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“Valparaíso, Patrimonio musical (calles y música)”

Revista Planeo Nº 30  Música y Ciudad, Diciembre 2016.
[Por Diego Riquelme Leviantes, Antropólogo social, escritor y poeta]
Resumen: Cada ciudad tiene un ritmo, cada ciudad tiene un canto, cada ciudad tiene un olor especial y es en Valparaíso donde se condensa todo un espacio multicultural que da cabida para que las calles, el clima, su gente, abrace fielmente el espíritu de la ciudad y nos haga sentir a veces como dentro de una película o más bien dentro de una estrofa o un coro. Valparaíso tiene esa musicalización que no tienen otras ciudades. Es muy fácil sentirse frágil en una intersección de calles en cierta estación del año o es muy fácil ir cerros abajo entonando una canción olvidada. Pues la música y esta ciudad van codo a codo tejiendo ritmos, atmósferas y encantos.
Palabras claves: Valparaíso, música, caminar.

En el año 2013 se celebró con una sonajera de bocinas desde cada barco o embarcación que estaba en la bahía esa tarde de marzo, que Valparaíso era Patrimonio de la Humanidad. Sonaban bocinas por más de treinta minutos sin parar y todo tenía un ruido, todo tenía un ritmo, todo tenía un por qué musical.

La vida sin música sería un gran error dijo el gran filósofo alemán Friedrich Nietzsche y concuerdo en un grado altísimo con esa enorme frase. La experiencia de vivir una ciudad es algo que hacemos a diario, nuestro cotidiano se entrelaza con la mística de cada barrio, se cruzan como miradas en espacios públicos y populares, nos identificamos con esquinas, calles, restoranes, paradas de buses o bordes costeros. Son las ciudades, tus ciudades, mis ciudades. En mi caso particular será Valparaíso mi ciudad, donde hay una energía musical que no la he sentido en otras ciudades de Chile o el mundo (claro que todas las ciudades tienen su musicalización).

El estilo musical que representa Valparaíso es un estilo iconoclasta inclasificable, misterioso y a veces vulgar. Valparaíso conserva un estilo musical totalmente diferente en su género, quizás será por la magia de una ciudad patrimonial o será por ser ciudad puerto principal, pero es imposible no sentir el transitar de tu vida y no estar de acuerdo con algo, que Valparaíso y la música se enlodan hasta morir en el Pacífico con tu banda favorita. Caminar con tus audífonos por el centro de la ciudad escuchando The Verve la canción “Bitter Sweet”, cuando los violines aceleran tu paso y te detienes a admirar la avenida Brasil con su olor a tierra post lluvia de un frío julio. Bajar por calle Cumming escuchando el disco de Camila Moreno (“almismotiempo”) es un viaje al dolor del puerto, es un tránsito a lo real de las paredes añejadas por ritmos, por silencios, por costumbres adquiridas por la musicalización de esta ciudad. Calle Pedro Montt hacia el Congreso Nacional, pasando por calle la Hera antes de llegar a la plaza Salvador Allende en una tarde de sábado primaveral escuchando el disco Blanco de The Beatles, es algo que cualquier amante de las ciudades y la música debería experimentar. Es increíble cómo la música, una banda predilecta, se entromete con la contemplación de un espacio físico. No es lo mismo el mirador 21 de Mayo del Cerro Artillería con esa vista al puerto directo y a los cerros atolondrados unos tras otros, que si suena en tus oídos la primera sinfonía del segundo Movimiento de Mahler. Es totalmente diferente caminar cerro arriba por subida Ecuador y perderte entre sus calles, continuas escaleras ocultas que te hacen llegar a miradores o pequeños tierrales donde “Alturas de Machu Picchu” (Los Jaivas) abre el esplendor de la ciudad en un otoño casi perfecto.

imagen-1-escalerasIm1. Escaleras en Valparaíso / Fuente: http://bit.ly/2gCSyI5.

Valparaíso tiene eso que es irremplazable el ritmo de una ciudad que nos empuja al abismo musical, una ciudad que se hace responsable de esforzarte mínimamente en tener la obligación de escuchar música mientras se viaja o se camina esta ciudad. Podría estar horas haciendo comparaciones de bandas de músicas o bandas sonoras que identifiquen lo porteño o dándole un giro a esta columna y tratar de inducir la música con lo cultural pero no será esta vez.

En Valparaíso, a mi modo de ver, todo es música, todo es inspiración musical, Valparaíso respira a T-rex (banda inglesa de los 70), Valparaíso suda todos los abriles a Charly García, Valparaíso como puse al comienzo, es iconoclasta musicalmente, es una totalidad de ritmos y atmósferas culturales que no tienen otras ciudades. Me podría pasar dos vidas enteras subiendo y bajando cerros, visitando bares y terrazas y podría decir que cada bar, cada restorán, cada escondida, calle o plaza tiene música, tiene ese ritmo que buscamos celosamente, tiene ese silencio inspirador, ese hermoso silencio que nos hablaron los grandes músicos y poetas mayores o ese hermoso sonar de los platillos de la cueca brava cerca del bar Cinzano en la plaza Aníbal Pinto.

imagen-2-valparaisoIm2. Valparaíso. Fuente: http://bit.ly/2gCNpjh.

Es más que un habituado que las ciudades para conocerlas se deben caminar, se deben oler, se deben respirar al ritmo que tiene cada ciudad. En mi Valparaíso y ocupo el termino “mi”, porque no tengo otro para agradecerle a una ciudad que guarda un secreto, que guarda una identidad de lo humano y lo musical, desde la identidad porteña a un cántico por el Santiago Wanderers (equipo de fútbol de la ciudad) hay algo que queda más que claro, que sin música y ciudades muchos caeríamos en una especie de trance hacia lo que se podría llamar “mediana locura” a esa locura por las ciudades y su música.

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