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Entrevista a Gerardo Azócar: “La cosmovisión indígena, en general, no divide y reduce el territorio y su enorme complejidad, sino más bien lo integra y coloca en su centro al ser humano y sus múltiples necesidades”

“La cosmovisión indígena, en general, no divide y reduce el territorio y su enorme complejidad, sino más bien lo integra y coloca en su centro al ser humano y sus múltiples necesidades”
Revista Planeo Nº 28  Territorios Indígenas y Planificación, Junio 2016.
[Por Pablo Wainer. Arquitecto UDP, Magister en Desarrollo Urbano, IEUT, UC]

 
La cosmovisión indígena, en general, no divide y reduce el territorio y su enorme complejidad, sino más bien lo integra y coloca en su centro al ser humano y sus múltiples necesidades”

Gerardo Azócar cursó la carrera de geografía y doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción. Actualmente se desempeña como académico del centro de ciencias ambientales EULA-Chile de la Universidad de Concepción, desarrollándose especialmente en el área del ordenamiento territorial y el desarrollo rural, donde ha realizado importantes aportes por medio de diversas investigaciones y publicaciones. Adicionalmente trabaja como asesor y consultor de temas medio ambientales.
  1. Para comenzar nos gustaría que nos expliques ¿qué entendemos actualmente por territorio indígena y cuáles son sus principales características?

Bueno, podríamos considerarlo como un territorio que históricamente ha sido habitado por pueblos originarios. Poseen una alta densidad de población indígena y, además, un acervo cultural común, tradicional e identitario. Por ejemplo, en su relación con los recursos naturales y ecosistemas. Su configuración cultural y geográfica obedece, en buena medida, a la aplicación de políticas e intervenciones, en algunos casos armadas, del Estado de Chile a lo largo de su historia reciente, como fue el caso de la denominada Pacificación de La Araucanía, la Radicación en Reducciones, la subdivisión de los Títulos de Merced y otras políticas más recientes.

De acuerdo a los planteamientos indígenas y a literatura relacionada con el tema, es posible diferenciar, a lo menos, cinco nociones o conceptos de territorio indígena, que son los siguientes:

  1. Territorio como jurisdicción. Una zona geográfica, como puede ser una región, comarca, jurisdicción o entidad, bajo control político de un colectivo indígena, o reclamada como tal.
  2. Territorio como espacios geográficos de tierras a demarcar y/o restituir, y titular en propiedad.
  3. Territorio como hábitat, según la definición del Convenio 169 de la OIT. Base material, conjunto sistémico de recursos esenciales para la existencia colectiva, como tierras, aguas, bosques y subsuelo.
  4. Territorio como biodiversidad y conocimientos indígenas sobre la naturaleza, y su expresión en derechos de propiedad intelectual.
  5. Territorios simbólicos. Espacialidad socialmente construida, vinculada primordialmente a la identidad colectiva, que suele denominarse etno-territorialidad.

También podemos entender el concepto de territorio como un espacio definido en el cual se focaliza, a través de una política pública particular, el accionar del Estado, y de sus prerrogativas en términos de orientar procesos de ordenamiento, planificación y desarrollo territorial. De este modo, y a través de diferentes políticas, se construye o destruye territorio, podríamos decir con mayor o menor participación, inclusión y autonomía de los pueblos indígenas. Esta territorialidad es dinámica y, obviamente, obedece a procesos históricos, más o menos recientes, y a una fuerte intervención del Estado. La oferta pública y la dinámica económica globalizadora, actualmente, construyen o re-elaboran los territorios de ocupación indígenas en Chile, generando, a la vez, fuertes conflictos.

  1. De qué forma se podría explicar el desarrollo del conflicto territorial indígena en Chile, desde sus inicios hasta las demandas actuales, y cómo han incidido las políticas públicas en este punto.

Existen una serie de factores que, en forma conjunta e interrelacionada, ayudan a explicar o más bien tratar de entender los actuales conflictos territoriales en zonas de ocupación de pueblos originarios, principalmente en territorio mapuche. Entre estos factores y procesos podemos destacar los siguientes:

  • Pacificación de La Araucanía y posterior radicación de población mapuche en reducciones, incluyendo la entrega de Títulos de Merced y posterior subdivisión de tierras comunes
  • Invisibilización de la cultura mapuche, como parte de un proceso ideológico y político. Al respecto, un connotado historiador chileno señala que, “después de cuatro siglos de evolución los mapuche ya no son propiamente indígenas, sino que son mestizos chilenos, igual que todos los chilenos, argumentado que, por lo tanto, todo el alegato de discriminación y deuda histórica es falso…”.
  • Des-reconocimiento de la diversidad cultural.
  • Discriminación y estigmatización de los mapuches frente a la sociedad nacional dominante. Es posible afirmar la existencia en medios de comunicación social y en partes de la sociedad chilena de estereotipos desfavorables y la concepción de lo que denominan como “la cuestión mapuche”, el “problema mapuche” o el “conflicto mapuche” que deslegitiman la reivindicación de sus derechos territoriales o califican su protesta social de forma generalizada como violenta o la presentan como generadora de un conflicto entre dicho pueblo y el resto de la población que habita en las áreas o zonas de conflicto.
  • Asimilación forzada a la sociedad nacional y pérdida de identidad, como también de arraigo, expresado esto último en fuertes procesos migratorios y pérdida de tierras.
  • Lenta, pero sostenida, enajenación de componentes territoriales en zonas de ocupación mapuche, principalmente tierras, bosques y aguas, en diferentes regímenes de propiedad. Alteración significativa de prácticas tradicionales y continuidad territorial en el uso de espacios ecológicos.
  • Desaparición de comunidades y disminución de tierras asignadas, originalmente, por el Estado de Chile a través de Títulos de Merced. Pérdida estimada en 130 mil hectáreas de las 530 mil reconocidas por el Estado de Chile entre los años 1880 y 1930.

En síntesis, podríamos afirmar que los actuales conflictos territoriales de los pueblos originarios no pueden entenderse sin una referencia a la historia de sus relaciones con la sociedad chilena. Más específicamente, y cómo algunos autores señalan, “La situación actual de los indígenas en Chile es producto de una larga historia de marginación, discriminación y exclusión, vinculada, principalmente, a diversas formas opresivas de explotación y despojo de sus tierras y recursos que se remontan al siglo XVI y que llega hasta nuestros días”. En el caso mapuche, estos conflictos se han incrementado, desde fines del Siglo XX, por el impacto de importantes procesos económicos, como son el monocultivo y explotación forestal y la construcción de importantes proyectos e inversiones en parte de las tierras que las comunidades consideran que constituyen sus territorios tradicionales. La protesta social mapuche no es sólo por más tierra. Es más complejo. Se trata de territorialidad y autonomía, como también de una fuerte demanda de corte campesinista, con marcado acento paternalista y asistencialista. Estimó que, fundamentalmente, en este último aspecto se han enfocado las políticas públicas del Estado de Chile, a través de diferentes Programas sectoriales y otros a cargo de CONADI. Las ADIS, como instrumentos de planificación y gestión, no han logrado los resultados esperados.

  1. ¿Qué podemos aprender la planificación territorial desde la cosmovisión del territorio que tienen los indígenas?

La visión integrada e integradora de los diferentes componentes territoriales, como son tierras, aguas, bosques y subsuelo. Las formas tradicionales y, en algunos casos, ancestrales, del uso del territorio y sus recursos, como por ejemplo la continuidad territorial y el uso complementario de espacios o pisos ecológicos. Un buen ejemplo, es el uso de invernadas y veranadas de los pehuenches de Alto Biobío. La cosmovisión indígena, en general, no divide y reduce el territorio y su enorme complejidad, sino más bien lo integra y coloca en su centro al ser humano y sus múltiples necesidades. Esta mirada, valoriza las relaciones entre componentes y su innegable interdependencia, reconociendo no sólo el valor funcional de las cosas o elementos del territorio. Por ejemplo, el agua se protege y es protegida por dioses, permite el consumo humano y de animales, el crecimiento de plantas medicinales en las riberas de los ríos y es sitio sagrado para ceremonias y búsqueda de espiritualidad. No se concibe como un insumo de un proceso productivo, más bien como un derecho básico a la vida.

  1. ¿Guardan relación las propuestas de ordenamiento territorial rural con los proyectos habitacionales indígenas en zonas urbanas? ¿Qué elementos de zonas rurales son replicables en la ciudad?

Uno de los procesos más importantes en zonas rurales, con alta concentración de población indígena, son y han sido las migraciones, principalmente en búsqueda de mejores condiciones de vida y trabajo. Sectores rurales de la región de La Araucanía están habitados por mapuches de edad avanzada y otros, jóvenes y viejos, han migrado a las ciudades. Sin embargo, se aprecian mejoras en conectividad e infraestructura, principalmente vial, pero también importantes déficit en abastecimiento y suministro de recursos básicos para su desarrollo económico y sociocultural, principalmente agua para consumo humano y riego. Esta situación de escasez hídrica, está gatillando nuevos procesos sociodemográficos en territorios de ocupación mapuche, como por ejemplo la movilidad de población de zonas aisladas y desabastecidas, hacia sectores rurales con Agua Potable Rural (APR). Esto ha provocado una mayor demanda de servicios y equipamientos en estos asentamientos, como también una mayor concentración de la población indígena, antaño más dispersa.

En algunas zonas de las regiones del Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos se observa que adultos mayores mapuches viven solos en sectores aislados y con difíciles condiciones de accesibilidad, como también en precarias condiciones de habitabilidad y mala calidad de sus viviendas. Los hijos los visitan y contienen, es decir, vuelven a sus comunidades, pero se aprecia escasa vitalidad socio-cultural, socio-económica y productiva. Un claro ejemplo es la escasez de mapuches hablantes de mapuzungun.

A mi juicio, no existe una clara relación entre ordenamiento territorial en zonas rurales y proyectos habitacionales indígenas en zonas urbanas. Actualmente, y como parte de un Proyecto del Centro EULA-Chile con el Programa Chile Indígena de CONADI, nos encontramos trabajando con la Mesa Territorial Newen Mapu, en la comuna de La Unión, que reúne a un total de 19 comunidades mapuche. Una parte importante de nuestra labor ha sido “acompañar” a las comunidades en su proceso de ejecución de un Plan Territorial que, entre sus objetivos más importantes, considera el mejoramiento de las condiciones básicas de habitabilidad y equipamiento de viviendas. Gran parte del presupuesto de la Mesa Territorial se ha dedicado a mejoramiento de viviendas rurales, que poseen importantes déficits.

  1. Finalmente, ¿Cuáles crees que son los principales desafíos para resolver los conflictos de planificación territorial indígena aún pendientes en Chile?

Primero, existe un conflicto no resuelto entre el Estado de Chile y los pueblos originarios, principalmente el mapuche. Dicho conflicto se ha expresado en la denominada Protesta Social del Pueblo Mapuche, que no puede entenderse y menos solucionarse, sin recurrir a la historia de dicho conflicto que, como se indicó, ha definido la territorialidad actual de nuestros pueblos originarios. La Planificación Territorial en Chile debe reconocer esta situación, como por ejemplo sus reinvindicaciones en materia de autonomía y soberanía. A mi juicio, desafíos relevantes son los siguientes:

  1. Participación activa de los pueblos originarios en el diseño e implementación de los instrumentos de PT y OT, como lo expresa claramente el Convenio 169 de la OIT, a través del proceso de consulta.
  2. Reforzamiento de los actuales instrumentos de OT y PT, con miras a rescatar y valorizar las capacidades y conocimientos locales indígenas y sus aportes a los procesos de ordenamiento y planificación del territorio.
  3. Potenciar en el diseño e implementación de instrumentos de OT y PT los procesos de diálogo y acercamiento intercultural. Valorizar y reforzar instancias y formas tradicionales de organización mapuches, como una vía posible para llegar a acuerdos y consensos respecto de la implementación de instrumentos de OT y PT en sus territorios de ocupación.
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