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Aysén mira el mar: vinculando la conservación de cetáceos con el desarrollo de las localidades insulares

Revista Planeo Nº 39  Ciudad Animal, Marzo 2019


[Por: Jacqueline Boldt, Geógrafa (U. de Chile), Máster en Ecología (U. Autónoma de Madrid); Diego Irizarri, Geógrafo (U. de Chile), Estudiante de Magíster en Asentamientos Humanos y Medioambiente (U. Católica de Chile)]

Resumen:

La costa, islas y fiordos de la Patagonia son un territorio que ha sido históricamente invisibilizado en cuanto a sus prácticas y modos de vida, del que suele decirse que sus localidades se encuentran “aisladas”. ‘Aysén Mira el Mar’ es una iniciativa local que, haciéndose cargo de la condición de ‘insularidad’ de estos asentamientos, propone la co-creación de un proceso comunitario de puesta en valor de su patrimonio natural, apoyándose en el reconocimiento, conservación y provecho económico de los cetáceos que cohabitan con las comunidades humanas patagónicas para un desarrollo sustentable de las localidades costeras e insulares de Aysén.

Palabras Clave: Comunidades Insulares, Cetáceos, Desarrollo local

Generalmente en Chile se suele enseñar en los colegios que el país se compone de cuatro grandes ‘macroformas geográficas’, sobre las que se regionaliza el conocimiento geográfico y que enmarcan el desarrollo de los territorios. Estas son: la cordillera de Los Andes, la cordillera de La Costa, la depresión intermedia y las planicies litorales. Sin embargo, existe un ‘quinto territorio’, particular a la Patagonia de Aysén y Magallanes, que no suele ser considerado: las islas, fiordos, y canales que existen en esta enorme extensión de archipiélagos que se extienden más de 2.000 km desde Melinka hasta Puerto Williams. No se consideran porque se dice de estos que “son cordillera de Los Andes hundida en el mar”, pero esta simplificación reviste una invisibilidad (Núñez, Molina, Aliste & Bello, 2016) de lo que es este particular espacio geográfico y social donde se desenvuelven diversas comunidades humanas y animales.

Este espacio es una red de archipiélagos, con una de las extensiones de litoral más grandes de todo el mundo y, curiosamente, en la región de Aysén estos lugares están poblados por asentamientos (caletas) de pescadores quienes fundaron sus pueblos y los han mantenido a través de formas de vida insulares que desconocemos y que tienen que ver con una forma particular de movilidad, desplazamientos vía navegación, temporalidades, organización comunitaria, organización del trabajo, modos de producción de la tierra y el mar, y usos consuetudinarios, entre otros (Martinic, 2005). En este territorio, una de las principales problemáticas es la invisibilidad insular que existe sobre el maritorio en la zona austral. Sumado a esta invisibilidad, se remarca siempre el “vivir aislado” como una condición negativa que se debe superar, desconociendo y juzgando la vida insular al medir su desempeño según los parámetros de los territorios continentales.

Por otro lado, se ha detectado una falta de acciones de gestión en la conservación del patrimonio natural y cultural que existe en Aysén insular. Gran parte (un 90%) del maritorio está destinado a la conservación de la naturaleza; si bien esto no significa una apuesta al desarrollo de las comunidades que lo habitan, ni a un interés por aumentar los recursos destinados a la investigación, turismo, educación ambiental y otras temáticas claves para hacer de este lugar un territorio de oportunidades. En ese contexto, la conservación puede ser una acción clave para potenciar el desarrollo de los asentamientos costeros e insulares de la región, y particularmente, a partir de la conservación de cetáceos.

En tal contexto ‘Aysén Mira el Mar’ es una iniciativa que busca desarrollar un polo de ecoturismo marino en la región de Aysén, activando la gestión de la conservación marina desde las comunidades locales del litoral hacia el resto de Chile y el mundo. Pero, ¿qué rol tienen los cetáceos en esto? Aysén Mira el Mar nació de una metodología concreta llamada “censo comunitario de cetáceos”. Esta metodología nos permite conectar con las personas que habitan el litoral y que constantemente ven el mar, ya sea por sus actividades económicas de pesca, o porque se trasladan de un lugar a otro en su vida cotidiana (Boldt, 2016). A través de esta actividad se pudo formar un grupo de personas que registraron sus avistamientos de cetáceos, y con esto, conformar la primera red de observación de mamíferos marinos en tiempo real utilizando una herramienta tan básica como Facebook el año 2015.

Los delfines y ballenas son especies ‘bandera’ o ‘carismáticas’, lo que quiere decir que son especies de animales capaces de movilizar a la sociedad por su protección y cuidado (Isasi, 2011). Esto, como consecuencia, permite que las personas conozcan el ecosistema marino en general, la importancia que tiene para la vida en el planeta y los servicios ecosistémicos básicos que nos brinda en relación con la alimentación y la regulación atmosférica, específicamente en la producción de oxígeno, entre otras relaciones más complejas. Por otro lado, los cetáceos son especies ‘paraguas’, es decir, son animales cuya presencia en el ecosistema da cuenta de una cadena trófica saludable, y con ello, permiten monitorear en forma básica la salud de los ecosistemas marinos, indicando la productividad y diversidad en el mar.

Ahora, en cuanto a las relaciones entre cetáceos y humanos, en general, en casi todos los pueblos originarios costeros o marinos del mundo existe una identificación y valoración a los cetáceos, ya sea en forma positiva o negativa. Para el caso de Chile, lo que más resalta en la historia de las relaciones con estas especies es un pasado reciente como país de gran relevancia en la industria ballenera mundial, la caza intensiva que impulsó la economía nacional es probablemente un capítulo que hoy no queremos recordar en términos ambientales, pero es un hecho ya estudiado la gran incidencia que tuvo esta actividad en el desarrollo costero del país. Específicamente en Aysén, la relación entre cetáceos y personas se identifica desde los pueblos nómades canoeros, que aprovechaban las varazones para alimentarse, hasta el día de hoy a través del desarrollo del ecoturismo y el turismo científico.

Imagen 1. Práctica de avistamiento de delfines en la región de Aysén.
Imagen 1. Práctica de avistamiento de delfines en la región de Aysén.

Hoy día la relación con cetáceos en general en Chile está normada por una ley que los protege, no podemos venderlos, cazarlos, ni explotarlos para fines de entretención.  Esto ha significado un avance y transformación en la forma de relacionarnos con estos animales, ya que hoy sólo podemos observarlos en su estado salvaje. Lo que sigue después de esto es que las personas de las comunidades costeras se apropien de su rol como ‘protectores de cetáceos’, y es en esa línea que Aysen Mira el Mar se posiciona como una iniciativa importante para estos asentamientos, especialmente en la localidad de Puerto Cisnes, donde la comunidad ha dado el paso de trabajar en forma activa por la conservación de estos animales, apalancando fondos para su protección, desarrollando iniciativas que comprometen espacios físicos de educación ambiental y puesta en valor del patrimonio natural. Esto ha facilitado la vinculación con ONGs internacionales y a la institucionalidad a cargo de poner en valor el patrimonio natural, ayudando a la valoración positiva de su condición marina e insular. En ese sentido, la conservación cetácea con activa participación comunitaria se ha convertido, de manera incipiente, en una oportunidad creciente de desarrollo local y mejoramiento de la calidad de vida de las personas, tal como ya ha ocurrido en otros lugares del mundo donde el desarrollo territorial se ve vinculado fuertemente a estos animales (como Puerto Madryn, en Argentina, y Kaikoura en Nueva Zelanda).

El trabajo que desarrolla la organización se realiza desde la comunidad local, esto quiere decir que toda actividad se fundamenta desde un grupo de interesados en la comunidad, co-diseñando y co-ejecutando el proceso, con el apoyo de la institucionalidad local, agrupaciones locales, la Universidad Austral de Chile y el Museo Regional, entre otras instituciones clave de la región. En esta línea, se ha logrado implementar una red de ‘avisadores’ en tiempo real -comunicados con científicos expertos en cetáceos-, la realización de censos comunitarios y el monitoreo de impactos negativos del turismo y malas prácticas.

Imagen 2. Trabajo de campo, Censo Comunitario de Cetáceos (CCC) en localidades insulares de la región de Aysén.
Imagen 2. Trabajo de campo, Censo Comunitario de Cetáceos (CCC) en localidades insulares de la región de Aysén.

Para el caso de Puerto Cisnes, un impacto muy tangible ha sido la apropiación de los cetáceos (especialmente de los delfines), como animales emblemáticos del lugar por parte de la comunidad, lo cual ha significado un quiebre respecto a una ‘identidad Patagona’ pensada desde los asentamientos continentales. El surgimiento de una red de actores locales del litoral, activos en la conservación de cetáceos, es el resultado mas relevante de este trabajo, en conjunto con el surgimiento de una agrupación formal de prestadores de servicios turísticos de carácter náutico que se plantean en la línea del ecoturismo, y que buscan ser un aporte a la conservación de cetáceos y generando desarrollo económico local. Por otra parte, es relevante la visibilización del litoral como un espacio de oportunidades, como un lugar donde los habitantes se sienten afortunados de vivir ahí.  En ese sentido, el enfoque ‘promocional’ de las islas es un resultado relevante para el diseño de políticas públicas con una triple intencionalidad: la conservación, el desarrollo económico, y el desarrollo social, pero aún falta mucho por hacer para que éstas flexibilicen el rigor con el que estos territorios son juzgados, para proyectarlos como polos de ecoturismo marino de relevancia nacional e incluso internacional.

La proyección de este tipo de experiencias en asentamientos como las caletas de Aysén puede aportar a crear un compromiso de los habitantes locales con el devenir del lugar en el que viven. La relación que se genera gira en torno al ‘cuidado’ del lugar, trasciende la idea del espacio como un hábitat humano y se vuelca a éste como un ecosistema donde viven también otras especies no humanas que se valoran, cuidan y desean, vinculándolas activamente en la creación de alternativas de desarrollo para los asentamientos costeros e insulares.

Referencias:

Boldt, J. (2016). Metodología de campo para el avistamiento de pequeños cetáceos desde tierra. El caso de Raúl Marín Balmaceda, región de Aysén. Revista de Aysenología, 2(1), 44-52.

Isasi, E. (2011). Los conceptos de especies indicadoras, paraguas, banderas y claves: su uso y abuso en Ecología de la Conservación. Revista Interciencia, 36, 31-38.

Martinic, M. (2005). De la Trapananda al Aysén: una mirada reflexiva sobre el acontecer de la Región de Aysén desde la prehistoria hasta nuestros días. Pp 45-62. Editorial Pehuén. Santiago

Nuñez, A.; Molina, R., Aliste, E.; Bello, A. (2016). Silencios geográficos en Patagonia-Aysén: territorio, nomadismo y perspectivas para re-pensar los márgenes de la Nación en el siglo XIX.  Magallania 44(2), 107-130.

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