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“Hacia un hábitat inclusivo y sostenible”

Revista Planeo Nº 32  Ciudades Inclusivas, Junio 2017


[Por Cynthia Pedrero Paredes; Licenciada en Estética, Pontifica Universidad Católica de Chile]

Título del Libro: Nuevos hábitos para un nuevo hábitat. Conciencia y reflexión sobre nuestros entornos urbanizados
Editores: Maximiliano Pazols Cáceres
Año: 2016

RESUMEN

Maximiliano Pazols publica el Libro “Nuevos hábitos para un nuevo hábitat” como resultado de su Tesis de Pregrado, presentando una profunda reflexión respecto cómo continuar construyendo la ciudad; incorporando una visión sostenible y ecológica en el actual modelo de urbanización del hábitat Contemporáneo. Dicho modelo está caracterizado por el acelerado crecimiento de su población, esto debido a procesos demográficos naturales y por migración. Un hábitat inclusivo requiere una amplia cobertura de servicios y de infraestructura para solventar necesidades urbanas y habitacionales. Cobertura que debe estar acorde a los procesos orgánicos de la naturaleza y en un territorio en constante cambio, donde sus habitantes son los principales actores que componen los núcleos para la estructuración de los procesos locales en pos de un hábitat inclusivo.

Palabras clave: Urbanismo ecológico / Hábitat inclusivo / Ciudades Contemporáneas

Pazols

Portada del Libro

El libro de Maximiliano Pazols está compuesto por tres capítulos, en donde se plantea la problemática del crecimiento de la población urbana. Aborda diversos fenómenos relacionados con las formas de habitar las actuales aglomeraciones urbanas. Las ciudades contemporáneas cuentan con algunos retos en común, entre los cuales destacan: i) el crecimiento acelerado de la población, ii) aumento de estándares de consumo y iii) una infraestructura difícil de manejar. Para atender el tema de la infraestructura, una de las posibles soluciones sería el modelo de suburbanización ecológica. Este modelo permite enfrentar la alta densidad, contaminación y todas las externalidades negativas para las ciudades y sus habitantes que viven y deben adecuarse a constantes modificaciones del entorno.

La suburbanización ecológica es una organización fractal, entendida como diversas microorganizaciones pertenecientes a una organización macro; por ejemplo, una comunidad de un barrio respecto a una ciudad. En este tipo de configuración espacial, se cuenta con núcleos que se organizan de igual forma, independiente de la escala urbana a la que pertenezcan, haciéndolos parte de un mismo gran núcleo organizativo. Esta suburbanización es ecológica, en la medida en que la urbanización se alinea con los requerimientos ambientales sustentables para la mantención del ciclo natural por parte de la población. Específicamente en el ámbito de ahorro de consumo energético, disminución de índices de contaminación y medidas de reciclaje. Dicho modelo, puede dar respuesta a los actuales retos de urbanización y sobrecarga demográfica de las actuales y futuras ciudades.

De acuerdo a datos de la ONU, se estima que para el año 2050 el 80% de la población mundial vivirá en ciudades. Además, se estima que actualmente un tercio de la población urbana mundial vive en ciudades carentes de planificación urbana, lo que genera un alto grado de segregación. Esto trae consigo consecuencias no sólo económicas desfavorables por el grado de marginalidad de sus condiciones de vida, sino que también, consecuencias psicológicas y sociales debido a fenómenos de la sobrepoblación.

El desarrollo económico actual de las ciudades está sobre el desarrollo ecológico, lo cual provoca la existencia de serios problemas de sostenibilidad. Por ejemplo, el concepto de Economía entendido como la forma de administrar el hábitat, no prevé en ciudades contemporáneas la lógica del desecho artificial; pero la naturaleza considera al residuo como parte de sí misma, haciéndolo perteneciente a un ciclo natural de retroalimentación. Por lo tanto, ni la contaminación ni la basura se encuentran en la órbita del ciclo natural. Convirtiéndolos en agentes patógenos en un sistema superado no sólo por la sobrepoblación, sino que también por el crecimiento acelerado de una sociedad del desecho. Esto genera graves consecuencias a nivel contaminante tanto para el hombre, como para una flora y fauna que deben adecuarse a un cambio progresivo y vulnerable de hábitat.

Pazols plantea la necesidad por reconocer el cambio que viven nuestras ciudades y todos sus habitantes. Un reconocimiento del impacto de nuestra producción de desecho artificial, sus consecuencias, posibilidades de adaptación y transformación humana y tecnológica al nuevo hábitat. Todo esto, a partir de un cambio de hábito comprometido, sostenible y responsable con nuestras ciudades y el medio ambiente. Es por esta razón, que actualmente adquiere especial relevancia la educación del consumo y del reciclaje, haciéndose necesaria la transformación de nuestra ciudad en un espacio funcional y a la vez naturalizado, ecológico, comunitario e inclusivo. Un espacio compuesto por una comunidad que busque cambios para mejorar sus instituciones y la educación de sus ciudadanos.

En conclusión, entender la ciudad como un complejo tejido organizacional basado en interrelaciones sociales, políticas y económicas, posibilitaría la configuración de un organismo característico por su diversidad, propenso a sufrir constantes cambios pero que, a la vez, ofrezca constantes oportunidades de crecimiento. Nos permite la comprensión que el urbanismo ecológico y el desarrollo sostenible surgen como conceptos que favorecen la inclusión en la ciudad, no solo porque se generan medidas de ahorro y racionalización de consumo energético a través de la utilización de tecnologías, sino porque la ciudad también es un sistema que requiere la educación y retroalimentación de la comunidad en pos del desarrollo social. Núcleos capaces de integrar y vincular a la población al territorio, permitiendo entender la ciudad como un escenario de derechos, preparada para el aumento de los estándares de consumo y el aumento de la población. Una reflexión que invita a investigadores, docentes, alumnos y la comunidad en general, a modificar las formas de mirar, vivir y enfrentar las problemáticas de nuestras ciudades. Un cambio de hábito que nos permita enfrentar nuevos desafíos, y una necesaria y nueva forma de reflexionar sobre los modos de habitar el territorio y la ciudad contemporánea. En palabras del autor: “Si queremos un mejor hábitat, necesitamos mejores hábitos, pues nuestro entorno modificado es el reflejo de nuestros actos, tanto individuales como colectivos”.

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