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“Centros comerciales en la región de Los Lagos, los templos de una nueva religión”

Revista Planeo Nº 36  Mega Urbanismo, Junio 2018


[Por Edward Rojas; Arquitecto, Premio Nacional de Arquitectura 2016]

Resumen

En el marco de la implementación de un sistema neoliberal en Chile, comienza por parte de inversionistas privados la construcción de los máximos representantes de este modelo: los Mall o centros comerciales, que han modificado no solamente las pautas de consumo de la sociedad, sino también han generado significativos impactos en la región de Los Lagos, Chile. Desde esta perspectiva, la presente columna pretende reflexionar en torno del proceso de instalación de estos Mall en la región, las irregularidades respecto de sus construcciones en zonas de valor de alto histórico y las externalidades que estas iniciativas han generado en términos urbanísticos y socioculturales para los habitantes locales.

Palabras claves: Mall, Región de los Lagos, consumo

La exitosa implantación del modelo neoliberal en nuestro país, posee como máximos íconos los grandes Mall o centros comerciales, que en el ámbito de la dimensión cultural a nivel nacional se han convertido en templos de una nueva religión llamada consumo, que rinde culto a un dios: el “mercado feroz”, y dónde sus profetas, se constituyen como ganadores inversionistas que practican el extractivismo y que en cuyas manos queda relegada la decisión de cómo y dónde deben emplazarse estas nuevas construcciones.

Los fieles de esta nueva religión somos los consumidores de los miles de productos que, como un nuevo credo, son abalorios que queremos tener y para ello contamos como devocionario con las tarjetas de crédito, que nos permiten adquirir aquello que la televisión nos alienta a consumir.

Ciudad de Panamá por ejemplo, donde regularmente viajo a hacer clases a ISTHMUS[i], está llena de centros comerciales de todos los tamaños y especializaciones. Dos de ellos son impresionantes; MULTICENTRO, ubicado en pleno centro de la ciudad moderna, llega a ser obsceno por la variedad de objetos dirigidos al mercado del lujo y donde una corbata de seda vale más que el sueldo del migrante que limpia el brillante e inmaculado piso de mármol.

El otro es ALBROOK MALL ubicado en el sector de la antigua ciudad americana, donde confluye una de las más grandes terminales de buses del Caribe, que trae a los habitantes del interior a consumir en este popular Centro Comercial, el cual debe ser el más grande de toda la región. Una verdadera ciudad donde es posible ver en el patio de comida o cargando bolsas de Dorian´s, a mujeres Kuna del Archipiélago de San Blas, con sus coloridos trajes, collares y pulseras.

Acá en el Archipiélago de Chiloé, en la región de Los Lagos, Chile, la revolución industrial llegó con un siglo de atraso, junto a la instalación de la Empresa Salmonera hace cuarenta años, lo que significó una gran transformación económica y cultural, en la medida que se pasó violentamente de un modelo de autoconsumo de pequeños propietarios agrícolas y ganaderos, al de trabajadores asalariados; con lo cual se perdieron y reacomodaron valores esenciales del habitar insular, sin considerar la contaminación cultural, visual y física de los canales.

Esta revolución fue la palanca que permitió la imposición y consolidación del modelo neoliberal que llevaría a la conversión de auto consumidores al de consumidores de los bienes del mercado.

Por lo mismo no fue extraño que a mediados de los ‘90 una empresa[ii] decidiera instalar en el centro de la ciudad de Puerto Montt un Mall de cuatro pisos, con estacionamientos subterráneos, una tienda y un supermercado ancla, algunos locales comerciales de cadenas y un gran patio de comida con una vista maravillosa al mar interior con su cordillera de fondo y sus islas que casi flotan en el paisaje.

Todo esto bajo un cielo de cristal, con escaleras mecánicas y un espacio climatizado, en cuyos pasillos había escaños donde muchas parejas se juntaban a pololear en mejores condiciones que en la lluviosa y ventosa Plaza de Armas.

El Centro Comercial Paseo del Mar, era la nueva Plaza climatizada de la ciudad; como lo reafirmaría el Premio Nacional de Urbanismo, el arquitecto Marcial Echeñique [iii] , uno de los costos que la ciudad tuvo que pagar fue “la presencia de fachadas mudas en cuanto a expresión física y muertas en cuanto a vida urbana de relación”. La que por otro lado, se vio favorecida por la conexión con la costanera mediante un paseo peatonal.

Esta construcción proponía una escala para la ciudad, que por aquellos años se debatía entre la mantención de sus grandes casonas de madera patrimoniales como parte de la memoria histórica del lugar y el cambio de escala que comenzaba a perfilarse con la construcción de edificios de nueve pisos como los del hotel Don Luis.

Este templo del consumo -a escala del lugar y entramado urbano- resultó funcional a la ciudad y un atractivo para los habitantes del Archipiélago, quienes los fines de semana hacían un largo viaje de cuatro horas en bus, incluidos los 45 minutos de transbordador, que los transportaban del fogón a la modernidad del futuro para volver a la Isla en la noche a la isla cargados de bolsas de supermercado y de retail.

Esta oferta se vuelve más extrema y la peregrinación más grande con la construcción de otro gran Centro Comercial, el Paseo Costanera perteneciente a la misma empresa, que cuenta con cines y muchos metros cuadrados de ofertas comerciales.

Un enorme Templo Comercial, que se construye en los terrenos de la antigua estación de ferrocarriles, olvidándose de ésta; convirtiéndose en un tapón de la ciudad, quitándole la vista al mar, dejando una espalda muerta y una calle sin espacio público. Y proponiendo con sus dos torres de 19 pisos, otra escala para Puerto Montt, que vuelve patente la sobredimensión del valor del suelo.

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Im 1. Mall de Castro dentro de su contexto y escala urbana de la ciudad / Plataforma de arquitectura: https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/tag/mall-de-castro

Este Centro Comercial, novedoso aquí, antiguo y caduco en otros lugares del mundo, que podría ser un potencial aporte a la ciudad, no conforma espacio público, no se constituye en lugar de permanencia y encuentro ciudadano, no alberga al comercio local ni satisface las necesidades y anhelos de la comunidad. Y la falacia de “plaza calefaccionada” cae por su propio peso.

En el Archipiélago de Chiloé- el que a diferencia de Puerto Montt posee una tradición arquitectónica secular- la ambición sin límite de la misma empresa, promotora de los otros dos centros comerciales, lo pagaría muy caro la “muy noble y leal ciudad de Castro”, fundada hace 450 años por el adelantado Martín Ruiz de Gamboa, sobre una meseta bien resguardada con una extraordinaria vista sobre el fiordo.

En ella se desarrolló una ciudad provinciana donde el templo San Francisco de Castro, Patrimonio de la Humanidad , era el edificio más importante, destacándose en el paisaje de una ciudad que a comienzos del siglo XXI, pasaba de casas de dos pisos a edificios de cuatro pisos (10 metros de altura) más mansarda, construida bajo las rasantes, como lo permitía el plan regulador, pensado en función del tamaño de los predios, que tenían como imagen objetivo lograr la fachada continua de las cuadras les Champs Elysees en Paris.

Esta ingenua pretensión no consideró que un inversionista comprara y fundiera varios lotes pequeños hasta completar una manzana de las trazadas por Gamboa, podía construir bajo las rasantes un edificio de 15 pisos, fuera de toda escala y trama urbana.

Esto fue lo que pasó, ya que la misma empresa Pasmar, con la anuencia de la Municipalidad[iv], una débil legislación y la justa aspiración de los chilotes de hacer efectiva la ilusión de modernidad, llevaron a implantar en el corazón de la ciudad ancestral una obra absolutamente fuera de escala y lugar, que rompió la condición esencial de ser la Iglesia el edificio más relevante del lugar[v].

La judicialización de los permisos del Proyecto fue algo tardía, pensando que en el diálogo con el municipio y los vecinos, las razones imperarían. Al final, ni la corte suprema ni ninguna autoridad se responsabilizó de su labor fiscalizadora y de revisión de legalidad, haciendo la vista gorda para no resolver lo que podía causar incomodidad.

Así, el Mall de Castro es representación de la encrucijada entre el despliegue empresarial del Capitalismo Iluminista, los deseos de Modernidad de una comunidad alejada de las periferias metropolitanas y, la presencia de un contexto amigable en la dimensión político/ideológica de la administración estatal.

Esta última traza es fundamental en la acción de cristalizar proposiciones arquitectónicas capaces de romper los mundos patrimoniales de las comunidades locales, afectando las esferas identitarias y la pertinencia cultural.

Así, esta encrucijada materializa en el paisaje del archipiélago el gran cambio de religión con su nuevo templo principal, una obra impertinente que minimiza la iglesia, agrede el paisaje, afecta la vialidad y altera los modos de vida de los habitantes del lugar. Caso-Proyecto que hoy se estudia en las Universidades del mundo como un ejemplo de lo que no hay que hacer.

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Im 2. Los templos de la ciudad neoliberal (Iglesia y mall de Castro) / Fuente: Biobio chile: https://www.biobiochile.cl/noticias/artes-y-cultura/actualidad-cultural/2017/12/01/estan-ampliando-el-mall-de-castro.shtml

Gracias a la acción y presión de un grupo de ciudadanos y el colegio de arquitectos, este edificio llegó sólo a los ocho pisos, y no a 15 como se pretendía al querer agregar al centro comercial, un hotel 5 estrellas, Centro Médico y centro de Formación Técnica y obligó a la Empresa a cambiar el material de las fachadas por uno más acorde con los materiales del lugar.

Sin embargo, el mal que dejó este Mall, está allí a la vista. Hoy sigue creciendo, sigue engordando en las alturas, ahora para recibir salas de cine, todo esto con los permisos y aprobaciones correspondientes, a pesar de sus evidentes infracciones a la normativa.

En Puerto Varas los arquitectos, vecinos y autoridades, a partir de lo sucedido en Castro y Puerto Montt, obligaron a la misma empresa a desarrollar, para el Centro Comercial Paseo Puerto Varas – emplazado a metros de la Iglesia- un edificio de acuerdo a la escala y las características arquitectónicas de la ciudad, el que de esta manera no impone si no que complementa la oferta comercial históricamente diseminada en sus casonas patrimoniales. Lo que permite convivir con cierta armonía a este templo contemporáneo del consumo con el tradicional templo religioso.

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Notas:
[i] ISTHMUS Escuela de Arquitectura y Diseño de América Latina y el Caribe.
[ii] Del empresario Jacob Mosa, cabeza del Grupo Económico Pasmar
[iii] En Encuentro: Jornada de Reflexión Técnica Intervención Mall de Castro, 10 de Agosto 2012.
[iv] El Consejo Municipal modificó el Plan Regulador de la ciudad de Castro para permitir la construcción del edificio
[v] El hecho de que las iglesias son el edificio más importante de poblados y ciudades, fue una de las condiciones por la cual 16 Iglesias de Chiloé fueron declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO el 2010 y 2011. Situación que podría llevar a que las Iglesias de Chiloé sean declaradas por la UNESACO como patrimonio en peligro.
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