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Alumbrar las contradicciones del sistema eléctrico mexicano y de la transición energética: Colectivo GeoComunes

Revista Planeo Nº 47 Transiciones Energéticas; Abril 2021


[Por: Yannick Deniau: Geógrafo; Maestro; Colectivo GeoComunes / Universidad Autónoma de Barcelona (UAB); Susana Isabel Velázquez Quesada: Geógrafa, Maestra en Estudios Latinoamericanos; Colectivo Geocomunes / Universidad Nacional Autónoma de México; Luis Fernando Pérez Macías: Geógrafo, Doctorando en Estudios Latinoamericanos; Colectivo Geocomunes / Universidad Nacional Autónoma de México; Jorge Adrián Flores Rangel: Doctor en Geografía, Colectivo Geocomunes / Universidad Anáhuac]

 

Resumen:

En años recientes, la expansión del sistema eléctrico mexicano ha sido promovido como un área de oportunidad para el capital privado y difundido como algo “necesario” económica y ambientalmente. Este artículo sintetiza algunos de los resultados de la investigación cartográfica Alumbrar las contradicciones del sistema eléctrico mexicano y de la transición energética”, un estudio y base georreferenciada de descarga libre dirigida a brindar información clave para sumar a población especializada y no especializada a la discusión y reformulación de la cadena de actividades e infraestructura que sostiene el abasto eléctrico en nuestro país y para brindar argumentos que pongan en cuestión la utilidad pública de esta infraestructura. En particular, la investigación y las herramientas de discusión que la componen buscan ser una plataforma de información y análisis eficiente para las comunidades que enfrentan la expansión de esta infraestructura.

Palabras clave: Electricidad, Infraestructura, Transición Energética, Desigualdad energética

Esta investigación realizada por el colectivo GeoComunes, presenta un análisis del subsector eléctrico en México a partir de la revisión de la situación actual de la infraestructura del sistema eléctrico y de algunas de  las contradicciones que muestra la llamada “transición energética” en el país. La investigación busca aportar elementos para una reflexión amplia y colectiva en torno a la dimensión técnica y política que subyace a los momentos que componen la producción de este valor de uso: la generación eléctrica (distribución, tecnología, empresas asociadas y dimensión territorial implicada), distribución (ubicación de las líneas de transmisión y crítica al mapa de consumo desigual y altamente contrastante que posibilita) y consumo (principales actividades consumidoras de electricidad, su distribución en el país, y  crítica a la utilidad pública de las mismas).

Los mapas, en tanto una herramienta útil para analizar la lógica espacial de procesos complejos, se torna un instrumento aún más potente cuando se emplea para dinamizar la discusión colectiva sobre los procesos que, a distintas escalas, está detonando y sosteniendo un agente constructor del espacio, como el sistema eléctrico. Por ello, los resultados de esta investigación se exponen en un geovisualizador (o mapa digital dinámico) de acceso libre que contiene más de cincuenta capas de información geográfica relacionadas al sistema eléctrico mexicano y repartidas en nueve temas, que ilustran tanto elementos directamente relacionados con el sistema eléctrico, como elementos que ayudan a explicar la lógica que su despliegue ha seguido hasta ahora (áreas de exploración y explotación de hidrocarburos, minerales metálicos en general y otros recursos con relevancia actual, como litio), además de los conflictos asociados al despliegue de la infraestructura energética que han sido documentados en el Atlas de Justicia Ambiental (EJAtlas) de la Universidad de Barcelona. Con todo esto, la investigación busca exponer de manera directa una crítica al modelo energético mexicano así como ser una plataforma para articular la discusión amplia sobre la urgencia de construir modelos civilizatorias no sólamente técnicamente viables y sustentables, sino  ante todo políticamente distintos al modelo de explotación y de consumo que este sistema energético sostiene.

Im1. Geovisualizador, consultable en: http://geocomunes.org/Visualizadores/SistemaElectricoMexico/#

A continuación presentamos  algunos de los principales hallazgos y reflexiones de la investigación.

Privatización y gasificación de la generación eléctrica

Desde 1992 se han impulsado distintas reformas neoliberales al Sistema Eléctrico Nacional en México que han reforzado el control privado sobre la generación eléctrica. De esta manera, el 75%  de las centrales eléctricas que comenzaron a operar en los últimos 20 años han sido promovidas por el sector privado, quien controla actualmente el 43% del total  de la capacidad eléctrica instalada en México. Con este proceso se ha configurado un oligopolio de empresas privadas, en el que 8 empresas (entre las cuales resaltan Iberdrola, Mitsui, Enel Green Power y Naturgy por su peso en el control de capacidad instalada) controlan un cuarto de la toda la capacidad instalada a nivel nacional. Este proceso de privatización está asociado a la gasificación del sector eléctrico y al incremento de los hidrocarburos en la matriz eléctrica que resultó  de la firma del Tratado de Libre Comercio de Norte América (TLCAN), al grado en que, en 2018 el 77 % de la electricidad se produjo consumiendo hidrocarburos, principalmente en centrales de ciclo combinado abastecidas con importaciones de gas natural extraído en Estados Unidos bajo la técnica de fracking (Geocomunes, 2016).

Un aumento continuo del consumo eléctrico fomentado por actividades industriales

Es común pensar que el aumento del consumo de energía se relaciona con el crecimiento de la población, sin embargo, en México el consumo energético relativo por cada millón de habitantes se ha duplicado en los últimos cincuenta años, lo que muestra que el  consumo de electricidad depende de otros factores y sectores. En las dos últimas décadas el consumo eléctrico a nivel nacional prácticamente se ha duplicado, pasando de 559 a 1,000 petajoules de 2000 a 2018. El mayor consumidor de electricidad es el sector industrial, que actualmente consume más del 60% del total de la electricidad, lo que representa cerca de tres veces el consumo del conjunto de los usuarios domésticos (22%).

IM2. Evolución del consumo eléctrico por sectores y millón de habitantes, 2000-2018 (en Petajoules / Millones de habitantes (Fuente: elaboración propia de los autores con base en SIE e INEGI)

México es el único país de América Latina donde el sector industrial consume más de la mitad del consumo total de electricidad. Eso se explica, en parte, por el dinamismo de la economía de exportación, ligada principalmente al modelo de producción exportador de especialización productiva dinamizado por el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN, hoy T-MEC) y moldeado bajo la proyección hegemónica regional de Estados Unidos: en 2018, en México se exportaron mercancías con un valor de 441,000 millones de dólares, del cual el 70% fue hacia Estados Unidos.

Im3. Peso del consumo eléctrico industrial y exportaciones en América Latina, 2018 (Fuente: elaboración propia de los autores con base SieLAC-OLADE y Banco Mundial)

Además del subsector maquilador, la industria minera y cementera aparecen como las principales actividades consumidoras dentro de las actividades industriales. Dos actividades extractivas que, en conjunto, en 2018 representaron el 8% del consumo nacional de electricidad, lo que equivale al consumo doméstico de 46 millones de personas.

Un acceso desigual e injusto a la electricidad

El gran peso de algunas ramas industriales en el consumo de electricidad contrasta con el acceso desigual de la población a este bien común. En 2018 había 1.8 millones de personas sin acceso a electricidad a nivel nacional y 269 mil viviendas habitadas seguían acceso a este recurso en 2020. Un tercio de esas viviendas sin electricidad están concentradas en los estados de Veracruz, Chiapas y Oaxaca, a pesar que estos concentran una gran cantidad de centrales eléctricas (Chiapas concentra el 41% de la capacidad hidroeléctrica operando a nivel nacional y Oaxaca el 46% de la capacidad eólica en operación) que han generado graves conflictos y procesos de despojo para la población local. Esos datos evidencian que el aumento de centrales eléctricas no garantiza el acceso universal a la electricidad y cuestiona la supuesta utilidad pública que acompaña la promoción de nuevos proyectos. El sistema eléctrico mexicano prioriza el flujo de energía en función de la acumulación de capital, relegando a un segundo plano el consumo de las regiones que resultan menos trascendentes al patrón particular  de acumulación. La electricidad es un bien común que no ha dejado de privatizarse y es una   mercancía con una función estratégica para la industrial lo que condiciona la forma en que se despliega territorialmente.

Las contradicciones y mitos del proceso de transición energética

La forma hegemónica de la llamada “transición energética” ha articulado un conjunto de mecanismos de mercado que promueven el despegue de una “economía verde” dentro del sector energético, lo que ha sido fuertemente criticado por ser promovida desde una lógica corporativa y generar las siguientes contradicciones:

Busca ampliar la proporción de “energías renovables” en la matriz eléctrica, sin reducir el consumo real de hidrocarburos. Las metas de reducción de consumo de fuentes fósiles a las que se comprometen los países, son establecidas en términos relativos y no en términos absolutos, esto es, son metas a las que se llega sin reducir el consumo absoluto de fuentes fósiles a razón de aumentar únicamente la generación eléctrica a partir de fuentes renovables. En el caso de México las energías renovables no están reemplazando la generación eléctrica basada en fósiles sino que se están sumando al aumento continuo de generación eléctrica. A pesar de duplicar la capacidad instalada de energías renovables en México entre 2005 y 2019 (con 123 nuevas centrales principalmente eólicas y solares), la generación fósil ha aumentado en un 30% durante este mismo periodo (de 191 mil a 253 mil GWh). Las energías renovables no tienen la capacidad, ni en México ni en el mundo, de cubrir una demanda siempre creciente de electricidad. Mientras no existan acciones concretas para limitar el aumento del consumo eléctrico y para definir sus usos prioritarios en pro de la justicia y el bienestar colectivo, no habrá posibilidades reales de alcanzar una disminución absoluta y no sólo relativa en el consumo de energía fósil.

Es una política que evalúa las tecnologías “adecuadas” únicamente a partir del volumen de gases de efecto invernadero emitidos durante la generación eléctrica, y no durante todo el proceso de instalación y producción de la propia tecnología (paneles solares, aerogeneradores, etc.). De esta manera no considera el conjunto de impactos que estas tecnologías tienen, como eliminación de cubierta vegetal, erosión por aplanamiento de terreno, cambios de usos de suelo etc. Se puede cuestionar el término de energías “limpias” por los graves impactos socioambientales generados por proyectos de energías renovables en México, y por el hecho que este modelo de transición energética termina fomentando el extractivismo minero. Las centrales eólicas y solares actualmente en proyecto en México van a requerir, por ejemplo, aproximadamente 1.5 millones de toneladas de minerales para su construcción. La transición energética actual es una apuesta corporativa que pretende aplazar la solución de la crisis ambiental y climática fomentando una de las actividades industriales más nocivas en términos de impactos socio ambientales y de consumo de energía (agua, electricidad).

Conclusión

Una transición energética alternativa real tiene que empezar por cuestionar el modelo capitalista de acumulación y la geopolítica de dominación de la energía. Debe dirigirse hacia el abandono del patrón de explotación producción y consumo basado en energías fósiles, y hacia su reemplazo por un modelo social y energético completamente diferente. Un modelo que priorice las necesidades reales de reproducción de los pueblos (no del capital) y que se construya sobre el debate permanente sobre los valores de uso necesarios para cada comunidad, localidad y ciudad, así como sobre las tecnologías local y culturalmente adecuadas. Esta otra transición energética, que los pueblos han dado en llamar popular o comunitaria, se ha venido construyendo con la crítica y la determinación de pueblos, organizaciones e individuos que se han opuesto a la expansión de proyectos energéticos en su territorio, con las reflexiones que sobre el consumo y la explotación laboral existen en varias ciudades, y con los proyectos de abasto energético que a nivel local y regional han realizado los distintos pueblos organizados.

Referencias Bibliográficas

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