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“Ciudades para un pequeño planeta”

En el libro “Ciudades para un Pequeño Planeta”, Richard Rogers da cuenta del Mundo como un conjunto de ciudades y aldeas, que interactúan entre si generando un ilimitado crecimiento de lo urbano, que amenaza constantemente el medio ambiente y el ecosistema natural.
Revista Planeo Nº17 Resiliencia Urbana, Julio 2014.

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Portada del Libro
Ciudades para un Pequeño Planeta

[Por Piera MedinaArquitecta PUCV. Estudiante Magister Desarrollo Urbano, PUC]

Autor: Richard Rogers (+Philip Gumuchdjian)

Año 2001

ISBN: 978-84-252-1764-7

Editorial Gustavo Gilli

Palabras clave: planificación; arquitectura; países en desarrollo; desarrollo sustentable; urbanismo ecológico; políticas urbanas; resiliencia urbana

La evolución y crecimiento de las ciudades ha significado enormes externalidades para la convivencia entre lo urbano y el ecosistema natural. La tendencia señala que cada vez serán más las personas las que vivirán en las ciudades en un futuro; se estima que para el 2025, cerca de un 90% de la población mundial vivirá en los contextos urbanos (OCDE, 2013), una aproximación que ya es una realidad en muchas ciudades del globo.

En el libro “Ciudades para un Pequeño Planeta”, Richard Rogers da cuenta del Mundo como un conjunto de ciudades y aldeas, que interactúan entre si generando un ilimitado crecimiento de lo urbano, que amenaza constantemente el medio ambiente y el ecosistema natural. A pesar de este escenario global cada vez más negativo, Rogers plantea una perspectiva optimista, basado en propuestas sobre nuevas formas de gobernanza, de participación y de la economía, que de la mano con una Arquitectura y una Planificación consciente y sostenible, podrían sentar las bases para revertir los efectos que durante décadas hemos estado ejerciendo sobre el planeta.

Justamente este es uno de sus puntos más relevantes del análisis, pues el autor plantea que sólo a partir de una reformulación de las prácticas sobre la ciudad, es decir de una planificación y arquitectura sostenibles, es posible proteger los ecosistemas naturales del planeta, y los servicios ecosistémicos que éstos le brindan al bienestar humano presente y futuro. De esta manera el concepto de sustentabilidad cobra sentido, pues redefine los parámetros de las ciudades globales, y plantea la necesidad de hacernos cargo de las posibilidades que le entregamos a las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades y poder contar con las mismas posibilidades que tienen las generaciones actuales.

El libro va avanzando desde la cultura de las ciudades, y estrecha relación que tienen con el avance de las tecnologías, hasta las propuestas para el desarrollo urbano en este contexto globalizado.

El autor destaca que la aparición de los satélites sobrevolando este pequeño planeta, nos permitió la oportunidad de observarnos desde una perspectiva distinta, distante y profundamente esclarecedora, pues significó el comienzo de una consciencia global y de un cambio con respecto a nuestra relación con el Mundo. Esta nueva perspectiva global, vista desde el espacio, ha declarado la fragilidad de nuestro ecosistema planetario, y en este sentido, la estrecha relación que existe entre el crecimiento de las ciudades y los daños generados por el hombre en la naturaleza.

Los datos entregados por estas nuevas tecnologías son cruciales para entender donde estamos hoy, pues determina el grado de mutación geológica, el calentamiento global y el desgaste de la capa de ozono que ha generado el hombre en el planeta.

Poner el foco en las ciudades nos permite acercarnos hacia la médula de los problemas, y en este sentido, el rol de los arquitectos y urbanistas es clave. “Este crecimiento planetario de la población urbana y la precariedad de los modelos de habitabilidad están acelerando, al mismo tiempo, el grado de erosión y contaminación” (Rogers, p: 14).

El origen del optimismo de Rogers, se basa principalmente en tres factores: la difusión de la conciencia ecológica, la tecnología de las comunicaciones y la producción automatizada, proponiendo que la sostenibilidad medioambiental debería ser el principio rector de la proyección urbana moderna.

Este planteamiento que realiza el autor, da cuenta que así como los procesos urbanos han desencadenado profundas rupturas en el entorno natural, lo han hecho también con la estructura social, generando una peligrosa inestabilidad social. Esta dialéctica socio-territorial con la ecología planetaria supone el gran reto de las nuevas planificaciones urbanas sostenibles.

Si bien Rogers genera su análisis en torno a la ciudad de Londres, y su capacidad resiliente de regenerarse ante los diversos escenarios a los cuales se ha visto enfrentada, su planteamiento es más bien global, entendiendo que el Mundo es en si mismo, una gran ciudad global, que se divide en distintas aldeas interconectadas, gracias a las nuevas tecnologías de comunicación.

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 La ciudad global

http://www.arquine.com/blog/la-ciudad-global/

En el libro, el autor exhibe los diversos factores que han dado curso a la problemática ambiental mundial (expansión urbana desmedida, cultura del automóvil, estructura laboral, entre otros), poniendo principal énfasis a las características de la ciudad moderna, como creación de una estructura neoliberal, basada en el flujo y aglomeración de capitales financieros globales, y un sector público motivado por soluciones a corto plazo, que han influido determinantemente a la estructura de las ciudades, a sus dinámicas internas, que en su conjunto, han sido la causa directa de la contaminación, alineación y división social.

En este sentido, a lo largo del texto, el autor da cuenta de los impactos e influencia que tiene la sociedad en la resiliencia de las ciudades. Si bien el escenario global da cuenta de una tendencia negativa, asociado a las externalidades urbanas antes señaladas, las posibilidades de regenerarse y resistir ante los profundos cambios, es el cambio en la conducta social, que permita dar curso a una nueva “ciudadanía creativa”. Basado en la idea de la destrucción creativa, como forma de replantearse los impactos, y proponer nuevas formas de enfrentar el desarrollo urbano, más resilientes y conscientes.

“Es indudablemente cierto que sólo existen dos fuentes primordiales de riqueza disponibles: lo que extraemos de la propia tierra y lo que extraemos de nuestra imaginación creativa. A menos que empecemos a depender un poco menos de la primera y mucho más de la segunda, será inconcebible que podamos sostener a la creciente población mundial con estándares de vida dignos, civilizados y equitativos” (David Puttnam) (Rogers: p.147)

Rogers define el espacio urbano en dos modos; cerrado y abierto. El espacio cerrado, principalmente asociado a la lógica neoliberal de la estructura urbana, es decir, espacios aislados, que tienen una función específica, como los distritos financieros, condominios residenciales, túneles, malls, etc. Mientras que el espacio abierto los define como espacios multifuncionales, con variedad de usos, como las plazas, parques, mercados, etc. La propuesta que hace Rogers, es a redefinir el concepto espacial de las ciudades, hacerlas ciudades sustentables más compuestas, y con funciones abiertas, que permita concentrar ciertas actividades, pero teniendo siempre un equilibrio con los espacios públicos más multifuncionales y diversos.

Demuestra la influencia que ejercen la arquitectura y la planificación urbana en la vida cotidiana, y advierte sobre el potencial peligro que pueden generar las ciudades modernas sobre el medio ambiente. Rogers plantea que solo a través de una planificación sostenible de las ciudades es posible proteger la ecología del plante y cumplir ante las generaciones venideras.

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