta la comuna, es necesario  contextualizar  la historia urbana de la zona sur oriente de Santiago entendiendo que, las comunas ubicadas fuera del anillo de Américo Vespucio, fueron las primeras en ser afectadas por el explosivo y poco regulado crecimiento que ha perjudicado a la Periferia en los últimos 30 años. Durante los años 90 se construyeron distintos proyectos de viviendas sociales y de estratos medios que fueron emplazados sin una planificación previa dejándolas en terrenos pocos conectados, sin el equipamiento necesario y  áreas verdes recomendadas, aprovechando los bajos costos de terreno que ofrecía la periferia. Lo que produjo que esta expansión fuera desordenada, fragmentada y con una nula cobertura de bienes públicos urbanos. Obteniendo como resultado comunas desvinculadas de su contexto  geográfico y territorial; con un paisaje fragmentado, sin consolidar ni reconocer su valor por parte del estado.

Hoy la comuna de La Florida está alcanzado su límite de expansión urbana, a pesar de ello, existen distintos predios dentro de la trama urbana: como áreas verdes privadas, sitios eriazos, corredores naturales y  recursos fluviales, los cuales tienen el potencial de contrarrestar este déficit de áreas verdes y fragmentación del paisaje natural, para integrarlo y generar una ciudad más sostenible y resiliente en el tiempo.

Es bajo este criterio de urbanización en el cual es importante destacar la visión que tiene Vásquez (2018) sobre los espacios verdes, señalando que “Hay que dejar de ver los espacios verdes simplemente como tierras vacantes que aún no han sido urbanizadas y a la espera de serlo, para verlos como una tipología de uso por sí misma que entrega múltiples beneficios sociales, económicos y ecológicos, y que por lo tanto son un eje estratégico en el desarrollo urbano”.

 Bajo esta premisa, a través de un análisis de la densidad predial (fig.2), con información del Departamento Catastro Municipalidad de La Florida y de acuerdo al Plan Regulador Comunal vigente, se realiza un mapeo de áreas verdes y recursos  fluviales en la comuna, con el fin de identificar predios y espacios remanentes en la trama urbana, tanto públicos como privados, que tengan el potencial de conservación ecológica o de transformarse en nuevas áreas verdes públicas.

Fig. 2 Imagen de la izquierda muestra la densidad predial. Imagen de la derecha sitios eriazos con potencial de transformarse en áreas verdes.
Fig. 2 Imagen de la izquierda muestra la densidad predial. Imagen de la derecha sitios eriazos con potencial de transformarse en áreas verdes.

 

Al momento de catastrar, el criterio utilizado para de clasificación utilizado para identificar las áreas verdes de la comuna fue ordenarlas según su escala y junto a ello su radio de influencia con respecto a su entorno urbano. Es decir mientras mayores metros cuadrados tiene el área verde, mayor es el área de influencia en la ciudad.  A partir de ello se denominan las siguientes escalas:

a) Escala Barrial (fig.3): Con un tamaño de 0 a 5 Ha. donde se pueden encontrar plazas, plazuelas y bandejones centrales.

Fig. 3. Catastro de áreas verdes Barriales.
Fig. 3. Catastro de áreas verdes Barriales

b) Escala comunal (fig.4): Con un tamaño de 5 a 30 Ha, donde se pueden encontrar Centro de eventos, terreno religiosos, cerros islas y terrenos municipales no consolidados.

Fig. 4. Catastro de áreas verdes comunales
Fig. 4. Catastro de áreas verdes comunales

c) Escala metropolitana (Fig.5): Con un tamaño de 30 a más Ha. Terrenos privados y públicos con el potencial y el tamaño para transformarse en áreas verde intercomunales.

 

Fig. 5. Catastro de áreas verdes Metropolitanas
Fig. 5. Catastro de áreas verdes Metropolitanas

Parte de los resultados de este análisis es destacar la existencia de distintos sitios eriazos privados, protegidos como áreas verdes por el Plan Regulador Comunal (PRC) con el potencial de transformarse en áreas verdes públicas para la comuna. Está el caso del Cerro Isla Chequen  de 39.1 Ha. y parte del Cerro isla Jardín  Alto con 4.6 Ha. protegidos por el PRC como área verde. Por otro lado existe el caso del Parque La Salle un terreno eriazo de 61 ha., de las cuales 26 están protegidas por el PRC como Parque Intercomunal. Por otro lado el estudio nos revela que  el área verde pública más grande de la comuna de La Florida es el Parque Frei con menos de 5 Ha. (fig.6)

Fig. 6. Estudio final, análisis del catastro de áreas verdes públicas y privadas de la comuna de la florida.
Fig. 6. Estudio final, análisis del catastro de áreas verdes públicas y privadas de la comuna de la florida.

Es así, como el concepto de Infraestructura Verde (Benedict y McMahon, 2002)  surge como una aproximación para comprender cómo se puede compatibilizar el crecimiento urbano con la protección del medio ambiente, haciendo énfasis en los servicios y beneficios, tanto ecológicos como sociales; dentro de los cuales es posible destacar la capacidad de regular temperaturas, albergar especies nativas, proporcionar espacios para la recreación, mejorando la calidad de vida de muchas personas.

Debido a lo anterior, es posible señalar que se reconoce la oportunidad  de vincular el paisaje fragmentado en la Comuna de la Florida a partir de la consolidación de distintos sitios eriazos, en conjunto con las existentes áreas verdes reconocidas en los instrumentos de planificación territorial, para propiciar el encuentro de ecosistemas precordilleranos  con el fin de poner en valor el paisaje  cordillerano del Valle Central.

 

Referencias
Centro de Políticas Públicas UC (2017), Informe de investigación Mesa de áreas verdes del proyecto ciudad con todos

CENSO (2017) comuna de La Florida, Santiago, Chile.

Vásquez (2016) Infraestructura verde, servicios ecosistémicos y sus aportes para enfrentar el cambio climático en ciudades: el caso del corredor ribereño del río Mapocho en Santiago de Chile

BENEDICT, M. & MCMAHON, E. (2002) Green Infrastructure. Washington: Island Press.

Departamento de Catastro (2018) Dirección de Obras Municipalidad de la comuna de La Florida, Santiago, Chile

Plan Regulador Comunal, PRLF-2/12  (2015) Comuna de  La Florida, Santiago, Chile

Mapeamos Historias, Narramos Lugares: Corporación Cultura de Paisaje en Chile

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por: Romy Hecht Marchant, directora de proyectos Corporación Cultura de Paisaje en Chile, Arquitecta y Magister en Arquitectura Pontificia Universidad Católica de Chile y Ph.D. en Historia y Teoría de la Arquitectura Universidad de Princeton]

Proyecto DAV, Refugio DAV Deutscher Andenverein (nd) © Archivo Club Alemán Andino de Santiago
Proyecto DAV, Refugio DAV Deutscher Andenverein (nd) © Archivo Club Alemán Andino de Santiago

Resumen

En la presente práctica se aborda el concepto de paisaje desde la Corporación Cultura de Paisaje en Chile, una organización cuyo objetivo es poner en valor este elemento, así como también generar iniciativas y proyectos que promuevan su entendimiento, comprensión y resguardo.

Palabras clave: paisaje, patrimonio, corporación

El año 2016 se formó la Corporación Cultura de Paisaje en Chile (www.culturadepaisaje.com), una organización autónoma y sin fines de lucro dedicada de modo exclusivo e integral al desarrollo de proyectos de puesta en valor y conservación del paisaje en nuestro país. Cada uno de los proyectos incluyen publicaciones, exposiciones y difusión educativa que nos permitirán identificar, mirar, entender y valorar el paisaje que hemos construido para así superar su entendimiento habitual como naturaleza prístina y apartada del hombre. Consecuentemente, el objetivo central de la corporación es difundir la idea de paisaje chileno como una colección de obras humanas, como un registro de interacciones y diálogos históricos del hombre con su entorno y como una articulación entre recursos naturales y asentamientos humanos.

Entre los proyectos en proceso de desarrollo y gestión se encuentran la construcción de: un atlas cartográfico de los 25 volcanes más activos en Chile; la historia de paisajes productivos de valor patrimonial en Chile, identificados como territorios que han sido transformados de manera visible y permanente por oficios ancestrales desarrollados en un ámbito comunitario; un registro del potencial oculto en la reincorporación de los relaves mineros como áreas que pueden recomponerse y reinsertarse en torno a comunidades específicas; estrategias de reclamación de faenas mineras urbanas en condición de abandono, paralización y/o cierre como nuevos paisajes públicos; y la valoración del excursionismo desarrollado por el Club Alemán Andino de Santiago en los cerros de la Región Metropolitana.

Proyecto DAV, Cajón del Maipo, sector El Volcán (2018) © Philippe Boisier para Cultura de Paisaje en Chile
Proyecto DAV, Cajón del Maipo, sector El Volcán (2018) © Philippe Boisier para Cultura de Paisaje en Chile

Si bien Chile ofrece una peculiar configuración geográfica, su territorio no necesariamente ha sido ocupado considerando su condición dinámica, vale decir, no necesariamente se ha logrado construir una asociación funcional entre sistemas naturales y proyectos estratégicos en torno a la transformación de sitios, urbanos, complejos y relevantes. Por ende, la construcción de una cultura de paisaje no es una tarea sencilla, pues demanda al menos tres líneas de acción en la manera de presentar nuestros paisajes:

  1. Identificar, describir e interpretar sistemas pre-existentes. Hablar de paisajes en Chile obliga a superar divisiones político-administrativas y articular la conectividad, funciones ecológicas y programas de ocupación de, por ejemplo, áreas sometidas a períodos extensos de extracción minera y de áreas sometidas a riesgo inminente frente a movimientos telúricos o erupciones volcánicas, entre otros.
  1. Reforzar la investigación de patrones de transformación de los sistemas. Ello supone la construcción de inventarios tanto ecológicos como de intereses económicos, de cambios demográficos, de localización de recursos y de niveles de toxicidad, entre otros, cuestionando cómo y porqué se ha llegado al estado presente. Ello permitiría la elaboración de un catastro no sólo de áreas de riesgo, sino también de potenciales sitios de intervención y expansión a partir del entendimiento de las fuerzas interactuando en un sitio, revelando así su trayectoria hacia una condición futura.
  1. Cambiar el verbo mitigar por anticipar. Si se logra entender que la ocupación territorial es un proceso evolutivo análogo a la materialización de un proyecto de paisaje, entonces se entenderá también que su diseño implica anticipar y acomodar crecimiento, evolución y adaptación frente a perturbaciones inesperadas o nuevos programas de uso y eventos, formulando como resultados objetivos de transformación y no tan solo de mitigación que vuelven a crear una visión unitaria para una forma final preconcebida.

El paisaje en Chile es más que campo y ciudad, cordillera y mar, desierto y bosques: es el resultado de una articulación de sistemas ecológicos diversos, de infraestructura ya construida y de una memoria histórica y colectiva.

El paisaje en Chile es la suma de la multiplicidad de sistemas naturales que caracterizan a nuestro territorio y los asentamientos que hemos construido para utilizarlos y/o disfrutarlos. Por este motivo, necesita ser abordado como un proyecto complejo y potencialmente capaz de articular relaciones entre usos establecidos y futuros urbanos imaginados, de crear nuevos paisajes donde no hay “espacio oficial” para ello y de constituir modelos de urbanización y de reconversión de ecologías urbanas en desuso, estableciendo epistemológica y técnicamente una estructura base capaz de definir mejores lógicas de transformación de las formas urbanas.

Esperamos entonces contribuir a la construcción de nuevas narrativas de paisaje en Chile como oportunidades de desarrollo de nuestra identidad y patrimonio del mañana.

 

 

Entre paisajes de sobreacumulación y subsistencia. Continuidad, reducción y fragmentación en el espacio mapuche contemporáneo

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por Mauro Camilo Fontana Flores, Arquitecto. Magister en Asentamientos Humanos y Medioambiente. Doctorando en Arquitectura y Estudios Urbanos]

Marcha por la resistencia Mapuche. 12 de Octubre 2015. Fuente: Fotografía Mauro Fontana.
Marcha por la resistencia Mapuche. 12 de Octubre 2015. Fuente: Fotografía Mauro Fontana.

Resumen

Las transformaciones territoriales de las últimas cuatro décadas, producto del giro neoliberal del Estado, son la causa y el medio en que se gestan las condiciones, para que, a fines del siglo XX, estalle un proceso que se extiende hasta hoy, que la prensa y la discusión académica, han tendido a instalar como el “Conflicto Mapuche”.

Dicho concepto establece una connotación, así como un recorte temporal, territorial y demográfico intencionado, sobre un proceso más complejo, de más larga data y con más actores que sólo las comunidades mapuche que radicalizan su movilización desde fines del siglo pasado. Habitantes de áreas rurales del sur del país, fuertemente impactadas por el nuevo paisaje productivo que impone la recolonización mono-forestal, iniciada dos décadas antes, bajo la promoción del Estado y la inversión privada.

Sin embargo, tanto los pu mapuche de áreas rurales como urbanas, han sido impactados por estas transformaciones, las cuales ha sido acompañadas de permanentes cambios en las formas de reconocimiento estatal hacia el mundo indígena, a través de las cuales se perpetúa una comprensión reductiva y fragmentada de su condición de pueblo en el espacio, funcional a los nuevos paisajes de acumulación y subsistencia que produce el Estado sobre el territorio.

Palabras Clave: Continuidad, reducción, fragmentación, espacio mapuche

A la par de los arreglos estructurales que a mediados de la década de los 70´s propician la metropolización de Santiago, en las áreas rurales del sur del país, las comunidades reduccionales mapuche enfrentan otra serie de arreglos, que propician la llamada Contrareforma Agraria (Correa, Molina, & Yañez, 2005). Un proceso que marca una nueva etapa en las condiciones de desposesión sobre el pueblo mapuche (Pinchinao, 2015), bajo la imposición de una nueva estructura productiva extractivista, que insertará a parte importante de su población rural dentro de nuevos paisajes de acumulación y subsistencia que propicia el Estado.

Lejos de tratarse de dos procesos aislados, éstos se encadenan y configuran una continuidad en el espacio que permite articular nuevos flujos de capital, bajo una nueva concepción liberal totalizante del territorio (Harvey, 2007). El Estado fomenta nuevas formas de propiedad y uso de la tierra que permiten re-orientar recursos (forestales, mineros, hídricos, etc.) que vienen siendo explotados desde más largo aliento que los gobiernos de turno, en función de los nuevos procesos de acumulación y concentración de capitales.

Las primeras plantaciones mono-forestales hechas por el Estado datan de la década de los sesenta del S.XX y son muy acotadas en el territorio. Fueron emplazadas entre una compleja trama de latifundios, minifundios y reducciones mapuche, que configuró el propio Estado, para colonizar la Araucanía tras su ocupación militar en 1881 (Bengoa, 2014). Estas plantaciones forestales, en su origen, fueron concebidas como un complemento a las necesidades de subsistencia del minifundio y las reducciones indígenas (leña y madera), bajo la hegemonía productiva de un paisaje triguero latifundista, con el que se colonizó durante gran parte del S. XX, los otrora territorios mapuche.

Con la Contrareforma Agraria, se induce una liberalización absoluta del suelo rural, incluyendo las reducciones mapuche, las cuales permanecieron fuera del mercado de tierras, según los propios términos establecidos por los Títulos de Merced otorgados por el Estado entre 1881 y 1933. Áreas de confinamiento indígena, donde se redujo el reconocimiento comunitario e inalienable de las tierras que se les dejaron, según los polígonos definidos por los topógrafos del Estado. Operación con la que se fragmentó, física y legalmente, su reconocimiento político como pueblo, desarticulando toda aquella antigua estructura orgánica de comunidades o lof mapuche que habitaron en continuidad, entre lo que hoy es parte de Chile y Argentina, conformando un territorio propio llamado wallmapu. El cual sostuvo autonomía política, productiva y cultural por siglos, y que hoy, tanto los pu mapuche de áreas rurales como urbanas, vuelven a reivindicar activamente en su imaginario político y cultural (Marimán, 2014; Pairicán, 2014). Un territorio borrado del relato histórico y las cartografías del Estado, según una ecuación de ocupación territorial que planteó la reducción del espacio mapuche versus la expansión colona. Mediando el uso de la fuerza y la ley.

El boom forestal privado, que se desata desde la década de los ochenta del S.XX, reitera esta lógica. La expansión de los monocultivos forestales se hará sobre la concentración y continuidad espacial de latifundios, minifundios y ahora ex -propiedades comunitarias mapuche, que son adquiridas y acumuladas por unas pocas empresas, favorecidas por el Estado con la exención del pago de impuesto territorial. Así como también con el subsidio del 75% de las plantaciones, a través del DL 701 de 1978, vigente hasta hoy. En dos décadas estas empresas llegarán a concentrar alrededor de 2 millones de hectáreas mono-productivas a nivel país, 366.000 aprox. en la región de la Araucanía. Mientras que las comunidades reduccionales mapuche serán nuevamente fragmentadas por el Estado, mediante la individualización de sus tierras comunitarias, según lo dispuesto por el DL 2568. Entre 1978 y 1988 se desarticulará el total de las 2918 Mercedes de Tierras mapuche, que comprendían alrededor de 519.257 Há (Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas, 2003).

La dramática precarización de las condiciones de subsistencia comunitaria, producto de la acción conjunta de estos decretos, somete a las ya reducidas comunidades mapuche, a los profundos impactos ambientales, productivos y culturales de esta mega-actividad. El reemplazo del bosque nativo que proveía de alimentos y medicinas; la desecación de las napas superficiales y subterráneas que proveían de agua; la escasa mano de obra requerida, por temporadas y bajo las peores condiciones de flexibilización laboral; la ruptura de relaciones comunitarias e intercomunitarias, producto de individualización de la tierra y las barreras físicas que configuran los extensos monocultivos custodiados por guardias armadas; entre otros, componen un conjunto de condiciones que gatillan la nueva etapa de movilización social y política de este pueblo frente al Estado a fines del milenio (Fontana, 2008). Un período de agencia que el historiador Fernando Pairicán (2014) llamará el tiempo del Malón, cuyos alcances se han extendido a más ámbitos con los años.

Pero estas condiciones de subsistencia también agudizan un silencioso y masivo desplazamiento económico hacia áreas urbanas del país, no cuantificado, y que los pu mapuche vienen desarrollando a través de todo el S.XX, con el fin de enfrentar las condiciones históricas de desposesión instaladas por el Estado en sus territorios originarios. Constituyendo a Santiago como el principal destino final de esta diáspora (Marimán, 1997; Antileo & Alvarado, 2018). Con la salvedad, que esta vez, quienes migran quedan legalmente desterrados, según lo dispuesto por el DL 2568, que dejaba sin propiedad titular a quienes no tuviesen presencia efectiva sobre la tierra.

La paradoja es que con este impulso, en poco más de una década, la actividad forestal pasará a convertirse en la segunda actividad exportadora del país, contribuyendo con sus tributaciones y ganancias a alimentar parte de la acumulación y concentración de capitales que permitirán el despegue fiduciario de la emergente metrópoli. Por otro lado, durante ese período, muchas y muchos pu mapuche desplazados por este proceso, llegaran a emplearse en esta misma ciudad, tal como generaciones anteriores lo hicieron, ocupándose principalmente como empleadas, panaderos y obreros, como recoge gran parte de la antropología urbana del cambio de siglo (Montencino, 1990; Aravena, 2003; Antileo, 2015).  Una mayoría de ellas y ellos, trabajando invisiblemente en ese cono de alta renta, donde sedimentarán las ganancias de la comoditización forestal, pero habitando en los sectores más pobres y segregados de la metrópoli, bajo la impronta de nuevas políticas de vivienda social que los reciben y dispersan en la periferia. Así lo revelan las investigaciones  (Rasse & Sabatini, 2013) y ratifican los propios censos realizados por el Estado a partir de la década de los noventa del S.XX en adelante.

Un momento en que se decide reestablecer el reconocimiento estatal sobre la población indígena, bajo un nuevo prisma multicultural basado en el individuo, la segmentación urbano-rural y con énfasis en lo cultural y el emprendimiento, como focos prioritarios de su intervención. Todo acompañado, de manera sutil, por los discursos de los gobiernos de turno que instalan la idea del reconocimiento de minorías étnicas y no de pueblos.

Bajo este nuevo enfoque, la vida cotidiana de las y los pu mapuche rurales y urbanos, durante las últimas dos décadas, transitará a través de nuevas políticas de reconocimiento, que volverán a visibilizar de manera reducida y fragmentada su condición de pueblo, ahora, en función de sujetos urbanos y rurales, objetos de subsidio. Políticas que facilitan su acceso a bienes y servicios, pero que no revierten las dinámicas de acumulación mediante las cuales se continúan reduciendo y fragmentando sus posibilidades de dominio colectivo sobre el espacio, bajo un Estado que perpetúa la colonización productiva de sus territorios de origen. Motor que sigue también alimentando su agencia histórica como pueblo, hoy desplegada tanto en áreas rurales como urbanas.

_
Referencias

Antileo, E. (2015). Trabajo racializado. Una reflexión a partir de datos de población indígena y testimonios de la migración y residencia mapuche en Santiago de Chile. Meridional, 71-96.

Antileo, E., & Alvarado, C. (2018). Fütra Waria o capital del Reyno. Imágenes, escrituras e historias mapuche en la gran ciudad 1927-1992. Santiago: Ediciones Comunidad de Historia Mapuche.

Aravena, A. (2003). Los mapuches-warriaches; procesos migratorios contemporáneos e identidad mapuche urbana. América Indígena, 162-188.

Bengoa, J. (2014). Mapuche, colonos y Estado Nacional. Santiago: Catalonia.

Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas. (2003). Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas. Santiago: Gobierno de Chile.

Correa, M., Molina, R., & Yañez, N. (2005). La Reforma Agraria y las Tierras Mapuche. Chile 1962-1975. Santiago: LOM.

Fontana, M. (2008). Cuarenta años de transformaciones socio-espaciales en el territorio nagche de Lumaco. Tesis para optar al grado de Magíster en Asentamientos Humanos y Medioambiente. Santiago, Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile.

Harvey, D. (2007). Espacios del capital. Hacia una geografía crítica. Madrid: Akal.

Marimán, P. (1997). La Diáspora Mapuche: una reflexión política. Liwen n°4, 216-223.

Marimán, P. (2014). Situación histórica y contemporánea del Ngulumapu. En F. Escárzaga, Movimiento indígena en América Latina: resistencia y transformación social”. Volumen III (págs. 179-187). México D.F: UNiversidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco.

Montecino, S. (1990). Invisibilidad de la Mapuche urbana. Cuaderno Mujer y Límite, 23-24.

Pairicán, F. (2014). Malón, la rebelión del movimiento mapuche 19909-2013. Santiago: Pehuén.

Pinchinao, J. (2015). La mercantilización del mapuche mapu. Hacia la expoliación absoluta. En C. d. Mapuche, Awükan ka kuxunkan zugu wajmapu mew. Violencias coloniales en Wajmapu (págs. 87-105). Santiago : Ediciones Comunida de Historia Mapuche.

Rasse, A., & Sabatini, F. (2013). Alteridad étnica y socio-económica en las ciudades chilenas. En P. d. Desarrollo, Pueblos Originarios y sociedad nacional en Chile: la interculuralidad en las prácticas sociales (págs. 183-209). Santiago: Programa Conjunto Fortalecimiento de las Capacidades Nacionales de Prevención de Conflicto Intercultural.

 

Metodologías participativas: Instrumentos para la visualización y reflexión colectiva en torno al paisaje

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por: Catalina Loren Santana, Antropóloga Social, Universidad de Chile, Diplomada en Planificación y Gestión Urbana Integrada, Universidad Católica de Chile, ONG Observatorio CITé]

Resumen

El aumento y diversificación en el uso de metodologías participativas para el trabajo socio territorial ha surgido como respuesta a nuevos modos de conceptualizar y entender el entorno que habitamos. Es así como la perspectiva teórica del paisaje ha permitido vincular aspectos medioambientales, ecológicos y objetivos del territorio, con elementos subjetivos tales como valorizaciones sociales, patrimoniales o dinámicas locales, donde se hace necesario observar lo que no es evidente a simple vista. Es por esto que en el último tiempo se han desarrollado innovadores instrumentos para la implementación de procesos participativos territoriales, donde por medio de nuevos modos de visualizar y representar el espacio habitado, las personas logran generar una reflexión y consenso colectivo respecto a su hábitat. La técnica de “Construcción de Paisajes” desarrollada por Iconoclasistas ha resultado ser un instrumento esencial en esta labor, en la cual por medio de la utilización de fotografías y diversos recursos gráficos los habitantes logran representar problemáticas o temáticas de interés asociadas a su entorno, desarrollando procesos creativos y dinámicos que invitan a una vinculación entre razón e intuición, para lograr finalmente una planificación y gestión integral, sostenible y participativa del territorio

Palabras clave: Metodologías Participativas, Cartografía, Paisaje.

Resultado de la técnica “Construcción de Paisajes” desarrollados en el marco del Taller de Iconoclasistas en el Diplomado de Metodologías Participativas de Arteduca, 2018
Resultado de la técnica “Construcción de Paisajes” desarrollados en el marco del Taller de Iconoclasistas en el Diplomado de Metodologías Participativas de Arteduca, 2018

En el último tiempo hemos sido testigos de la apertura de instituciones públicas y privadas al desarrollo de cada vez más diversos procesos de participación ciudadana, además de la formulación de políticas y proyectos que vinculen de mejor modo a ejecutores y beneficiarios por medio de lógicas colaborativas. Es así como las intervenciones a nivel territorial no han quedado exentas de estos procesos, desplegándose así diferentes modalidades de trabajo con los habitantes, las cuales van del orden de mesas intersectoriales que buscan dialogar y llegar a acuerdos entre las partes, a iniciativas que los involucran activamente en la planificación y gestión de su entorno, empoderándolos y capacitándolos en esta labor. De este modo, los instrumentos y técnicas empleadas en estas instancias cada vez se han ido complejizando más, a partir de una mayor reflexión y vinculación teórica respecto a los contextos en los que se aplican, así como también, por los aprendizajes obtenidos en estas experiencias.

Es en relación a esta vinculación entre teoría y técnica que el concepto de paisaje ha resultado altamente provechoso, dotando de un carácter histórico, dinámico y escalar al territorio, permitiendo la exploración de nuevos modos de visualización y entendimiento del entorno por parte de sus habitantes. Tal como señalaba el geógrafo Milton Santos, el paisaje representa un conjunto de formas capaces de expresar las herencias sucesivas de relaciones localizadas entre naturaleza y ser humano, reuniendo objetos pasados y presentes, teniendo así un carácter transtemporal asociado a una geografía retrospectiva que recupera la memoria del pasado, en la cual el paisaje como instrumento de trabajo permite aproximarnos a esas etapas pretéritas desde una perspectiva de conjunto (SANTOS, 2000).

De este modo, incorporar la dimensión del paisaje ha permitido un cambio de paradigma en la planificación, que dinamiza la gestión del territorio al considerar enfoques cualitativos, participativos y propositivos, conociendo en profundidad sus historias, dinámicas propias y características de las comunidades que lo habitan, para lo cual los instrumentos que se aplican deben contar con una variedad de tipologías, ya sean estas cartografías, textos, relatos o imágenes que permitan ajustarse a cada contexto. Por otra parte, la reaparición de la idea de paisaje responde a la necesidad de atender problemáticas medioambientales y ecológicas, ya que su consideración permite el entendimiento de los lugares en una lógica escalar, la cual vincula procesos naturales con valoraciones sociales, patrimoniales y económicas de manera compleja. El paisaje presentaría territorios humanizados, al reunir lo natural, cultural e identitario, siendo el ser humano una parte integral del sistema ambiental que habita, logrando desarrollar así su protección, planificación y gestión de manera completa y sostenible (GARCÍA & BOROBIO, 2012).

Esta transformación en la conceptualización del territorio ha traído aparejado el desafío de explorar nuevas e innovadoras herramientas, instrumentos y técnicas para su aproximación y entendimiento en procesos de participación ciudadana, en los cuales se logre plasmar las interpretaciones sociales, culturales e identitarias de la población respecto a su experiencia de habitabilidad en ellos. Es así como la cartografía resulta ser un medio visual provechoso para estimular la intuición, creatividad y acción en el observador, al inducirlo a una lógica imaginativa, perceptiva y reflexiva sobre su entorno, haciendo aflorar aquello que no es evidente y posibilitando nuevas lecturas respecto a éste. Así, la cartografía permitiría resolver esta aparente contradicción entre razón e intuición, dado que por un lado presenta elementos objetivos del territorio, pero a su vez, hace emerger los aspectos subjetivos que se vinculan a ellos, permitiendo anticipar transformaciones en los paisajes e invitando a su proyección y apropiación por parte de sus comunidades. Es por esto que, para la utilización de la cartografía debemos recurrir a todos los recursos que complementen y complejicen el territorio, con el fin de realizar una caracterización toponímica y extensiva de ellos, que enfaticen en sus narrativas y singularidades, donde la idea de paisaje permite visibilizar la escala humana e histórica de los territorios (BOROBIO & GARCÍA, 2011).

Resultado de la técnica “Construcción de Paisajes” desarrollados en el marco del Taller de Iconoclasistas en el Diplomado de Metodologías Participativas de Arteduca, 2018
Resultado de la técnica “Construcción de Paisajes” desarrollados en el marco del Taller de Iconoclasistas en el Diplomado de Metodologías Participativas de Arteduca, 2018

Es a partir de esta aproximación conceptual y metodológica del paisaje que se rescata la experiencia del dúo argentino Iconoclasistas, los cuales tienen una vasta experiencia respecto investigación territorial colaborativa, uso de cartografías críticas y experimentación con arte gráfico de código abierto, invitando por medio de su aplicación a prácticas de resistencia y transformación social.

Dentro de sus múltiples herramientas, las cuales son presentadas en el “Manual de Mapeo Colectivo”, encontramos la técnica de Construcción de Paisajes la cual consiste en la elaboración de un collage fotográfico que presenta un relato visual respecto a panoramas urbanos, en el cual se problematiza y analiza determinada temática de interés en la comunidad a partir de recursos gráficos. Las fotografías utilizadas pueden ser obtenidas en una etapa previa de deriva o recorrido territorial, donde los participantes registran las escenas que para ellos se vinculan de mejor modo al tema a trabajar, o pueden corresponder a fotografías previamente capturadas, las cuales sean seleccionadas por los asistentes para la sesión de trabajo en función de sus objetivos y expectativas. Posteriormente, con estas fotografías se construyen colectivamente paisajes arquetípicos, los cuales no necesariamente reflejan la realidad del territorio, sino que buscan generar paisajes que reflejen situaciones emblemáticas, visibilizando conexiones, responsables, resistencias o transformaciones. Las fotografías se pueden combinar entre sí y también se pueden sumar nuevos recursos, tales como dibujos u otros elementos gráficos para su adecuada representación (RISLER & ARES, 2013).

La herramienta de la cartografía participativa o mapeo colectivo ha acompañado a este cambio de paradigma en la aproximación al territorio, donde se considera una nueva conceptualización, la del paisaje, modificando así también los modos de gestionarlo y planificarlo. De esta manera, a partir del análisis de las diversas escalas que representa un paisaje se logra vislumbrar los elementos históricos y patrimoniales del territorio, sus dinámicas y modos de habitar particulares, así como también, sus trasformaciones y proyecciones de una manera creativa, reflexiva y comunitaria. Es de esperar que a futuro nuevas herramientas surjan con el objetivo de continuar en la línea del trabajo territorial colaborativo, donde se logre llegar a procesos cada vez más inclusivos que logren atender la diversidad social de cada lugar, para que se implementen iniciativas que respondan y conecten de manera precisa con las necesidades y deseos de cada territorio.

REFERENCIAS

BOROBIO, M; GARCÍA, M. “Paisajes en transformación vs razón e intuición: la cartografía como herramienta de planificación y gestión sostenible del territorio” En: Transformaciones urbanas sostenibles (2011) 38-65

GARCÍA, M; BOROBIO, M. “El paisaje como medio para la planificación territorial”. Revista Ciudades N°15 (2012) 115-132

RISLER, J; ARES, P. “Manual de Mapeo Colectivo: recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de creación colaborativa” (2013)

SANTOS, M. “Capítulo 3: El espacio geográfico, un híbrido” En: La naturaleza del espacio (2000)

Territorio y Paisaje: dos palabras en busca de lugar

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por Pedro Bannen Lanata, Instituto de Estudios Urbanos – Pontificia Universidad Católica de Chile]

Valle de Santiago desde el norte, 2014, foto Guy Wenborne
Valle de Santiago desde el norte, 2014, foto Guy Wenborne fuente: http://www.santiagocerrosisla.cl/

Resumen

Desde una sucinta revisión del proceso de configuración de un lugar como país –Chile- y otro como ciudad capital –Santiago- se intenta explorar la diversidad contenida en conceptos como territorio y paisaje, donde se entrecruzan las aproximaciones disciplinares con lo esencial de cada término. Territorio asumido como la voluntad de poder ejercida sobre una determinada porción de espacio, y paisaje como la modelación permanente de un lugar ejercida por la ocupación del ser humano en todas sus expresiones.

Palabras Clave: Territorio, Paisaje, Lugar

En una cultura dominante del fraccionamiento compulsivo del conocimiento en campos disciplinares y subdisciplinares que se multiplican de forma acelerada, cualquier palabra que aspira a la condición de concepto multiplica con igual velocidad los significados y las acepciones que se hacen cargo de la definición del mismo. Los términos de territorio y paisaje no son la excepción. Una aproximación muy general nos dirá que territorio apunta a la condición del poder sobre el espacio, es decir, un territorio aparece, se concibe o se configura como tal cuando existe una voluntad o una comprensión de dominio sobre el mismo. No basta la existencia previa del espacio en sí mismo, necesariamente debe existir esa expresión de voluntad sobre su existencia previa. Una aproximación equivalente al término de paisaje nos remite a la relación asumida entre la naturaleza de un lugar y cualquier expresión de asentamiento humano instalada en ella. La alteración humanizada de un cierto espacio natural, sea cual fuere su escala o grado de intervención, se ha constituido en un paisaje determinado. Las tantas veces que ese lugar sea modificado o alterado por la misma u otra expresión de instalación humanizada lo hará y rehará como paisaje.

La comprensión de un país como Chile, ya sea como territorio o como paisaje requiere de la lectura atenta de aquellos procesos de instalación de asentamientos humanos en su extensión. La etapa de sus pueblos originarios se hunde en un pasado de muchos siglos que acumulan y sobreponen comprensiones locales que van dando forma a modos de ocupación fragmentada que despliega grupos culturales que asumen secuencialmente las culturas de la caza, la pesca y la recolección, para abrir otros de precario diseño de cultivos o ganadería. Todos condicionados a una temporalidad dominada por la presencia/ausencia de factores claves para cada uno (agua, animales, especies vegetales, ciclos de las estaciones,…) Paisajes pixelados sobre micro territorios coincidentes, con excepción de la cultura mapuche que desde la precariedad de una estructura de clanes y subsistencia por recolección de piñones, configuran un territorio mayor al tener conciencia de la fuerza de una voluntad de asociatividad en caso de sentirse bajo cualquier amenaza. La llegada del inca con otra magnitud de comprensión del territorio elaborado en su cultura, podrá expandir su dominio incorporando a las configuraciones preexistentes en la medida que les traspasan el manejo de la autosustentación que garantiza la técnica de riego y las mejores semillas como alimento. Pero topando como frontera hacia el sur contra el territorio asumido por el poder de la cultura mapuche. Todos ellos construyen paisajes sucesivos sobre un mismo espacio que se asume y se comprende en escalas de distinta magnitud y complejidad, acorde a la envergadura de los imperios concebidos y las metrópolis que sirve cada uno. La caída del imperio inca en manos de la corona española es otra sustitución de poder donde la magnitud es intercontinental y donde el día que se conquista Cuzco, ha caído bajo el nuevo dominio todo el territorio inca, aunque la constatación de su extensión demore algunos años. Almagro avanza hacia el sur en las claves de su cultura de conquista europea que confía del borde costero como el derrotero por excelencia, cruzando un desierto de aridez insospechada y topografía accidentada que diezma la empresa. El paso por el valle de Santiago es casi accidental, ocurre de mar a cordillera y es incapaz de detectar la riqueza mineral que ostenta el lugar. Valdivia con pretensiones más ambiciosas y capacidad de leer los códigos locales del paisaje antes elaborado, emprende el mismo viaje por el pie cordillerano, es decir, por el camino del inca, establecido hace un siglo y con abastecimiento de agua y alimento en toda la extensión de su territorio dominado. La voluntad de llegar donde funda la ciudad de Santiago es establecer un punto a medio camino entre Cuzco y el Estrecho de Magallanes, su verdadero objetivo, del que pretende ser su administrador como capitán general en representación del rey, zafando su talento estratega de la pugna por dominar Cuzco. La llegada al valle de Santiago la hace por el camino preexistente y se asienta definitivamente sobre el tambo, hoy supuestamente bajo la catedral. Contacta al representante del inca, único habitante del valle que no somete a su dominio, el cual está establecido a los pies occidentales del actual cerro San Luis, es decir, en el punto con las mejores napas de agua subterránea del valle hasta hoy. Larga será la conquista del territorio pretendido inicialmente, que se encuentra parcialmente dominado por la cultura mapuche, la que será confrontada en guerras interminables y ofrendando la vida del conquistador, por modificar el poder sobre el territorio, y soslayada con la conquista del extremo sur por mar consecuente al sentido de su fin último, controlar la navegación mundial por el paso austral.

Para consolidar la conquista es necesario tanto someter las culturas anteriores activas en el lugar, como controlar la geografía que desbarata tanto las pretensiones de constituir un territorio como conformar un paisaje de cobijo. A modo de ejemplo, el torrente del Mapocho, hipotético proveedor del agua necesaria para los requerimientos de la ciudad y los cultivos y ganadería de sus alrededores, se debate entre las furiosas crecidas del invierno y los largos ciclos de sequedad de verano y otoño de cada año. Esfuerzos paralelos de construir defensas contra las crecidas, y de trasvasar aguas del Maipo hacia el cauce cercano, tomarán siglos para su culminación. Al momento de lograrlo, la ciudad es ya una capital republicana, donde el territorio nacional configura un dominio de poder y el paisaje del valle central es la expresión que acuñará por décadas, desafíos, sueños, privilegios y postergaciones que a dos centurias del evento se sigue intentando superar, al menos, de forma parcial. Razones tiene Parra para considerarnos apenas paisaje, cuando el territorio de país se hace difuso en los convulsos cambios de modelos que perpetúan las distancias (no geográficas) para alcanzar el noble rango de ciudadanos por todos sus habitantes. Y a cambio de configurar nuevos paisajes para el mismo lugar, donde se replican reconfiguradas las mismas limitaciones para verdaderamente hacer historia.

_
Bibliografía

CARERI, Francesco. Walkscapes. O caminhar como prática estética. Barcelona. Editorial Gustavo Gili, 2013.

CORNER, James (ed.). “Recovering Landscape as a Critical Cultural Practice”. In: ___________. Recovering Landscape. Essays in Contemporary Landscape Architecture. New York. Princeton Architectural Press, 1999.

FAVERO, Marcos. “Urbanismo Infraestructural”. In: Revista Prumo. v. 2 n. 3 : Cidades Latino Americanas, 2017. Disponible en: https://issuu.com/revistaprumo/docs/prumo_3__vers__o_final___04_07_2017

LERNER J. Acupuntura urbana. Edit. Record. Rio de janeiro, São Paulo, 2011.

El lado oscuro de los territorios de extracción en Chile

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por:

María Inés Ramírez Silva, Geógrafa de la Universidad de Chile; estudiante de Magíster en Geografía en de la Universidad de Chile; Asistente de Investigación en CEDEUS; Asistente de Investigación en Proyecto Fondecyt 1160848

Javiera Crisóstomo López; Geógrafa de la Universidad de Chile; estudiante de Magíster en Intervención y Gestión Ambiental: Persona y Sociedad, otorgado conjuntamente por la Universidad de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona; Asistente de Investigación en CEDEUS

Sebastián Rodríguez Leiva; Geógrafo de la Pontificia Universidad Católica de Chile; MSc Gobernanza de Riesgos y Recursos Naturales, Ruprecht – Karls – Universität Heidelberg, Alemania; Consultor en Fundación Patrimonio Desierto de Atacama y Asistente de Investigación en CEDEUS]

Contaminación en lagunas del borde este del Salar de Atacama. Fuente: Sebastián Rodríguez.
Contaminación en lagunas del borde este del Salar de Atacama. Fuente: Sebastián Rodríguez.

Resumen

Las transformaciones económicas neoliberales en Chile cambiaron la matriz productiva hacia una de carácter extractivista. Es de conocimiento público el excelente rendimiento económico de la minería del cobre o la industria salmonera, las principales exportaciones que genera el país en la actualidad. No obstante, no se otorga el mismo énfasis a transformaciones a nivel local, como los cambios del paisaje o las dinámicas sociales, económicas o culturales de sus habitantes. En esta columna se realiza una lectura general sobre los efectos negativos de ambas actividades económicas en las macro-áreas donde se emplaza (norte y extremo sur del país, respectivamente), desde una mirada sobre las transformaciones territoriales, evidenciadas a través de cambios en el paisaje y las pautas socio-culturales de sus habitantes. Se concluye que, a través de un análisis territorial enfocado en la escala local, se observa la cara menos amigable de los territorios de exportación.

Palabras clave: Territorio, Minería, Salmonicultura

A lo largo de la historia, el desarrollo de Chile ha estado estrechamente relacionado con la extracción – exportación de recursos naturales. Dos sectores de gran relevancia no solo para el país, sino que también, para el contexto regional y local son la minería, en particular la minería del cobre en el norte; y, la acuicultura, específicamente la salmonicultura en el sur. A pesar de sus distintas características, distribución y medio de explotación, ambos sectores comparten los efectos que ejercen sobre el contexto local, desde la perspectiva de la modificación del paisaje, y la transformación en las pautas y dinámicas sociales de las comunidades locales.

Esto último representa el argumento central detrás de esta discusión. Más allá de los efectos positivos – principalmente económicos – de ambas actividades, lo cual ha sido ampliamente estudiado y discutido en el contexto nacional e internacional, se vuelve necesario cambiar de escala y de parámetro, desde lo nacional a lo local, y ver en qué medida los territorios de extracción han sufrido transformaciones, particularmente aquellas referidas a cambios físico – naturales, y socioculturales. Por ello, es que planteamos que dichas transformaciones representan el rostro menos “amigable”, en lo que denominamos el sacrificio de los territorios de extracción.

La concepción de territorio juega un rol clave en esta discusión. Esto, ya que los territorios marcados por la extracción de recursos, representan espacios que se han ido construyendo y deconstruyendo en el tiempo, vinculado a la realidad físico – material como puede ser el paisaje natural existente y también, el carácter subjetivo, perceptivo y simbólico que las comunidades locales tienen de este espacio. Así, se plantea entonces, que el territorio es el resultado de la socialización del ser humano en un espacio, convirtiéndolo en un paisaje de significación que considera aspectos tangibles e intangibles (Bello, 2011).

Bajo esta mirada, los territorios de extracción, marcados no solo por instalaciones asociadas a la extracción minera y salmonera, sino que también, por la existencia de comunidades que habitan en estos espacios, se presentan como áreas sensibles, donde las múltiples dinámicas asociadas a dichas actividades han perturbado el paisaje próximo a los sitios de extracción, transformando las pautas sociales y culturales de las comunidades locales. Específicamente, desde la dimensión física del territorio, los impactos descritos se asocian, principalmente, con la transformación del paisaje y la perturbación de ecosistemas frágiles ambientalmente, la contaminación de los suelos, el aire y el fondo marino en el caso de la salmonicultura, daños en algunos casos irreversibles en la flora y fauna, entre muchos otros.

Desde la perspectiva sociocultural, al incidir un nuevo modelo económico sobre un territorio éste genera distintos tipos de impactos, unos cuantificables y otros subjetivos. Entre los primeros es posible encontrar incrementos de población no residente, desarrollando problemas sociales internos debido a diferencias de ingresos entre residentes y no residentes; sobrecarga de la infraestructura urbana, vivienda y servicios; y conflictos con población indígena, por mencionar algunos (Sincovich et al., 2018). Dentro de los segundos, se encuentran cambios en las relaciones comunitarias, así como impactos en los modos de vida que llevan al abandono de tradiciones antiguas del territorio (por ejemplo, en la zona salmonera de Chiloé), así como transformaciones en los símbolos e hitos espaciales, por ello en la percepción del territorio, entre otros. Estos cambios, más allá de ser entendidos como un escenario de devastación cultural, muestran cómo los paisajes se transforman, son dinámicos y están en constante construcción (Yañez, 2010), forzando la reinterpretación del territorio para sus habitantes.

En el norte del país, se puede apreciar cómo la actividad minera ha transformado el paisaje, impactando en las lagunas y vegas, en la flora y fauna, y en los suelos del Salar de Atacama, zona considerada frágil ambientalmente. Por su parte, los impactos en las comunidades indígenas que habitan la zona desde tiempos inmemoriales, han visto cómo la actividad minera ha modificado pautas sociales, referidas a actividades socioeconómicas como la recolección de recursos presentes en el Salar, y también culturales, asociadas a la transformación del territorio ancestral, donde sitios representativos de la identidad local y cargados de significado se han dañado con el tiempo y en algunos casos, hasta desaparecido, sin haber responsables de aquel perjuicio o transformación para los habitantes

 

Figura 1: Juego elaborado con restos de infraestructura de la industria salmonera en Isla Cailín, Quellón. Fuente: Francisca Caniguan Velarde.
Figura 1: Juego elaborado con restos de infraestructura de la industria salmonera en Isla Cailín, Quellón. Fuente: Francisca Caniguan Velarde.

La actividad salmonera, por su parte, es en sí misma un elemento disruptivo en términos de paisaje. En los fiordos entre Los Lagos y Magallanes abundan jaulas de cultivo y pontones, a los que se asocia contaminación de mares y playas. Los asentamientos también han sido transformados, producto del rápido crecimiento urbano asociado a migraciones intra e inter regional. Nuevos patrones de construcción, desarrollo de infraestructura vial y portuaria (Avilés, 2015), y problemas con la gestión de residuos acompañan este proceso. En términos culturales, labores asociadas al campo y la pesca han sido abandonados para desarrollar la salmonicultura, las estructuras tradicionales y roles en las familias cambiaron por la inserción laboral de la mujer, y el dinero ganó preponderancia como sistema de intercambio, producto del sistema de pago salmonero asalariado. Otras manifestaciones, como mingas chilotas, han sido relegadas en el proceso, y han aumentado problemas sociales, como el alcoholismo.

En definitiva, creemos que la perspectiva territorial permite comprender de mejor forma la relación entre actividad extractiva – exportadora y su medio, considerando aspectos tangibles relacionados con la modificación del paisaje natural, e intangibles, vinculados a transformaciones socioculturales en las comunidades locales. Finalmente, es en la escala local donde se plantea que, si bien las actividades extractivas han cumplido el rol de generar mayor dinamismo en las regiones donde se emplazan, muestra el rostro más crudo, en lo que denominamos el sacrificio de los territorios marcados por las actividades mineras en el norte y la salmonicultura en el sur. Ello invita a analizar el impacto de las dinámicas económicas de manera multi-escalar, con especial atención a los hechos que son invisibilizados por los grandes números que acompañan a estas actividades.

Referencias

Avilés, D. (2015). Construcción de una economía política híbrida: análisis comparativo de las inversiones públicas y privadas desde una perspectiva neoestructural. En Revolución Salmonera. Paradojas y transformaciones territoriales en Chiloé (p. 276). Santiago de Chile: Editorial Universitaria.

Bello, Á. (2011). “Nampülkafe: El viaje de los mapuche de la Araucanía a las pampas argentinas”. Temuco, Ediciones Universidad Católica de Temuco.

Sincovich,  A., Gregory, T., Wilson, A., Brinkman, S. (2018). The social impacts of mining on local communities in Australia, Rural Society, 27:1, 18-34

Yañez, R. (2010). “Transformaciones identitarias en el archipiélago de Chiloé: Una discusión en torno al concepto identidad y su relación con los procesos de cambio”. Tesis para optar al grado de Antropólogo Social. Universidad de Chile. Santiago, Chile.

Land-scape: ¿Protección o destrucción de nuestros paisajes?

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por Eva Pulido Melcón, Geógrafa. Graduada en Geografía y Ordenación del Territorio por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB)]

Santiago de Chile. Fuente: Elaboración propia
Santiago de Chile. Fuente: Elaboración propia

Resumen

El siglo XXI se enmarca en un paradigma de sostenibilidad que centra su atención en la protección, conservación y gestión del territorio bajo la óptica del desarrollo sustentable. Académicos, planificadores, investigadores y políticos, así como la propia ciudadanía, están más conscientes de los retos ambientales, económicos y sociales que se derivan del uso del territorio, en cuanto a su utilización e inevitable transformación se refiere.

Esta columna pretende que los lectores se cuestionen qué papel tenemos cada uno de nosotros en la conservación y transformación de nuestros paisajes, tensionando la relación entre las políticas que se diseñan desde los organismos públicos y privados y las opiniones que tenemos los ciudadanos. ¿Tenemos herramientas para decidir cómo cambia nuestro entorno, nuestro territorio, nuestros paisajes?

Palabras clave: Identidad, conflicto, participación

 

¿Qué imagen le viene a la mente si piensa en el concepto paisaje? Muchos autores han definido el paisaje desde distintos puntos de vista. Considerándolo, por ejemplo, como un producto social, como el resultado de una transformación colectiva de la naturaleza y como la proyección cultural de una sociedad en un espacio determinado (Nogué, 2007). Otros autores, por el contrario, consideran que el paisaje no es un objeto grande, tampoco es un conjunto de objetos configurados por la naturaleza o transformados por la acción humana, ni siquiera es el medio físico que nos rodea o sobre el que nos situamos. El paisaje es un constructo, una elaboración mental que las personas realizamos a través de los fenómenos de la cultura (Maderuelo, 2005).

No hay dos personas que perciban exactamente igual una misma realidad, y es que en la reacción a un lugar, a un territorio, a un paisaje, entran en juego nuestros sentidos: la visión, el oído, el olfato, el tacto, que se interiorizan de forma distinta según cada persona. Adicionalmente, los seres humanos sentimos y muchas veces experimentamos fuertes emociones con respecto a los lugares que hemos visitado o vivido (Tuan, 2007). Por lo que no es sólo la estética lo que define el paisaje, sino también las vivencias y el vínculo que tenemos o creamos hacia este.

El hombre siempre ha concebido la naturaleza – y el territorio – como algo para ser utilizado, algo que existe para el beneficio humano (Tuan, 2007). Lo hemos ido transformando y adaptando para vivir en él y de él. En este sentido, no hay duda de que, durante las últimas décadas, hemos modificado el territorio como nunca antes habíamos sido capaces de hacerlo y, ello, no ha redundado en una mejora de la calidad del paisaje, sino más bien lo contrario (Nogué, 2010).

La continua transformación del territorio ligada al proceso de globalización, ha facilitado que el espacio y el tiempo se hayan comprimido, que las distancias se hayan relativizado y las barreras espaciales se hayan suavizado. Este hecho ha permitido que nos podamos desplazar más lejos en un tiempo y con un coste accesible para gran parte de la población. Actualmente, viajar y conocer otros territorios, otras culturas y otros paisajes es muy recurrente: cada año, muchas familias nos desplazamos a distintos lugares con esta finalidad, lugares en los que, sin duda, somos agentes activos que potenciamos dichas modificaciones. Cada vez más, nuestros viajes dejan a su paso huellas que alteran la identidad de muchos paisajes y territorios para que podamos disfrutar de ellos. ¿Somos conscientes de los cambios que produce nuestro turismo estacional a las ciudades y comunidades que habitan los principales destinos?

El siglo XXI, sin duda, parece que sí. Los conceptos de sostenibilidad y resiliencia centran la atención de académicos, planificadores, investigadores, políticos y, también, de una ciudadanía cada vez más activa y empoderada (Flores, 2015). Estamos más conscientes de los retos ambientales, económicos y sociales que plantea este siglo. Esto se constata en diversos informes y proyectos, elaborados por organismos internacionales, en los que se repiensan e impulsan nuevas políticas para la protección, conservación y gestión de los paisajes, con el fin de preservar sus valores naturales, patrimoniales, culturales, sociales y económicos en un marco de desarrollo sostenible (Generalitat Catalunya, 2005).

Varios países, como es el caso de Chile, han considerado la importancia de la gestión y conservación del paisaje. El Instituto Chileno de Arquitectos Paisajistas (ICHAP), por ejemplo, se adhiere a la iniciativa de la Convención Global del Paisaje firmando la carta Chilena del Paisaje en 2011, cuyo objetivo es gestionar paisajísticamente todo el territorio nacional, para que los valores culturales, la biodiversidad y la calidad de vida sean preservados (ICHAP, 2011). A pesar de firmar su compromiso mediante la carta, y a pesar de contar con organizaciones no gubernamentales que se interesan en los temas de paisaje, no logra diseñar e implementar verdaderas políticas de gestión y conservación para la protección de su paisaje.

Estas políticas, además, deberían estar sustentadas por la participación de la comunidad y de las entidades públicas, ya que su implicación es fundamental para la recuperación, rehabilitación y conservación de dichos paisajes. Incluyendo esta participación, no se tienen en cuenta sólo los valores objetivos y tangibles del territorio, sino también las vivencias e identidades de la comunidad. La participación ciudadana es fundamental para la puesta en valor de los recursos naturales, históricos, culturales y patrimoniales y, a su vez, para potenciar un desarrollo local sostenible, el sentimiento de pertinencia y el compromiso con el lugar o con el paisaje.

En suma, el paisaje desempeña un papel fundamental, no sólo en el proceso de creación de identidades territoriales, a todas las escalas, sino también en su mantenimiento y consolidación (Nogué, 2010). Es por ello que el paisaje no cabe entenderlo sólo como fenómeno, sino como proceso dinámico en la construcción social de la realidad y como un modo de vínculo, de punto de contacto e interacción entre los fenómenos mundiales y la experiencia individual (Nogué, 2010).

En la actualidad se nos presenta una paradoja: estamos tomando conciencia del paisaje y de sus valores desde varias disciplinas, formando una sensibilidad que se va extendiendo a amplias capas de la sociedad, y, a la vez, estamos asistiendo a un deterioro irreversible del territorio que está siendo sometido a actuaciones como las urbanizaciones de la costa, el desordenado crecimiento de los suburbios de las ciudades, el abandono de la agricultura, la ocupación residencial del campo y la aparición de enormes infraestructuras que no sólo provocan fuertes impactos visuales, sino que producen auténticas heridas en el territorio de las que cada vez nos encontramos con más dificultades para suturar (Maderuelo, 2008).

Referencias bibliográficas

Flores, O. M. (2015). Paisajes en emergencia: Transformación, adaptación, resiliencia. Revista INVI, 30(83), 9–17. https://doi.org/10.4067/invi.v30i83.978

Generalitat de Catalunya. (2005). Consultado en http://web.gencat.cat/ca/temes/urbanisme/

ICHAP. (2011). Carta Chilena del Paisaje. Consultado en https://laliniciativablog.files.wordpress.com/2013/04/chile-carta-del-paisaje-2011.pdf

Maderuelo, J. (2005). El paisaje. Génesis de un concepto. Madrid: Abada Editorial.

Maderuelo, J. (2008). Paisaje y territorio. Madrid: Abada Editorial.

Nogué, J. (2007). La construcción social del paisaje. Editorial Biblioteca Nueva.

Nogué, J. (2010). El retorno al paisaje. Enrahonar, 45, 123–136. https://doi.org/eISSN 123-136

Tuan, Y.-F. (2007). Topofilia. Un estudio de las percepciones, actitudes y valores sobre el entorno. España: Editorial Melusina. Consultado en https://es.scribd.com/doc/102293451/Fu-Tuan-Yi-Topofilia en fecha 10/08/2018

Alameda de Santiago de Chile: un territorio en tensión permanente

Revista Planeo Nº 37  Territorios y Paisajes, Septiembre 2018


[Por Carolina Quilodrán Rubio, Geógrafo (U. Chile), Doctoranda en Arquitectura y Estudios Urbanos (PUC), Magister en Geomática (U. de Santiago de Chile), Profesora Asistente Instituto de Historia y Patrimonio (Facultad de Arquitectura y Urbanismo, U. de Chile)]

Elevación fotográfica de la fachada sur de la Alameda, con la presencia de elementos naturales y culturales. Fuente: Fotografía de la autora.
Elevación fotográfica de la fachada sur de la Alameda, con la presencia de elementos naturales y culturales. Fuente: Fotografía de la autora.

Resumen

Los fenómenos de la ciudad y la configuración de Santiago de Chile han sido un tema importante en la discusión de la transformación y las nuevas formas de organización espacial. La Alameda, como parte de la estructura primigenia, ha tenido un proceso histórico y un desarrollo que definió la forma en que el territorio y su entorno se fue transformando. Sus cambios urbanísticos desde una calle-camino de borde de la ciudad consolidada a una gran vía especializada han sido parte del registro de encadenamiento de operaciones urbanas en distintas etapas de su historia.

A modo de capas estratigráficas, se fueron superponiendo, en un mismo espacio, diversos procesos urbanos, desde la escala geográfica y territorial, en un claro emplazamiento de levante-poniente en el Valle del Mapocho, hasta el proyecto urbano en el arranque del periodo de modernización de la ciudad cuando se introducen nuevos programas, usos y tipos arquitectónicos.

Por lo tanto, la Alameda, como pieza urbana, ha evolucionado adquiriendo un carácter complejo, funcional y de identidad en la ciudad de Santiago, que parece indispensable revisitar en la celebración de su bicentenario.

Palabras Clave: Ocupación del territorio, proyecto urbano

La Alameda, a través del tiempo, ha sido parte de distintos procesos, cada uno de ellos de trascendencia urbanística y geográfica. Entonces cualquier renovación debiera entender cuáles son las lógicas de proyecto que derivan de su condición. Pero, ¿qué hay detrás de la configuración espacial, morfológica y funcional de la Alameda? Parece una paradoja, pero la principal avenida de la ciudad de Santiago de Chile está en constante tensión y, por qué no decirlo, en un proceso de consolidación permanente. Todas sus etapas de desarrollo han influido en su forma, función y relación con el territorio en el cual está inserta.

En este contexto, sobre ella se ha posicionado una secuencia de estratificaciones culturales, sociales y económicas, materializadas espacialmente en el sistema natural y los procesos de urbanización: proyectos paisajísticos, de vialidad y de arquitectura han estado constantemente en disputa en su espacio físico. Se entrelazan, además, en este lugar, inmuebles patrimoniales, formas de vida y memoria histórica de Santiago. De este modo, en la configuración de su trama se distinguen, de entre varias edificaciones en primera línea, tres operaciones urbanas importantes: la Iglesia y Convento San Francisco, el cerro Santa Lucía y La Casa de Moneda. No sólo son operaciones de arquitectura, sino que son intervenciones que influyen tanto en el ancho como en la extensión de la Alameda. Igualmente, es necesario considerar ciertos edificios que también fueron clave en su posicionamiento espacial y su uso: la Quinta Meiggs, la Estación Central y las edificaciones religiosas.

En este sentido, el emplazamiento de Santiago en el Valle del Mapocho, desde su periodo prehispánico, estuvo condicionado por el territorio geográfico: al norte, por el torrente del Mapocho y la movilidad de sus aguas; al oriente, el cerro Huelén, como promontorio que había que circunvalar para ir conformando el espacio urbano construido; al poniente, la chacra de Diego García de Cáceres, por la cual bajaban las aguas y al sur, La Cañada. Tal como planteó De Ramón (1978), la Alameda era un límite urbano y de segregación espacial de los estratos socioeconómicos más allá del radio de la ciudad central. Haciendo alusión a lo que pone de relieve Corboz (2015), el territorio no es aquí un dato, sino que es el resultado de diversos procesos. Y es, precisamente, en estos procesos donde la antigua Cañada, más tarde denominada Alameda, cambiaría su forma urbana. Es entonces cuando, además, la Alameda pasó de ser un borde al sur de la cuadrícula, en un territorio emplazado en sentido levante-poniente, a una calle-camino que sustentaba una actividad como un paseo público de las Delicias, apoyado en la conformación de alamedas. Para hacerlo más explícito, Miralbes e Higueras (1993) señalan que el espacio geográfico, al estar organizado, presupone la existencia de un orden lógico en el que concurren una infinidad de elementos de diversa naturaleza y magnitud, tanto físicos como humanos.

Por lo tanto, ¿cuáles son las cualidades físico-geográficas de la Alameda? Para esta discusión es necesario volver a su matriz genética desde ser una hondonada, un paseo, una vía emplazadora y una vía desplazadora y segregadora. Entonces, el comprender el ensamblaje y forma de la Alameda tiene varias particularidades en su concepto espacial y sus procesos. Siguiendo a Sassen (2010), es posible preguntarse sobre la Alameda: ¿en qué marco espacial, económico y social se entiende como fenómeno urbano? Una repuesta sería que “al analizar las transiciones históricas, el conocimiento sobre las dinámicas que les dan forma puede contribuir a elevar el nivel de complejidad para estudiar y comprender las transformaciones actuales” (p. 27).

Efectivamente, se podría decir que la Alameda tiene un origen diverso y una transformación compleja. No han sido pocos los proyectos urbanos que se han suscitado en su espacio físico. Claro ejemplo de ello es el Metro de Santiago, cuya construcción se inició en el año 1969 y se trabajó intensamente hasta 1980. Un trazado en el eje oriente-poniente en la avenida más significativa de la ciudad. Una intervención cardinal que, sin lugar a dudas, se une a lo realizado por Karl Brunner en el inicio del proceso de modernización de la ciudad de Santiago a partir de la década de 1930. En esta nueva organización espacial planteada por Brunner existiría una tensión entre la gran avenida de la ciudad capital y la gran vialidad especializada de la metrópolis. Más recientemente, el proyecto Alameda-Providencia nos advierte de un nuevo cambio en su territorio: la propuesta de rediseño de 12 kilómetros de su espacio público, de la infraestructura de transporte y el mejoramiento del espacio de circulación de los peatones.

Por lo tanto, el cambio de condición de la Alameda de un borde a una vía emplazadora oriente-poniente, tiene lugar ante un telón de fondo cultural y político. La aparición de nuevas disciplinas con la participación de arquitectos y urbanistas franceses; la renta inmobiliaria y el aprovechamiento del suelo y la urbanización y nuevas formas de vida (barrio París-Londres y San Francisco), son algunos ejemplos. Es, por tanto, un hecho de trascendencia urbanística de la ciudad de Santiago, un episodio notable, que en su origen y configuración ha sido parte del territorio geográfico y topográfico, que surge de las relaciones entre variables naturales y culturales, a su forma urbana, combinación de relieve y ciudad artificial.

Pero, cabe preguntarse: ¿está la Alameda en declinación? ¿Dónde está la delicia de caminar por ella? El espacio público, el lugar de encuentro y el paseo de las distintas clases sociales es una situación que resulta anodina en la Alameda de hoy. Es prácticamente imposible que se pueda romper con el ritmo, pausar y hacer sensible la presencia del mundo. La composición de la Alameda ha cambiado: la arborización de álamos ha dado paso a un bandejón central; no existe la acequia que cruzaba por el paseo de las Delicias, la avifauna y sus ruidos ya no son perceptibles, producto de la migración de las especies y por su disminución derivada de la contaminación de la ciudad de Santiago; el antiguo paseo de las Delicias se convirtió en una vía de movilidad y, hacia el oriente, la vista magnificente del siglo XIX de la Cordillera de los Andes ha sido interrumpida por la aparición de las edificaciones en altura en el tejido urbano.

Pero en cada transformación del territorio de la Alameda cada pieza constituyente es parte de la articulación total. Considerando las palabras de Massey (citado por Steane, 2015), es posible considerar a la Alameda como un lugar extrovertido, no estático, que no tiene una identidad singular; es algo reconstruido día a día a través de una referencia con muchos otros lugares. Son, como señala Yi FU Tuan (citado por Steane, 2015), pequeños mundos.

Referencias bibliográficas

Corboz, A. (2015). Orden disperso. Ensayos sobre arte, método, ciudad y territorio. Bernal: Universidad Nacional de Quilmes.

De Ramón, A. (1978). Historia urbana. Una metodología aplicada. Buenos Aires: CLACSO.

Miralbes, R. e Higueras, A. (1993). Reflexiones sobre el espacio geográfico. Geographicalia (30), 283-294.

Sassen, S. (2010). Territorio, autoridad y derechos. De los ensamblajes medievales a los ensamblajes globales. Uruguay: Pressur Corporation.

Steane, M. (2015). Recorrer Valparaíso: croquis y anotación como método de investigación urbana. En Jolly, D. La observación: urbanismo desde el acto de habitar (págs. 17-35). Valparaíso: Ediciones Universidad de Valparaíso.