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Entrevista a María Soledad Álamos: “Debemos revisar aquellas propuestas de acciones públicas y privadas que aún mantienen una mirada asistencialista y caritativa hacia las personas con discapacidad”

Revista Planeo Nº 32  Ciudades Inclusivas, Junio 2017


[Por Martin Montes. Licenciado en Ciencias Sociales, Sociólogo y Magíster en Desarrollo Urbano PUC]

María Soledad Álamos es licenciada en Historia (PUC) y magíster en Estudios Internacionales (U. de Chile). Actualmente es columnista de temáticas de cultura y urbanismo en torno a la accesibilidad del diario digital El Mostrador y precandidata a diputada de Revolución Democrática por el distrito 11 (Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén).

Debemos revisar aquellas propuestas de acciones públicas y privadas que aún mantienen una mirada asistencialista y caritativa hacia las personas con discapacidad”

Foto Soledad 1
Im. 1. María Soledad Álamos / Fuente: Equipo de campaña
  1. ¿Qué es para ti una ciudad inclusiva?

Implica varias cosas, en varias dimensiones. En primer lugar, es una ciudad que se piensa, que se planifica y se diseña brindando oportunidades para que todas las personas que transitamos en ella lo hagamos en igualdad de condiciones. Implica reconocer que el libre desplazamiento es un derecho. Una ciudad accesible requiere que se consideren las necesidades de aquellas personas con discapacidad física o motora; con dificultades para movilizarse. No hacerlo implica discriminar de manera arbitraria a parte de nuestra población.

Una ciudad inclusiva es también una ciudad que ofrece puntos de encuentro, lugares donde los distintos habitantes, de distintas partes de la ciudad, podamos encontrarnos y disfrutar de los espacios que nos brinda la ciudad.

Finalmente, una ciudad inclusiva es aquella que se planifica para que no crezca en base a guetos segregados, sino, a partir de barrios integrados y equipados, manteniendo buena conectividad interna y buenos índices de densidad, conectividad, tamaño, entre otros, a nivel general, pero también, en cada barrio.

  1. Pensando en la situacion nacional, ¿en qué hemos avanzado y qué desafíos nos quedan para avanzar en la construcción de ciudades más inclusivas?

Hemos avanzando en leyes y normativas que hacen un reconocimiento a los derechos de las personas en situación discapacidad y con movilidad reducida: la ley de inclusión, el decreto 50 en materia de accesibilidad a edificios públicos. La accesibilidad se entiende como un principio de autonomía y dignidad para las personas. Pero su aplicación es aún débil. No se han diseñado las acciones para crear un clima social y cultural propicio para que todas las personas nos sintamos incluidas en los espacios publicos.

En un nivel más tangible, hoy hay construcciones que cuentan con características de accesibiliad y son rápidamente etiquetadas bajo ese nombre. Por ejemplo: las plazas inclusivas o los establecimientos inclusivos. Sin duda esto es un avance, pero el desafío es que estas dejen de ser casos excepcionales y pasen a ser lo normal.

  1. ¿Cuáles crees que son las principales barreras (físicas, administratias, políticas, presupuestarias) que impiden que tengamos ciudades más inclusivas?

Las barreras están en el entorno. Podemos tener las mejores leyes contenidas sólo en el papel. Avanzar en cambios culturales requiere de voluntad política. Los discursos públicos deben propiciar que se cumpla con el mandato de una ley, de una norma; pero por sobretodo conminar a las personas a reconocer en las diferencias un valor. Mientras ello no suceda, dificilmente tendremos ciudades más inclusivas. Las personas con discapacidad seguiremos siendo una excepción.

  1. ¿Qué medidas / acciones propones para mejorar esta situación?

Se deben dotar de recursos humanos y presupuestarios para fiscalizar el cumplimiento de las leyes y normativas que actualmente están vigentes. Se debiesen implementar mecanismos de queja y denuncia por la vulneración de derechos hacia las personas con discapacidad en materia de accesibilidad. Pero además, un plan integral que incluya la accesibilidad en el transporte público – aún tenemos estaciones de Metro que dificultan el acceso a personas con movilidad reducida o donde derechamente no puede ingresar una persona que usa silla de ruedas -; la accesibilidad a edificios públicos, a la información y a la comunicación como pilares para el ejercicio de otros derechos. Este plan debiese considerar la participación de las organizaciones de la sociedad civil, tanto en el diseño como en el posterior monitoreo.

  1. ¿Cómo los ciudadanos podemos colaborar en la construcción de ciudades más inclusivas?

Como decía, la discapacidad no es resorte de las personas que están en esa condición. La limitaciones las pone el entorno donde nos debemos desarrollar, donde debiesemos vivir de manera plena y digna. A las personas, a la ciudadanía, hay que motivarlas para hacer el cambio de mirada; concebir, simultáneamente, al otro como un igual, y su diversidad como un valor. Cuando esto se logra, podemos empezar a convivir en el plano social, legal y urbano, con miras a ciudades inclusivas. La participación de las personas con discapacidad en política y en la cultura es una vía. Posiblemente la mayor responsabilidad de generar conciencia recae en el Estado y sus autoridades, pero sin duda todos podemos y debemos aprotar a este cambio de mirada. A través de hechos y palabras, enseñando la importancia de la inclusión y denunciando los hechos de discriminación.

  1. ¿Qué iniciativa o referentes en inclusión destacarías?

Debemos revisar aquellas propuestas de acciones públicas y privadas que aún mantienen una mirada asistencialista y caritativa hacia las personas con discapacidad. Somos personas con derechos y los debemos ejercer en igualdad de condiciones y sin discriminación. Lo anterior implica, por cierto, que el Estado desarrolle políticas y acciones de sensibilización alejadas de estereotipos, pero que permitan igualar la cancha.

A nivel urbano, el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) es un edificio que cuenta con todas las características de inclusión, y hace pocos días conocí el templo Bahaí, en Peñalolén, en plena precordillera, y pude recorrerlo entero, pues cuenta con todo un circuito de ramplas.

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